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Las cuatro olas de feminismo

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Rosario Castellanos escribió en 1970 en su ya famoso texto Mujer que sabe latín… “No soy esa figura lamentable que vaga por los corredores desiertos y que no va a la escuela ni a paseos ni a ninguna parte. No. Soy casi una persona. Tengo derecho a existir, a comparecer ante los otros”. En ese mismo libro, la autora comienza con una sentencia poderosa “A lo largo de la historia (la historia es el archivo de los hechos cumplidos por el hombre, y todo lo que queda fuera de él pertenece al reino de la conjetura, de la fábula, de la leyenda, de la mentira) la mujer ha sido, más que un fenómeno de la naturaleza, más que un componente de la sociedad, más que una criatura humana, un mito”. Estas frases las recordé de forma muy emotiva hace unos meses a propósito del artículo de opinión que publicó en La Jornada Maya un respetado académico de la UNAM. En su texto, el Dr. López Santillán comparaba el destino de dos películas: Los Adioses y Roma. Una realizada por una joven directora mexicana en acenso, Natalia Beristáin, y la otra por un consagrado director, también mexicano, Alfonso Cuarón. En su nota, el Dr. López hablaba de las asimetrías por razones de género que atraviesan la carrera de ambos directores, pero, para mí, más que eso, su texto hablaba de lo mucho que ayudó en su camino a la fama el hecho de que Cuarón sea hombre, y así uno de “los grandes”, es decir, un miembro destacado de la tríada de lobos alfa del cine que ha puesto el nombre de México en el panorama internacional hollibudence. Junto a él, siempre aparece el apoyo incondicional o muy matizado de sus brothers: del Toro y Lubezki, seguido de un tibio apapacho de Iñárritu y Estrada. Todos hombres, todos famosos, todos amigos.

Han pasado los meses y ahora, más que nunca, en México hace falta volver a pensar en clave feminista, pero ¿Qué significa eso?, puesto que ser feminista no es lo mismo para todos ni ha tenido el mismo valor desde el inicio del movimiento hasta ahora. A raíz del Día Internacional de la Mujer, celebrado el 8 de marzo, de los primeros 100 días en el cargo del Presidente López Obrador y de las políticas reformistas que atraviesan los presupuesto y programas nacionales me he propuesto, sin ser una experta en el tema, revisar brevemente la historia de los movimientos feministas en América Latina, y he descubierto que su vida es larga y fecunda, que han derivado, en gran medida, de los movimientos sociales que se gestaron en Europa, en especial, en Francia e Inglaterra, pero también que han tomado tintes locales que hacen de las mujeres latinas y mexicanas una gran fuerza política que ha sabido abrirse camino en todos los ámbitos de la vida pública.

Las y los expertos en la materia han distinguido ya cuatro momentos dentro del movimiento feminista que han llamado las “olas del feminismo”. La primera data del siglo XVIII y ocurre en Europa. En ella, autoras como Poullain de Barre, Olympe de Gouges, Flora Tristán y Mary Wollstonecraft discutieron sobre la naturaleza de la mujer y sobre su libre acceso a la educación. Sin embargo, un siglo antes, con menos libertad, aunque no con menos sagacidad, una joven letrada mexicana, Juana Inés de la Cruz, se travistió para poder asistir a la universidad y clamó a sus congéneres, ya convertida en monja, diciendo “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón”, pero la historia la inmortalizó no como una luchadora, sino como “la décima musa” del arte virreinal mexicano.

Por su parte, la segunda ola ocurrió entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX, y fue la era de las sufragistas, pues se centraba en la disputa por el derecho al voto femenino, derecho que se sumaba al reclamo preexistente en la primera ola focalizada en el libre acceso a la educación superior y en la no obligatoriedad del matrimonio. En este rubro, Yucatán enarboló bien alto la bandera de la mano de la “monja roja del Mayab”, Elvia Carrillo Puerto, quién obtuvo el derecho a votar y ser votadas para las mujeres en 1947, pero hubo que esperar hasta 1953 en que un hombre poderoso, Adolfo Ruiz Cortines, modificara el artículo 34 de la constitución en el cual se lo otorgaba la igualdad de derechos políticos a las mujeres mexicanas, lo cual, también incluía el voto.

La tercera ola llegó en la segunda mitad del siglo XX, aproximadamente en los 70´s, y aún se discute si ya ha concluido o si seguimos bajo su influencia. En esta ola se exige el fin del patriarcado como institución opresora, pero se reivindica el derecho de la mujer por la búsqueda del placer sexual. En este sentido, los anticonceptivos, la modificación de las políticas públicas en materia de salud, el acceso al divorcio y la autoafirmación de la mujer como un ser completo se han impuesto como la antítesis del amor romántico. En México no nos quedamos atrás con respecto al influjo de esta ola y para muestra el trabajo de Rosario Castellanos antes citado es sólo un botón, sin embargo, la emergencia de la mujer en la política estableció un nuevo tipo de violencia derivada del patriarcado: la violencia política, la cual está íntimamente relacionada con el desempeño y acceso de la mujer en los diferentes puestos de elección popular.

Por su parte, la cuarta ola del feminismo aún es ampliamente discutida. Unos defienden su entrada triunfal de la mano de las muevas tecnologías, otros solo consideran que es una extensión de la tercera ola, por tanto, no la consideran como una cohorte diferente en el movimiento. Pero esta ola trata del activismo presencial y cibernético, y se centra en discutir la violencia de género y el feminicidio. Bajo el lema “lo personal es político y lo político es personal” las mujeres actualmente claman por un cierre total en la brecha de género entre hombres y mujeres que las lleve a la completa equidad. Sin embargo, según los expertos, tristemente aún nos faltan varias décadas para que esto ocurra. El Día Internacional de la Mujer, los paros del 8M, la lucha internacional por la legalización del aborto y la aparición de la figura legal del feminicidio son aspectos derivados de esta cuarta ola.

Nada nos hace más vulnerables que caminar solas, pero también nada nos hace más fuertes que ser parte de una manada. Actualmente, las feministas del cuarto propio han tenido que abrirles paso a las feministas del barrancón, y bajo el lema “Lo que no tuve para mí, que sea para ustedes” las mujeres han modificado completamente el panorama social a tal grado que ha sido necesario replantear las diferentes masculinidades, las cuales han tenido que comprender que el movimiento feminista nunca ha sido enemigo de las causas sociales, sino que ha luchado de la mano de los obreros, la comunidad LGBT, los negros, los pobres y los animales, no porque sean iguales, sino porque comprenden lo que significa la exclusión, la violencia y el no ser considerados sujetos de derecho.

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