Conecta con nosotros

Escultismo

La fogata

Julián Durán Bojórquez

Publicado

en

Foto de Julián Durán Bojórquez

Algo que se espera con ansias cuando se participa en un campamento es el encendido de la fogata. Poco a poca cae la tarde, y en ese preciso momento  te solicitan que ayudes a recoger leña. Y es que recolectar leña es mucho más que el simple hecho de ir a reunir ramas secas por los montes aledaños. Hacerlo representa sobre todo la enorme satisfacción de saberse útil en un grupo donde todos aportan esfuerzos para lograr una comunión de  amigos que comparten principios e ideales en una noche imperdible.

Cada minuto en que la obscuridad se acerca, cada instante en que el olor a humedad se mezcla con el aroma del campo, se está invocando un ambiente que en ningún otro lugar se puede disfrutar. La leña ya está apilada, rama sobre rama en un círculo de rocas, formando una especia de edificio armonioso. En el centro de ese edificio hay pequeños troncos, y se coloca yerba seca que ayudara a que el encendido sea más rápido.

Empezamos a reunirnos en torno al círculo y la emoción crece, sobre todo cuando es la primera vez que se asiste a un campamento. De pronto el brillo de un cerillo provocará la luz y el calor. Quizás no sea el primero o el segundo que encendemos intentando originar la candela, pero sin duda será un un cerillo el origen de toda la magia y el fuego comenzará a crecer hasta iluminar el rostro de los presentes. En ese preciso instante es cuando se escucha un clamor que dice: “que las llamas se levanten hasta el cielo y con ellas el corazón de los mortales.” Entonces sabrás que la fogata ha comenzado.

El aroma a monte húmedo se combina con el olor de las brasas ardientes, y el crepitar de la candela produce armonía entre quienes estamos allá. Entre los que cantamos, entre los que contamos historias o hacemos escenificaciones cortas que amenizan el momento y le dan un regocijo singular a la noche. Con el paso de las horas, poco a poco la intensidad de las llamas disminuye, y las estrellas parecen brillar con más intensidad. Es momento de la despedida: entrelazamos las manos y cantamos la despedida: “porque perder las esperanzas de volverse a ver…” El momento se torna emotivo, nostálgico pero alegre, la luz se pierde cada vez más y el aroma se extingue, es hora de despedirnos con un hasta luego, es apenas un breve adiós.

Continuar Leyendo
Clic para comentar

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

RECOMENDAMOS