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Poética

Países mexicanos

Rafael Cuevas Molina

Publicado

en

Foto de Julián Durán Bojórquez

Somos

los que venimos

de los agujeros de mierda,

los asolados por la desertificación

de los campos de cultivo,

los que fuimos devastados por la guerra,

los desarraigados transformados en las temibles maras.

Somos

los meros meros,

quienes los españoles piensan que deberíamos estar

postrados de hinojos 

agradeciéndoles que nos salvaran

de perdurar en la barbarie,

los que ahora escribimos en español

y debemos sentirnos dichosos de no seguir comunicándonos

en trabalenguas fragmentados.

Esos somos,

ese montón de paisitos, o reinos,

o tribus nómadas o sedentarias al sur del Río Bravo,

en donde pululan por millones los cabecitas negras.

Los feos, los de pelos hirsutos, los enclenques y trompudos

sempiternamente gritones;

los comedores de elotes, chupadores de helados de hielo

ensartados en palitos.

Amantes de lo picante, de grasientas sopas de gallina,

del peludo cuero del cerdo refrito en mantecas burbujeantes

en recipientes oxidados.

Somos

los que ya no aguantamos la gavilla

de bandidos

que nos esquilman ahora

como hace cien años,

como hace doscientos,

o trescientos,

ya perdimos la cuenta,

a los que nos hemos enfrentado varias veces

con las uñas,

con lo poco que teníamos a mano

en Las Segovias,

en el Río San Juan,

en la Sierra de las Minas,

en el volcán Guazapa,

en Monimbó o en Managua,

mientras éramos ametrallados,

bombardeados y fumigados.

Véannos bien,

ahora que estamos llegando

a sus fronteras,

saltando los muros

que ingenuamente creen que podrán detenernos:

somos los que han sido considerados

peligro eminente para la Pax Americana,

los que han querido eliminar in situ

con descuartizadores profesionales

a los que se les ha pagado con plata

contante y sonante.

Esos somos,

los países mexicanos,

los paisitos de mierda,

los engendradores de asesinos,

los a duras penas medio civilizados,

los desagradecidos de las gestas

que en pro de nosotros hicieron

los enviados por sus majestades

los catoliquísimos reyes de España.

¿Qué hacer con nosotros?

¿Dónde pueden ponernos para que no molestemos,

para que dejemos de crearle problemas a los buenos ciudadanos

que no pueden perder el tiempo pensando

cómo nos llamamos?

Preguntas que no deberíamos hacerlas,

podría ser que osáramos responderlas

tomar el destino en nuestras manos,

armar las de San Quintín,

y Fox News debiendo contratar geógrafos

y especialistas de toda laya

para saber en dónde está el puerto

que están minando

los bravos enviados del imperio,

en dónde las faldas del volcán

en donde se dice que resisten a los pupilos

de la gloriosa Escuela de las Américas.

Poética

BARCOS DE PAPEL

Manuel Tejada Loría

Publicado

en

De la antología “A pesar de lo fugaz”.

Volver a tierra

No extraño el mar. Ni ese viejo armatoste a la deriva.

Vuelvo a tierra en las condiciones más confusas.

La gente a mi lado me recuerda lo irracional que soy

lejos de las olas, el viento, y la ardua tarea

de mirar las estrellas para no perderse nunca.

Lejos de todo y de mí mismo, ninguna brújula despeja

la incógnita que frente a mí se yergue

por el solo hecho de estar vivo. Y bueno,

escribo, porque como dijo aquel otro marino

de tantos nombres: esta es también

mi única manera de estar solo.

Cenizas

Arde la sombra del silencio.

Arde en mí como colilla hiriente.

La extinción de tu voz

enferma la luz

y arden los instantes,

uno

a

uno

como estos cigarros a los que he vuelto

para morirme.           

 Y nada,

es lunes en el humo de los días

como blanca la espuma -exhalo-

de este lamento inútil.

Desuso de los nombres

Me río de quien por incompatibilidad de perfil

es incapaz de lavar una taza, mover una mesa

o abrir la llave del mingitorio.       

Río porque en su indiferencia laboral, hay algo más que

un cascarón de grandeza, títulos nobiliarios,

y abreviaturas cada vez más irrisibles

antecediendo el nombre ya en desuso.

El hábito de ser tan definitivos, de acurrucarnos

en nichos que soñamos incluso antes de nacer,

hoy deja vulnerables nuestras tareas cotidianas:

¿quién en este instante

puede atreverse únicamente a existir?

Señales eléctricas

(Para leer junto al silencio de un viejo telégrafo)

Van los sonidos –señales eléctricas–

traspasando los umbrales del entorno,

sustrayendo para sí, algo más que un mensaje

la implosión de una rúbrica transgresora.

Un sonido que se estampa. Silencio.

Y luego otro:

la voz de este mensaje se multiplica.

Ignota será la mirada de quien traduce

cada estallido eléctrico,

cada omisión del lenguaje

convirtiendo la palabra en su única obsesión.

Van los sonidos traspasando los umbrales.

El sonido que se entrampa. Y luego

el otro.

Prontuario

Digo faisán y estoy mirando el tráfico.

En este atardecer

sólo prolongo una disertación canina,

y soy la evolución del perro o el ahuizote.

Digo rabia y no dejan de cruzar los autos.

Qué manía de esperar en una esquina

donde mi presencia

es poco menos que un semáforo sin boca.

Debería estar tranquilo:

y no lo estoy.

Dos poemas de abril

1

Sé que hay días que vendrán:
lo que ahora escribo
ha estado fijo desde siempre
(en el no ser, en el no estar).
Tan rápida y fugaz. Tan
estrujante en su demora, 
la vida es algo que no se cansa
de repetir,

y volver.

2

Llueve,

porque recordamos a nuestros muertos.

Así nunca se van.

Así siempre vuelven.

Como esta mañana de domingo

donde lo único posible en el silencio

son estas gotas cayendo.

Tantos recuerdos.

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Poética

Para exorcizar el invierno

Gabriela Ponce Guevara

Publicado

en

Gaby Ponce @ 2020

(Extracto anticipado de un poemario inédito)

Alma mía

Para saber que existes

te niego tres veces,

antes que cante el gallo.

Arrastro,

la carraspera de tu voz

pasillo oscuro

y me encomiendo a las flores

que llegaron marchitas a tu altar.

Tarareo estrofas de canciones perdidas,

desde la butaca de la esquina

de tu obra inacabada.

CORTE A:

Desaparezco, alma mía

antes que llegue la aurora y

a mis oídos

tu oración.

Sevilla 2020

Ganas

Salgo,

camino descalza,

por esta vereda sorda

las palabras gritan,

metáfora en grietas,

palabras perras

ciudad de zombies

.

Salgo,

el poema es peatón

en guerrera pedalera

las palabras se tropiezan

en esta calle de reojo.

Salgo

soy,

soy poema,

soy palabra,

Aviento este nudo

atravesado en la garganta. Mi voz,

que no pretende ser aprobada

.

Mi verso,

que no pide permiso

.

Los pongo en la mesa y la palabra

es en el poema que existe.

Salgo, con el poema

peatón en guerrera pedalera

Sevilla 2020

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Poética

Para exorcizar el invierno

Gabriela Ponce Guevara

Publicado

en

(Extracto anticipado de un poemario inédito)

Ser bolero

…Que las rondas
No son buenas
Que hacen daño
Que dan penas
Que se acaba
Por llorar”…
Agustín Lara

Dejarse aullando
sentada en una esquina
cerrar los ojos y cantar gritando
hasta que duela la piel.

Ser bolero,
saltar la rayuela,
pisar las rayas
y volver a empezar en la estrofa
que más duele.

Ser bolero,
cerrar la puerta con llave
y mirar por la ventana.
Llorar pa´ dentro
que no es de poetas el andar derramando versos
sin algún pretexto.

Ser bolero,
navegar en tus silencios,
matar a la poeta
venerar a la serpiente.
Ser bolero, fuego, ceniza.

Sevilla 2020

Resguardo de semilla

Rondar el cementerio,
donde quedaron los resquicios de la infancia,
la arqueología de lo que somos.
Efemérides, que engulle
los últimos gajos de recuerdos,
con sabor abrazos tiernos
y olor a mandarina.

Cuesta decir adiós
a todo eso que queremos,
cuesta decir adiós
a ese pasado lleno de páginas
encriptadas imágenes,
retratos lúdicos
y desencuentros.

De todo esto,
qué nos queda
¿Qué nos queda
de la cicatriz en la rodilla,
del calor del beso en la frente,
del resguardo del regazo?

De todo esto,
tan solo nos queda,
una semilla.

Sevilla 2020

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