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Madre América: Puerto Rico

Con o sin virus: la eterna crisis cultural en Puerto Rico

Edwin Sierra González

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No hay duda de los efectos del coronavirus han sido devastadores en todos los ámbitos de acción humana. Tampoco lo es novedad, el hecho de que la Madre Tierra sea la gran beneficiada de todo este proceso en el que la humanidad se ha visto obligada a detener su acción, positiva y negativa, sobre el planeta. Sin embargo, uno de los aspectos más lastimados en este proceso, y siempre, lo es la cultura, esa alma de los pueblos que reivindica caminos, identidades e historia. Mucho se ha escrito o hablado sobre el efecto económico de la pandemia, pero: ¿Qué de la cultura? ¿Qué con ese aspecto humano de gran interacción que se nutre del constante hacer-presenciar?

En Puerto Rico, la cultura adquiere unas dimensiones particulares, muy marcadas por su condición de territorio colonial de los Estados Unidos desde 1898, después de la invasión y ocupación de la isla. Mientras en la mayoría de los países del mundo la cultura representa una manifestación natural de su devenir colectivo, en Puerto Rico se vuelve una constante lucha de reafirmación colectiva e individual. Esto, por los constantes intentos de transculturación a los que la población es sometida, siendo la más recordada el intento de modificación lingüística para suplantar el español por el inglés, por lo que la educación se intentó impartir en inglés, incluso trayendo maestros estadounidenses. El proyecto fue derrotado en la década de los 40 del siglo pasado ante la renuencia de la población a abandonar el español puertorriqueño como lengua. Lo mismo ocurrió con la Fiesta de los Santos Reyes, celebrada los 6 de enero, pero nuevamente, se impuso la tradición. A pesar del paso del tiempo, la lucha continua y la crisis cultural en Puerto Rico es casi a témpore, sin principio y sin final, sólo marcada por momentos mucho más agudos, como este de la pandemia.

Elia Cortés, quien es bailaora de Bomba puertorriqueña, una de las danzas nacionales más antiguas al considerarse la primera del país y herencia directa de los esclavizados africanos durante la dominación española sobre la isla, señala que “la cultura es esencial y nos brinda la seguridad de lo que somos”. Cortés, con más de 30 años en el ámbito cultural nacional, tiene su propia escuela y compañía de bomba, Tamboricua, la primera fundada por una mujer en la isla caribeña. “El día a día de la gestión cultural en Puerto Rico es bien difícil, pues hay mucha gente que no cree que la cultura es trabajo, piensan que no es una profesión el fomentarla y preservarla”, lamenta, en medio de una pausa de sus clases ofrecidas ahora en línea por el COVID-19.  La emergencia sanitaria a nivel mundial, señala la directora y educadora, ha afectado un aspecto fundamental de la cultura latina: el compartir, el estar juntos día a día, en especial en el ámbito musical y del baile, donde el contacto se considera esencial.

Aún así esto no la ha amilanado y se ha rediseñado acudiendo a las redes sociales y la tecnología para realizar lo que ella llama el “toque espiritual y emocional” efectuando actividades virtuales e informativas, en vivo o pregrabadas, tanto para niños como adultos, aplicando un currículo educativo desarrollado por ella a base de la Bomba, de manera que conecten a la gente y les cree curiosidad, cada quien desde su hogar, pero unidos como pueblo en una misma cultura. Esto le ha permitido impactar incluso a niños y jóvenes con condiciones especiales que quizás no podían caminar o hablar, pero podían disfrutar.

Por su parte, Mitchell de León, quien es egresado del programa de maestría en Gestión y Administración Cultural de la Universidad de Puerto Rico, defiende tajantemente que “la cultura es lo que nos hace humanos y, lamentablemente, en Puerto Rico hacer cultura es un acto de supervivencia,” afirma mientras toma un café desde su lado de la pantalla. Sus palabras se enmarcan en la también crisis económica que experimenta la isla desde hace más de una década y en la que el gobierno colonial,  de la mano de la Junta de Control Fiscal, se ensaña en recortarle cada vez más a las instituciones culturales como museos, casas de estudio e incluso, la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, cuya matriz, Pro Arte Musical se encamina a sus 90 años, siendo la institución cultural más antigua del país. De León, quien se desempeña como gestor y coordinador académico-cultural desde 2017, en una institución sin fines de lucro, que apoya a jóvenes a completar estudios básicos para salir de la pobreza, entiende que hay que democratizar la cultura para abandonar lo que llama “cacofonía intelectual” donde entiende que “las conversaciones se basan muchas veces en titulares y no en contenido”, admite este gestor, quien lleva más de una década de quehacer cultural.

Sin duda, la pérdida del contenido se basa en la indisposición a patrocinar una cultura en condiciones por parte del Estado que elige repartir su presupuesto en otros menesteres aduciendo rentabilidad. El afán de rentabilidad ha llevado a que el protagonismo cultural en la isla lo lleven los artistas y la autogestión, donde Mitchell y Elia son ejemplo de ello. Ambos coinciden en que el COVID-19 y la cuarentena, ha sido un duro golpe a sus proyectos y a la clase artística en general por la falta de apoyo que reciben en ciertas instancias al no ser empleados en sí de alguna empresa, pero que las redes han sido una salida milagrosas en medio de la situación. Aunque Elia Cortés continúa su proyecto en las redes, Mitchell se ha rediseñado como músico y en su práctica privada se ha enfocado en crear contenido para podcast y redes sociales, que indica, es lo más que le han solicitado realizar en su casa-estudio, además de otros proyectos con artistas locales y en España.

El gestor académico cultural sostiene que los gestores y creadores culturales son hoy más esenciales que nunca: “Si no se masificara la cultura como se hace hoy día, tal vez sería mucho más difícil convivir en este encierro. Son estas actividades las que nos nutren y estimulan nuestra imaginación para no caer en depresión”, puntualizó. Mientras, Elia Cortés añade que, “a pesar del poco respaldo, en estos momentos ha sido la música y la cultura la que han permitido que la gente se sienta más tranquila y pueda encontrar un desahogo cantando y bailando” ante tanta incertidumbre. Ambos entienden que esta crisis, dentro de todas las que viven constantemente, debe servir para humanizar las acciones de las personas y mirar más allá de un mero consumo material, entendiendo que la cultura les pertenece a todos, es capaz de inspirarnos cuando estamos perdidos y es producto de todos como actores, conscientes o inconscientes. De igual manera, recalcan para finalizar que debemos volver a aprender a valorizar la cultura, así como se ha vuelto a valorar la producción de nuestros propios alimentos, sobre todo después del huracán María, donde importábamos el 85% del alimento que consumíamos. Recalcan que es importante darle continuidad a estos proyectos que alimentan el alma.

En Puerto Rico, la gestión cultural sigue afectándose y por el momento parece que solo los museos verán un pronto auxilio, todo esto, en medio de un continuo aumento de casos de coronavirus que ya sobre pasan los 1,300, le ha costado la vida a sobre 80 personas y el gobierno se desmorona en acusaciones de corrupción e investigaciones  por intentos de desfalco a la hacienda pública.

Madre América: Puerto Rico

Museos, escenario y memoria de Puerto Rico y América

Edwin Sierra González

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Encontrarse con uno mismo es una de las tareas más difíciles como individuo y sociedad. Construir ese camino histórico de resguardo, de memoria permanente y recuperación de la conciencia es uno arduo con múltiples escollos que requiere de pasión, disciplina, amor, conocimiento y sabiduría. Aunque nos acompañan desde la antigüedad, la visión y función de lo que hoy llamamos museo, se ha transformado a través de la historia. Los orígenes del museo occidental europeo, nuestro referente sin duda, enmarca su origen en el cúmulo de piezas para la ostentación del poder, el lujo y la belleza. Un símbolo de la capacidad adquisitiva de quien podía permitirse el arte como parte de su vida, algo que, evidentemente, no todos podían frente a las marcadas desigualdades sociales mayormente insuperables.

El desgarre imperial que provocan las luchas de independencia en el continente, presenta en América un nuevo orden para la institucionalización de estos espacios, pues durante el periodo de dominación hispánica, en principio, residían en la metrópolis europea. La construcción de los nuevos Estados Nacionales, respondiendo a los intereses de las élites criollas y otros aspectos, vieron en los museos una nueva oportunidad para la construcción de una memoria e identidad colectiva que respondiera a las necesidades del nuevo Estado y su gobierno.

El reforzar una memoria común, sentaría bases educativas que servirían de referente sin importar dónde en el territorio se encontrase el ciudadano. Por otro lado, la recuperación y preservación del patrimonio, también jugará un papel esencial, sobre todo, respecto a ese pasado prehispánico. Con ello no queremos idealizar el museo como un punto de partida para la construcción identitaria, sino como un lugar que ha evolucionado junto con la sociedad en la apreciación de lo que se considera se debe preservar para futuras generaciones.

La institucionalización de Museos Nacionales comienza a observarse en América Latina más propiamente durante la segunda década del siglo XIX, tras la consolidación de las Independencias. México, aunque tiene sus raíces en el antiguo Gabinete de Historia Natural de 1790, considerándose el primero, la institucionalización de un espacio museístico nacional no llegaría hasta 1822 con el Museo Nacional Mexicano. Otros ejemplos de museos nacionales presentes en América Latina son Perú (1822), Colombia (1823), Chile (1830), Uruguay (1838), Guatemala (1866) y El Salvador (1883).

Puerto Rico, aunque tiene instituciones culturales antiguas que preservan la memoria del país, como el Ateneo Puertorriqueño, fundado en 1876, carece de un museo nacional o estatal al servicio del patrimonio histórico del país en sus diferentes manifestaciones. El prolongado periodo colonial que aún se asienta sobre la isla, ha dilatado en demasía un proyecto con estas características y dimensiones, dando así con la inauguración de una entidad pública para la preservación cultural apenas en 1955, con el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Incluso, el primer museo fundado en Puerto Rico por ley, es el Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico, el cual se institucionalizó en 1951. El mismo preserva una colección que abarca diferentes campos y joyas, como “El Velorio” del maestro nacional Francisco Oller y Cesteros, considerado uno de los grandes exponentes del impresionismo hispanoamericano. Con ello en mente y la ausencia de un museo que represente y resguarde el monumental quehacer histórico cultural puertorriqueño, Informe Fracto se adentra en la realidad museística de esta nación antillana en una propuesta de nuevos usos a los espacios ya creados para revitalizar y hacer valer la cultura.

Rafael Pagán Rodríguez, egresado del programa de Maestría en Artes en Educación con Especialidad en Museología de la Caribbean University, plantea que “los museos son grandes laboratorios, son el registro identitario artístico y cultural de un país. Mucho más que un depósito para exhibición, es donde se une y se documenta el conocimiento, el diálogo comunitario y las vertientes artísticas”. Puerto Rico cuenta con una gran variedad de museos que van desde arte predominantemente europeo, como el Museo de Arte de Ponce, u otros predominantemente puertorriqueños, como el Museo de Arte de Puerto Rico, sin duda uno de los proyectos más ambiciosos y jóvenes del país, inaugurado en el 2000.  Y aunque el arte tiene en la isla un sinnúmero de espacios, la historia y la antropología continúan parcialmente huérfanas al carecer de una institución principal que aglomere el patrimonio nacional. Este aspecto cultural está dividido en museos pequeños adscritos al Instituto de Cultura, museos municipales e incluso instituciones extranjeras, las cuales ostentan parte del patrimonio precolombino puertorriqueño.

Cuestionado sobre el por qué de estas situaciones respecto a la gestión cultural y el patrimonio, el educador y dramaturgo, quien publicó en 2018 su libro de microteatro “El Bulevar”, arguye a Informe Fracto que “en Puerto Rico es un acto generado por voluntad y pasión. Cada vez se identifican generaciones muy comprometidas con la cultura, pero estancadas por burocracia o procedimientos elitistas. Los gobiernos de turnos, muchas veces, no están conscientes del impacto positivo y económico de la cultura. Sus agendas políticas no permiten ver que los museos y el teatro son igual de sustentables”. A pesar de ello, más allá de la sustentabilidad, ciertos museos son también una responsabilidad del Estado con la preservación de la memoria histórica de un pueblo y no debe estar sujeta a la comercialización.

Este artista, que se considera una herramienta de entretenimiento, educación y cultura y ha representado a la isla en varios festivales en Cuba, Francia, Estados Unidos, México, Ecuador y España, apuesta a una poderosa combinación entre lo teatral y lo museístico, siendo el museo pues, un gran escenario. Pagán, con una mirada fija en su idea, sostiene sin titubeos que “el éxito de un museo no es ser innovador y colgar pinturas famosas, sino que  se encuentra en la apertura del diálogo comunitario,  creando identidad entre audiencia y museo. Es combatir, exponer y documentar hasta la crisis un pueblo, siendo el generador educativo que cualquier país debe tener como patrimonio e institución”. Recuerda además, que los grandes artistas y cuadros son productos de crisis, por lo que se necesitan lugares que así lo presenten. La crisis no es nueva en Puerto Rico, es una palabra que retumba contantemente para justificar las draconianas decisiones gubernamentales que oprimen al país desde hace más de una década. La pandemia ha acentuado esta situación, pues los espacios museísticos y escénicos se han mantenido cerrados por tiempo prolongado, afectando su impacto. Informe Fracto le preguntó a Rafael sobre los rediseños a los que recurren estos espacios para continuar vigentes ante tanto aislamiento, por lo que este creador se ejemplificó en su más reciente realización: “Relatos de Cuarentena”, un proyecto fotográfico-virtual de cien micro relatos con figuras de miniaturas para, según él, generar esperanza. Acompañados de la voz de actores nacionales e internacionales, busca desafiar la perspectiva, colocando al ser humano como un componente más en forma y tamaño.

En cuanto al consumo de lo museístico, un estudio de Manuel Lobato y Laurie Garriga, publicado en 2009 con el apoyo de la Universidad de Puerto Rico, encontró que el 38% de los museos estudiados, unos 60, habían visto aumentar sus visitas y que el promedio de visitas anuales a museos ronda entre los 450,000 y 700 mil visitantes. Por su parte, la mayoría de estos museos, creados entre los 80’ y 90’ del siglo pasado, dedican gran parte de su espacio o atención a la pintura (53%) o la memorabilia (43%), siendo la historia y la arqueología las menos atendidas con apenas un 25%.  En función de mantener viva la pertinencia de estos espacios, como gestor y educador, Pagán remarca que “los museos deben crear programas de apoyo social con relación a la audiencia que se encuentra a su alrededor, pues se nutren de las experiencias del pueblo. Deben crear salas rodantes, salas pop up o talleres que integran a artistas del pueblo para que el teatro busque nuevas estructuras de espacio, utilizar casas, edificios. Es unir fuerzas entre museos y la escena, pues ambos penetran la cultura y la redefinen”. Su llamado no viene de la nada, pues según el estudio de Lobato y Garriga, solo un entre un 10 y  13% de los museos del país abren sus puestas a eventos teatrales, culturales o para público amplio. 

Para completar, Informe Fracto cuestionó el por qué de la importancia de estos espacios en medio de momentos dolorosos y de grandes desafíos como en la actualidad. Tras un respiro profundo, como quien se juega la vida,  este amante de las letras sentenció que “los museos y los escenarios son motores educativos  que más allá del arte, son el reflejo de la humanidad y la sociedad. En momentos como este que se nutren y nutren con documentos, información, hallazgos, movimientos y manifestaciones. Los museos y el teatro los agentes de cambio, los historiadores del tiempo y las plataformas artísticas por excelencia que reafirman la cultura en tiempos difíciles y no difíciles”.

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La raíz hispánica puertorriqueña tras un siglo de desgarre

Edwin Sierra González

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Contrario a muchas naciones hispanoamericanas, el destino puertorriqueño sufrió un camino distinto que le ha marcado eternamente, pero con un ahínco especial durante el último siglo. Mientras la mayoría de los territorios americanos alcanzaba su independencia plena, las Antillas se iniciaron en esa  lucha más propiamente durante la segunda mitad del siglo XIX. En medio de esas luchas políticas que se estremecían entre las autonomías y la soberanía total, el crisol político puertorriqueño se vería desgarrado por la invasión estadounidense de 1898. Todos los aspectos socio-políticos y económicos del país se sumirían en un caos apabullante con las nuevas imposiciones de la metrópolis anglosajona, que llevó a un retroceso centenario.

En medio de todo este proceso, los intentos de transculturación y privación de las raíces formativas históricas puertorriqueñas fueron la orden del día. Tanto así, que la eliminación del español como vernáculo principal fue uno de los proyectos más abarcadores, y junto a ello, posiblemente, toda raíz indígena Taína y Negra del África. Se volvía imprescindible un puertorriqueño sajón, pero las raíces, muy profundas ya, hicieron de ese proyecto un fracaso. Aún así, la lucha continua presente, pues la identidad es una construcción continua que no se detiene y se transforma en el pasar del tiempo. Sin embargo, hay elementos que permanecen de manera unificadora, la apreciemos o no, o simplemente son testigos históricos aun cuando entendamos que nuestra raíz mayoritaria no se relaciona con los que algunos denominan, predominante.

MARUJA, artista puertorriqueña del cantao y bailao español, con más de 25 años de carrera adentrada en las raíces hispánicas, que entremezcla con su esencia caribeña y antillana, sostiene que la cultura hispánica forma una parte fundamental en nuestra formación como sociedad e individuos. Está presente con todos sus blancos, negros y grises de nuestro desarrollo y actividad social”. La también educadora del arte del tablao recalca su apreciación en el hecho de que en Puerto Rico, a más de un siglo del desgarre bélico que separó a la isla de la península, “aún se mantienen códigos y elementos sociopolíticos en nuestra estructura jurídica, se mantiene el español como primer idioma, la conservación de arquitecturas históricas y la planificación urbana en los centros de los pueblos, gastronomía y en las artes”. La presencia hispánica es latente y viva y se mezcla continuamente con las otras raíces, indígenas y africana, por mencionar algunas, que han dado vida al puertorriqueño actual.

Mas allá del legado físico que haya dejado Hispania, como ella llama a España, la música será siempre una  de esas raíces que unen a los pueblos y en nuestro caso no es excepción. La certeza de sus palabras se respalda en la sólida formación de la artista que comenzó sus estudios musicales en la Escuela Libre de Música de San Juan, donde escuchó a maestros del clásico europeo, música popular, a los padres de la danza puertorriqueña y al maestro Pablo Casals. Continuó sus grados y postgrados en Arte y Comunicaciones de la Universidad del Sagrado Corazón, en Puerto Rico y en Educación del Arte en Florida, Estados Unidos. “Mi pasión por el flamenco, relata entre risas para los lectores de Informe Fracto, comenzó a los doce años, cuando mi madre me llevó a una escuela de danza para tomar una clase de salsa y me escapé a la de flamenco. Desde ese momento dije que eso era lo que quería y me fui con mi madre a comprarme mis primeros zapatos con tacones y clavos”. Aunque reconoce que en la universidad conoció de primera mano el pasodoble, la jota, el vals andaluz, el olé, los tanguillos, temas de zarzuelas y demás repertorio español, lo que le cambió por completo fue el llegar a España con 18 años: “en ese universo español, andaluz, gitano, moro y payo, encontré la gran pasión de mi vida como artista y educadora, el flamenco”, apuntó convencida mientras resonaba sus castañuelas por lo bajo, cual pasión incontenible.

Maruja entiende y reconoce que si bien la cultura en Puerto Rico es un quehacer difícil, la colaboración entre los tablaos flamencos y los restaurantes españoles en la isla ha sido extraordinaria. Con ese apoyo presente, lamenta que “los amantes de este arte seguimos batallando por una mejor apreciación y valorización a nuestro trabajo. Resistirnos a no caer por necesidad, en la simplicidad de las cosas, la caricaturización y deformación de nuestro arte para satisfacer una demanda comercial no a la altura de nuestra vocación”. Aunque es consciente de la fanaticada y apreciadores que tiene el flamenco como raíz musical, también reconoce la ausencia de espacios accesibles que dificultan esa educación y el suplir ese amor que se tiene por la música española y sus variantes, más de un siglo después del cambio de metrópolis. Informe Fracto le cuestionó sobre la viabilidad de este arte en una isla que parece cada vez mas alejarse de lo español y acercarse a su nueva metrópolis sajona. En una negación casi instantánea como quien se reconoce sin dudas, señala que “el flamenco y la música española es un arte vivo en nuestras calles, plazas, parrandas, sinfonías, tunas, rondallas, zarzuelas, piezas de teatro y “performances”. Está completamente asociada con nuestras vertientes musicales. He tenido la dicha de trabajar con músicos maravillosos del país combinando: guajiras flamencas con danza puertorriqueña, bomba puertorriqueña por bulerías y boleros por cuplés” afirma, convencida de que, una cosa es lo que algunos perciben y otra la que se vive.

La defensa de esa esencia es magistral. La elocuencia, belleza y candidez de sus palabras permiten entrever esa llama que sigue viva más de un siglo después. Una llama que a pesar de la pandemia, le ha llevado a impartir clases a distancia e incluso tomarlas desde su amada Granada. Este tiempo de soledad, que define como habitual entre los artistas en su espacio de retrospección y creación, le han servido para, como autora, continuar engrosando su repertorio de teatro musical y sus piezas bailables, para regresar con fuerza a su estudio de danza La Zambra, pues al igual que otros creadores culturales puertorriqueños, Maruja hace hincapié en que “fuimos los encargados, desde el encierro, de tratar de salvar a todos lo que nos queda de humanidad”. En esa línea, nuestra revista le preguntó sobre qué ganancia representa el mantener un arte como este vivo, a lo que, tras una reflexión suspirada respondió que “Puerto Rico siempre ha confrontado una lucha de identidad por las circunstancias históricas acarreadas. Aún se puede percibir cierta resistencia a todo aquello que nos hace reflexionar sobre nuestra situación colonial y las posturas que ella enfrenta. Es bien interesante como muchas veces me ha tocado justificar la presencia flamenca en la cultura autóctona porque no comprenden la relación directa. Personalmente, cuando analizó la demografía flamenca en Puerto Rico, siempre me pregunto; ¿por qué no hay más gente negra bailando o haciendo flamenco en la isla? ¿Por qué no sienten que esto es parte de su identidad?”, sentenció, añadiendo además que “la cultura no debería ser huérfana, debe estar apadrinada por la educación. La educación debe reforzar todas las vertientes de humanidades para garantizar su prevalencia ante cualquier eventualidad. La cultura es el reflejo de la inteligencia de un pueblo plasmada a través de sus obras”. Sus palabras no pueden ser más oportunas, pues en momentos en que Puerto Rico se acerca a los 5,000 casos de COVID-19 y centenar y medio de fallecidos, el gobierno ha permitido la apertura de centros comerciales, cadenas multinacionales, iglesias y otros espacios de riesgo, pero se ha resistido a la apertura de teatros, salas culturales, museos y otros lugares de enriquecimiento o esparcimiento.

La voz de Maruja, es la voz de cientos de miles de artistas que reclaman se activen los espacios culturales con las debidas precauciones y respaldo del gobierno que debe ser partícipe y co-responsable de la gestión y el enriquecimiento cultural del país. De manera tajante, reclama que “la cultura está ligada en la forma en que como colectivo manejamos emociones, información y eventos que nos afectan a todos. Esta debería acercarnos más que fragmentarnos por lo que somos o tenemos. Las expresiones artísticas son una parte importante para la sanación y su sistema de apoyo, pero; el arte en sí mismo adolece porque no conoce mejores condiciones sino las migajas de una sociedad cada vez está más desconectada de su esencia. Debemos reformar nuestra sociedad para que la cultura sea un vínculo cargado de aceptación, empatía, diversidad, conocimiento y apertura”, finiquitó.

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Mezquindad, despilfarro y opresión, gobernando desde la sombra

Edwin Sierra González

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A casi un año de que Puerto Rico viviera uno de los momentos socio-políticos más importantes del joven siglo XXI, al lograr la renuncia de quien ocupara la jefatura colonial en lo que conoce como el Verano del 19, las islas boricuas enfrentan una nueva estela de corrupción, burlas y humillaciones con quienes, por mandato constitucional, culminan el periodo previo a unas nuevas elecciones coloniales el próximo mes de noviembre. Los recientes terremotos en enero y mayo, así como el cierre total y toque de queda impuesto desde el 16 de marzo por la gobernadora no electa, Wanda Vázquez Garced, han hecho del gobierno una cuna de mezquindad y despilfarro que muestra su verdadero rostro, un rostro gemelo del antiguo jefe del ejecutivo, que levanta alarmas y comienza levantar fuertes voces de protesta.  

El gobierno colonial se ha vuelto un lastre de vergüenza y despropósitos. Con las heridas de María aún abiertas y los recientes terremotos que no han dejado de estremecer el país, el Estado sigue fallando. No hay una visión clara de servicio al pueblo, pero sí un despropósito mezquino de aprovecharse de la vulnerabilidad, la dolencia y el vaivén emocional que afecta a millones de puertorriqueños que se encuentran sumidos en el desempleo, la necesidad, las deudas y la inactividad social de todo aspecto. La Secretaría del Trabajo apenas comienza, dos meses después de comenzada la crisis sanitaria, a desembolsar las ayudas a las que tienen derechos los cesanteados por el cierre comercial. A pesar de la errática gestión que le ha costado pasar vicisitudes a cientos de miles de personas, la Secretaria sigue en su posición a pesar de fuertes reclamos para que renuncie. Se ha revelado que es amiga cercana de la hija de la gobernadora no electa, y que está casada con un alto funcionario del gobierno anterior, con fuertes vínculos al partido gobernante, lo que la mantiene en su silla a pesar de la paupérrima gestión que implementa.

En medio de esta debacle económica que no parece tener un fin cercano, y que ha profundizado más sobre la década de depresión económica que ya afectaba la isla, el poder legislativo colonial, dominado por la derecha anexionista, se he propuesto imponer, abusando de su mayoría parlamentaria, un nuevo Código Civil y Ley Electoral que ha levantado fuertes oposiciones por la sangría que hace a los derechos civiles y a las garantías constitucionales del ciudadano con respecto a su voto. ¿Cuál es el empeño de aprobar códigos, leyes y reformas trascendentales en medio de esta pandemia? Sobre todo, porque los ciudadanos están imposibilitados de participar en los procesos por la situación y el gobierno no se los permite. ¿Por qué no esperan a que haya un verdadero espacio de diálogo y consenso? Son muchas las voces de alarma que se levantan indicando el intento de robo de elecciones por parte del partido gobernante dado que éste ha sido calificado como uno de los gobiernos más ineptos y corruptos, perseguido por una estela de escándalos que le han sacudido desde 2017 y que no se detienen. Entre los principales cuestionamientos está el cambiar las reglas electorales a sólo meses de las elecciones, el permitir un voto por internet sin garantías de seguridad y el querer apropiarse mediante partidocracia, de la Comisión Estatal de Elecciones, el organismo colonial que rige los procesos electorales en la isla.

De igual manera, el partido de gobierno sostiene que el Código Civil ha esperado mucho y que es un proceso de varios años. Si tanto arguye haber esperado, ¿qué les cuesta esperar un poco más? Si el partido de gobierno y sus huestes llevan más de 120 años reclamando la anexión total a los Estados Unidos, algo que evidentemente no ocurrirá, pueden esperar a aprobar leyes trascendentales en momentos oportunos donde el país pueda prestar atención y expresarse en vistas públicas.

Pero no, quieren hacerlo a escondidas, como ladrones en la noche, imponiendo y dinamitando la escasa e hipócrita democracia en la que vivimos. Varias organizaciones civiles y letrados han levantado la voz respecto a las nuevas limitaciones que propone este nuevo Código Civil que busca congraciarse con conservadores y sectores fundamentalistas, en una clara violación al estatuto constitucional de separación entre Estado e Iglesia. Con el nuevo estatuto civil, los matrimonios infértiles quedan prohibidos de buscar auxilio a través de una madre sustituta; si son convivientes no casados, pierden beneficios, derechos de herencia y bienes si hay separación. Además, obliga a las mujeres a solicitar permiso al tribunal para poder decidir sobre su cuerpo y pierden el derecho al aborto, en tanto que los padres quedan autorizados a someter a sus hijos a terapias de conversión si son menores de 18 y tienen orientación homosexual. En esa misma línea, la comunidad LGBTT y sus matrimonios perderían beneficios conyugales y bienes, derechos de herencia y gestación de madre sustituta con el problema de que los hijos en matrimonios gays ya no serían considerados hogares o familias. Como si ello no fuera suficiente, el nuevo código permitiría la privatización de playas, ríos, agua de lluvia, canales y caminos, entro otras cosas. Un verdadero retroceso a la Edad Media en pleno siglo XXI. Una de las voces más admiradas del movimiento anexionista en el país, Luis A. Ferré, decía que la razón no gritaba, convencía. En este momento, la razón no se impone, se demuestra. Hoy sus seguidores le dan la espaldaen un momento bochornoso para un país lastrado por 500 años de colonialismo.

Estas maneras de proceder son las que los alejan de su propio ideal, porque no hay honestidad y claridad en las acciones. No se puede hablar de libertad y democracia cuando se opera desde la opresión, cuando no hay prioridades y resulta imperioso celebrar un nuevo plebiscito no vinculante que atender las necesidades del pueblo durante esta crisis. Disponer de más de 2 millones de dólares para una nueva jugarreta política como un plebiscito, cuando el país se hunde en la necesidad, es un atentado contra la dignidad humana. Este país tiene un gobierno que lo ha desamparado todo el cuatrienio, pero que con migajas y unas monedas intenta comprarlo.

Mientras todo esto pasa, la isla se estremece en un nuevo escóndalo en el que allegados del gobierno que intentaron apropiarse de 38 millones comprando pruebas de detección del COVID-19, salen en un nuevo chat sacado a la luz en la que celebran el contrato porque “el virus fue productivo” y lo celebrarían hasta con un pastel. Un nuevo chat de la vergüenza, un nuevo verano que se acerca. Todo esto mientras el gobierno se prepara para restablecer comercios y actividades económicas en medio de inseguridades y otras problemáticas, pues la pandemia ya ha afectado a sobre 3,000 ciudadanos y le ha costado la vida a sobre 125. Todo esto, en medio del cierre que se ha mantenido, pero veremos lo que acontezca con las próximas aperturas, aún cuando el equipo médico del gobierno no lo recomendó. Lamentablemente, el gobierno ha preferido la política por encima de la salud y el bienestar común. Escasean los hombres y mujeres de Estado que sirven con propósito y nos abundan los Dionisio, mortales jugando a dioses de fiesta y placer porque al parecer, poco les importa. Nos merecemos un cambio, urgente, que pueda restaurar la confianza en el intento de gobierno que tiene el país.

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