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Madre América: Cuba-Yucatán

Antonio Betancourt Pérez, a propósito de la bandera cubana

Carlos Bojórquez Urzaiz

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Retrato de Antonio Betancourt Pérez a través de una polémica  que desmiente leyendas sobre la bandera de Cuba, grabadas en una placa de bronce en el Palacio de Gobierno de Yucatán.

En el costado derecho de la escalera que conduce al segundo piso del Palacio de Gobierno se encuentra empotrada una placa en broce con la siguiente inscripción:

“En aguas de Yucatán, en las islas de Contoy y Mujeres, el general Narciso López, mayo 5-7 de 1850 integró la expedición libertadora que zarpando el 7 de mayo de 1850 tomó la ciudad de Cárdenas, en Cuba, haciendo ondear triunfante y por primera vez en la historia sobre el suelo cubano su bandera nacional.

Y para para perpetuar tan trascendental acontecimiento de la historia de América, que destaca la efectiva cooperación de México a la libertad de Cuba, se erige este monumento con motivo de conmemorarse en el presente año el primer centenario  de la Bandera Cubana

La placa fue colocada en mayo de 1950, año en el que gobernaba Yucatán don José González Beytia, hombre culto que durante su gestión, de 1946 a 1951, dispuso la edificación de numerosas escuelas y dispensarios rurales. En 1951, de cara a la sucesión gubernamental, y ante la indiscutible inclinación del presidente Miguel Alemán Valdéz a favor de Tomás Marentes Miranda, campechano que fue postulado a gobernador por el PRI, González Beytia decidió pedir licencia de su cargo y marcharse a La Habana, donde residió un tiempo considerable.

En Cuba, por su parte, la presidencia la ocupaba Carlos Prío Socarrás quien se hizo cargo del ejecutivo en 1948, hasta que fue depuesto por un golpe militar liderado por Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952, tres meses antes de que se convocara a nuevas elecciones. Su gobierno se caracterizó por tener fuertes lazos de obediencia a los Estados Unidos, y quizás tratando de darle un toque nacionalista a su administración, se sintió empujado a la celebración del centenario de la bandera cubana, incluida la colocación de la placa en la sede del gobierno yucateco.

Los hechos narrados en la lámina del Palacio de Gobierno, pudieron pasar a la posteridad sin sombra alguna, por cuanto la efeméride y los sucesos que describe incluyen verdades a medias. Pero es necesario decir que, en efecto, la bandera cubana ondeó por primera vez en la tierra de José Martí el 19 de mayo de 1850, como señala el bronce alojado en el Palacio, pero ni Narciso López integró su expedición en Contoy e Isla Mujeres, de donde zarpó a la ciudad de Cárdenas en la actual provincia de Matanzas,  y donde ondeó la Estrella Solitaria, ni el viaje de este militar español, nacido en la Venezuela colonial en 1797, pretendía emancipar a Cuba del dominio español.

Pesquisa histórica de Betancourt Pérez

Frente a estas medias verdades, el profesor Antonio Betancourt Pérez levantó la voz en mayo de 1976, a inicios del gobierno del doctor Francisco Luna Kan, con base en una pesquisa histórica sobre esta efeméride del país donde nació su padre don Cloridano Betancourt y Varona, exiliado en Mérida. Y la voz autorizada del profesor Betancourt estremeció a muchos en la Revista de la Universidad de Yucatán, correspondiente a los meses de mayo y junio del citado 1976. En ella asentó, groso modo,  que este militar y político venezolano, leal en sus inicios al imperio español, con cuyas tropas combatió a los revolucionarios durante la guerra de independencia de Venezuela, después de la victoria de los insurgentes fue enviado a La Habana como oficial del ejército ibérico. De igual forma participó en las denominadas guerras carlistas a favor del monarca Isabel II en España, lo que le valió ser condecorado por ese gobierno. Narciso López devino mercenario de los intereses estadounidenses, y como tal fue una de las figuras de la política anexionista norteamericana hacia Cuba, y para alcanzar el propósito de capturar la Mayor de la Antillas, fue empleado por los Estados Unidos, llevando a cabo varias expediciones a la isla caribeña con la intención de ocuparla y ponerla a disposición de los vecinos del norte.

Astuto como era, y quizás para tratar de ganarse a los cubanos que anhelaban la independencia total de su país, y no la anexión como pretendían quienes auspiciaban a Narciso López, en 1849 encargó el diseño de una bandera al poeta cubano emigrado en Nueva York, Miguel Teurbe Tolón, que siendo secretario de la Junta Cubana Anexionista, logró el diseño del hermoso pabellón de franjas azules y blancas y un estrella solitaria que es símbolo patrio de Cuba.

Durante el de 1849 López, con varias vicisitudes, organizó la invasión a Cuba que consideraba decisiva a los fines anexionistas, zarpando de Round Island, Nueva Orleans. La expedición, como señaló Betancourt Pérez, estaba integrada básicamente por extranjeros, foráneos que en su mayoría eran veteranos norteamericanos de la guerra contra México, y otros que se incorporaron  movidos por la oferta de 1000 dólares y 64 hectáreas de Cuba que se les haría efectivas en caso de lograr la ocupación del país. Para el caso, Narciso López fundó la Junta Cubana, y en comunicación al poeta Miguel Teurbe Tolón expresó, según Philip S. Forner, su alegría indicando que todo apuntaba al triunfo de la causa común y la adicción de la Estrella de Cuba a las que ya brillaban en la gloriosa bandera de la Unión Americana. Narciso López a causa de un diferendo con los norteamericanos que más influían en esta invasión a Cuba, resuelve tomar el mando general de la expedición, de modo que aunque mermó el potencial del proyecto anexionista, los planes no se detuvieron y a bordo del Creole emprende el viaje a Cuba al frente de más de seiscientos hombres. Y fue precisamente durante el camino a la Perla de la Antillas que los expedicionarios hicieron escalas de abastecimiento en Contoy e Isla Mujeres, antes de su arribo a costas cubanas. Así es que la nave de López no zarpo de las islas referidas, ni era una misión independentista, y lo que es peor, la madrugada del 19  que efectuó el desembarco en la ciudad de Cárdenas, Matanzas, no fue victorioso, pues apenas tomaron la ciudad por cuarenta y ocho horas, tiempo en que se izó por vez primera la actual bandera de Cuba. Transcurrido ese tiempo, derrotado por los vecinos y las fuerzas españolas, Narciso López reembarca a sus hombres y se dirige a Cayo Hueso, llevando consigo la decepción del fracaso y una tortuosa travesía de regreso a aguas estadounidenses perseguido de cerca por un barco de guerra español. 

El alegato

Al  parecer el alegato del profesor Antonio Betancourt, basado en hechos incuestionables, mostraba que se estaban dejaban de lado las estancias de José Martí y Antonio Maceo en Yucatán, como símbolos de verdaderas acciones que destacan “… la efectiva cooperación de México a la libertad de Cuba,” como reza la placa empotrada en el Palacio. Por esa razón, Betancourt Pérez exigía que fuera retirada esa leyenda fundida en bronce del recinto del Poder Ejecutivo, pero su petición encontró oídos sordos a lo largo de varios sexenios. Sin embargo, en la actualidad que las autoridades han pronunciado sus deseos de reponer el liderazgo de México en Latinoamérica y el Caribe, quizás valga la pena traer a cuento la antigua demanda del gran polemista Antonio Betancourt Pérez, honrando la verdad y con ello a un incansable protagonista de la unidad de Cuba y Yucatán.     

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