Conecta con nosotros

Madre América

Alemanes en la conquista de América

Sergio Guerra Vilaboy

Publicado

en

La presencia alemana en la conquista de América es poco conocida y se remonta a 1520, cuando Carlos I, nieto de los Reyes Católicos, obtuvo el título de Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Para conseguirlo, tuvo que hacer erogaciones a los príncipes electores, endeudándose con los banqueros Welser y Fugger, a quienes ofreció concesiones en sus nuevos dominios americanos. A diferencia de los Fugger, que nunca se interesaron por la Nueva Toledo (Chile), los Welser se dejaron tentar por el lejano territorio asignado, llamado Venezuela por los primeros navegantes europeos, sorprendidos por los palafitos aborígenes del litoral que compararon con los canales de Venecia.

En Alemania se le conocería como Welserland, o sea, la tierra de los Welser, pues los derechos de estos banqueros de Augsburgo sobre esa región sudamericana habían sido plasmados en la capitulación de 1528, negociada por el suizo Heinrich Ehinger y Hieronymus Sailer, y firmada por el propio Carlos V. La colonización alemana tuvo su centro en el golfo de Coro, donde existía desde 1527 un fortín levantado por el capitán español Juan de Ampíes. El primer contingente enviado por los Welser, que salió de Sevilla el 7 de octubre de 1528 con más de doscientas personas, encabezado por Ambrosio Talfinger, llegó a Coro, tras escala en Santo Domingo, el 24 de febrero de 1529.  A Talfinger, que después fundó Maracaibo y se dedicó a expoliar cruelmente a los indígenas, le sucedieron como gobernadores Juan Seissenhofer, Nicolás de FedermannGeorg von Speyer y Philipp von Hutten.

Bajo la dirección de colonos como von Hutten o Horge Horhemut, los primeros habitantes de Nueva Augsburgo (Coro) intentaron fomentar una de las primeras economías de plantación del continente americano, trayendo cientos de esclavos africanos para al cultivo de la caña de azúcar; aunque los alemanes se sentían más atraídos por las riquezas y productos que arrebataban a los pueblos originarios. Las enfermedades tropicales y la obstinada resistencia de los indígenas, con los que chocaban en sus constantes incursiones en busca de oro por Maracaibo, Cumaná y los llanos del Apure y Casanare, hicieron estragos entre los ávidos conquistadores al servicio de los Welser.

De esas voraces exploraciones por el interior de Venezuela conocemos el pormenorizado relato de la efectuada a fines de 1530 y principios de 1531 por Nicolás Federmann. En 1555, trece años después de su muerte, el texto fue publicado por su cuñado Hans Kiefhaber como Historia Indiana. Una preciosa y amena historia del primer viaje de Nicolás Federman, el joven natural de Ulm, emprendido desde España y Andalucía a las Indias del mar Océano, y de lo que allí le sucedió hasta su retorno a España. Escrito brevemente y de amena lectura. De gran valor etnográfico, la obra describe los diferentes pueblos indígenas que conoció en el interior de Venezuela. 

Federmann también estuvo al frente de la más increíble de todas las expediciones alemanes, de la que no dejó testimonio. Nos referimos a la que condujo por los Andes, entre 1536 y 1539, en busca del mítico El Dorado y que culminó en el territorio de los muiscas o chibchas. La leyenda de un cacique que se espolvoreaba oro en una laguna y ofrecía piedras preciosas a sus dioses, despertó también la codicia de dos partidas de españoles procedentes de Quito y Santa Marta, dirigidas respectivamente por Sebastián de Benalcázar y Gonzalo Jiménez de Quesada. En los alrededores de la actual ciudad de Bogotá, fundada el 6 de agosto de 1538, tuvo lugar el triple encuentro fortuito, que obligó a un compromiso entre las tres expediciones, cada una con más de cien personas, para repartirse el botín.

Las riquezas arrebatadas a los chibchas por Federmann y sus hombres no pudo salvar de la crisis a la única colonia alemana en América, fracasada en su intento de imitar a las exitosas factorías portuguesas. En 1546, Carlos V le asestó el golpe final al cancelar la concesión a los banqueros de Augsburgo. El último gobernador de Welserland, von Hutten, seguido por Bartholomeus Welser y unos cuantos sobrevivientes, se refugiaron entonces en un valle al sur de Quibor, en el actual estado Lara, donde surgiría en 1554 el poblado de Cuara. Todavía hoy algunos de sus habitantes llevan apellidos alemanes y conservan características fenotípicas y costumbres de sus ambiciosos ancestros.

Madre América

El nombre de nuestro continente

Sergio Guerra Vilaboy

Publicado

en

En los albores de la invasión europea, el territorio casualmente encontrado por Cristóbal Colón careció de nombre propio, pues el “Gran Almirante” murió en 1506 convencido de que había llegado a la antesala de Asia, esto es, a las codiciadas Indias. A pesar de que los castellanos pronto se dieron cuenta del error, le siguieron diciendo Indias, por lo que fue necesario añadirle Occidentales, nombre que sería reemplazado en otras partes de Europa por América. Este apelativo había sido puesto en 1507 por el cosmógrafo alemán Martin Waldseemüler, en honor del navegante florentino Américo Vespucio, a quien atribuía el hallazgo de este continente, tema bien esclarecido en 1958 por el historiador mexicano Edmundo O´Gorman en su clásico La invención de América.

La nueva equivocación se debía a la carta de Vespucio denominada Mundus Novus, dirigida a los Médicis, impresa por primera vez entre 1503 y 1504. La misiva fue en su tiempo una especie de best seller y alude al recorrido por Vespucio en 1501, al servicio de Portugal, por costas del actual territorio de Brasil. Gracias a su experiencia marinera y estudios, Vespucio se percató de que las tierras visitadas por Colón eran una masa terrestre diferente a las conocidas entonces: “Días pasados muy ampliamente -dice Vespucio al inicio de Mundus Novuste escribí sobre mi vuelta de aquellos nuevos paíseslos cuales Nuevo Mundo nos es lícito llamar…lo he atestiguado con esta mi última navegación, ya que en aquella parte meridional yo he descubierto el continente habitado por más multitud de pueblos y animales que nuestra Europa, o Asia o bien África.” 

Desde la segunda mitad del siglo XVI, el nombre de América fue adoptado en muchos globos y mapas, excepto en los españoles, que seguían insistiendo en llamarle Indias. Los pueblos originarios, que no conocían toda la geografía del continente, sólo nombraban sus entornos cercanos, como es el caso de los términos Zuania, Abya Ayala o Tahuantinsuyo, dados a sus propias localidades. El nombre de América acabó por prevalecer como denominación de las Indias Occidentales o Nuevo Mundo, cuya existencia como masa terrestre independiente sólo pudo ser comprobada en 1741, cuando Vitus Bering recorrió el estrecho que lleva su apellido.

Por esa época, los habitantes nacidos en las posesiones españolas, para distinguirse de los de otros territorios, y también de los colonos norteamericanos, que se habían apropiado del nombre genérico del continente para dárselo a su recién constituida nación (Estados Unidos de América), fueron usando los nombres de América del Sur, América Meridional, América Española o Hispanoamérica. Inconforme con esta última denominación, que reafirmaba los vínculos con la metrópoli, de la que se derivaba el gentilicio españoles-americanos para designar a quienes ya preferían llamarse americanos o criollos, Francisco de Miranda, ideó el de Colombia. El término de continente colombiano se hizo frecuente en el vocabulario de muchos patriotas de la generación que hizo la independencia de España, hasta que Simón Bolívar se lo puso a la república mayor que constituyó en 1819.  

Aunque volvió a usarse, en su acepción mirandina, tras la desintegración de Colombia (1830), cayó en desuso al ser adoptado en 1861 como nombre de una sola república sudamericana. Ese proceso fue simultáneo al surgimiento de la denominación de América Latina para los territorios del río Bravo a La Patagonia, al calor de los ascendentes antagonismos con el poderoso vecino del norte, que le acababa de robar a México la mitad de su territorio. Tan extendido se fue haciendo el uso de América Latina, que destacados pensadores y figuras del hemisferio lo usaron para designar a todos los países que había sido colonias de España, Francia y Portugal. El propio José Martí, que acuñó expresiones entrañables como Madre América o Nuestra América, también utilizó la expresión América Latina como en su discurso de Nueva York dirigido a los emigrados cubanos el 24 de enero de 1880: “para descargo de las culpas que injustamente se echan encima de los pueblos de la América latina“, o en este otro texto escrito tres años después: “Todo nuestro anhelo está en poner alma a alma y mano a mano los pueblos de nuestra América Latina.”   

Continuar Leyendo

Madre América

Las banderolas rojas en Quito: un acontecimiento insólito

Germán Rodas Chaves

Publicado

en

Algunos sectores de la población guardaban silencio frente al poder. Incluso, algunos de ellos, a pesar de tener ejemplos de rebeldía–como el que originó Rumiñahui o el que advino con la Rebelión de las Alcabalas- se habían dejado llevar por los intereses de los grupos hegemónicos del periodo. No obstante, y a contrapelo de esta realidad, emergió un pensamiento contestatario al poder que buscó cambiar el modelo prevaleciente, auspiciando la reflexión y dotando, a los diversos sectores de la sociedad, de las armas de la razón para cambiar el orden instituido. Precisamente por ello el martes 21 de octubre de 1794, Quito despertó con un acontecimiento insólito.

En efecto, en las cruces de los atrios de Santo Domingo, de La Catedral, de San Francisco y de La Merced fueron colocadas unas banderas rojas en las cuales, de un lado, se leía la inscripción  “Liberto esto Felicitatem et gloriam conssecuto”, en tanto que, en el otro lado de la banderola, se escribió “Salve Cruce”.  Estas mismas ideas, también redactadas en latín, fueron situadas-a manera de pasquines- en las paredes de muchas de las casas de la ciudad.

La traducción de aquello que se trazó en las banderolas y en los carteles, corresponde a la idea siguiente: “Seamos Libres Consigamos Felicidad y Gloria al Amparo de la Cruz”.

La conmoción en Quito, frente al aparecimiento de las banderolas fue enorme, habida cuenta que dicha frase provocó el afán de los ciudadanos para averiguar su significación y, en el caso de las autoridades-como ocurrió con el Presidente de la Real Audiencia de Quito Luis Muñoz de Guzmán-con el ánimo de establecer quienes fueron los autores de tal episodio y quien, particularmente, el ideólogo del acontecimiento que, a no dudarlo, expresó el anuncio de nuevos días para los quiteños.

Tanto fue así que, mediante comunicación, el Presidente de la  Real Audiencia de Quito narró del suceso a José de Ezpeleta, Virrey de la Nueva Granada, diciéndole, entre otras cosas: “ Al amanecer del día de hoy se han encontrado fijadas en algunas Cruces de esta ciudad unas banderitas coloradas con una inscripción en papel blanco y en latín…motivo con que por lo pronto he dado las disposiciones correspondientes para averiguar el origen de esta provocación popular … Se me acaba de avisar haberse visto fijados igualmente en las puertas del Cabildeo Secular  y en otros parajes similares pasquines dirigidos a alucinar a la plebe, procurando su sublevación…

El Virrey contestó desde Bogotá, con fecha 20 de noviembre de 1794, exponiendo “…la importancia de averiguar sobre semejantes especies sediciosas… pues estos pasquines deben atribuirse a algunos pocos individuos díscolos que en los mismos términos se han descubierto aquí…”

En efecto, las banderolas rojas colocadas en Quito aparecieron dos meses después a un hecho similar acaecido en Santa Fe de Bogotá, lo cual denotó que el pensamiento del “contrapoder”, cuestionador del orden y,  para aquel entonces libertario y liberador, había comenzado a expandirse en nuestra región en medio de la preocupación constante de la Corona que para acallar y anular tales ideas–como si las causas de los pueblos fuesen apabulladas por la fuerza-impartió órdenes expresas para que los mandos locales castigasen cualquier intento de lo que ellos denominaron pensamiento subversivo o sedicioso.

De esta manera, los acontecimientos similares que sucedieron en la Nueva Granada provocaron las sospechas que el mentor de tales hechos debió se Antonio Nariño quien, en 1789, fundó una sociedad literaria llamada “El Arcano sublime de la Filantropía” cuyos miembros promovieron las ideas libertarias y en cuyo cenáculo -a propósito de la estadía de Eugenio Espejo en Santa Fe de Bogotá- prosperó una amistad entrañable del médico quiteño con el patriota Nariño.

El antecedente referido favoreció la idea para que las autoridades locales pensasen que el autor intelectual de las banderolas rojas en Quito debió ser Eugenio de Santa Cruz y Espejo, a quien le tomaron preso, por esta y otras inculpaciones, el 30 de enero de 1795.

Fue evidente, entonces, que la figura de Espejo–y su pensamiento- comenzaban a impregnarse en la conciencia de quienes advirtieron la necesidad de modificar las características estructurales de la sociedad de aquellos años y, en ese contexto, avanzar hacia un proceso emancipador que, en efecto, se desarrolló en los años subsiguientes.

Continuar Leyendo

Madre América

El Gallito bayamés

José Antonio Quintana García

Publicado

en

Obra de de Néstor Dámaso

Pedro Felipe Figueredo Cisneros (1818- 1870) era un nombre demasiado largo y sonaba a hijo de la nobleza y nada más alejado a tu espíritu Perucho, aunque naciste en cuna de acaudalados terratenientes del valle del Cauto, en el Oriente cubano. Tu destino sería otro, junto a los jornaleros rebeldes, a los esclavos que se levantaron en armas contra el régimen colonialista español liderados por  intelectuales y terratenientes de pensamiento radical.

Detrás quedaron los tiempos de aventuras juveniles y revolucionarias con tu amigo Carlos Manuel de Céspedes, las tertulias literarias en la Sociedad La Filarmónica, una tapadera que ayudaste a fundar para conspirar con los poetas Juan Clemente Zenea, José Fornaris y José Joaquín Palma, los estudios en La Habana, donde por tu elegancia al vestir y, sobre todo, aquel carácter valiente te ganó el epíteto de “El Gallito bayamés”.

También ya pertenecen al pasado los días gloriosos  de la escritura de la bayamesa, de sus arreglos musicales hasta convertirla en el Himno Nacional, cantado por primera vez en público el 20 de octubre de 1868. Es tu obra cumbre.

Nadie podrá quitarte, sin embargo, la gloria vivida, tu cargo de Jefe del Estado Mayor de las fuerzas mambisas y el grado de Mayor General, a ti un abogado que sólo había empuñado las armas de la poesía y de la oratoria.

Ahora vas rumbo al cadalso, después de ser capturado en un bohío. No puedes sostenerte en pie. El tifus, el hambre, la dura vida de la manigua para un artista te ha destruido el cuerpo, más sigues con la hidalguía habitual. Llevas la ropa sucia, rota, la barba crecida te llega al pecho, los pies llenos de úlceras.

Todavía resuena tu breve alegado en la farsa judicial: “Abreviemos esto, Coronel. Soy abogado y como tal, conozco las leyes y sé la pena que me corresponde; pero no por eso crean ustedes que triunfan, pues la Isla está perdida para España. El derramamiento de sangre que hacen ustedes es inútil, y ya es la hora de que conozcan su error. Con mi muerte nada se pierde, pues estoy seguro de que a esta fecha mi puesto estará ocupado por otra persona de más capacidad; y si siento mi muerte es tan sólo por no poder gozar con mis hermanos la gloriosa obra de la redención que había imaginado y que se encuentra ya en sus comienzos”.

Es la mañana del 17 de agosto de 1870.

-¡Camine usted!, te ordena el esbirro para llevarte al antiguo matadero municipal, donde recibirás la descarga del pelotón de fusilamiento.

-¿No ve usted que no puedo? Tráigame un coche, respondes con tu calma de siempre.

– Eso sería demasiada honra para un Jefe insurrecto –te replica el bárbaro.  Se le traerá un asno.

-No seré el primer redentor que cabalga sobre un asno, dices sin inmutarte.

Y sí Perucho. No fuiste el primero, ni el último, caerían miles en la senda escarpada hacia libertad. El 20 de Octubre es el Día Nacional de la Cultura Cubana. El Gallito bayamés se transformó en el Gallito cubano, estás en el altar de la Patria.

Continuar Leyendo

BOLETÍN FRACTO

RECOMENDAMOS