Elecciones
Disputa narrativa de la tragedia
Publicado
hace 6 añosen
Después de la tormenta que ha implicado el embate de la pandemia de COVID-19 en México no vendrá la calma, sino la descarnada disputa por contar como fue la tempestad. Siendo el próximo un año electoral, la narrativa del manejo de la crisis sanitaria seguramente será el elemento temático central de las campañas políticas.
Para ese momento, las proyecciones contemplan un escenario en el que habrán muerto al menos 100 mil personas en el país, según el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington. A pesar del extenuante ejercicio de difusión que el gobierno federal ha realizado para explicar los fundamentos de su estrategia, al oficialismo le será muy difícil hablar de aciertos en la gestión de la pandemia, independientemente de si los hubo o no. Primero, porque las reglas no escritas de la comunicación electoral impiden referirse como un triunfo a cualquier hecho que descanse sobre tal cantidad de muertos. Y segundo, porque resulta muy complejo que la administración federal genere una comparación contrafactual que pueda comunicarle asertivamente a la gente que lo que hubiese pasado de haberse elegido otra estrategia para afrontar la crisis hubiese sido peor.
Asumiendo esto, es de esperarse que tanto MORENA como la oposición partidista, enfocarán sus discursos y energías a buscar culpables a lo que a todas luces constituye ya una tragedia sanitaria, social y humana para el país.
Los partidos en la oposición muy probablemente pondrán en tela de juicio las cifras oficiales, además de reclamar por la falta de test masivos, la ausencia de rigidez en las directrices nacionales para el uso obligatorio de cubrebocas y en por el abordaje errático que el presidente tiene cuando se refiere al estado nacional de la pandemia. Esta narrativa apunta no sólo a la idea de que se pudo haber hecho más, sino también a que lo que se hizo se hizo mal.
Por su parte, MORENA y sus aliados electorales seguramente atribuirán lo acontecido en México en el marco de la pandemia, a un sistema de salud deteriorado, al vulnerable estado de salud de gran parte de la población, a las condiciones de precariedad en la que viven la gran mayoría de personas en el país, y a la imposibilidad de homologar las estrategias sanitarias en un Estado federado. Es decir, el argumento oficial será que se hizo todo lo que se pudo con lo poco que había.
La oposición partidista hablará del mal manejo de una emergencia (no tan) repentina y el oficialismo de la necesidad de seguir revirtiendo una crisis histórica.
Considerando que en la esfera político-electoral siempre es más fácil atacar que defender, podría suponerse que la ventaja narrativa de cara a las elecciones intermedias del 2021 la llevaría la oposición partidista, quienes seguramente buscaran sacar redito electoral de la tragedia humana, valiéndose, quizás, de testimonios de las víctimas-físicas, económicas y emocionales-de la pandemia. La estrategia discursiva de la oposición seguramente apelará al sentimiento, a sabiendas de que las y los electores promedio se caracterizan más por lo emotivo que por lo racional.
Mientras tanto, el oficialismo tendrá que aferrarse al discurso transformador del 2018, adecuándolo para plantearlo ahora desde el poder. Para ello, deberá dar cuenta de lo que durante su gestión se ha avanzado, principalmente en la tarea de rescatar el sector salud, evitando la exagerada explicación técnica y su retórica característica, para poner énfasis concreto en los hitos numéricos de sus políticas públicas en este rubro.
En paralelo, las y los ciudadanos han comenzando a construir su propia narrativa de la crisis sanitaria y esta, al menos hasta ahora, se ajusta mas a lo planteado desde el oficialismo. Si bien, la más reciente encuesta de Consulta Mitofsky muestra -hasta el 9 de agosto- una ciudadanía dividida en su percepción del manejo federal de la crisis, da cuenta también de que las instancias peor evaluadas son las del sector salud. Al parecer, muchas y muchos mexicanos confirmaron -y otros tantos descubrieron- el estado de abandono en el que históricamente se ha mantenido la salud en México. Si bien esto también es responsabilidad de la presente administración, el hecho, narrativamente, se acomoda más a su argumento.
Por otro lado, ante la ausencia de protagonistas en el poder legislativo, la oposición partidista apostó principalmente por un puñado de sus gobernadores como cara visible en el enfrentamiento con la federación respecto al manejo de la pandemia. Esto, pareciera perfilarse como una estrategia fallida, toda vez que los gobiernos estatales están siendo calificados muy por debajo de su contraparte federal en la encuesta arriba aludida. Pensando en que las decisiones tomadas a través del voto en las elecciones intermedias suelen hacerse evaluando más el ámbito de administración local que el nacional, quizás este descontento con los manejos estatales de la pandemia pase costo repartido entre oposición partidista y oficialismo, en lugar de hacer juicio exclusivo de este último.
Una anomalía histórica de las dimensiones de las de que ha tenido la pandemia, traerá consigo un ejercicio electoral extraordinario, mismo que quizá se destaque por su nivel de abstencionismo y por su particular desarrollo operativo. Supuesta ya la imposibilidad de las actividades masivas, las plataformas comunicativas emergentes terminaran de entronarse como el espacio primordial para la confrontación de los discursos políticos. Mas allá de los cargos en juego, las elecciones del próximo año en México decidirán cual versión de la tragedia se contará en los años venideros en el país.
