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Editorial

Entre idiotas y Octavio Paz

José Luis Ripoll Gómez

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“La situación de México no es ya distinta a la de otros países. Acaso por primera vez en la historia la crisis de nuestra cultura es la crisis misma de la especie.”
Octavio Paz.

Idiota para los antiguos griegos era aquella persona que sólo podía hablar de cosas superfluas, incapaz de poder reflexionar sobre las cosas profundas de la vida, aquel que se desentiende de los asuntos de la comunidad y sólo ve sus intereses. Con el tiempo, este término cambio a persona con poca inteligencia y sinónimo de imbécil. El diccionario electrónico de la Lengua Española señala que idiota es tonto o corto de entendimiento, pero también significa, persona engreída sin fundamento para ello. No confundir idiota con imbécil. Este o no ha madurado o no ha tenido tiempo de madurar, el idiota si lo ha hecho, pero no da para más.

Desde luego sí tenemos en cuenta que en la antigüedad griega los referentes eran los pensadores clásicos, los Sócrates, los Platones y los Aristóteles todos los demás seríamos verdaderos idiotas.

No queremos sentenciar que lo antiguo siempre es mejor que lo actual, empero en la modernidad pareciera que muchas personas son incapaces de hablar de otro tema que no sean los mediáticos, de Paty Chapoy a la voz México, pasando por las Kardashian, el Cruz Azul o el América. Un pueblo ignorante, ocupado en cosas triviales, no educado, es más fácil de manejar para los políticos perversos. En cambio, una persona que lee, que estudia es más difícil de manipular, de manosear.

La mayoría de los partidos políticos buscan personas manipulables que no se les “salgan del huacal.” Gente que acepten ordenes incondicionales, por lo que en pocas ocasiones elijen a personas intelectualmente independientes. En México, Octavio Paz fue el ejemplo de intelectualidad no condicionada al sistema. Renunció a la representación diplomática en la India por su oposición a la matanza de Tlatelolco en 1968.

Para el político perverso una persona intelectualmente independiente es un riesgo, le puede echar a perder el juego del ajedrez político que presume tanto dominar.

No por ser idiotas carecen de inteligencia. En general el idiota no participa en política, le resulta indiferente, prefiere atacar el lado servil, ser lambiscón le produce mejores dividendos. El idiota suele ser también adulador del político. Establecen una relación simbiótica. De apoyo mutuo. El político necesita el apoyo psicológico de un adulador y el idiota del político para mendigar el cargo o la comisión. En palabras de Octavio Paz: “El servilismo ante los poderosos, especialmente entre la casta de los políticos…” El idiota se adhiere a las personas no a los principios, en cambio para los hombres capaces de pensar por si solos es al revés. Contrario a lo que ocurría en la época del esplendor del pensamiento griego, en la actualidad, ser político no es excluyente de idiotez. El idiota es el hombre mediocre que refiere José ingenieros y el hombre masa para Ortega y Gasset. “La clase es más fuerte que el individuo y la persona se disuelve en lo genérico. Porque esa es la primera y la más grave mutilación que sufre el hombre al convertirse en asalariado industrial,” sostiene Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad.

Los idiotas posmodernos son conscientes de su ignorancia empero juegan a verse como conocedores de varios temas. Se sienten poderosos por leer, acaso, algún pasquín de esos que suelen pulular por doquier. También las redes sociales contribuyen para esos propósitos.

La idiotez no es exclusiva del sector público, también en la iniciativa privada los hay. Adulan al jefe y son los famosos “Godínez.” Viven constantemente su estado de confort y se oponen a cualquier cambio dentro de la organización, lo que desean es conservar su trabajo, su status quo, porque de lo contrario sería muy complicado conseguirlo.

Los mexicanos en particular jugamos entre la simulación y pasar desapercibidos, entre ser idiota y ser nadie. Lo dice Paz magistralmente: “Si el gesticulador acude al disfraz, los demás queremos pasar desapercibidos. En ambos casos ocultamos nuestro ser. Y a veces lo negamos. Recuerdo que una tarde, como oyera un leve ruido en el cuarto vecino al mío, pregunte en voz alta: “¿Quién anda ahí?” Y la voz de una criada recién llegada de su pueblo contesto: “No es nadie, señor soy yo.”

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Editorial

Vacunación y esperanzas, inesperadas fortalezas

Mario Alejandro Valdez

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En la conferencia de este jueves 8 de abril, las autoridades de salud de nuestro país dieron a conocer que diariamente se están alcanzando nuevos registros máximos de personas vacunadas, llegándose en el corte de la tarde de dicho día a la robusta cantidad de 10 millones seiscientas mil vacunados, con al menos la primera dosis. Unas pocas horas antes, el Ministerio de Salud de Francia anunció, con bombo y platillo, que el país había superado la cifra de 10 millones de dosis aplicadas. La contemporaneidad de ambas noticias me llevó a reflexionar sobre cómo realmente está ocurriendo este trágico proceso, que ya es el desastre sanitario más grande en un siglo y, por sus repercusiones económicas y sociales, probablemente el más devastador de la modernidad.

¿Qué significa que países tan distintos como México y Francia lleven prácticamente la misma cantidad de vacunados en este momento? ¿Son comparables los sistemas de salud de estas naciones? ¿La fortaleza económica de cada una? Veamos: de acuerdo con datos oficiales, el sistema hospitalario francés tiene una infraestructura ¡seis veces superior! a la de nuestro país; en cuanto a personal de salud, Francia tiene el triple de profesionistas que México. En cuanto a poder económico, el PIB francés es también el triple que el PIB mexicano. Entonces, si nos situamos, digamos en enero de 2020, cuando la amenaza del COVID-19 estaba a punto de hacerse realidad, Francia estaba muchísimo más preparada que México para enfrentar el embate.

¿Qué es lo que ha ocurrido después de 15 meses de incesante emergencia sanitaria? En Francia se han lamentado, en números redondos, cien mil defunciones; México rebasó hace unos días la cifra de 200 mil. Considerando las diferencias de población, la mortalidad es prácticamente la misma. Y retornando al tema de la vacunación, la igualdad en cifras absolutas de inmunizados significa, por supuesto, que Francia lleva un porcentaje mayor, pero también, considerando todo el contexto, que México, con un esfuerzo titánico, se mantiene entre los países con mayor avance en el tema, cuyos beneficios ya están saltando a la vista, lenta pero indudablemente.

Para nadie es un secreto que el sistema de salud mexicano es de los elementos que más ha sufrido el abandono de los cuarenta años de neoliberalismo, que incluye todas las presidencias desde Miguel de la Madrid Hurtado hasta Enrique Peña Nieto, y, por supuesto, a los hoy vociferantes Vicente Fox y Felipe Calderón. Desde este mismo espacio hemos señalado que en aquellos años de cruel neoliberalismo, las escuelas públicas de Medicina y Enfermería también fueron golpeadas, reduciéndose sus cupos con el argumento de mejorar la calidad, permitiéndose, en cambio, la proliferación de instituciones privadas, muchas de ellas a costos impagables para las mayorías, y muchas de ellas, precisamente, con muy escasa de calidad.

Pero lo cierto es que ese sistema golpeado, vilipendiado, descuidado, afectado en la preparación de sus recursos humanos, está dando una formidable respuesta a la temible embestida del virus, manteniendo al país en un desempeño promedio respecto de las naciones de Primer Mundo, pese a contar con muchos menos recursos, muchos menos estímulos y una infraestructura de mucho menor calidad. Y no es un logro de la 4T, ni siquiera de las autoridades sanitarias del país. Desde nuestro gobierno, igual que en el resto del mundo al tratarse de una enfermedad desconocida, se han logrado grandes aciertos y cometido yerros garrafales. AMLO y sus funcionarios exponen cotidianamente los primeros; sus rivales políticos, muchas veces mordiéndose la lengua pues ellos provocaron en gran medida las deficiencias sistémicas que padecemos, se encargan de propagar los segundos, la mayoría de las veces con exageración. En la política, tristemente, la mezquindad, el cinismo y la hipocresía son los signos del actuar.

El que México esté dando una respuesta a la par de los países más desarrollados pese a sus terribles limitaciones es un logro de miles de médicas y médicos, enfermeras y enfermeros, camilleros, intendentes, administrativos, etc. Sabemos que de todo hay en la viña del señor, pero entre ese todo, destacan esas mujeres y esos hombres íntegros y comprometidos, que salen de sus casas y del cobijo de sus familias para incorporarse a sus servicios hospitalarios sin saber si al regresar, tras convivir diariamente con la muerte en la forma del letal virus, seguirán sanos. Andrés Manuel, el Dr. Alcocer, el Dr. López-Gatell tienen sus éxitos, sus fracasos y su responsabilidad, pero la batalla la están dando, de manera digna, ejemplar y heroica esos miles que van cada día del refugio de sus hogares al durísimo campo de batalla.

La pandemia seguirá por varios años más; la vacunación nos da esperanzas, nos permite sonreír y tener un poco más de confianza, pero aún son demasiados los enigmas ante esta mortal enfermedad. ¿Cuánto tiempo durará la inmunidad? ¿De qué variedades nos protege? ¿Realmente que tan graves son sus efectos secundarios a mediano plazo, a largo plazo? ¿Se requerirán nuevas inmunizaciones en el porvenir? No lo sabemos y nadie en estos momentos tiene respuestas a estos cuestionamientos. Pero la esperanza ya habita entre nosotros, algo vital, pues aún viviremos en condiciones de emergencia sanitaria por mucho tiempo más.

En lo personal, como historiador, al principio de la pandemia acallé en cierta medida mis temores analizando las pandemias anteriores de las que tenemos suficientes evidencias, como la del cólera, que azotó el mundo en el siglo XIX, y la de la influenza, que atacó en las primeras décadas del siglo XX. Ahora que ya tenemos algunos conocimientos sobre el comportamiento de esta nueva pandemia, ahora que ya tenemos vacuna, me brinda certeza el saber que, a pesar de los pesares, nuestro magnífico personal de salud está dando una batalla ejemplar, inolvidable, que merecerá, además de esos fugaces homenajes que duran apenas su transcurso, un dedicado registro historiográfico. Y un profundo, muy profundo agradecimiento.

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A propósito de…

Los ciudadanos inermes frente al bombardeo electoral

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito del inicio de las campañas políticas para la llamada “madre de todas las elecciones” dado el número de posiciones en disputa, cabe preguntarse si habrá un ciudadano, independientemente de sus preferencias, que se sienta contento con la apabullante cantidad de mensajes de partidos y candidatos.

Desde el domingo pasado, cuando se dio el banderazo de comienzo de la contienda y hasta el 6 de junio, fecha de las elecciones, los mexicanos seremos objeto de un bombardeo constante de la publicidad de una serie de personajes que ni siquiera nos atañen. Sólo como ejemplo, esta mañana, en un corte del noticiero que escucho habitualmente, nos endilgaron – a mí y a muchísimos radioescuchas – un anuncio de una candidata a diputada en Toluca, una entidad en la que no radico.

No hay forma de salvarse. Si optas por las transmisiones en línea, en el momento de ingresar al sitio, te hacen escuchar las vaguedades, frases huecas, lugares comunes y, sobre todo, mentiras, de aquellas agrupaciones a las que, este año, el Instituto Nacional Electoral, les entregará más de 7 mil 200 millones de pesos.

Durante las semanas previas, tuvimos que zamparnos a los mismos de siempre, aquellos que dejaron al país en las condiciones de pobreza, desigualdad, inseguridad, corrupción y enfermedad, asegurando que ellos sí tienen la receta. Lo menos que podemos preguntarnos es: ¿Si saben cómo, por qué no lo hicieron cuando tuvieron la oportunidad?, ¿Será porque hacerlo perjudicaría sus intereses económicos de grupo y personales? ¿O bien porque lo último que les interesaba era el bienestar de los habitantes?, ¿Por qué, entonces, habría de importarles ahora?

De acuerdo con los elementos a nuestro alcance, hasta este momento, la contienda radicará en ataques contra la actual administración y ocurrencias sin fin de una gran cantidad de improvisados en materia política para armar espectáculos de acuerdo con la calidad de los aspirantes: promotoras de concursos de belleza, cantantes, actores de telenovelas en decadencia, algunos deportistas.

La mentira como estrategia publicitaria es la premisa. No importa cuanta incongruencia se despliegue en los promocionales, siempre que su cantidad alcance para aturdir a los posibles electores. Por ejemplo, la repetición hasta la náusea de consignas “pseudo feministas” mientras se impulsan como candidatos a los prototipos del machismo.

Un candidato a diputado inicia su campaña saliendo de un ataúd, en un gesto incomprensible, a menos de que se trate de la metáfora de todos aquellos políticos que parecen regresados del más allá, ¿habrá alguno al que traicione el subconsciente y empiece su periodo de promoción surgiendo de un bote de basura o de algún sitio todavía más escatológico?

Y todo ello en una danza de los millones, como si fuéramos un país sin carencias, donde los habitantes gozaran de tranquilidad económica y tuvieran garantizada la satisfacción de sus necesidades. Los partidos gastan en banalidades y lo hacen a manos llenas.

Los ciudadanos los financiamos, sufrimos las consecuencias de su ambición ilimitada, observamos su pretensión de engañarnos y, además, estamos expuestos a su bombardeo propagandístico.

Afortunadamente, hay muchos buenos libros pendientes de leer, muchas excelentes películas y un montón de series por ver en sitios a los que todavía no alcanzan esos mensajes.

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La política en Yucatán

Introspección histórica: Bartolomé García Correa ¿traidor al socialismo o baluarte de la institucionalidad? (III)

Mario Alejandro Valdez

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En diciembre de 1978 falleció, a la edad de 85 años, el profesor Bartolomé García Correa en la pequeña ciudad de Tecomán, en el Estado de Jalisco. Pese a que durante la primera mitad de su vida el antiguo maestro rural apenas y salió de los límites de la península de Yucatán, toda su madurez y senectud la pasó fuera de su terruño, expirando su último suspiro a más de dos mil kilómetros de distancia de su Umán natal. ¿Por qué un político que estuvo entre la élite del poder durante casi 20 años, y fuera el hombre fuerte durante el Maximato se afincó en aquellos lares? La respuesta la tenemos en una de las tradiciones de los tiempos de la Revolución Institucionalizada: tras dejar el gobierno del Estado, Boxpato fue defenestrado, acusado públicamente-aunque sin consecuencias judiciales-de crímenes horrendos y una corrupción escandalosa, y condenado a un exilio dorado. Don Bartolomé era, sin duda, un hombre muy inteligente, e invirtió en la mencionada localidad de Jalisco justo al tiempo del boom algodonero. Así, el apasionado político del período 1911-1940, dio paso al próspero agricultor, aunque seguramente para consolidar su nueva posición también hizo uso de sus dotes persuasivas y sus relaciones con el poder.

¿Efectivamente Boxpato fue un criminal y un corrupto? Digamos que fue un hombre de su tiempo, que no se tentó el corazón para utilizar la violencia para el logro de sus fines, y que manifestó un apetito voraz por la apropiación de los dineros públicos y las ganancias a partir de actividades ilegales. En cuanto a lo primero, no se distinguió de ninguno de los políticos de su época, Felipe Carrillo Puerto incluido, aunque sí dio varios pasos más allá, al organizar gavillas que actuaban como auténticos gánsteres bajo sus órdenes. Carrillo Puerto y otros líderes socialistas utilizaron una violencia más focalizada, individualizada y de coyuntura, en tanto que Bartolomé, al estilo de las turbas del líder obrero Luis N. Morones, mantenía grupos paramilitares en funcionamiento permanente, algo que pocas veces se volvería a ver en la entidad, pues el gobierno federal se reservó a partir de la década de 1940, la potestad en el uso extralegal de la fuerza.

Respecto del tema de la corrupción, la discusión es un poco más compleja. La historiografía e incluso la memoria histórica del pueblo reconocen en Salvador Alvarado y Felipe Carrillo Puerto dos auténticos baluartes de honestidad, escrupulosos hasta la obsesión en el manejo de las finanzas públicas. Es particularmente conocido el celo en este tema de Alvarado, quien no dudó en encarcelar a varias decenas de sus colaboradores por nimios actos irregulares; de Carrillo Puerto se admite su honorabilidad personal, pero se sospecha -sin pruebas definitivas- de malversación por parte de varios de sus más cercanos colaboradores, familiares inclusive. ¿Y Boxpato como pinta? Todo parece indicar que fue un individuo muy hábil, muy prudente, pero, sobre todo, muy corrupto. Aun en los tiempos del combate frontal al tráfico de alcohol, García Correa tuvo la astucia de controlar su distribución ilegal, muy probablemente con la complicidad de un importante grupo de hacendados henequeneros, con quienes desde los tiempos de Alvarado estableció una firme alianza. Las evidencias indican que Alvarado, un prohibicionista convencido, investigó las denuncias contra don Bartolomé, pero éste logró siempre salir limpio. Para los tiempos de Carrillo Puerto, es probable que Felipe utilizara su característico pragmatismo para hacerse de la vista gorda ante las actividades de quien se mostraba aliado e incluso subordinado, y así creció el imperio ilegal de Boxpato hasta el fin de su mandato gubernamental.

Pero en el tema en el que dio grandes batazos e inauguró toda una época fue en el manejo de las finanzas henequeneras. Aquí también las evidencias señalan que se sirvió con la cuchara grande de los recursos que recibía y manejaba la cooperativa Henequeneros de Yucatán, dividiendo por supuesto con algunos de los hacendados más privilegiados, con graves daños contra la institución, la actividad misma y, sobre todo, las condiciones de vida de decenas de miles de trabajadores henequeneros. Centenares de millones de aquellos no devaluados pesos pasaron por las arcas gubernamentales en aquellos tiempos, y un significativo porcentaje de ellos directo al bolsillo del antiguo profesor rural.

Así se entiende que, después de entregar el poder a César Alayola Barrera, en febrero de 1934, García Correa hubiera salido de Yucatán para no volver a vivir jamás en su propia tierra. Senador de la República durante el cardenismo, Boxpato aprovechó aquel interregno para colocar su cuantiosa fortuna, y su vida entera, en la pequeña ciudad de Tecomán. Ahí reposan sus restos, las consecuencias de su obra política continuaron-y continúan-en Yucatán.

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