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Madre América: Puerto Rico

Incongruencias e hipocresía colonial

Edwin Sierra González

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Puerto Rico, a pesar de su idílica posición tropical, es un país de grandes complejidades y complejos coloniales que lo llevan a mirarse de una manera poco apropiada. El sentido del juicio por aferrarse a ideas o cosas, llevando a excluir a quien no piense igual es pasmante, de tal forma que se te desacredita por la discordancia que puedas tener con la sociedad, más allá de tus capacidades o méritos académicos profesionales. Disentir en una colonia es casi un crimen a pena de muerte.

La eterna cuestión religiosa

Las debacles coloniales con la orden del día y en medio de un proceso electoral, hay quienes usan todo contra su oponente, incluso aquello que nada tiene que ver con sus ejecutorias, pero saben que determinará mucho en la mente de aquellos cuyo pensamiento no les permite separa una cosa de otra. Hace cuatro años, en 2016, trascendió en varios medios que la actual candidata por el Movimiento Victoria Ciudadana, Alexandra Lúgaro, en aquel momento candidata independiente, tiene convicciones religiosas no tradicionales, lo que levantó y continua levantando el clamor de varios sectores predominantemente fundamentalistas quienes arguyen que la misma no puede ejercer la jefatura del país por no comulgar con las ideas religiosa tradicionales. Nada más lejos de la verdad y absurdo. Es obligatorio preguntarse: ¿En qué momento olvidamos la separación de Iglesia y Estado?

Todo el mundo repite el estribillo de separación de Iglesia y Estado sin cesar, pero, ¿por qué existe? Durante largos siglos la iglesia tuvo control sobre las monarquías o pueblos medievales y modernos, así como sobre su desarrollo económico, político y social. Cuando la Iglesia y el Estado eran uno, las libertades individuales eran débiles o inexistentes. Contrariar la fe del monarca podía costar la vida. Europa ha sido escenario de innumerables luchas religiosas y persecuciones, siendo España e Inglaterra dos lúcidos ejemplos: los ingleses con las luchas católico-anglicanas y España con su Inquisición, la cual se extendió a América costándole la vida a innumerables seres humanos. Vidas perdidas por no comulgar con lo establecido o sus normas. No tenemos que irnos tan lejos, en Puerto Rico el protestantismo no tuvo espacio hasta el siglo XIX y tuvo sus consecuencias. Cuando el monarca expedía ciertas cédulas, por ejemplo, para la entrada de extranjeros uno de los requisitos era ser católico. Este proceder fue cuestionado durante el Renacimiento y el humanismo comenzó a luchar contra este, afianzándose durante la Ilustración. La idea del Estado terrenal, con sus propios medios de acción ganó adeptos, permitiendo así que la Iglesia se encargara del plano espiritual, que es individual, y el Estado del suyo, que es colectivo.

No es que ahora se esté acabando con la vida de disidentes religiosos, al menos en nuestro entorno, pero hay otras maneras de anular a los individuos y discriminarlos por sus creencias es una de ellas. Lúgaro, que se presenta a unas segundas elecciones coloniales recibe, además por ser mujer y única candidata, pues los demás son varones, constantes señalamientos por no adherirse a los patrones de fe mayoritarios, como si ello fuere un requisito fundamental para gobernar.

Lo que muchos ignoran o no quieren ver, ya sea porque no pueden o porque no les conviene, es que cuando vamos a unas elecciones, de plano terrenal, elegimos a un gobernante político, no un pontífice o reverendo. Es urgente reflexionar, ¿desde cuándo garantiza la religión un gobierno saludable o eficiente? Esto es llamarnos a engaño. Si bien es cierto que podemos diferir con algunas de las ideas de esta candidata, también es correcto decir que funcionarios electos de los, hasta el momento, partido dominantes Nuevo Progresista y Popular Democrático, y que pregonan su fe a viva voz, no han hecho una excelente labor y los resultados están a la vista. Basándonos en hechos, algunos mandamientos de aquellos a los que se aferran para ganar votos, habrán olvidado. Hay ejemplos recientes, como la representante de la Cámara, María Milagros Charbonier, quien desde su escaño pregonaba una fe avasalladora y recientemente fue acusada por delitos de apropiación de fondos públicos y esquemas de fraude. Un suceso muy lamentable, pero que nos ilustra que la convicción religiosa no necesariamente es reflejo de nuestras acciones.

Para ejercer el Poder Ejecutivo la Constitución Colonial no exige credo alguno. Sin embargo, si prohíbe la preferencia e imposición de alguna idea religiosa por parte del Estado hacia los ciudadanos, pues mantiene como principio la libertad de culto. Si el Estado no impone una religión a los ciudadanos, ¿por qué el empeño en imponer una religión al Estado y sus funcionarios electos?  No confundamos una idea con la otra. ¿Acaso los protestantes no votan porque los candidatos a gobernador han sido tradicionalmente católicos? No nos llamemos a engaño, ese, indudablemente, no es el caso.

Es necesario desprendernos del fanatismo en cualquiera de sus facetas para sanar el país y razonar para dejar atrás incongruencias e hipocresías. No es dejar de creer en Dios, es dejar de pensar que una religión está por encima de otras o que una religión faculta para el ejercicio de ciertas labores. La historia le ha demostrado a este país que muchos de los que iban pregonando la fe en sus campañas políticas le han fallado al país al servirse de él. La separación de Iglesia y Estado se hizo para proteger a los individuos y ciudadanos de los vaivenes y caprichos del gobernante. No nos volvamos víctimas de nuestros propios avances por juzgar a quien piensa diferente. Dejemos a Dios cuidar su rebaño y desarrollemos la capacidad de elegir funcionarios capaces de generar una vida terrenal digna y grata con iguales oportunidades para todos, independientemente de sus ideas individuales o privadas. Busquemos funcionarios que trabajen por el bien colectivo. A Dios lo que es de Dios y al César lo del César.

Y no es una cuestión de tener la razón, pues esta es una idea, no una cosa, por lo que no se puede poseer físicamente. La razón que muchas veces creemos tener, nos ha poseído por siglos y por querer tenerla, nos ha llevado a enfrentarnos causando grandes tragedias a la humanidad. Es tiempo de ver más allá y valorar a las personas por quienes son y pueden hacer por el país. Si la mayoría de nuestros líderes tuviesen a Dios en el corazón, no existiría tanta corrupción, no hubiesen escondido los suministros tras el terremoto y dejado a gente morir tras el paso del huracán María. Esa fe ciega ya le ha costado la vida a muchos.

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Madre América: Puerto Rico

La libertad prostituida: colonialismo y libertinaje

Edwin Sierra González

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A menos de tres semanas para las elecciones coloniales, el país es una efervescencia de dolor e injusticias. Una amalgama insostenible de rencores y guerras donde sobrevive el más fuerte y se mancilla sin límite la vida de quien sea, con tal de hacerlo caer o lacerarlo. Una vergüenza e incivilización que, descaradamente, se atreven a excusar tras la libertad y la expresión que cobijan las garantías constitucionales. Qué equivocados estamos como sociedad, si podemos denominarnos tal cosa en medio de estas actuaciones que más que garantizar y proteger, hacen del derecho una quimera. La libertad y el libertinaje no son lo mismo y en este país, producto de la enfermiza fijación colonial, ejercen mas el segundo que el primero, porque la libertad conlleva una responsabilidad que pocos aceptan asumir so pretexto de una opinión o una libertad de expresión que en realidad no es más que una farsa, una degeneración última de las garantías individuales del ciudadano, para humillar, golpear, lastimar e incluso, asesinar conciencias.

Qué tanto seguimos involucionado como sociedad e individuos, que muchos creen que por tener derecho a opinar y expresarse, los demás tenemos la obligación de escucharlo. Qué gran mentira. Hay opiniones que no merecen ser escuchadas o que no aportan nada. Son palabras al vacío, palabras absurdas e irrelevantes que en ocasiones quien la pronuncia no tiene otro propósito más que el de lastimar o proporcionar una lista de apreciaciones incomprensibles, basadas en un fanatismo ciego o la desinformación. Eso, sencillamente, porque nunca solemos preguntarnos el para qué de nuestras acciones, porque somos una masa sin rumbo, unos libertinos de pensamiento que no hacemos mas que, cual víboras, intentar opacar y devorar a quien no se acopla a nosotros. Vamos, con la palabra, acuchillando a mansalva porque no hay derecho a diferir. Así empiezan muchos con sus hijos, cuando no piensan igual: “tú no sabes lo que dices”, “tú no piensas”, “tú no sabes nada”. Y así, desde un vínculo tóxico que se genera desde la familia, quieren domar a toda la sociedad para que piense igual. Porque crecemos castrado ideas y sueños. Que mucho nos falta por crecer, por razonar, por trascender.

En días como estos, en los que el país se juega la vida eligiendo a quienes dirigirán a esta colonia quebrada y empobrecida, la sociedad ensordecida por el fanatismo arremete contra la disidencia política, empezando, tristemente por los hogares, donde familias se enfrascan en burlas contra quienes no se alinean ideológicamente. Así lo vemos en los medios de comunicación también donde se ha llegado incluso a atacar a una candidata sexualizando la foto de su hija, menor de edad, en un programa de televisión. El ataque es vehemente y putrefacto, a tal manera, que se crean grupos en aplicaciones de mensajería instantánea para desacreditar, humillar y fabricar situaciones que roben espacio a los asuntos del país. El bipartidismo tradicional ve amenazado sus intereses de tal manera, que cobijado en la libertad de expresión, o más bien su acostumbrado libertinaje, ataca sin piedad la dignidad humana. Parece ser que la amenaza es tan real a sus intereses que, incluso, han comenzado a crear pautas publicitarias comparando a los nuevos movimientos con sus oponentes tradicionales, cuando históricamente, se atacaba el bipartidismo entre sí. No hay duda de que el panorama político es otro y las grandes mayorías parlamentarias están quedando en el olvido para darle a la isla el gobernador o gobernadora electa con el menor apoyo electoral en su historia. La incertidumbre y las ansias de poder han arrasado con todo raciocinio humano individual y colectivo.

El día que desarrollemos la capacidad de cuestionarnos a nosotros mismos y dejemos de repetir, faltos de lectura y análisis crítico, seremos un mejor país. El fanatismo ciego de escuchar llamados apocalípticos y cánticos de sirena nos está llevando a arruinar el país y a desangrarlo, de manera tal que se vuelva inhabitable. El éxodo es masivo y monstruoso. Solo un cambio de gobierno podrá cambiar los tristes destinos de este país que te ha visto históricamente imposibilitado de decidir sobre sus destinos de una manera digna y sin la atroz intervención de una potencia extranjera a la que solo le importan sus intereses.

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Madre América: Puerto Rico

Vicéns Rivera, una candidatura escrita a mano

Edwin Sierra González

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Entrar a la política en Puerto Rico, quizás como en muchos países latinoamericanos, es un juego difícil y hasta sucio, dirían algunos. Las contiendas electorales, que tienden a sostener un carácter personalista se recrudece con el paso de los días mientras se acerca la jornada final que decidirá los destinos de una colonia centenaria por los próximos cuatro años. El país, que se enfrenta a unos comicios que buscan retar el bipartidismo rojiazul tradicional que ha destruido las instituciones y las arcas públicas, presenta al archipiélago caribeño nuevas opciones que estiman que el gobernador electo, lo hará con el por ciento de voto electoral más bajo en la historia: menos del 40%. Esto, porque el vetusto sistema electoral del país no permite alianzas y otorga la victoria a quien obtenga mayoría simple de votos, sin la búsqueda de consensos o una mayoría sustancial del mas del 50% de los votos, como ocurre en otros naciones de la región.

En medio de este puje electoral, se presenta a las elecciones coloniales Gabriel Vicéns Rivera, un maestro del sistema público de enseñanza, quien ha plantado bandera en el panorama político del país como el primer maestro en aspirar a la jefatura de Estado y el primer candidato abiertamente homosexual. Más que un hincapié en estos dos aspectos de su vida, es un reconocimiento a su valentía, primero por su apertura pública ante un país machista y patriarcal; y segundo por venir de una de las profesiones más golpeadas y humilladas por el gobierno: el magisterio. Por ello, Informe Fracto se dio espacio para conocer a este candidato por nominación directa y sus posturas.

Vicéns, quien se ha desempeñado en el magisterio por los pasados dos años sostiene que “ser el primer candidato abiertamente gay estaba ya pasado de tiempo. La comunidad LGBTTIQ siempre ha buscado candidatos y gobernantes que asuman posturas de reconocimiento sobre nuestra dignidad humana. Habiendo un candidato abiertamente machista y homofóbico, en justicia, debía existir un contrapeso al odio”, en referencia a los candidatos conservadores que se oponen a los derechos de este colectivo, y el por qué de su decisión respecto a exponer públicamente su sexualidad. Más allá de ello, este candidato que busca que los electores escriban su nombre en la papeleta, busca que los puertorriqueños entiendan que “todos somos políticos porque -independientemente nos guste o no- pertenecemos a una comunidad política ya que estamos sujeto a las decisiones que se tomen en las estructuras gubernamentales”. Su llamado está basado en la apreciación de que la participación electoral en Puerto Rico es alta, aunque se ha desgastado en los últimos cuatrienios hasta llegar a un 55% de participación, la ciudadanía no se involucra en los procesos de política pública, limitándose a una elección cada cuatro años.

A pesar de ese enfoque, el candidato reconoce que es un proceso complicado, pues en Puerto Rico, existe visión generalizada de que todos los políticos son iguales en referencia a los numerosos casos de corrupción y clientelismo político que azota al Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo. Sobre todo, porque, como indica tajantemente, la isla tiene la experiencia de que “hay políticos que simplemente son un sello de goma y esperan órdenes de su partido para votar a favor o en contra de las medidas que se presentan en la legislatura”. Los partidos le llaman equívocamente a esta acción “disciplina”, pues va en detrimento la disidencia en las ideas y el debate, imponiendo así la obediencia ciega. El educador en inglés como segundo idioma, hace hincapié en el hecho de que los políticos que le fallan al pueblo, llegan con votos y es importante reconocer que con votos, los ciudadanos les van a sacar del poder para darle un nuevo significado a la política”. En ese sentido, Vicéns señala el aspecto positivo de su participación pues enfatiza que se ha podido educar sobre lo que representa un voto por nominación directa y llevar el mensaje de un cambio urgente al bipartidismo.

Cuando Informe Fracto le pregunta sobre qué le hace pesar que puede ser visto como una posibilidad verdadera, el candidato por nominación directa, expresa enfáticamente que no se considera un político de carrera. “No soy abogado, doctor o ingeniero y represento una clase obrera que ha sido igualmente acribillada por gobiernos del Partido Nuevo Progresista y el Partido Popular Democrático”, sentenció. De igual forma, añade que viene a demostrar que “para gobernar no hace falta experiencia corrupta, sólo voluntad y sensibilidad”. Para ello, entiende que su candidatura tiene un principio fundamental: visibilizar el magisterio puertorriqueño y la Comunidad LGTTIQ, lo que representaría en cada voto un servicio a favor de la educación pública y la equidad. En un planteamiento de gran valía, este candidato subrayó que “mi candidatura provee una alternativa adicional, un mensaje que será escuchado tan alto como altos sean los votos obtenidos. Soy transparente y he dicho que no soy la única ni la real alternativa al bipartidismo. Siempre he validado a (Alexandra) Lúgaro y a (Juan) Dalmau, (candidatos a la gobernación por el Movimiento Victoria Ciudadana y el Partido Independentista Puertorriqueño, respectivamente) como alternativas al bipartidismo también. No podemos estar -los candidatos ni los seguidores- en esa pelea por el tercer lugar, tenemos que lograr que rojos y azules se disputen el penúltimo lugar, pero si no fomentamos esa confianza en los electores tradicionales, se hará muy difícil convencerlos que representamos un cambio”.

Como parte de ese cambio, respecto a sus propuestas, adelantó a nuestra revista, que como mandatario, declararía una emergencia educativa, derogado así la Ley 85, que entrega la educación pública a intereses privados. Además, implementaría una educación con perspectiva de género y aumentaría el salario base del magisterio a $4,000 dólares al mes para evitar la fuga de docentes y atraer nuevos profesionales a ocupar los salones de clases. Estas medidas se consideran urgentes pues la fuga de docentes hacia los Estados Unidos es pásmate ante la baja paga que recibe de solo $1,750.00 dólares, aún con grado y reválida magisterial y de especialidad a enseñar.  

Para completar, el candidato busca reafirmar en los comicios del 3 de noviembre, la tendencia que se ha estado presentado en el país, donde los dos partidos principales se ha desgastado, a tal punto, que entre las elecciones de 2012 y 2016, entre ambos partidos, perdieron mas de medio millón de votos, según datos oficiales comparados, provistos por la Comisión Estatal de Elecciones. “Estoy convencido que mientras más candidatos y partidos, menos excusas hay para votar por los dos candidatos que representan el abuso y la corrupción en Puerto Rico. El 3 de noviembre será una elección histórica”, finiquitó, confiado en que el bipartidismo se debilitará mas y dejará de prevalecer.

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Madre América: Puerto Rico

La encrucijada que se nos viene: noviembre histórico

Edwin Sierra González

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Puerto Rico comienza, una vez más, una larga, pesada y agotadora campaña electoral de camino a las Elecciones Generales en noviembre. Ya se oyen los profetas del bipartidismo colonial prometiendo milagros y mares abiertos, prostituyendo los sueños de millones de puertorriqueños. Sueños que sí, en parte han cumplido, pero por avión, pues son decenas de miles los puertorriqueños que han cruzado el mar, como israelitas, dejando todo atrás buscando un porvenir que su propio país no ha podido darles a causa de la corrupción bipartida que desangra al país desde hace más de sesenta años. Un país desgastado, en bancarrota, con una depresión económica que supera la década, escuelas cerradas en pleno desorden para ser vendidas por un dólar y un Poder Legislativo de ultraderecha intervenido por el Buró Federal de Investigaciones por casos de fraude, apropiación ilegal, fraude cibernético y empleados fantasmas, son apenas unas pinceladas de los males que aquejan a la sociedad.

La nueva cita electoral trae, por el momento, un elemento poco visto en las últimas décadas: nuevos partidos, candidatos independientes y candidatos por nominación directa; estos últimos no aparecen en la papeleta, por lo que sus nombres deben ser escritos a mano por el elector a la hora de votar. El llamado parece no haber caído en el vacío, pues el desplome de los partidos principales viene gestándose desde las últimas dos elecciones (2012, 2016), donde la participación electoral ha ido en picada, llegando al 55% de participación, una baja histórica. Pero, ¿cómo revertir ese panorama de desgaste? El escenario electoral plantea una variedad como pocas veces. Es momento de sentarnos a evaluar en su justa medida quiénes son los que se presentan, como alternativa al bipartidismo, a la dirección del país. Basado en resultados, la administración bicolor de nuestros recursos ha sido desastrosa. Un éxodo sin precedentes en la historia contemporánea y una nación en bancarrota son, quizás, las heridas más palpables. Pero hay otras que no se ven tanto, como las emocionales. Como pueblo, Puerto Rico tiene la responsabilidad de transformar aquello que no funciona.

En esta justa se presentan al país dos nuevos partidos políticos: Movimiento Victoria Ciudadana y Proyecto Dignidad, los cuales, según encuestas informales, a dos meses de las elecciones, podrían obtener, en su conjunto sobre el 30% de los votos. Victoria Ciudadana se presenta al país como un partido producto de alianzas entre distintos grupos, partidos previos y nuevas figuras con sólido alcance en los asuntos sociales del país, lo que le ha hecho gran espacio entre el electorado joven desafecto del bipartidismo. De igual forma, se presenta el candidato independiente Eliezer Molina y por nominación directa, Gabriel Vicéns Rivera. Este último, tomó al país por sorpresa pues la fecha de radicación de candidaturas ya había pasado, siendo esta una de las razones para su candidatura directa. Más allá de ello, Vicéns es maestro del sistema público de enseñanza y, aunque esto no es un elemento a tener presente en su desempeño, pero si respecto a su valentía, es el primer candidato a la gobernación abiertamente homosexual, lo que no había ocurrido antes, pues en un país tan patriarcal y homófobo, este es un elemento que muchos candidatos prefieren no traer al escenario político por su gran coste político.

El escenario electoral es espinoso e incierto, por lo que plantea una encrucijada en la que muchos coinciden que quien resulte ganador, será elegido con el porciento más bajo en la historia: menos de un 40%, situación que la Ley Electoral permite al admitir una mayoría simple. Por su parte, el bipartidismo tradicional se encuentra en su punto más bajo y la irrupción del Movimiento Victoria Ciudadana, amenaza esa hegemonía que les ha permitido controlar las estructuras coloniales por décadas. Incluso, amenaza las mayorías absolutas en el Poder Legislativo, lo que tendría que obligar a los partidos tradicionalmente mayoritarios a negociar y no imponerse, como ha sido la perniciosa costumbre. El terreno es fértil para un cambio, tanto así que incluso uno de los Comisionados Electorales ha notificado hace unas semanas 14,000 nuevos electores en San Juan solamente, el distrito senatorial más pequeño, pero a su vez el más poblado de la isla. A nivel nacional, el número de nuevos electores se aproxima a los 100,000. Así mismo, la prensa se ha hecho eco del aumento en el interés por votar, dando primeras planas al asunto y proyectando una participación del 85%.

Por ello merecemos romper con este Estocolmo criollo, síndrome donde la víctima se enamora y defiende su victimario. Así nos vemos políticamente. Secuestrados, enamorados hasta el delirio esquizofrénico de quienes por décadas nos han sangrado económica, física y emocionalmente. Si nuestra búsqueda básica es la felicidad, ¿para qué seguir votando contra nosotros mismos? ¿Qué queremos elegir? ¿Seguir al lado de nuestros secuestradores cual síndrome de Estocolmo o despertar de ese amargo sueño y darnos la oportunidad que merecemos? La decisión está en nuestras manos, somos libres de elegir y el bipartidismo ya no tiene nada que ofrecer a Puerto Rico.

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