La caída de la
industria henequenera fue dramática, pues dejó postrado económicamente a
Yucatán durante casi seis décadas. Unos 200 mil paisanos migraron a Estados
Unidos, otros 100 mil cruzaron los linderos para hacer crecer a Quintana Roo,
otros muchos tantos se fueron al centro del país y el extranjero.
Los yucatecos vivieron sujetos a los designios del centro del país, para contar con recursos federales, las empresas sufrieron. Los que supieron crecer fueron los comerciantes, las pequeñas empresas de servicios, a mínimos la hotelería y el turismo.
Mérida tuvo un
magro crecimiento, pero los municipios sufrieron más, Valladolid, Tizimín,
Peto, Tekax, aguantaron gracias a los recursos venidos de Quintana Roo y de
California, Texas y en menor medida de La Florida y Oregón. En ese tiempo,
municipios como Cenotillo, Teabo, Izamal, Dzidzantún, quedaron casi vacíos por
la migración.
El nuevo siglo
hizo la diferencia, de manera significativa el gobierno marcó aciertos, el
desarrollo del Parque Científico, la apuesta al crecimiento educativo con instituciones
de nivel superior de calidad y excelencia, el fomento al turismo, el desarrollo
y transformación industrial, la viabilidad de las Zonas Económicas Especiales, la
ampliación del Puerto de Altura, han impulsado un notorio avance.
Los últimos 15
años han sido pujantes, cifras notoriamente buenas en empleo, inversiones,
captación de capitales externos, aunque, aún somos el penúltimo estado del país en ese
rubro, la nueva apuesta empresarial yucateca, ha hecho una gran diferencia.
Ampliar el puerto de altura, la visión empresarial por la innovación está haciendo surco y eso aporta un gran beneficio, principalmente a la zona urbana, porque los municipios, todavía no logran ver esa bonanza. Hay un notorio avance, pero también un notable rezago, primordialmente en el campo. Un paso acelerado que ha permitido un crecimiento vertiginoso de Mérida, donde la plusvalía inmobiliaria crece rápidamente. Cientos de familias venidas de muchas partes, en su gran mayoría por la inseguridad en otros estados, demandan vivienda y servicios. Pero una vez más, los beneficios sólo ocurren en la zona urbana y su perímetro.
La cuestión es
simple, porque todo iba bien, hasta que llegó el nuevo gobierno que desea cambiarlo
todo. En lineamientos, tiene otros intereses, sus intenciones no comparten las
políticas y proyectos que requiere Yucatán y que postuló el gobierno estatal
entrante en su Plan Estatal de Desarrollo.
El gobierno
federal, por su parte, que cumple su cuarto mes de gestión, busca temas y
aspectos diferentes, tiene una visión social que urge implementar en Yucatán,
pero al parecer, deja serios vacíos porque no va a apostar por rubros que
requiere el estado. Yucatán puede tener un serio tropiezo sin la apuesta
federal en recursos para los proyectos que significan la posible
reindustrialización de nuestro estado. La negativa a continuar con el
desarrollo de las Zonas Económicas Especiales, la desaparición del Consejo de
Promoción Turística, la incertidumbre para continuar el desarrollo del Puerto
de Altura de Progreso, la reducción presupuestal a Conacyt y las instituciones
científicas abre estas interrogantes.
El gobierno
federal se pronunciado por la construcción de un ferrocarril, una obra costosa
cuyo rendimiento y sostenibilidad aún no se conoce a ciencia cierta. Por otra
parte, la capacidad del gobierno federal por sostener el paso no se advierte
seguro, el anuncio de una recesión mundial en los próximos años, establece incertidumbre
y todo ello, con los problemas nacionales que se agravan y no se resuelven.
Ciertamente, los
problemas de Yucatán tendremos que resolverlos los yucatecos, las sonrisas y
discursos harán fotos y memes, pero no ofrecen resultados. Entonces, la
cuestión es: ¿qué le espera a Yucatán a corto, mediano y largo plazo? ¿Qué
podremos esperar los yucatecos ante el panorama que se avecina?, hay más
preguntas que respuestas, nuevamente, la moneda está en el aire.