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Madre América: San Vicente

Historia desconocida de los caribes negros

Sergio Guerra Vilaboy

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La lucha de los caribes negros o garífunas por su independencia está asociada a la ocupación inglesa de la diminuta isla caribeña de San Vicente, poblada entonces por este singular pueblo mestizo, fruto de la fusión de los pobladores originarios, arauacos y caribes, con esclavos africanos llegados en 1635 tras el naufragio de dos barcos españoles dedicados a la trata. Pero desde fines del siglo XVIII los ingleses comenzaron a ocupar la isla apoderándose de las mejores tierras y relegando a sus habitantes libres a las zonas montañosas e intrincadas valiéndose de lo estipulado en el Tratado de París (1763), que despojando a España otorgaba a la Corona británica soberanía sobre San Vicente y Dominica.

Para frenar el atropello y los abusos de los ocupantes británicos, los garífunas se sublevaron en 1772, encabezados por Joseph Chantoyer, en lo que se conoce como la “primera guerra caribe”. Ante la imposibilidad de vencerlos, los ingleses firmaron un tratado de paz el 17 de febrero de 1773 que puso fin a las hostilidades a cambio de que los garífunas aceptaran la condición de súbditos de George III.

Con posterioridad, el estallido de la guerra de independencia de las trece colonias inglesas de Norteamérica permitió a los garífunas recuperar su tácita soberanía sobre la isla gracias al enfrentamiento entre Inglaterra y Francia entre 1779 y 1783, que obligó a la Corona británica a retirar sus fuerzas de ocupación. Terminada la contienda y ratificada la soberanía inglesa sobre San Vicente por el Tratado de Versalles (1783), las tropas británicas reaparecieron en la tierra de los caribes negros.

De nuevo resurgió la lucha de los garífunas, aunque ahora bajo el impacto de la Revolución Haitiana que sacudía al Caribe desde 1791, que había conducido a la Francia revolucionaria a abolir la esclavitud, mientras Inglaterra se convertía en la punta de lanza de la contrarrevolución.  En esa coyuntura, James Seton, nuevo gobernador inglés de San Vicente, convocó a los líderes de los caribes negros a una reunión en abril de 1795, con el objetivo de obtener su lealtad a la Corona Británica. Su propósito era impedir la repetición de los acontecimientos que sacudían a la vecina isla de Granada, donde el mulato Julien Fedon, enarbolando las consignas y decretos de la Revolución Francesa, había sublevado a los indígenas, esclavos, mulatos y negros libres contra los invasores ingleses que pretendían ocupar esa posesión de Francia.

La respuesta de Chantoyer fue levantar de nuevo a los garífunas para enfrentar a los británicos, que pretendían derrotar a la Revolución Francesa, restablecer la esclavitud y lograr su dominio del Caribe. Hay que agregar que Chantoyer estaba en contacto secreto con Víctor Hugues, comisario de la Revolución Francesa, establecido desde 1794 en la isla de Guadalupe, y encargado de defender las posesiones de Francia en el Caribe, quien envió fuerzas para apoyar a los garífunas.

Así estalló la denominada “segunda guerra de los caribes”, que los ingleses llamaron la guerra de los bandidos (The war of the Brigands). Para atacar a los soldados británicos en Kingstown, Chantoyer dividió operaciones con su medio hermano, el cacique garífuna Du Valle, y el jefe francés Chateaubelair, avanzando con sus hombres por la costa hacia la colina de Dorsetshire. El 14 de marzo de 1795, un batallón inglés a las órdenes del general Ralph Albercromby, salió a enfrentarlo en esa elevación, aunque en esa noche fatídica, Chantoyer fue asesinado en extrañas circunstancias por el mayor inglés Alexander Leith. Sin su líder principal, la rebelión sólo continuó hasta junio de 1796, pues cundió el desaliento entre los revolucionarios franceses procedentes de Guadalupe y Martinica, facilitando la derrota final de los garífunas de San Vicente.

Los caribes negros sobrevivientes fueron trasladados por la fuerza a la inhóspita isla Belliceaux, donde los diezmó una epidemia de fiebre amarilla. Por último, el 15 de julio de 1796, más de cinco mil garífunas, expulsados de su tierra natal, fueron confinados a la isla Roatán, frente a la actual costa de Honduras, donde todavía hoy viven sus descendientes. En memoria de Joseph Chatoyer, después de la independencia de San Vicente y las Granadinas, se erigió un monumento en Dorsetshire Hill, lugar donde cayó asesinado. Una obra de teatro, titulada El drama del rey Shotaway, recrea su larga resistencia contra el colonialismo inglés. El 14 de marzo del 2002 fue declarado oficialmente Primer Héroe Nacional de esta pequeña república del Caribe anglófono.

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