Temporada de letras
El derecho a emocionarse
Publicado
hace 7 añosen
Nubia Macías estuvo en Mérida el jueves 6 y viernes 7 de junio en una serie de actividades del Programa Institucional de Cultura para el Desarrollo de la UADY. Mujer exitosa, referencia sustancial de la gestión cultural en el país, de imponente presencia y un corazón generoso para compartir el aprendizaje de más de 18 años trabajando en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, 10 de los cuales estuvo al frente del proyecto que llevó a la FIL a consolidar su lugar como la feria latinoamericana de mayor importancia, la número uno, y ser un referente en el imaginario colectivo internacional.
En los intercambios que sostuvo con los coordinadores culturales de la UADY, Nubia compartió que la función esencial de la gestión cultural es dar vida y felicidad: que el público se emocione y se pregunte. Compartir y confrontar sus gustos, pero sobretodo dejarlos disfrutar de diferentes expresiones artísticas a las que, tal vez, no habían tenido acceso.
Para Nubia, el arte y la lectura es una puerta para vivir otras vidas –las negadas, las deseadas, las fantásticas e imposibles. La imaginación nos hace empáticos y sensibles a otras realidades; por lo tanto, el acceso a la cultura es un derecho por el que tenemos que trabajar continuamente. De este punto deriva la responsabilidad social de la Universidad, y nos cuestionaba “¿Le estamos llegando a todos?”, “¿Cuáles son las necesidades culturales de los estudiantes de la universidad/ de Mérida/ de los habitantes de Yucatán?”
La actividad cultural de la UADY se ha expandido a otros espacios: los abuelos que cuentan cuentos, los amantes de las tradiciones yucatecas y bailan al ritmo 6×8 de la jarana, los que se deleitan con la orquesta de cuerdas en una biblioteca; no obstante, el camino es largo por recorrer, porque la formación de públicos culturales es una actividad constante y continua. Nubia nos advirtió: “Los públicos tardan mucho en formarse y poco en desaparecer” o bien, “Los públicos se crean, se forman, se desarrollan y no son un recurso autorrenovable”.
La tarea no se termina en una fecha o meta establecida. La gestión cultural es una labor que suma experiencias y por eso, resulta tan significativo abrir los espacios de aprendizaje y formación que nos ahorran el camino, nos salvan de algunos errores y enfocan energías y recursos. Unimos esfuerzos con otros optimistas gestores culturales; se fortalecen los proyectos. Hay retos evidentes, entre otra de las frases memorables de Nubia, vino esta: “cuando uno no legitima su propia cultura, a alguien de afuera le será más difícil”. Revindicar lo nuestro y acercarlo a varios públicos es una deuda pendiente con nuestro patrimonio cultural, con la cultura y lengua maya.
Un punto importante es no perder de vista a los valiosos aliados. Nubia recordó que muchos de los adeptos a la tarea de la formación de públicos culturales se encuentran en un salón de clases en medio de la rutina y lo cotidiano. Evocó a su maestro de preparatoria que la hizo ver y disfrutar la lectura de una forma diferente. La Ilíada y la Odisea eran representadas por los estudiantes y se tenían que ganar el aplauso de los compañeros, es decir, tenían que transmitir las emociones de un texto universal. Nubia fue Parténope. Esta experiencia marcó su vida; yo, la comparto ¿cuántos de nosotros no recordamos al maestro que nos hizo disfrutar de la lectura?
La gestión cultural se trata de seguir haciendo lo que nos gusta: música, teatro, literatura, pero con la consigna de compartir, contagiar y coadyuvar a la formación de públicos culturales con el derecho pleno de disfrutar, pensar y emocionarse. El arte transforma vidas y conductas, porque conecta directamente con nuestras emociones y nuestro ser. ¿Cómo nos sumamos a esta labor?
Para Carlos y Carmen, mi hermandad migrante
El tema de la migración es constante en las noticias, sensacionalista, descrito en cifras, cuántos llegan y siguen llegando, en qué condiciones viven y mueren. Las noticias son frías, diarias, cotidianas y así, vamos normalizando la violencia, acostumbrándonos a la falta de un trato justo y digno en imágenes que consumimos a diario.
Santiago Vaquera Vásquez, escritor chicano y académico de la Universidad de Nuevo México, aceptó una invitación para realizar una serie de actividades con estudiantes de la Universidad Autónoma de Yucatán, con el objetivo de reflexionar sobre la frontera desde el arte y la literatura. Santiago se identificó como chicano hecho en México, nacido en Estados Unidos y nos explicaba que lo chicano es una posición política de los mexicanos en los Estado Unidos por la lucha de una identidad. ¿Cuál? ¿La mexicana o la norteamericana? Precisamente la de los chicanos es una lucha por no tener que escoger por sólo un pedazo de las muchas historias y culturas que forman parte de sus vidas. Santiago afirmaba, la mía es una historia de migración.

¿Quién es el migrante? En los cursos de cultura y literatura chicana, me ha tocado observar cómo los estudiantes terminan conectando lo que leen sobre el otro lado, con sus propias experiencias. El estudiante de Tabasco que llega a la sociedad yucateca con un acento diferente, y al que le toma unos cuantos años sentirse aceptado; el estudiante del interior del estado que viene a estudiar a la UADY, y que es la primera generación de estudiantes universitarios en su familia; el estudiante que nunca aprendió la lengua de los abuelos y la que nunca le enseñaron sus padres, por cuestiones de estigma o estereotipo.
Nunca falta el estudiante con algún familiar migrante, el pocho que se quedó del otro lado, y después de un acercamiento a los movimientos chicanos, los estudiantes comienzan a entender lo complejo del término home. ¿Dónde está el hogar del chicano? ¿El de cada uno de nuestros migrantes? Las preguntas sobre: ¿cuánto cuesta el sueño americano? se torna compleja, y toman otros matices entre el querer y el poder, entre el deseo y lo impuesto ¿qué lengua quieren/pueden/deben/les permiten hablar?, ¿qué se quiere/puede/debe/te obligan a dejar atrás?
Santiago Vaquera insistía en la exigencia de un trato digno para el migrante. Nos contó cómo en lugar del muro antes era sólo una línea imaginaria que cruzaban a diario sus familiares por razones tan simples como porque del otro lado de esa línea se conseguía mejor leche. Caminar por el centro de Calexico. Ir a El Centro de compras. O Quizás ir hasta Brawley para tomar un helado. Y después de recorrer un rato, volver a Mexicali. Esa línea trazada, resultado de guerras y tratados, sobre la que se construyen muros, se ha movido y con ello ha transformado (trastornado) la experiencia humana.
La línea tiene muchas historias, muchas con las que todavía tenemos muchas deudas y pocas respuestas, una que evidencia las fallas de nuestro sistema político y económico, ante los derechos humanos. Y por si no está claro todavía, no son criminales, no se va lo “peor” de cada país. Las condiciones para migrar se articulan con temas económicos, políticos, sociales, de género, con oportunidades labores y educativas, etc. etc. etc. Quizá se fue porque tenía una esposa joven y esperaban un hijo. Quizá convencido por un contratista, alguien que le prometía hartos dólares y más allá en el norte. Quizá tenga un pariente allá, alguien que le ayude con el jale para poder pagar al contratista.
Ese migrante aún no identificado al que desdibujamos, el que se pierde en las noticias y en las fotografías de la prensa, del que nos llega apenas el suspiro –algunos se quedaron, otros volvieron y unos desaparecieron para quedar como recuerdos del tío o el primo o el padre que se fue– denuncia nuestra historia social y las debilidades/injusticias de nuestro sistema económico en el aquí y el allá.
Santiago Vaquera narra en sus relatos y en sus conferencias, las historias de una parte de nosotros: los mexicanos que hicieron de su historia una historia de migración, cruzamos fronteras, pero aquí seguimos speaking Spanish e inglés, speaking Spanglish para demostrar que la vida en los USA es bilingual y que también podemos aportar a la experiencia latinoamericana. Los relatos nos permiten escuchar voces y suspiros que nos reclaman empatía, reflexión y un llamado al dolor y la indignación por los seres humanos anónimos que diariamente mueren en las líneas que nos dividen.
(Nota: Se intercalan en cursivas fragmentos del relato “Allá del otro lado” del libro En el lost ‘n’ found (2016) de Santiago Vaquera Vásquez.)
