Política líquida
¿Qué sigue tras el colapso de la democracia?
Publicado
hace 5 añosen
Durante años, el hoy presidente Andrés Manuel López Obrador denunció la existencia del PRIAN, un oscuro pacto entre los dos principales partidos de derecha para obstaculizar su llegada al poder a cualquier precio. De acuerdo con su visión, la alianza no confesa propició un descomunal fraude electoral en 2006 para permitir la llegada al poder de un ilegítimo Felipe Calderón, y en 2012 allanó el camino para, merced a una monstruosa inequidad en lo tocante a los recursos y la exposición mediática, la llegada del también ilegítimo Peña Nieto. Ambos partidos lo negaron escandalosamente, tildando al tabasqueño de fantasioso y obsesivo, críticas que también fueron repetidas por periodistas y editorialistas de fama, como Carlos Loret de Mola y Héctor Aguilar Camín.
Pero justo esta semana, los partidos denunciados como protagonistas de un amasiato soterrado le dieron la razón al presidente, al anunciar alianzas para las elecciones del próximo año. Como diría Ripley ¡Aunque usted no lo crea! El partido de la Revolución, que siempre descalificó al PAN llamándolo partido mocho, hipócrita, reaccionario y otras lindezas, ahora lo considera su más firme aliado para “salvar a México”; en tanto que los blanquiazules, que siempre declararon que los tricolores eran unos bandidos, unos corruptos, unos fraudulentos, ahora los abrazan y celebran. Difícilmente la incongruencia rinda buenos frutos, pero, en estos tiempos de modernidad líquida, de fragilidad y nulos compromisos, todo puede pasar.
Pero no pensemos que estos paisajes absurdos -o que hubieran parecido absurdos a un observador del siglo XX- son exclusivos de México: hace unos días el escándalo lo dio el diputado húngaro József Szájer, un declarado homófobo, quien fue detenido cuando intentaba escapar de una redada policiaca a una fiesta sexual ilegal, en la que participaban unos 30 hombres. El ultraconservador y públicamente anti-homosexual no únicamente es incongruente con su discurso político de odio pese a sus preferencias privadas: su partido, en el gobierno en Hungría, ha establecido medidas draconianas y cancelado libertades presuntamente para combatir el COVID-19, pero su detención ocurrió porque en Bélgica -país donde ejercía como eurodiputado- están prohibidas las reuniones de más de 10 personas. Y es que Bélgica es la nación más afectada del mundo, con una tasa de mortalidad casi al doble que la de México -aunque Loret de Mola escriba todos los días mentirosamente que nosotros somos los que estamos peor por culpa de López Obrador y López Gatell- y está intentando atajar la segunda ola de la pandemia. Pero a Szájer, que justifica que el ejército golpee a personas en su país con el pretexto de combatir la pandemia, le pareció una gran idea reunirse con 30 desconocidos para mantener relaciones sexuales sin la menor protección. A lo mejor pensaba que como es un ferviente cristiano, su fe lo mantendría a salvo de la enfermedad del demonio.
El caso recuerda al de Juan Guaidó, el caricaturesco líder de la oposición venezolana, al quien se le comprobó que había gastado millones de dólares, donados por el gobierno de Trump como ayuda humanitaria para alimentar a unos supuestos 300 mil venezolanos a punto de morir de hambre, en alcohol, drogas y prostitutas. Y eso que el buen Guaidó siempre invoca a Dios y a Jesucristo en sus peroratas que cada vez pronuncia ante menos seguidores. Pero las incongruencias no sólo las encontramos a la derecha del espectro político. Por ejemplo, el actual presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien empezara su carrera política como miembro del izquierdista Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, dejó su partido acusándolo de corrupción y desviaciones ideológicas, para fundar un movimiento, según él, más a la izquierda, con el que llegó al poder en junio pasado. Pero desde ese día, Bukele ha mostrado su verdadero rostro, con prácticas corruptas, nepotismo, violaciones a los derechos humanos y la libertad de expresión, ataques al Poder Legislativo y acercamiento a las posiciones más retrogradas del presidente Trump, así como desarrollando una política neoliberal que ha hundido a cientos de miles de salvadoreños en la más atroz miseria. Otra tristísima manifestación de incongruencia la dieron algunos grupos de mujeres bolivianas que celebraron el golpe contra Evo Morales y se congratularon con el arribo a la presidencia de Jeanine Áñez, hasta que las evidencias de masacres indiscriminadas y violaciones tumultuarias de mujeres por parte del ejército golpista las obligaron a reconocer la realidad.
El colapso de la democracia burguesa es por demás evidente. Enemigos ideológicos que se alían sin ningún sustento programático; neonazis que llegan al poder vendiendo escenarios de intolerancia, mientras hacen todo lo contrario a lo que predican; políticos que apelan a la religión para justificar sus golpes de Estado, mientras dilapidan recursos en orgías y ordenan masacres. En este demencial escenario ¿Realmente alguien pudo llamarse a sorpresa porque Trump trató de robarse las elecciones alentando a sus partidarios a una sublevación neonazi contra el pueblo norteamericano? El húngaro Víctor Orban, el líder del partido del eurodiputado homofóbico que participa en orgías homosexuales, ha declarado que su organización política busca abolir la democracia liberal para fundar un “Estado Cristiano”, en donde la única libertad sea la de empresa, pero con los trabajadores sujetos a un control basado en la moral cristiana. “Un Estado con el grado de control que tiene el gobierno chino, pero basado en los preceptos del cristianismo” ha dicho Orban que es su ideal. ¿Es el destino que nos espera ante la debacle de la democracia burguesa? Consideramos que no. Ante el nihilista pragmatismo de la modernidad líquida, debemos oponer, sí realmente estamos comprometidos con la sobrevivencia humana, la consciencia, la tolerancia, la inclusión y, sobre todo, la solidaridad. Por el camino de Orban, Bukele, Trump, el PRIAN y tantos políticos y movimientos líquidos, nuestra extinción será cosa segura, y materializada mucho más temprano de lo que nos imaginamos.
