El
pasado fin de semana, decenas de miles de franceses tomaron las calles
parisinas para reivindicar el derecho de la libre expresión, uno de los pilares
más importantes que sostiene un gobierno republicano. La razón de la protesta
derivó del asesinato terrorista de Samuel Paty, profesor en el Collège du Bois-D’Aulne de Conflants-Sainte-Honorine,
municipio de 35,000 habitantes al noroeste de París. En una de sus
clases con relación a la libertad de expresión, proyectó a sus alumnos imágenes
caricaturescas del profeta Mahoma, lo que generó molestias en la comunidad
musulmana.
Samuel
Paty, en su responsabilidad social de enseñar los diversos procesos histórico-religiosos
de Francia y su inferencia en la formación de uno de los países más incluyentes
del mundo, enfrentó a un hombre armado con un cuchillo de 32 cm, el cual lo
decapitó, luego fotografió su cadáver y posteriormente subió el doloroso
contenido a Twitter con diversas notas: “en el nombre de Alá, el todo
misericordioso” y
dirigido a “Macron, el dirigente de los
infieles”. “He ejecutado a uno de tus
perros del infierno que han osado rebajar a Mahoma”
El trágico suceso levantó tanta indignación
y terror dentro de la sociedad del Río Sena, que ha sido víctima de múltiples
ataques del radicalismo islámico, tales como el fatídico ataque del 13 de
noviembre de 2015, que desencadenó explosiones y tiroteos sobre las principales
calles de París y la detonación en 2011 de Charlie Hebdo, un semanario satírico
francés de izquierdas, que imprimió, al igual que el Profesor Paty, imágenes
caricaturescas de Mahoma.
Esto, aunado a la política de fronteras
abiertas del gobierno francés, para recibir a miles de refugiados debido a los
conflictos regionales del norte de África, y al incremento de la práctica
religiosa del Corán dentro de la sociedad francesa, han sentado las bases para
el auge de discursos políticos xenófobos y de extrema derecha en Francia. La
principal rival de Macron en su proceso de reelección de 2022, tuiteó después
del catastrófico acontecimiento que “Francia
debe expulsar a todos los islamistas y cerrar todas las mezquitas.”
El actual Presidente de la República
Francesa, Emmanuel Macron llegó al poder derrotando, mediante un contienda
electoral de dos vueltas, a Marine Le Pen, líder del Frente Nacional, que
dentro de su estructura y plataforma política incluye la reivindicación de la
cultura francesa, la salida de la nación de la Unión Europea y terminar con la
política de fronteras abiertas, que contiene una ayuda social y económica a los
refugiados de las zonas de conflicto.
Las minorías raciales luchan
constantemente contra la estigmatización en los países europeos victimas del
terrorismo. La generalización de una cultura como la musulmana lastima la
narrativa de la Francia moderna, donde,
según el Pew Research Center (PRC), en Francia había en 2016 unos 5,72 millones de musulmanes, en torno al 8,8 % de la población, que participan de una
manera pacífica y activa en la vida económica y política de la nación gala.
Movimientos sociales y políticos
aprovecharán el suceso del islamismo radical para instaurar una agenda
proteccionista y esparcir falsos rumores que utilizaran en la contienda
electoral del 2022. El gobierno francés se ha posicionado como un líder con
capacidad de persuadir sobre la agenda mundial, sin la necesidad de recurrir a
la fuerza o a la coacción, capaz de frenar el populismo nacionalista que cada
vez se inmiscuye en democracias funcionales de Europa. Los valores europeos, el
equilibrio de la justicia social y las libertades económicas estarán en juego,
otra vez.