Somos
los que venimos
de los agujeros de mierda,
los asolados por la
desertificación
de los campos de cultivo,
los que fuimos devastados por la
guerra,
los desarraigados transformados
en las temibles maras.
Somos
los meros meros,
quienes los españoles piensan que
deberíamos estar
postrados de hinojos
agradeciéndoles que nos salvaran
de perdurar en la barbarie,
los que ahora escribimos en
español
y debemos sentirnos dichosos de
no seguir comunicándonos
en trabalenguas fragmentados.
Esos somos,
ese montón de paisitos, o reinos,
o tribus nómadas o sedentarias al
sur del Río Bravo,
en donde pululan por millones los
cabecitas negras.
Los feos, los de pelos hirsutos,
los enclenques y trompudos
sempiternamente gritones;
los comedores de elotes,
chupadores de helados de hielo
ensartados en palitos.
Amantes de lo picante, de
grasientas sopas de gallina,
del peludo cuero del cerdo
refrito en mantecas burbujeantes
en recipientes oxidados.
Somos
los que ya no aguantamos la
gavilla
de bandidos
que nos esquilman ahora
como hace cien años,
como hace doscientos,
o trescientos,
ya perdimos la cuenta,
a los que nos hemos enfrentado
varias veces
con las uñas,
con lo poco que teníamos a mano
en Las Segovias,
en el Río San Juan,
en la Sierra de las Minas,
en el volcán Guazapa,
en Monimbó o en Managua,
mientras éramos ametrallados,
bombardeados y fumigados.
Véannos bien,
ahora que estamos llegando
a sus fronteras,
saltando los muros
que ingenuamente creen que podrán
detenernos:
somos los que han sido
considerados
peligro eminente para la Pax
Americana,
los que han querido eliminar in
situ
con descuartizadores
profesionales
a los que se les ha pagado con
plata
contante y sonante.
Esos somos,
los países mexicanos,
los paisitos de mierda,
los engendradores de asesinos,
los a duras penas medio
civilizados,
los desagradecidos de las gestas
que en pro de nosotros hicieron
los enviados por sus majestades
los catoliquísimos reyes de
España.
¿Qué hacer con nosotros?
¿Dónde pueden ponernos para que
no molestemos,
para que dejemos de crearle
problemas a los buenos ciudadanos
que no pueden perder el tiempo
pensando
cómo nos llamamos?
Preguntas que no deberíamos
hacerlas,
podría ser que osáramos
responderlas
tomar el destino en nuestras
manos,
armar las de San Quintín,
y Fox News debiendo contratar
geógrafos
y especialistas de toda laya
para saber en dónde está el
puerto
que están minando
los bravos enviados del imperio,
en dónde las faldas del volcán
en donde se dice que resisten a
los pupilos
de la gloriosa Escuela de las
Américas.