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Editorial

Descubrirse humano

Otto Cuauhtémoc Castillo González

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La primaria: Eres un niño, tienes anteojos, metal entre los dientes, gustas de comer dos hotdogs en vez de uno, el matiz de tu piel no corresponde al molde televisivo y le dedican comentarios como ‘parece mugre porque no te bañas a diario, cochino’ de modo que te lastimas de tallarte tan fuerte con agua y jabón. Te culpas, sin piedad, a ti mismo. Sabes que eres diferente, pero te han hecho creer que eres sinónimo de malo y defectuoso; algo te susurra al oído, pero no lo comprendes.

La secundaria: Nada ha cambiado excepto por una frecuencia más alta de golpes y jalones de cabello y accidentes, que te provocan malignas cefaleas. No te eligen al final para jugar al fútbol porque ni siquiera reparan en tu presencia. El susurro es aún más fuerte, pero sigues sin comprender.

Preparatoria: Los apodos son más creativos y más dolientes. Estás consternado ante una escena; hacen llorar a una maestra por la forma de su cuerpo. Estás anonadado por un cuadro, una suplente dedicada a Joyce y Castellanos huye entre lágrimas porque alguien tuvo la idea de poner en su silla un grupo de ranas con verrugas. Luego, un profesor de física que de niño fue mordido en la mejilla por un caballo, se enfrenta a las terribles y vergonzosas imitaciones de su tartamudeo y tics de la gente que en ese momento se creía representante de todas, de todos. Nadie dice nada porqué no sé sabe que decir. Silencio e incomprensión.

La universidad: Crees que has dejado todo lo malo atrás. No tienes idea. Ahora, la gente ha cambiado sus nombres por títulos; ya no más Estefanía, sino Maestra en Derecho Laboral; ya no más Carlos, sino Señor Doctor en Derecho Penal del Sistema Nacional de Investigadores. Dices: –Buen día, Lic. Y se ofenden porqué el papel que tienen enmarcado en las salas de sus casas les estipula que son abogadas, abogados postulados por la Universidad Complutense de Madrid, no simples Lics. Se habla todos los días de leyes, códigos y reglamentos, pero nunca de justicia ni derecho.

Tienes barba y eres cajero de una tienda: Una tarde se acerca pidiendo ayuda una señora de cabello blanco, voz temblorosa y bastón de aluminio en mano. “-Me llamo L”, comenta y mientras llora te relata cómo su hija la sacó de la casa, la golpeó y le obligó a firmar cesiones de derechos. Te dice que acudió a un sin fin de dependencias sin obtener respuesta y cómo jugaban con ella al ping pong institucional, un turismo gubernamental no pedido ni querido, y también te dice cómo se quedó días enteros en la puerta del Ayuntamiento para obtener una cita postergada a perpetuidad con el alcalde, y te enseña orgullosa unas cartas en hojas amarillas de libreta a rayas teniendo como destinatario al mismísimo Presidente de la República; notas que escribió ‘Sr. Presidente Henrique’, en lugar de ‘Enrique’. La miras, realmente tiene esperanza en sus ojos y la sigues contemplando. Hablas del Sistema Interamericano, la protección jurisdiccional de los derechos humanos, la interseccionalidad de la discriminación, de los enfoques diferenciados y la triple dimensión del derecho aunado a los principios de Dworkin. Te mira como quién escucha un idioma que no entiende, te mira profundamente en silencio antes de decirte única y tajantemente ‘Gracias’ para darse la vuelta e irse. Está vez no fueron susurros, sino palabras. Te quedas lobotomizado, cómo si hubieras presenciado algo oculto, recóndito, insondable. No entiendes, sigues sin comprender.

Nuevo trabajo: Investigación en el campo de los derechos humanos. Verificar casos de discriminación en distintos medios, es la primera encomienda profesional. Una mañana revisas el periódico. El encabezado de la sección local: ‘Vecina sexagenaria se quita la vida.’ Y en completo silencio, lees, una y otra vez lees esperando que cambien las palabras, que la crónica sea otra. Lloras porque al fin comprendes que siempre has sido humano, que hay miles de personas que aún no se han descubierto como tales y que mueren sin nunca saberlo, tal cómo le sucedió a L.

Personas adultas mayores, comunidad LGBT, personas afromexicanas, indígenas, migrantes, niñas, niños, mujeres que viven violencia en las salas de parto, en las calles y hasta en sus propios hogares. Por las historias que me han narrado sus protagonistas que buscan no sólo que les escuchen, sino que les comprendan, me reconocí finalmente humano.

¿Y tú? ¿Tú cómo te has enterado? ¿Cómo te has reconocido humana, humano?

Editorial

La Business Roundtable y el valor de las empresas

José Miguel García Vales

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JP Morgan Chase, General Motors, Johnson & Johnson, Lockheed Martin, Cummins, Walmart, Boeing, Cisco Systems, IBM, Marriot, AT&T, Amazon, American Airlines, American Express, Apple, BlackRock, Coca-Cola, ExxonMobil, son las empresas a las que representan los presidentes y directores ejecutivos que forman parte de la organización Business Roundtable.

Por sí mismo, es un club empresarial que no pasaría desapercibido. Los cerca de 200 CEO´s de las principales empresas de Estados Unidos lideran corporaciones que emplean a 15 millones de personas y generan ganancias por 7 trillones de dólares anuales, pagan 296 billones de dólares a accionistas y donan 8 billones de dólares a iniciativas sociales. Además estas empresas son las más importantes en sus campos, ya sea la banca, hotelería, alimentos, energía, tecnologías de la información, en la industria automotriz o aeronáutica. Muchas de ellas con filiales o presencia en México.

El objetivo de reunir a los líderes empresariales en la Business Roundtable el de guiar a los grandes corporativos en innovación, oportunidades económicas, inversión en la seguridad económica de sus empleados y comunidades en las que operan. Se apegan a los principios del libre comercio como motivo de la prosperidad económica, desarrollaron la American Innovation Agenda for 2020 que demanda invertir en ciencia y tecnología, formación y capacitación en nuevos empleos, remover obstáculos regulatorios a la inversión en innovación, entre otras iniciativas.

Pero esta semana ocuparon la agenda por una transformación en sus fundamentos. De acuerdo a la Business Roundtable, el propósito de las corporaciones ya no es priorizar el máximo beneficio para sus accionistas y propietarios sino generar valor para todos los que participan en la empresa: trabajadores, clientes, proveedores y comunidades. Con este nuevo manifiesto, el modelo se transforma de los intereses “de uno” al valor “de cinco”.

En la sección de economía del El País, lo resumían de esta forma: “El abandono del credo de la primacía del accionista, que ha guiado el capitalismo estadounidense durante décadas, supone un importante cambio filosófico en una asociación que constituye una de las más poderosas voces del mundo empresarial en la política de Estados Unidos”.

El nuevo modelo de gobernanza corporativa de las principales empresas de Estados Unidos se enfoca en los siguientes propósitos:

  1. Crear valor para el consumidor para cumplir o superar sus expectativas.
  2. Invertir en nuestros empleados mediante una compensación justa, prestaciones, entrenamientos y educación en nuevas habilidades, así como aceptación de la diversidad y la inclusión.
  3. Negociar de manera justa y ética con los proveedores siendo buenos socios con empresas grandes y pequeñas que nos ayudan en nuestra misión.
  4. Apoyar a las comunidades en las que operamos, con respeto a las personas y protegiendo el medio ambiente con prácticas sustentables incorporadas a las distintas fases de nuestro negocio.
  5. Generar valor de largo plazo paranuestros accionistas quienes aportan el capital que permite a las empresas invertir, crecer e innovar.

En otras palabras, no se trata de solamente crear riqueza, sino que la riqueza beneficie a todos. Un compromiso de este tipo por parte de las empresas es muy necesario cuando enfrente hay necesidades que no sólo dependen de la acción de los gobiernos. Desde la pobreza, la deforestación, el quiebre del tejido social, la automatización en los empleos, la obesidad, etc.

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A los gobiernos se les exige, y con razón, generar valor público, un concepto que se refiere a prestar servicios de calidad, regulaciones eficientes o creación de políticas públicas efectivas. Pero también mucho ayudaría que las empresas trasciendan en sus propósitos. Entender que no sólo importa lo qué pasa al interior de sus instalaciones, sino que sus negocios impactan en toda la sociedad.

Un dato

En Yucatán existen 118,468 empresas, ocupando el lugar 16 en el país. De ellas aproximadamente el 93.81% tienen menos de 10 empleados y 6.19% más de 10 empleados.

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A propósito de…

¿Qué quieren de nosotras?

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de la marcha de las mujeres del viernes pasado, de las reacciones escandalizadas por la forma en que se desarrolló, de la indignación en muchos medios por la manera en que se manifestó el enojo, de la crítica incluso de otras mujeres, no puedo dejar de preguntarme ¿qué es lo que se espera de nosotras?

¡Con que emoción se reconoce, se admira, se pondera, el papel de las mujeres como cuidadoras, como dadoras, como soporte de otros! La sociedad en su conjunto celebra a aquella que se olvida de sí misma o se deja en último lugar o, por lo menos, posterga la realización de sus proyectos, de sus sueños, de sus metas, para apoyar a quienes la rodean, los hijos, el esposo, los enfermos, los ancianos.

Los conceptos “guerrera” “luchadora” se aplica generalmente a una mujer que aquejada por una enfermedad en fase terminal, se sobrepone al dolor físico y emocional, al cansancio, a los malestares y se levanta de la cama para llevar a sus hijos a la escuela, para acudir al homenaje del día de la madre enmascarando sus síntomas.

Se califica con esos términos, que personalmente aborrezco, a quien luego de realizar los trabajos domésticos, acude puntual a la junta del trabajo, para hacer su presentación del proyecto con tacones, maquillada, perfumada, con el traje sastre impecable.

Y qué decir de aquellas que atienden a los padres ancianos, al esposo enfermo, al hijo con discapacidad y todavía se da el tiempo para vender productos por catálogo.

En todos esos casos, nos atribuyen ser “el pilar de la sociedad”; por supuesto, de una sociedad que se apoya en ese trabajo para no asumir su responsabilidad. En México, no existen las instituciones que se hagan cargo de una función que debería ser compromiso de todos. Se encomia que no demos lata y que les evitemos molestias a los demás.

Se espera, siempre que sea posible, que tengamos ingresos y seamos consumidoras desde productos para la limpieza, cosméticos y electrodomésticos, hasta ropa de marca y cirugías plásticas.

Pero nunca tomar el escudo y la  lanza y asumir la personalidad de “guerreras”, de “luchadoras” para defender nuestros derechos, para apoyarnos unas a otras, para reivindicar nuestras libertades, para salvaguardar nuestras vidas, para resguardar la integridad, para reclamar la seguridad de nuestras congéneres, porque entonces recibimos reprimendas y regaños, como si se tratara de menores de edad.

¿Cuántas marchas “pacíficas y civilizadas” se han realizado para evidenciar el peligro en que nos encontramos las mexicanas en cada estado, en cada ciudad, en cada población, en cada alcaldía, en cada calle, en el transporte público, en el trabajo, en las casas, especialmente las niñas, las adolescentes y las jóvenes, aunque no únicamente? Cientos. ¿Con qué resultado? Muy pocos o ninguno.

Apenas el 2 de febrero participé en una movilización   del Monumento a la Madre al Zócalo en la Ciudad de México, para exigir la acción de las autoridades frente a la ola de secuestros de mujeres jóvenes en el Metro. Pancartas, mantas, consignas. No se rompió nada, no se pintó un muro, no se ensució piedra o pared alguna, no se tiró basura. El gobierno de la ciudad implementó algunas medidas de seguridad en las estaciones; los medios de comunicación publicaron la fotografía al día siguiente. Las desapariciones, los asesinatos, las violaciones  continúan, se incrementan.

El sábado 17 cuando casi al unísono condenaron la mala conducta de las participantes reflexioné que si la indignación que manifiestan hoy por las pintas en el Angel de la Independencia se diera cuando una mujer es violentada, las cosas serían muy distintas. Los monumentos son cosas que se pueden reparar, restaurar, la vida de una mujer no se repone.

Apenas unas horas después de la movilización cercaron el Monumento de la Independencia con tablones de madera, “a fin de empezar los trabajos de restauración”. ¿O para esconder la basura debajo del tapete?, ¿No habría sido un acto de reconocimiento a la irritación legítima dejar los letreros a la vista, aunque fuera  por unos días, para que todo el que pasara tuviera oportunidad de leerlos?

Frente al alud de descalificaciones y al cuestionamiento que una reportera (con A) le hizo al presidente de la República en su conferencia del lunes, respecto a por qué no se utilizó a los granaderos para frenar el vandalismo, cuando fue precisamente la violación de una adolescente por parte de 4 policías y la “filtración” de los datos de la joven agredida, lo que detonó el enojo, me preguntó ¿qué es lo que se espera de las mujeres?

¿Tal vez, que protestemos con comedimiento, con gracia, con elegancia, con donaire, con garbo, con femineidad, como damas o mejor aún como “damitas”, según la palabra que se ha dado en usar últimamente para dirigirse a nosotras?

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Editorial

Doctor Álvaro Vivas Arjona

Carlos Bojórquez Urzaiz

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Uno de los altos valores que posee la medicina yucateca, de labor brillante y sostenida, es el doctor Álvaro Vivas Arjona, afectuoso universitario cuya modestia enaltece el humanismo de su profesión. Alguna vez tuve el gusto acompañar a este distinguido galeno en la lectura de unas notas de José Martí donde escribió:” El genio no puede salvarse en la tierra si no asciende a la dicha suprema de la humildad.”  Y aquella aserción de valor intemporal, se ajusta a la perfección al doctor Vivas Arjona.

A lo largo de los más de sesenta años de ejercicio médico, su atención a personas enfermas de lepra ha dado paso a reflexiones éticas y filosóficas expuestas a través de su obra escrita, en la Cátedra Extraordinaria Nuestra América de la UADY, en conferencias de la Sociedad Yucateca de Historia y Filosofía de la Medicina, y más recientemente en la Universidad José Martí, recinto en el que un aula lleva su nombre.

Graduado en el año de 1958, desde su etapa estudiantil Álvaro Vivas Arjona supo reconocer los méritos ajenos, antes que pensar en el bienestar personal. Se recuerda con gratitud, que siendo representante de los alumnos de la Facultad de Medicina, hizo cuanto estuvo de su parte para incorporarse a los festejos que la comunidad universitaria dispensaba al Rector Eduardo Urzaiz Rodríguez en 1952, y a través de un mensaje leído en Consejo Universitario, a nombre de sus condiscípulos y del suyo mismo, resumió el cariño que sentían por el doctor Urzaiz, quien sin menos cabo de su cargo, se daba tiempo para dictar interesantes clases de ginecología y psiquiatría los estudiantes de medicina . Inspirado en la entrega e ideales de sus mentores, entre los que también tiene presentes a los Doctores Pedro Cámara Milán y José María Esquivel Fernández, al obtener el título de Médico Cirujano, Álvaro Vivas marchó a la Ciudad de México con el propósito de realizar estudios de postgrado en Dermatología y Leprología, concluidos con las menciones honoríficas del caso, hacia el año de 1960.

Poco más tarde regresó a Yucatán con pensamientos y recursos terapéuticos novedosos para el tratamiento del mal de Hansen, adquiridos bajo la tutoría del eminente Dr. Fernando Latapí, principal fundador de la Asociación Mexicana de Acción contra la Lepra. Además de la responsabilidad docente convenida con la Facultad de Medicina, donde impartió asignaturas dermatológicas entre los años de 1962 y 1994, su labor asistencial e investigativa se caracterizó por los lazos afectivos que trabó con los enfermos de lepra, cuya ancestral discriminación le exigió allegarse conocimientos antropológicos y el manejo diestro de la ética. Para entonces la Enfermedad de Hansen había dejado de ser incurable, lo cual resultaba significativo, ya que transformó el concepto de lucha contra ese padecimiento al aseverar lo improcedente de los lazaretos y recalcar el beneficio de descubrir casos que, manejados oportunamente, hicieran innecesaria su rehabilitación física y social.

La tarea más difícil que el Doctor Vivas Arjona enfrentó, durante los primeros cincuenta años de experiencia profesional, quizás haya sido su lucha contra los viejos prejuicios sociales, y atender eficazmente a quienes siendo víctimas de una enfermedad, tenían que soportar estigmas que los aislaba de su entorno. Después de prodigar sus conocimientos médicos tanto tiempo, cuando muchos universitarios han abandonado la vida activa, sobre todo en el campo intelectual, y se consagran a una jubilación placentera en sus casas, el Dr. Álvaro Vivas Arjona sigue en plena producción académica, con la frescura de un hombre que se adentra en la madurez, atendiendo los varios ámbitos de la vida en que ha destacado. Reconocer la trayectoria de este universitario, es una acción inaplazable. Sirvan estas líneas para encomiar la desinteresada entrega del Dr. Álvaro Vivas Arjona a las causas de la salud y la educación.

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