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Editorial

Yucatán 2020, expectativas políticas

Mario Alejandro Valdez

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A diferencia de nuestra querida Cuba, que inicia cada año con la gran fiesta de la Revolución, Yucatán, el entrañable terruño que nos vio nacer, todavía vive la modorra de la post-celebración, que durará hasta el final del llamado maratón Guadalupe-Reyes (12 de diciembre a 6 de enero), que para los meridanos tiene el especial significado de cruzarse con los festejos de la fundación de nuestra bella capital. Puede decirse, sin temor a errar el tiro, que el año público comenzará realmente hasta la segunda semana de enero, por lo que el período que estamos terminando se convierte en una especie de tregua, particularmente vigente en el ámbito político.

Es pertinente, entonces, hacer una reflexión sobre lo que espera este 2020 que inicia a los principales actores políticos de nuestro Estado, comenzando con el joven gobernador Mauricio Vila. Justo ha dado el mandatario las primeras notas, todas negativas, con la entrada en vigor de los nuevos impuestos, especialmente el de seguridad, que ha provocado toda una conmoción en redes sociales, y terribles augurios contra el político blanquiazul. El escenario es oscuro para el gobernador, ya que además de que la erogación mensual –cercana a los 300 pesos, según estimaciones- hará llover sobre él recordatorios familiares, y el tema de la seguridad seguirá complicándose, sin duda, por la concatenación de diversos factores y lo errado de la estrategia de enfrentarlo exclusivamente con un aumento infraestructural y, contradictoriamente, un agravamiento de la precariedad para las familias. Requerirá nuestro gobernador mucho más que sus famosas sonrisas y sus continuas giras para revertir el negro laberinto en el que se metió con su visión neoliberal.

En cambio, la otra cabeza blanquiazul, el alcalde meridano Renán Barrera Concha, parece ir en “caballo de hacienda”, pues ha sabido navegar sin demasiadas turbulencias la primera parte de su mandato. Líder no reconocido de lo que podríamos llamar, con algo de atrevimiento, el “ala izquierda” del conservador PAN, Barrera tan sólo tiene algunos pendientes con ciertos sectores del feminismo, grupos cuyas movilizaciones seguramente serán cada día más vigorosas. El tópico es el único “prietito en el arroz” para un alcalde que muy probablemente busque en 2021 su reelección, con miras a competir por “la grande” en 2024.

Del lado de los tricolores, el panorama luce francamente nebuloso. Felipe Cervera había avanzado algunos puntos en la consideración pública cuando se agudizó la polémica por el ISSTEY, pero su aprobación del golpe fiscal lo dejó de nuevo en la lona. Además, su enfrentamiento con el habilidoso Panchito Torres, por el tema impositivo, sin traerle demasiados puntos favorables al “líder” local del PRI, le restó al otrora partido oficial, que también a nivel nacional luce, al menos por el momento, en bancarrota. Es el PRI el principal partido de oposición en el Estado, pero sin un violento golpe de timón, no parece pueda revertir su trayectoria cuesta abajo.

Tristemente, por el lado de MORENA las cosas tampoco son del todo halagüeñas. Sin más recursos que su honestidad y entusiasmo, Mario Mex y su aguerrido equipo dan la batalla mediática e ideológica, pero, como señalamos en colaboración previa, las posiciones del partido están en poder del conservador “Huacho” Díaz, quien acapara los reflectores y, por supuesto, los recursos y contactos. Creemos que la cruzada de Mario Mex continuará dando frutos, pero no con la abundancia necesaria como para convertir a la izquierda y el progresismo en un factor relevante, al menos en los campos de la alta política. Ahora que, enfocándonos en “Huacho”, su actuación pro-neoliberal, a contracorriente de la política de AMLO, tampoco le permitirá escalar demasiado su figura,  aunque, creemos, mantendrá su posición.

En resumen, nos parece que será un año complicado para los líderes políticos yucatecos, con la notoria excepción del alcalde Barrera. Tanto el panista Vila como el priísta Cervera y el morenista Díaz, tendrán entornos difíciles, lo que tal vez permita la emergencia de nuevos liderazgos dentro de sus partidos, sobre todo a partir del segundo semestre del año, cuando se comiencen a preparar las contiendas internas por alcaldías y diputaciones. Si no cometen errores, Renán Barrera y Mario Mex deberán fortalecerse, si bien apuntamos que en el caso del joven Mex consideramos se mantendrá, por decisión propia, en el trabajo a ras de tierra, en la reconstrucción de un movimiento auténticamente progresista, algo que Yucatán requiere con urgencia.

En esta breve reflexión, hemos privilegiado el análisis de los actores políticos protagónicos, los líderes que desde los partidos influyen en el devenir público de nuestro Yucatán. Ex profeso hemos dejado, para la siguiente colaboración, el análisis de los actores sociales populares, cuya actuación también será determinante para lo que acontezca en los meses por venir.

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El pasado nos alcanzó

Mercadotecnia papal

Ricardo Maldonado Arroyo-

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Haciendo un lado las cualidades cinematográficas de Los dos papas, que se transmite en conocida plataforma de streaming, es pertinente preguntarse por su posible impacto en la audiencia. Al Vaticano le cae muy bien una historia en la que el papa Francisco se distancia de sus antecesores, enmarcado por un supuesto carácter afable y el interés por causas sociales que han estado latentes en las últimas décadas. La película lo retrata como un luchador social arrepentido de los errores del pasado y un reformista de la Iglesia Católica.

Pero esta estrategia no es nueva. A pesar de que la película contrasta a Francisco con Benedicto XVI, en realidad, se ha intentado borrar la sombra de Juan Pablo II. De manera explícita se habla de este último como un papa conservador, guardián de la tradición. Por años se denunció el rechazo de Juan Pablo II al sacerdocio de las mujeres, el aborto, los métodos anticonceptivos, la diversidad sexual, la Teología de la Liberación, se le cuestionó la persecución contra los ministros disidentes, los privilegios otorgados al Opus Dei y los Legionarios de Cristo. Pero todo esto pasó a segundo término por una constante y machacona mediatización de su imagen, de la que México fue el mejor ejemplo. El papa bueno, el papa sencillo (porque no usaba reloj, pero sí telas finas), el amigo de México y, finalmente, el santo. A la distancia, después de saberse que tenía conocimiento de los miles de casos de pederastia en todo el mundo, su canonización parece más un acto político que espiritual.

Por su parte, Benedicto XVI tampoco salió bien librado, considerando que era el titular de la Congregación para la Doctrina de la Fe desde el papado de Juan Pablo II y, por tanto, el encargado de enjuiciar a los disidentes de la Iglesia. Benedicto XVI nunca logró ser un fenómeno de masas, su imagen rígida se sostenía más por la institución que representaba, que por carisma y liderazgo. Como igual se muestra en la película, escándalos financieros y sexuales orillaron a su dimisión. Hoy, en el silencio del retiro, espera que sus últimos años transcurran sin sobresaltos.

¿Es entonces Francisco el reformador que la Iglesia esperaba? Tengo mis dudas. Salvo algunas declaraciones entusiastas y ambiguas, la situación poco ha cambiado: sobrevivientes de abuso sexual claman justicia, las monjas mantienen un estatus subalterno respecto a los sacerdotes, sigue vetado el matrimonio para ambos, el Vaticano es un catálogo de lujo y riqueza, sus cuentas engruesan día con día, se habla de “comprensión” para las personas homosexuales mientras se mueven los hilos de política para obstaculizar sus derechos, ¿promover la despenalización del aborto?, impensable. A seis años de la coronación de Francisco, la Iglesia Católica se mueve muy lentamente, así que no viene mal una película esperanzadora. No podría asegurar que hubo acuerdo entre los productores de Los dos papas y la Curia Romana, pero sí que los primeros le han hecho un gran favor a la segunda.

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Editorial

El impuesto de seguridad ¿una rectificación tardía?

Mario Alejandro Valdez

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Lo advertimos hace un par de semanas, pero la realidad se ha precipitado de un modo mucho más ágil de lo esperado. El alud de impuestos impulsado por el gobernador Mauricio Vila, en acuerdo con diputados de su partido y de la oposición, germinó en una masiva protesta mediática, sobre todo a través de la red social Facebook, que sigue liderando el mercado comunicativo. Ante la amenaza de vigorosas movilizaciones, y el dictamen jurídico contrario de varios constitucionalistas, que señalaron la improcedencia del impuesto al ser materia federal, Vila reculó hace apenas unas horas, por la mañana del miércoles 15, aunque de forma opaca e incompleta.

Aquella mañana, apenas amaneció, se comenzó a filtrar, ambiguamente que, ante la imposibilidad de cobrar el mentado impuesto por el recibo de la CFE, Vila había decidido anularlo. Como la justificación era improcedente y absurda, en rueda de prensa, el gobernador en persona anunció la medida, aunque nuevamente sin aclarar los mecanismos. Finalmente, el jueves se difundió que sería por decreto, por el cual, sin facultades para derogar la disposición del Congreso del Estado, el Jefe del Ejecutivo optó por eximir su pago, pero sin reconocer públicamente que se trató de  un error político y una burrada jurídica, que con casi toda seguridad le iba a reventar en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. De esta manera, Vila se quedó sin los miles de millones de pesos que pretendían recaudar, y, lo que es peor, sin la última oportunidad de recuperar al menos parcialmente su prestigio.

¿Qué habrá podido más para que nuestro joven gobernador cometiera este nuevo y doloroso yerro? ¿Su orgullo, que le impidió reconocer que se equivocó, o su terquedad, que le hace negar el fracaso de la visión neoliberal? De cualquier modo, pudo haber salvado la cara con una conferencia de prensa melancólica, en la que se enjugara las lágrimas y pidiera disculpas. No lo hizo, y ello le representará cargar con la penitencia.

Malos modos de rectificar y, pensamos, tardíos. Surgió ya la convocatoria a la primera mega-marcha de protesta en su contra, y dos importantes gremios –los profesores y los trabajadores de la salud- han confirmado su presencia. Para colmo -¿habrá sido casual? nos advierte el radar conspiranoico-justo minutos después de terminada la conferencia de Vila, estalló un nuevo escándalo, pues cientos, tal vez miles de profesores de educación básica no recibieron su pago quincenal, lo que fue arreglado en horas de la tarde, pero después de otro mar de protestas mediáticas y sin fin de mentadas para nuestro otrora popular gobernante. Otro escándalo más, que aún no ha llegado plenamente a los medios, se gesta, pues a muchos funcionarios que no pertenecen al PAN, pero que se mantienen en sus cargos, se les disminuyeron sensiblemente sus ingresos, sin que hasta ahora hayan recibido la menor explicación. Antes, en los últimos días de diciembre, la guillotina volvió a funcionar contra los NO panistas, cercenando muchas cabezas muy valiosas, sin la  menor consideración.

No dudamos, sin embargo, que los operadores panistas estén negociando a marchas forzadas, en un intento desesperado por desbarrancar la mega-marcha de protesta, convocada para este domingo. También es cierto que algunos de los líderes de los gremios que se han mostrado más activos, ya en otras ocasiones han pasado de las amenazas al silencio, sin que se sepa exactamente porque. Pero también es indudable que, al menos a nivel mediático, miles ya comprometieron su asistencia, en tanto que en las plataformas virtuales ya ha surgido el movimiento “renuncia Vila”, algo que nos parece desaforado, pero que da cuenta del sentir de un importante sector popular, que está, por cierto, fuera de los partidos políticos.

¿Logrará el anuncio de Vila y las negociaciones de sus partidarios minimizar el movimiento de protesta? ¿Será que la bola de nieve ya se puso en marcha, y no se detendrá tan fácilmente? Los signos son confusos, y las movilizaciones en los frágiles tiempos del internet, absolutamente impredecibles. Poco vivirá quien no lo vea; entre tanto, las expectativas se van cumpliendo, con mucho más vigor y dinamismo del previsto.

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A propósito de…

Vivir en el horror

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de los hechos ocurridos en una escuela primaria de Torreón Coahuila el viernes pasado y que no es necesario volver a narrar, porque seguramente para este momento todo México los conoce y reproducir los detalles resulta morboso y dañino para la salud emocional, tengo tantas interrogantes, tantas inquietudes, tantos cuestionamientos, que esta columna será una larga lista de preguntas.

¿Hasta qué punto nuestra sociedad, nuestro país, están irremediablemente heridos, al punto de que un niño siente que su única salida es matar y morir, lastimar y lastimarse, aniquilar y aniquilarse?, ¿Por qué estamos reproduciendo lo peor de los Estados Unidos y prácticamente nada de sus virtudes, desde que inició la llamada integración económica de América del Norte en 1994?

Al parecer todos somos especialistas en cualquier materia. ¿Por qué nos sentimos capacitados para dar nuestro diagnóstico respecto a un asunto tan delicado, empezando por las autoridades como el gobernador de ese estado Miguel Ángel Riquelme, quien cometió la pifia de dar a conocer la identidad de los menores afectados y luego, desenfadadamente adjudicó los hechos a la práctica de un video juego?

Pero, no solamente él. Por todos lados hay comentarios, opiniones, señalamientos y hasta una suerte de juicios sumarios en contra del niño, a quien incluso se le calificó de “homicida” en algunas publicaciones, que podrían considerarse serias, culpando a los familiares de quienes desconocemos todo, señalando responsabilidades de la institución educativa. ¿Por qué los seres humanos somos tan rápidos para condenarnos unos a otros?

¿Con qué autoridad, con qué elementos sentenciamos? ¿Quién se considera  un padre o una madre perfectos que nunca han cometido un error en la crianza de sus hijos al punto de enjuiciar a otros que se encuentran en medio de una tragedia? ¿Qué familia es irreprochable, impoluta, como para señalar a los demás  con dedo flamígero?

Como sociedad, ¿no nos correspondería preguntarnos en qué clase de país vivimos donde un niño de primaria tiene posibilidad de obtener no una sino dos armas? ¿Quién se las proporcionó, de dónde obtuvo los conocimientos para utilizarlas? ¿Cómo le fue posible sacarlas de su casa y portarlas en la mochila, para luego introducirlas a la escuela?

Se recrimina a la escuela por no tener los controles necesarios y a los padres de familia de ese colegio, de quienes se asegura que se negaron al establecimiento del programa “mochila segura”, cuya aplicación es una violación a los derechos de los menores. ¿Qué clase de comunidades hemos construido en las que es necesario registrar las  pertenencias de  los alumnos de primaria? ¿Qué sigue, que cacheen a los alumnos, que se instalen detectores de metales en las puertas de los jardines de niños?

También se adjudica la responsabilidad al montaje de la “guerra” contra el narcotráfico que encubría  un turbio negocio organizado y manejado desde la cúpula del poder y que sumió a todos los mexicanos chicos y grandes en un ambiente de violencia cotidiana y permitió la entrada de miles de armas de todo tipo al país.

¿Y qué decir de los cárteles que pusieron a los  alumnos de un jardín de niños en situación de tener que resguardarse debajo de las mesas del salón de clases, mientras se escuchaban las balaceras a pocos metros o a observar cuerpos colgando de los puentes en las mañanas cuando se dirigían a la escuela o enterarse, continuamente, de secuestros en contra de familiares y amigos?

Todas las preguntas, críticas, teorías, recriminaciones, juicios, sentencias, que se han emitido, me hacen reflexionar que un niño a quien las circunstancias llevan a actuar violenta y destructivamente es una de las víctimas más visibles de la tragedia nacional que enfrentamos cotidianamente.

Continuarán los análisis de los especialistas, se sucederán los testimonios, se multiplicarán las teorías, se propagará todo tipo de especulaciones, tal vez se den a conocer los resultados de las investigaciones, ¿no obstante, hasta cuándo seguiremos condenados a vivir en el horror?

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