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Tren maya

Luces y sombras del megaproyecto presidencial

Mario Alejandro Valdez

Publicado

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Imagen: Juan Martínez Limón

Durante su larga campaña por la presidencia de la república, Andrés Manuel López Obrador planteó enfáticamente como una de sus propuestas más poderosas la construcción y gestión de un moderno sistema ferroviario que comunicara a los Estados mexicanos de la región maya, es decir, a las tres entidades peninsulares y el Estado de Chiapas. Por ello, ante el apabullante triunfo del tabasqueño en julio de 2018, la materialización del proyecto se convirtió en “bola cantada”.

Sin embargo, desde que inició formalmente el gobierno de AMLO, una significativa cantidad de grupos sociales, indígenas y no indígenas, expresaron su absoluta oposición al proyecto. De hecho, con base en una retórica contradictoria y zigzagueante, descalificaron las consultas realizadas para su aprobación-consultas en las que el respaldo al tren fue contundente-, apelando a argumentos culturales, ambientales y políticos, produciendo mucho ruido, magnificado por los intereses mediáticos que se oponen sistemáticamente a todas las propuestas del nuevo gobierno, pero escaso interés en la población. Ciertamente el discurso ha permeado, provocando hasta cierto punto el desaliento, pero NO la resistencia generalizada.

El pasado fin de semana, el presidente López Obrador visitó Yucatán precisamente para supervisar las obras iniciales de su megaproyecto estrella. En los eventos realizados en este marco, el gobernador Mauricio Vila confirmó su pleno apoyo a la obra, que generará miles de empleos directos, beneficiaría a decenas de miles de personas de manera inmediata, y pretende impulsar el desarrollo de la región, una de las más pobres y desiguales no sólo de México, sino de toda Latinoamérica.

En Yucatán, y a despecho del apoyo del gobernador Mauricio Vila, el PAN local ha hecho campaña abierta contra el tren, sin clarificar las razones, y más bien en el tenor de una oposición absurda, incongruente e incluso ridícula al gobierno federal. Por otro lado, algunos grupos de activistas, entre los cuales pasan lista de presencia organizaciones de trayectoria y respeto, así como también simples membretes sin militancia real, han manifestado una oposición frontal a la propuesta, con argumentos generalmente absurdos y estrafalarios. Alguno de estos grupos llegó a afirmar que había que oponerse al tren maya como una protesta por el martirio sufrido por Jacinto Canek ¡en 1761.

Al caso, nos permitiremos apuntar algunos aspectos que consideramos relevantes en relación con el proyecto, así como con respecto a la férrea oposición que al mismo han presentado algunos actores. En primera instancia, nos parece pertinente señalar que la realización de la propuesta es el cumplimiento de una promesa de campaña, es decir, AMLO, al ser electo mayoritariamente-y conquistar la mayoría de los votos en todas y cada una de las entidades involucradas en el proyecto- está dando puntual cumplimiento a un compromiso, por lo que el proyecto, en principio, es plenamente legítimo, y obedece, sin lugar a dudas el mandato de las urnas.

Asimismo, el proyecto fue avalado abrumadoramente en consulta popular, en la que, por cierto, los grupos opositores ni siquiera participaron, con el falaz argumento de que estaba amañada y que, en caso de participar, sólo estarían validando una farsa. Tras conocerse los resultados de la consulta, estos grupos opositores mantuvieron sus irreductibles posiciones, que de hecho mantienen hasta la fecha, acudiendo a tribunales federales e internacionales, así como a la opinión pública, con mucho ruido, pero escasos resultados significativos hasta el momento.

Hasta aquí las luces, que en resumen se integran por la legitimidad del proyecto, avalada por las urnas en julio de 2018 y en consulta popular posteriormente, así como por el objetivo, expresado reiteradamente por el presidente y sus colaboradores, de impulsar un desarrollo sustentable en beneficio de una de las regiones con mayor marginación y pobreza del país. Contemplada así, la propuesta no sólo es legítima y viable, sino plenamente justa y necesaria.

Sin embargo, cuando finalmente la propuesta fue echada a andar, comenzaron a aflorar muchas inconsistencias. Para cuando Andrés Manuel tomó posesión, la información pública al respecto era prácticamente nula y en algunas zonas, entre las que destaca el sur de Quintana Roo, grupos de inversionistas vinculados a la oligarquía y a los gobiernos neoliberales encabezaron las gestiones, valiéndose de las conocidas armas de la manipulación, la desinformación e incluso la amenaza para intentar poner de su lado a las organizaciones comunitarias involucradas. En el caso específico de Bacalar, las cosas llegaron al punto de la confrontación, pues hubo amenazas contra los ejidatarios e intentos de intervención del Crimen Organizado.

Situaciones similares, aunque aparentemente no tan extremas, se están viviendo en cada uno de los Estados por donde pasará el tren. Es claro que, con conocimiento o no del presidente, muchos grupos poderosos están cazando una oportunidad que dejará millones tanto en su etapa de construcción como en la de gestión. El objetivo público de beneficiar a las mayorías, y particularmente a sectores que viven en marginación desde hace siglos, realmente está en peligro.

Recientemente, AMLO dio un fuerte golpe de timón al incluir la participación de la SEDENA en la construcción del tren. De esta manera se estaría evitando la voracidad capitalista, al menos en algunos de los tramos, sin comprometer la calidad técnica. Sin embargo, el fortalecimiento del poder del Ejército, que ha encabezado varias acciones gubernamentales fundamentales, como la reconversión hospitalaria para COVID y la gestión de las aduanas, también es un elemento preocupante, y que no aparece entre las luces del proyecto. De lo que podemos estar seguros es que el tren maya va, lo que no sabemos aún es cómo será su trayecto.

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