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Sala de retratos

Eduardo Urzaiz

Ermilo Abreu Gómez

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Creo que hace más de medio siglo que vive en Yucatán este ilustre médico. Eduardo Urzaiz es de origen cubano pero su ciencia, su actividad docente, sus cariños pertenecen a Yucatán. A Yucatán en efecto ha dado todo lo que vale. Para engrandecer el espíritu de Yucatán no ha escatimado sacrificio alguno. Pocos hombres como el doctor Urzaiz merecen el agradecimiento de la patria chica. Ha trabajado sin cesar en su profesión y en la cátedra. Más de dos generaciones le deben no sólo el saber que han podido recibir de sus labios de maestro, sino también-y esto es lo que más vale-el ejemplo de su hombría.

El doctor Urzaiz no se ha enriquecido ni juntado dineros, ni aglomerado tesoros, ni guarda bienes temporales. Vive con modestia, con sencillez de apóstol. Su actividad está puesta al servicio de la ciencia y está al servicio del pueblo. No figura el doctor Urzaiz ni en saraos ni en fiestas ostentosas de carácter oficial, pero figura siempre en la cabecera de los enfermos o junto a la mesa de los que discuten temas de categoría espiritual.

Yo lo conocí hace muchos  años, cuando vivía cerca de mi vieja casa de La Mejorada. Venía yo del colegio y pasaba por la puerta o por la ventana en que, vestido de blanco, tomaba el fresco de la tarde. Los amigos de mi padre hablaban ya del doctor con respeto y con encomio–Es un sabio, decían. Lee los más extraños libros y discute entre los médicos teorías. Dice que existen unas glándulas de secreción interna y que el carácter y naturaleza de los sexos dependen de unos cursos endócrinos que antes se ignoraban.

El doctor Urzaiz fue además, uno de los primeros hombres de ciencia que dieron a conocer, en el medio de Yucatán, los trabajos de la moderna psiquiatría. El doctor Urzaiz es un psiquiatro, como parece que debe decirse en buen romance. Los estudios que fue publicando en revistas médicas le dieron fama y crédito de entendido en estas disciplinas de tanta dificultad técnica. Su nombre traspasó los límites de la provincia y aquí en México he odio su nombre pronunciado con respeto.

Tiene además, el doctor Urzaiz el insólito mérito de saber expresarse con soltura, hasta con cierta elegancia literaria, cosa que no siempre acontece entre las gentes demasiado apegadas a un oficio científico. Se debe esto a que posee superior cultura general de donde ha ido sacando-diríamos-la savia luminosa de una expresión pulcra y acomodada con el gusto de medios superiores al suyo.

El doctor Urzaiz es de estatura media: más bien delgado: viste con pulcritud, casi siempre de blanco. Usa barba-una barba entrecana, recortada al modo de D. Francisco A. de Icaza-. Habla sin acento particular-ni cubano ni yucateco. Lee con claridad sus trabajos académicos. Sabe intercalar en sus doctos mensajes, gracias y humoradas que ponen un tinte de contentamiento entre los oyentes.

En la quinta de la gentilísima doña Flora Gutiérrez tuve la oportunidad de escuchar de los propios labios del doctor Urzaiz un notable trazo sobre las características anormales, desde el punto de vista de la conformación sexual, que concurrían en Sor Juana Inés de la Cruz.

Se trata de un estudio en el que aislaba, no sólo finas observaciones literarias, sino también atisbos, notas, que entran en el mundo de las interpretaciones científicas que sólo un espíritu delicado y profundo puede ordenar con la maestría que lo hizo el doctor Urzaiz. Asombra, en este hombre modesto, que se digna hablar con gentes como un padre amoroso, cómo ha logrado poseer tan extraordinario caudal de ciencia sin perder la alegría que rige los años de su madurez.

Las generaciones jóvenes (las liberales, es claro) le tienen como maestro y guía. No es ni con mucho un demagogo: ni hombre que haga del extremismo un arma. Es, sencillamente, un hombre que está de acuerdo con los avances de la humanidad hacia un mundo más libre, más acorde con la realidad del cuerpo y del espíritu. Ninguna suposición infundada entra a su mundo. Las únicas que ama son las suposiciones poéticas porque éstas responden a una necesidad vital del hombre y de la sociedad en que vive.


“Un día sus méritos extraordinarios, puestos en olvido por su modestia, serán pregonados para gloria de la ciencia”.

El doctor Urzaiz es digno de figurar entre los hombres más avanzados en un medio superior.  Su ciencia y su calidad humana lo han hecho acreedor al respeto de la sociedad. Esta lo considera como maestro. Un día sus méritos extraordinarios, puestos en olvido por su modestia, serán pregonados para gloria de la ciencia. En la historia de Yucatán figurará como uno de los más preclaros maestros. Yo me honro llamándole: maestro y amigo.

Nota del editor. Este semblanza del Dr. Eduardo Urzaiz Rodríguez, escrita por don Ermilo Abreu Gómez en 1945, fue publicado en los periódicos El Nacional y el Diario del Sureste y llegó a nuestras manos obsequiada por el apreciado amigo C.P. José Enrique Palma Burgos.
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