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Arte y ciencia

Turismo en Yucatán ante la oferta y el mercantilismo cultural

César Benítez

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El turismo es también conocido como la industria sin chimeneas, lo que no significa que sea menos agresiva o voraz que otros ramos de la industria. Barrios Salas, se refiere a este fenómeno como “la fuerza que induce al contacto cultural, (y) es una poderosa fuerza contemporánea inductora de contacto entre culturas que modelan un nuevo marco para las relaciones interétnicas. Genera un sentido sobre los otros, es decir, sobre la realidad sociocultural de otros pueblos que son visitados”. Por otro lado Daniel J. Boorstin mencionaba que el Turismo es “un mundo manufacturado, trivial e inauténtico”, definición que no está del todo alejado de la naturaleza real de dicho fenómeno.

En otras palabras, el turismo es la concepción artificial de una cultura o sociedad, percibida por otra cultura o sociedad, encarnada por los visitantes. Si bien, la actividad turística busca difundir, dar a conocer y promocionar la cultura o ciertas características o reproducciones de la cultura local, también se tiene que considerar que en mayor o menor medida se lucra con ésta. Evidentemente mientras más se lucre con esta actividad, más cuestionable será su naturaleza, sobre todo si la ganancia generada por la venta cultural no se destina o refleja directamente en el grupo social protagonista de la cultura, el cual está siendo mercantilizado.

La política turística del estado bajo dicha óptica se ha fortalecido significativamente durante esta administración estatal, tanto que las máximas autoridades, comenzando por el gobernador, la secretaria Michelle Friedman y hasta el alcalde de Mérida, han dedicado gran parte de su tiempo a viajar alrededor del mundo en el último año, supuestamente para fortalecer la imagen del estado a nivel internacional.

Desarrollar el potencial turístico del estado, parece ser uno de los principales objetivos de esta administración, lo cual ha queda claro desde el principio de la misma, cuando comenzaron ciertos eventos como “el festival de la veda” el cual se llevó a cabo entre febrero y marzo de este año, con la finalidad de apoyar a los pescadores y a sus familias a tener un ingreso durante el periodo de veda del mero y otras especies marinas, en tanto que se promocionaban las playas de toda la costa del estado, como Telchac Puerto, San Crisanto, Sisal y otros sitios costeros más.

Hace menos de un mes en la ciudad de Mérida se llevó a cabo la polémica “Cumbre de los Premios Nobel por la Paz”,  actividad que, según el gobierno estatal, habría de dejar una considerable derrama económica gracias al turismo cultural, ya que se sostenía que la presencia de los laureados atraería a propios y extraños hacia la capital del estado. Hasta el día de hoy aún no queda del todo claro cuál fue verdaderamente el beneficio económico de dicho evento, el cual culminó sus actividades con el concierto del cantante puertorriqueño Ricky Martín, concierto que vendió, y muy bien, las entradas a precios verdaderamente elevados, al menos para cualquier ciudadano promedio de la clase media. Tratando de ser objetivos vale la pena señalar que entre la Cumbre de los Premios Nobel y extinto Festival de la Cultura Maya que encabezaba el polémico señor Jorge Esma, la única diferencia es el tiempo que duraron uno y otro, pues ambos se caracterizaron por ser eventos carísimos, en los cuales sólo se presentaron personas que desde su zona de confort y privilegios hablaban de cómo resolver problemas sociales, sólo que uno buscaba la “paz” y el otro, “la reivindicación del pueblo maya yucateco”. Sin embargo, debemos decirlo con franqueza, ambos justificaron su naturaleza bajo la premisa de “posicionar a Yucatán a niveles internacionales”

Mes con mes escuchamos o leemos notas y publicidad relacionadas con ferias variadas, organizadas por la Secretaría de Turismo de Yucatán o el Ayuntamiento de Mérida, enfocadas en diversos temas regionales como: “la feria del panucho”, la “feria de la guayabera”, “la feria del pib” y otras tantas de la misma línea, a tal grado que pronto leeremos sobre la “feria de la botana cantinera” o acaso la de “las galletas globitos con café”. Sin duda alguna nos encontramos frente al más claro y descarado ejemplo de mercantilismo cultural, en el cual la tradición y la identidad yucateca son vistas como bienes de consumo.

Como habría mencionado en otros tiempos el destacado sociólogo Pierre Bordieu, estamos viviendo la mercantilización y comercialización de la identidad, “de lo falso y lo auténtico, de lo cultural, lo artístico, lo religioso, lo político, lo afectivo y lo económico” se están llevando muchas prácticas y tradiciones a niveles casi teatrales con la única finalidad de hacerlas más “interesantes”, mas “vendibles” a los consumistas culturales extranjeros.

Poner nuestra identidad, nuestros usos y costumbres ante una vitrina de un mercado de depredadores del patrimonio popular no es, quizás, lo más acertado, pues poco a poco la demanda por nuevas experiencias, nuevos eventos y situaciones, nuevos recorridos o nuevos espacios, llevará a los grupos locales a implementar e introducir nuevos elementos, rutinas o productos a las prácticas “originales” haciendo con esto una pantomima o caricaturizando los rituales y ritos tal como podemos mencionar el caso de las “bodas mayas,” la “festividad del fuego nuevo maya” y tantas expresiones histriónicas de la identidad local.

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Producción musical en Mérida

Gigio Ortiz

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Una actividad novedosa en la localidad en torno a la música, a veces hace formular la siguiente pregunta ¿Es trampa trabajar con un productor a la hora de grabar tu música? Esclarecer algunos aspectos de esta labor en nuestra ciudad, es el propósito de esta nota.

¿Cuántas veces no hemos intentado materializar una idea musical y simplemente no suena a lo que tenemos en la cabeza?  En ocasiones desconocemos los procesos o las herramientas para concretar lo que nos estamos imaginando y eso nos genera frustración y como última consecuencia, tirar la toalla al momento de la composición.

Existen muchos matices cuando hablamos de producción musical. En algunos casos no entendemos el rol que tiene un productor a la hora de la grabación del material, o a veces se desvirtúa al grado de decir: “es que a tal banda, le compusieron su música, ellos no tocan así”. Pero es necesario entender que un productor musical debe formar parte del equipo, durante el proceso de grabación, y es su responsabilidad conocer a la banda en todos los aspectos y no sólo en el musical. De esa manera podrá entenderse con claridad el carácter de la música y de cada integrante de la banda.

Todo el proceso que deben llevar tanto la banda como el productor tiene un fin común: lograr el mejor ambiente para una mejor sesión de grabación. El productor necesita conocer las características de cada músico y en qué tipo de situación se favorecería su ejecución a la hora de grabar, procurar un ambiente idóneo en el que la banda saque lo mejor de sí para que desde la “fuente” la grabación suene lo mejor posible.

Otro aspecto del trabajo del productor que a veces puede resultar tedioso y cansado (si desconocemos su importancia), es el de “sacar el sonido” como se le llama coloquialmente. Este proceso consiste en probar con todas y cada una de las herramientas físicas o digitales que tenga a la mano para que los instrumentos suenen de la manera en la que acentúen el carácter de la canción. Esta parte puede llegar a tomarse varias horas o incluso un día completo de estudio, pero el resultado hace valer la pena a cada minuto invertido.

De la misma manera, otra piedra angular del trabajo de un productor musical, aunque no es estrictamente necesario, es proponer. Proponer arreglos o cambios en las canciones que hagan resaltar  cada una de las partes de la misma. En este aspecto es donde radica esa opinión “satanizada” del productor, donde se cree que el resultado final termina siendo muy alejado de lo que la banda es o de su esencia musical. Pero como comentaba anteriormente, durante el proceso, el productor prácticamente llega a ser un integrante más de la banda. Se involucra a tal grado que sus opiniones y decisiones tienen el mismo peso que las del resto de la banda, claro, como en todo; debe de existir un balance en el que el objetivo principal sea el beneficio del material grabado y de la ejecución en vivo.

En resumen, contar con un productor musical a la hora de una grabación es una herramienta más  para lograr plasmar las ideas de la banda. Aunque también hay productores que lo único que hacen es decidir qué funciona y qué no, la mayoría se inmiscuye en el proceso y canaliza toda su atención y emociones al proyecto en turno.

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Diversión y adrenalina en el Grand Prix UTM

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Decenas de personas se animaron a vivir la experiencia del tradicional Grand Prix UTM 2019, donde carritos sin motores diseñados por alumnos de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTM) compitieron en una carrera de 400 metros planos por relevos.

A las 10 de la mañana de este viernes 15 de noviembre comenzó el evento en el Campus de la UTM, cuyo objetivo es que los alumnos fortalezcan y pongan en práctica los conocimientos adquiridos en clases. En esta lógica, los alumnos tuvieron que buscar patrocinios y demostrar sus capacidades en publicidad y liderazgo para llevar a cabo su proyecto.

“HALLOWEEN” vistió la competencia

Se contó con la participación de más de 10 equipos, quienes diseñaron sus vehículos con base en la temática de este año que fue “HALLOWEEN”, de manera que algunos modelos lucieron estampados de payasos, calabazas, dráculas, etc. Entre los premios se entregó una remuneración económica, un reconocimiento y un trofeo.

Gracias a la aceptación por parte del público en general y la comunidad estudiantil, esta competencia ha logrado posicionarse como uno de los mejores eventos estudiantiles que, además de promover un ambiente sano y familiar, impulsa la iniciativa y creatividad de los futuros profesionales de una manera muy divertida.

Sin duda, los aficionados ya esperan la próxima edición del evento que en estos momentos está dando de qué hablar.

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El Universo Marvel no es cine, es narrativa transmedia de ficción

María de Lourdes Pérez

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La revista Empire, publicó la semana pasada una entrevista a Martin Scorsese. Con el pretexto de hablar de su más reciente producción para Netflix, The Irishman, la entrevista (The Irishman Week: Empires’s Marting Sscorsese Interview) exploró la trayectoria creativa del director estadounidense, así como sus decisiones de trabajo con algunos actores como Robert De Niro y Leonardo DiCaprio. La conversación iba articulando la filmografía del director y la evolución de la industria de Hollywood, por lo que, al cierre, era inevitable conocer su posicionamiento frente a las más recientes producciones cinematográficas, como la que Marvel ha estado desarrollando desde 2008. Scorsese dijo: “No los he visto… Bueno, lo intenté. Eso (el Universo Cinemático Marvel) no es cine.

Las películas producidas por Marvel Studios ¿Pueden considerarse como productos cinematográficos? ¿Avengers Endgame puede compararse en el mismo nivel con The Irishman? El argumento de Scorsese es, hasta cierto punto, válido: “Están bien hechas, los actores hacen lo mejor que pueden bajo las circunstancias. Son parques temáticos. No es el cine de seres humanos tratando de transmitir experiencias emocionales y psicológicas a otro ser humano.” Kevin Feige, presidente de Marvel Studios, presentó el año pasado (ante cuestionamientos similares a los de Scorsese) otro argumento, cláve en esta discusión: “Prefiero estar en una sala llena de fans comprometidos”.

No hay que perder de vista, que tanto Scorsese como Feige trabajan en una industria comercial del cine. Ambos hacen cine y lo hacen de acuerdo con las circunstancias tecnológicas y de mercado que les ha tocado vivir. Sin embargo, asegurar que el Universo Cinemático Marvel no es cine, es arriesgado y a la vez, presenta una visión limitada sobre las posibilidades narrativas de hoy en día, porque no toma en cuenta reconfiguraciones de nuestro ecosistema tecnológico actual donde conviven viejo y nuevos medios. Digo arriesgado, porque el mismo cuestionamiento de caer contra Scorsese, por el hecho hacer cine para una plataforma de streaming y no para una sala de proyección.

Por otro lado, no podemos resumir al Universo Cinemático Marvel como una experiencia completamente cinematográfica. El universo ficcional de Marvel, de donde se extrae este universo cinemático, es en realidad, una narrativa transmedia de ficción.

Hablar de géneros en cualquier sistema de significación, implica a una clasificación que por momentos puede resultar arbitraria, ya que permite establecer ciertos límites entre un texto y otro. La perspectiva clásica indica que para establecer el género hay que tomar en cuenta la estructura dramática del proyecto, su formato y los elementos formales que lo constituyen. Sin embargo, para el caso particular de la narrativa transmedia, esto no ocurre así, porque su clasificación va en función del modo de lectura en el que debe interpretarse el proyecto. Entonces lo que ubicamos como géneros, desde la perspectiva clásica, en realidad funcionan como elementos de tono, ambientación y tema, necesarios para determinar los formatos y las plataformas tecnologías.    

Recordemos que la condición necesaria para que una narrativa transmedia pueda ser reconocida como tal, es que tiene que incluir a las audiencias en un rol activo en la expansión del relato. La segunda condición es la de mantener la coherencia narrativa en la dispersión de tramas y personajes. Por eso Feige tiene razón al decir que lo que se busca es “una sala de cine llena de fans comprometidos o enganchados”, pero estos fans no sólo se quedan ahí, en las películas, sino continúan explorando y expandiendo el relato a través de las otras ventanas del proyecto como los videojuegos, mercancía, series de televisión, sitios web, comics, etc. El universo Marvel, producido por Marvel Studios y Disney, cumple con ambas condiciones.

El proyecto transmedia de Marvel, inició su primera fase en 2008, en el transcurso de 11 años ha conseguido desplegar dos fases más. Corresponde al género de la ficción transmedia donde la acción, la fantasía y la ciencia ficción determinan su tono. Si, la temática es de superhéroes, y contrario a lo que argumentó Scorsese, me parece que, en la red de personajes desplegada por su rico universo, es posible encontrar experiencias emocionales y psicológicas significativas. Ahora, esta narrativa en su diseño ha elegido al cine o lo cinemático como su nave nodriza o punto de entrada a la experiencia transmedia, porque es la que incluye a la mayor cantidad de públicos, pero no podemos ignorar las otras plataformas y las otras experiencias significativas que genera en esos otros medios, como las series, los videojuegos, los sitios web, las aplicaciones, la mercancía como figuras de acción o mascarillas para el rostro. Marvel es una narrativa transmedia de ficción que supo aprovechar el universo de personajes de los cómics. Si, su origen y germen está en el comic.

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