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Desde España

Pandemia China tan Europea y tan nuestra

Carolina Ojeda

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El mundo enfrenta un miedo desconocido: la pandemia de Coronavirus surgida en China, un problema aparentemente ajeno y lejano, del que Europa no debía preocuparse, frente al cual se dice que reaccionó tardíamente, al igual que los EEUU, con un número creciente de contaminados y muertos sin precedentes en la historia contemporánea.

Latinoamérica apenas parece enterada, y reacciona tardíamente como Europa, sin entender masivamente, que sólo cada ciudadano puede evitar su contagio.

En Europa, se tomó tarde la decisión de imponer las cuarentenas preventivas, por intereses políticos y económicos locales, mientras los gobiernos, coincidieron en el mismo comportamiento: incredulidad, llamado a la calma, y un sorpresivo llamado urgente a la atención, que con horas o días de diferencia, provocó una reacción de rechazo en la ciudadanía, en medio de un número de muertes diario en escalada, y una cuarentena obligatoria como única posibilidad de resguardo sanitario.

En Europa, los noticieros maquiavélicamente empezaron a normalizar la muerte con la etiqueta de “tercera edad y con otras patologías”. Conversando con migrantes de Latinoamericanos, coincidíamos en nuestro estupor al escuchar esto, advirtiendo la frialdad que impone el capitalismo, sobre la elecciòn del paciente más joven y con mayores capacidades de sobrevivencia, en vez de atender a la limitación de recursos para la sanidad, que aún se movilizan a cuenta gotas ante un catástrofe como esta.

En América Latina mientras, olvidaron que el turismo internacional podría “acercar” la aparición del lejano coronavirus y hacerlo presente.  Pero el contrastes, en cómo se maneja la crisis de un lado y el otro del Atentico, por las costumbres culturales, de la cercanía social como elemento de integración o empatía social, en medio de las inequidades socioeconómicas y las situaciones políticas locales,  hacen predecir escenarios más  catastróficos, en número de muertes y consecuencias económicas en Latinoamérica que en Europa. Esperamos equivocarnos.

También, es necesario advertir que confiar en las bondades del clima caluroso latinoamericano, bajo el supuesto efecto disipador del coronavirus, parece una medida pueril y apocalíptica, viendo ahora mismo lo que ocurre en Europa.

Mientras en Europa, se observa con sorpresa cómo los supermercados se vaciaban, los latinoamericanos en Europa, empezamos a recordar como un “déjà vu” estas reacciones de histeria colectiva de sobrevivencia, de otras crisis sociopolíticas vividas en recientes años.

Los medios y políticos se cansan de decir a los ciudadanos europeos que no hay que preocuparse por escaseces de ningún tipo, pero los días van avanzando y van mostrando que la escases, en un mundo de trabajadores paralizados, es una ecuación lógica. Cada día, se confirma que cambió el orden mundial: ya no son relevantes los políticos ni los artistas, los indispensables son los médicos, las enfermeras, las cajeras de supermercado, los camioneros y trabajadores de servicios. Se revaloriza al que ayuda a las mayorías, y exige a los ciudadanos, reflexionar sobre el efecto de sus acciones sobre el resto de las personas.

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