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Editorial

Elecciones en el Imperio ¿qué nos jugamos todos?

Mario Alejandro Valdez

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Al clausurar la Asamblea Nacional del Poder Popular el pasado miércoles, el presidente de Cuba, Miguel Ángel Díaz-Canel, trazó una precisa radiografía de lo que se juega el mundo el próximo martes, cuando se realicen las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Sin mencionar el hecho, Díaz-Canel enunció descarnadamente las acciones criminales y genocidas que la administración Trump ha venido realizando prácticamente desde el primer día de su gestión, y que no han parado un sólo instante: limitaciones al envío de remesas, limitaciones a los viajes, impedimentos para recibir energéticos y lo inconcebible: obstrucción de todos los esfuerzos cubanos por adquirir medicamentos y equipos para el tratamiento de la COVID-19, así como una campaña grosera –“bochornosa” la llamó el mandatario caribeño- contra las brigadas médicas internacionales que han brindado su apoyo a muchos países en todo el mundo.

Cuba está respondiendo a estas inhumanas políticas con gran fortaleza, y se mantiene como uno de los pocos países en todo el orbe en tener la pandemia a raya, no extinta, ciertamente, porque eso es absolutamente imposible, pero si en un nivel de control más que satisfactorio. Pero el costo de ello ha sido bárbaro, inconmensurable, pues los recursos financieros de la Isla han disminuido pavorosamente ante el colapso del turismo y el artificial desplome de las remesas motivado por las draconianas medidas de Trump. La situación en la mayor de las Antillas es cada vez más difícil, y aunque lejos de lo que se vivió durante el llamado “período especial”, después de la caída de la Unión Soviética, sí representa un sufrimiento permanente para las familias cubanas.

Situaciones similares se están viviendo en Venezuela, Bolivia y Nicaragua, países que han enfrentado en los últimos meses descaradas intervenciones del Imperio, congelamiento de sus divisas, actos de sabotaje e incluso un Golpe de Estado organizado y financiado desde Washington. La voluntad y fortaleza de estos pueblos heroicos han conseguido hasta ahora derrotar las crueles políticas imperiales, pero también a un costo enorme, con el sufrimiento cotidiano de las clases populares, que han visto deteriorarse devastadoramente sus niveles de vida, NO por errores de sus gobiernos o situaciones exclusivamente atribuibles al mercado, sino por decisiones políticas e intervenciones directas del gobierno de los Estados Unidos.

En México, la peculiar personalidad del presidente López Obrador, su inagotable capacidad negociadora, su visión, su prudencia y su extraordinaria habilidad política han mantenido, contra todo pronóstico, la relación bilateral en buenos términos. Pero ello realmente es diplomacia y apariencia: las agencias intervencionistas norteamericanas están presentes y actúan soterradamente, poniendo todos los obstáculos posibles a la gestión del gobierno mexicano, financiando a los movimientos políticos de extrema derecha e impulsando-como siempre han hecho no sólo en México sino en toda Nuestra América-la demencial guerra entre carteles criminales. Trump sonríe y abraza a López Obrador, llamándolo “mi amigo mexicano”, pero bajo el agua instruye a sus “halcones” a que continúen su labor de zapa contra la administración obradorista.

Y durante su irresponsable campaña -es el único candidato en el mundo entero que está realizando mítines multitudinarios en plena pandemia, contribuyendo a que su país siga siendo el más afectado y esté viviendo en la actualidad un tercer rebrote de contagios- Trump clama por el voto de los fanáticos, con un discurso incendiario contra su rival demócrata, al que llama “dictador comunista”, admirador de los regímenes “totalitarios” de Cuba y Venezuela, y “tirano de los cubrebocas”.

Ya en otras colaboraciones hemos planteado que el Imperio vive una crisis terminal, en medio de una abrumadora descomposición, pero ello no sucederá mañana, ni el día después de mañana. Recordemos que el Imperio Romano sobrevivió más de dos siglos en estado agónico, y todavía provocó crudelísimas guerras antes de hundirse definitivamente. Si bien el colapso de la hegemonía estadounidense es cuestión de tiempo, aún puede tardar décadas en producirse. Y ya en tan sólo cuatro años, Trump nos ha demostrado que aún en crisis y desventaja, el Imperio puede ocasionar terribles sufrimientos a cientos de millones de personas, como lo están viviendo hoy en día nuestros hermanos sudamericanos y caribeños.

Las encuestas marcan una clara ventaja para el demócrata Joe Biden. Y no es que quien fuera vicepresidente con Obama sea el hombre más progresista, visionario y democrático, pero al menos ofrece una gestión mucho más racional y acorde a un esquema mínimo de colaboración internacional. De hecho, en el tema Cuba, ya ha adelantado que buscará regresar a la situación que se construyó en la era Obama, sin dejar de descalificar y combatir al régimen socialista, pero al menos permitiendo una mayor relación entre los cubanos norteamericanos y los que viven en la Isla, así como abandonando la política de intervención descarada. Biden no es garantía de progreso y democracia, pero sí al menos de que el fanatismo demencial abandonaría la Casa Blanca, con lo que el nivel de las tensiones se reduciría drásticamente.

Observemos con atención lo que nuestros vecinos llaman “el Super Martes”. Y si está en nuestras manos platicar con algunos electores, hagámoslo. No es intervenir en asuntos internos de otro país, sino contribuir a evitar que se sigan deteriorando las condiciones de vida en nuestros países y en el mundo entero. No es poco lo que se juega: es el futuro inmediato, el devenir próximo de nuestros hijos, y de los hijos de nuestros hijos.

A propósito de…

Aniversario de la Cineteca Nacional: 47 años de conocer mundos diversos, de vivir otras vidas, de soñar nuevos sueños

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito del cuadragésimo séptimo aniversario de la Cineteca Nacional, lo menos que puedo decir es que gracias a  esa institución, muchas generaciones de capitalinos, primero, y de mexicanos de todas partes, más tarde, hemos tenido la oportunidad de adentrarnos en otras culturas, en formas de ser y de pensar de lugares remotos en geografía y tiempo y en realidades diversas.

No temo equivocarme si aseguro que, a la par de la lectura o complementaria a ella, muchos jóvenes desde hace casi 5 décadas, crecimos, nos formamos, aprendimos, cuestionamos, entendimos o nos confundimos, soñamos, conocimos, llegamos a lugares lejanísimos y nos sumergimos al interior de nuestros pensamientos y nuestros sentimientos de la mano de los grandes realizadores.

Para los que hoy son jóvenes y tienen la posibilidad de acceder a toda la creación cinematográfica de la historia a través de alguno de sus dispositivos y de las múltiples plataformas existentes, debe sonar extraño saber que 20, 30, 40 años atrás, la presentación de la Muestra Internacional de la Cineteca era un acontecimiento que esperábamos todo el año, porque era la ocasión de acercarnos y dejarnos deslumbrar con el quehacer de los cineastas más importantes.

El domingo 17 de enero de 1974 se inauguró la “primera” Cineteca Nacional en el sitio donde se encontraban los foros de los Estudios Churubusco, sede actual del Centro Nacional de las Artes. En esa fecha se proyectó la cinta de la Revolución Mexicana, “El Compadre Mendoza” filmada en 1933 por el director Fernando de Fuentes.

Tres años más tarde–1977–tuvo lugar la Primera Muestra Internacional de Cine y en 1980 inició el Foro Internacional de la Cineteca. Sin embargo, ese edificio, obra del arquitecto Manuel Rocha Díaz, tuvo una vida breve: la tarde del 24 de marzo de 1982, durante la exhibición de la película La Tierra de la Gran Promesa del polaco Andrrzej Wajda, un incendio, que se prolongó por 16 horas, consumió la construcción, así como unas seis mil quinientas cintas, casi 10 mil libros y revistas y más de 2 mil guiones.

Se buscó otra sede y la nueva Cineteca empezó a funcionar en enero de 1984, en la Plaza de los Compositores, en la zona de Coyoacán en la Ciudad de México. En 1994 se inauguraron ahí las bóvedas de almacenamiento, con controles de humedad y temperatura, para el resguardo adecuado del material fílmico.

Fue ahí, principalmente, donde supimos que existía “otro cine”, uno que no siempre llegaba a los circuitos comerciales ni provenía de Hollywood. Conocimos el trabajo de creadores europeos, asiáticos, latinoamericanos y mexicanos gracias a las muestras, los foros, los ciclos, las retrospectivas.

Ese recinto nos dio la oportunidad de acercarnos a cineastas como Igmar Bergman, Akira Kurosawa, Wim Wenders, Francois Truffaut, Bernardo Bertolucci, Luis Buñuel, Federico Fellini, Krzysztof Kielowski, Emir Kusturica, Peter Greenaway, Woody Allen, Oliver Stone, Martin Scorsese, Stanley Kubrick, Brian de Palma, Sergio Leone, Francis Ford Coppola, Arturo Ripstein, Felipe Cazals. Por supuesto, son menos pero también importantes las realizadoras que conocimos ahí: la francesa Agnés Varda, la norteamericana Sofía Coppola, la mexicana María Novaro.

Tantas anécdotas, tantos recuerdos; dos muy puntuales, el primero, cuando exhibieron 1900 de Bertolucci. Tas poco más de dos horas, vino el intermedio, prendieron las luces y se acabó la función, porque una película de 5 horas 15 minutos no podía presentarse de una sola vez, quien quiso terminar de verla debió acudir al día siguiente y quien no pudo, se perdió la mitad.

La segunda remembranza es respecto a la planeación cronométrica para disfrutar dos o tres filmes el mismo día y así cubrir la mayor cantidad de cintas en el tiempo disponible. Teníamos los minutos contados para pasar de una sala a otra, con los boletos adquiridos de antemano. 

Desde hace algunos años tanto la Muestra como el Foro se presentan también en sedes alternas, en horarios más amplios y, afortunadamente, en otras entidades del país, con lo que un público mayor tiene la oportunidad de ver buen cine. Felicidades Cineteca Nacional y felicidades a quienes tanto hemos podido ver, vivir y sentir ahí.

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La política en Yucatán

Introspección histórica: los enigmas de Carrillo Puerto (II)

Mario Alejandro Valdez

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Felipe Carrillo Puerto nació en Motul el 8 de noviembre de 1874 en el seno de una familia acomodada. Su padre, don Justiniano Carrillo Pasos, había luchado a las órdenes de don Pancho Cantón en la represión a la Guerra de Castas y, tras sobrevivir al fragor de las batallas durante casi dos décadas, se había trasladado a la entonces Villa para alejarse del teatro de la guerra y aprovechar el crecimiento económico que comenzaba a surgir en aquellos tiempos a partir de la explotación del henequén. La familia Carrillo Puerto montó un comercio de medianas dimensiones y pudo darle a sus hijos educación básica, una muestra de que pertenecían a la clase media. Después de concluir la primaria, el joven Felipe pasó a apoyar el negocio familiar, empleándose también, y de manera eventual, como vaquero, para luego, poco antes de cumplir los 20 años, desempeñarse como conductor en la naciente empresa ferrocarrilera de don Pancho Cantón. En el ejercicio de este empleo conoció y trató cercanamente a la también joven Adela Palma, hija de hacendados medianos del mismo Motul, con quien se casó en 1898. Poco después de su enlace con Adela, y con el apoyo de su padre, Felipe se estableció como comerciante itinerante, recorriendo durante varios años el corredor Motul-Valladolid, atravesando las porciones occidental y oriental de la zona henequenera, visitando también las haciendas azucareras y los ranchos ganaderos en los alrededores de Valladolid y Tizimín. Comerciante mediano, emparentado por matrimonio con una familia de hacendados del mismo tenor, todo parecía empujar al mestizo de los ojos verdes a una vida rutinaria, como un pequeño burgués de una población floreciente.

Pero Felipe era, sin duda, de otra cuerda. Desde su primera juventud mostró que esa vida apacible y predecible no era para él. Justo después de concluir su primaria, el joven comenzó a mostrar sus reales afanes cuando, tras acudir a una función de circo en su natal Motul, se prendó de una de las artistas y se unió a la gira circense por algunos días, hasta que un atribulado Justiniano lo ubicó en Tixkokob y lo regresó a su casa con tremenda reprimenda. Unos pocos años más tarde, Felipe daría nuevas muestras de su extraño actuar cuando, por defender los derechos de un grupo de campesinos, fue detenido y encarcelado en Motul. Nuevamente don Justiniano acudió en su ayuda y lo sacó de prisión, prometiendo a la autoridad lograría domeñar al rebelde. Años después, ya en plenos tiempos de la Revolución Mexicana, y cuando aún militaba en el conservador bando cantonista, su actuar político era ya tan visible que sus rivales ordenaron su muerte, pero Felipe fue más rápido que el sicario y lo ejecutó, lo que le valió nueva prisión.

Apasionado, justiciero, hábil, valiente y decidido. No eran pocas las cualidades del muchacho, a las que se sumaba una gran inquietud por las lecturas políticas. Y el destino se encargó de poner en su camino dos notables bibliotecas, sorprendentes dentro del apabullante analfabetismo de la ruralidad yucateca de aquellos tiempos: la del sacerdote Serafín García y la del hacendado Alonso Patrón Peniche. En esos dos espacios, y con el contacto de cientos de libros de variados autores, que incluían lo mismo a Marx que a los anarquistas y algunos textos de auto-ayuda, Felipe fue afinando su bagaje ideológico, y confirmando las peculiaridades de su personalidad.

Poco a poco, el destino del burgués se fue desdibujando, surgiendo el camino del revolucionario. Y poco a poco su relación con doña Adela se fue enfriando, aunque-las evidencias son bastante fuertes al respecto-mantuvo con sus cuatro hijos una relación atípicamente cercana y amorosa, algo un tanto ajeno a las normas del duro patriarcado yucateco. El rompimiento definitivo con su esposa pudo haberse producido durante su encarcelamiento en 1911-1913, cuando mató a Néstor Arjonilla-el sicario contratado para ejecutarlo-, tiempo en el que se afirma no fue visitado por su cónyuge.

Liberado de su prisión cuando el juez de amparo reclasificó el delito de homicidio en riña a legítima defensa, Carrillo Puerto aprovechó la oportunidad para salir del país, dirigiéndose a Nueva Orleans en compañía de su entonces amigo Carlos Ricardo Menéndez González. Después de estar juntos unos pocos días en ese puerto, Menéndez regresó a México, mientras Carrillo consiguió empleo como estibador y entró en contacto con líderes obreros y representantes del Partido Socialista estadounidense.

Cuando Felipe regresó a Yucatán, en el otoño de 1915, era un hombre nuevo: sus ideales libertarios, su pasión, su arrojo por fin estaban encontrando un cauce. Tras militar durante algunas semanas en el movimiento zapatista, el mestizo de los ojos verdes retornó al terruño. Por su procedencia de una zona enemiga, fue encarcelado inicialmente, aunque su figura y fama, pese a lo incipiente de su construcción, llegó a los oídos del gobernador Salvador Alvarado, quien ordenó su libertad y su incorporación al grupo de agentes de propaganda de su gobierno. Su trabajo implicaba recorrer las haciendas y poblaciones de una región, reunir a los trabajadores y las familias, y discursar generalmente en la lengua originaria, que el  motuleño aprendió desde la infancia como segunda lengua, y perfeccionó en sus años de comerciante. El rutinario burgués terminó por desfigurarse, y el gran líder comenzó a emerger…

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Editorial

La política en México: descomposición imparable

Mario Alejandro Valdez

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Probablemente sea uno de los políticos más populares del país, pero también ha sido señalado desde hace años como un hombre violento, adicto al alcohol y agresor sexual. Se trata de Félix Salgado Macedonio quien se aferra en estos días a la candidatura de MORENA a la gubernatura de Guerrero, pese a un alud de testimonios en su contra y al menos dos denuncias penales en proceso. No obstante lo anterior, todas las encuestas señalan que no sólo ganaría la elección si finalmente se presenta como candidato, sino que arrasaría a sus contrincantes, quienes, por otro lado, tienen expedientes aún peores. Aquí vemos a un candidato con una figura pública arrolladora, pero cuyo truculento pasado se ha visibilizado de un modo muy negativo.

En cambio, en nuestro Yucatán, las alianzas políticas están guardando a sus candidatos ante el temor al naufragio. No se puede entender de otra forma que el gobernante Acción Nacional aún no haya dado a conocer ni siquiera a sus precandidatos a los distritos locales. Se dice que el gobernador Mauricio Vila y sus asesores políticos están negociando febrilmente con sus nuevos aliados y aún con sus rivales con tal de asegurar la mayoría legislativa que le permita al Ejecutivo una segunda parte más desahogada de su gestión. ¿Por qué no aprovechar el tiempo de las precampañas para lanzarse al ruedo y comenzar la labor de convencimiento a la ciudadanía, aprovechando los medios electrónicos? Obviamente porque en la mayoría de los distritos NO se cuenta con candidatos viables, que representen una alternativa de triunfo, y aún se está en la negociación con los demás partidos y con algunos políticos en particular, sobre todo militantes y exmilitantes del PRI, que eran sus rivales mortales hasta hace pocos meses.

Un político de izquierda probablemente pierda su candidatura por ser demasiado visible, en tanto que los políticos de derecha de Yucatán probablemente pierdan sus elecciones por permanecer velados. Lo cierto es que el terremoto “López Obrador”, que ha desestabilizado a los partidos políticos tradicionales, ha terminado por poner en evidencia la enorme descomposición política del país, algo particularmente grave en un contexto en el que se mantienen irresolutos los grandes problemas nacionales: la violencia de género, la violencia en general, la corrupción, la pobreza. Sobre estos dos últimos temas se han dado pasos importantes, y ya sabíamos que no son de resolución inmediata y milagrosa, pero lo cierto es que la corrupción sigue enquistada en la actual administración -su combate se ha ralentizado-, mientras que la pobreza se ha expandido en México, como en todo el planeta, como consecuencia de una pandemia que hoy vive sus momentos más álgidos.

Es cierto que la descomposición es mundial. Lo hemos señalado reiteradamente para el caso del Imperio, pero las evidencias saltan de todos lados: las izquierdas y derechas europeas, toda América Latina, Estados Unidos por supuesto. Pero el caso de nuestro país es particularmente preocupante: no tenemos una tradición democrática, ni siquiera de la democracia liberal burguesa, que garantiza al menos el respeto al resultado electoral, mucho menos de una auténtica democracia participativa, en la que la ciudadanía se involucra no sólo en el acto electoral, sino en la gestión del gobierno, en la discusión de las leyes, en el ejercicio de los presupuestos, en el acompañamiento cercano a los órganos judiciales.

La llegada de López Obrador a la presidencia creó muchas expectativas al respecto. Luchador sincero e irreductible por la democracia, comprometido sin duda con el combate al ruin neoliberalismo, su contundente triunfo nos hizo concebir muchas esperanzas, probablemente ingenuas, pues aunque percibíamos el tamaño del monstruo, también conocíamos del talento y dedicación del tabasqueño. Pero la realidad se ha presentado apabullante, y aún esfuerzos que sabemos inmensos en algunos campos, apenas y han comenzado a dar resultados visibles. En otras áreas, como las que mencionamos, incluso se ha presentado un retroceso.

López Obrador le rompió el espinazo al sistema, sin duda. El problema es que el mismo MORENA, así como la estructura de gobierno de la 4T son parte de ese sistema roto, y los agujeros asoman por todos lados, sobre todo por los sectores de mayor compromiso y relevancia. Así, un Félix Salgado Macedonio podrá ser un político muy comprometido con ciertas causas populares, pero también es un macho patriarcal, misógino y depredador sexual, cuyas criminales acciones han sido cobijadas por décadas por el mismo sistema que decía combatir. Y ello no es sorprendente, pero sí muy lamentable, y nos pone en un escenario de gran preocupación.

Atacar al gobierno por sus insuficiencias y contradicciones puede representar estarle haciendo el trabajo sucio a la derecha, que sueña con recobrar el poder y desarticular lo poco que se ha podido hacer; pero dejar pasar esas insuficiencias y contradicciones sería convertir la esperanza en traición. El momento es grave, y el pueblo consciente debe jugar el rol que le corresponde impulsando el progreso político, ideológico, cognitivo, así como el desarrollo social y económico de nuestro sufrido México. Y muchas y muchos están haciendo el trabajo, les pasamos un nombre: Carol Arriaga, secretaria nacional de Mujeres en MORENA. Vale mucho la pena seguir lo que está haciendo esta extraordinaria mujer en la ardua y exigente tarea de transformar a México.

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