Conecta con nosotros

Madre América

Caudillismos neoliberales

Raciel Guanche Ledesma

Publicado

en

Se entiende por caudillo a la persona que lidera militar o políticamente de forma autocrática un país. Sin embargo, no intentaré dar ahora una clase de sinonimia. Sólo pretendo recordar que de una forma u otra desde el siglo XIX y pasando por las décadas dictatoriales de Guerra Fría en el continente americano, el caudillo ha sido una figura recurrente de la historia universal. 

Precisamente en América Latina durante el período de 1950 y hasta la década de 1990, el caudillismo ganó un auge mayor en casi todo el hemisferio sur. Su rostro se reflejaba en las execrables dictaduras militares que por más de 40 años pisotearon y entregaron al poder dominante del norte los valores, recursos y tradiciones de los nobles pueblos.

A golpe de juntas militares antidemocráticas y de impulsos fantasmales contra los aires comunistas que llegaban desde Europa del Este, las dictaduras se instalaron en la región con eslogan tan falso como violentos. Los objetivos entonces eran claros. El continente debía continuar siendo el patio trasero de los Estados Unidos y para eso se tenía que implementar la fuerza como base del sostén que sofocara cualquier rebelión popular contra el sistema capitalista. 

Sin dudas, la Revolución Cubana triunfante en 1959 representaba un potencial “peligro” en esas aspiraciones expansionistas de la primera potencia mundial. El ejemplo de Cuba por derrotar a un tirano, concretar luego sueños de justicia sociales y su paradigmático devenir era el gran dolor de cabeza de Estados Unidos.  

Por esa razón desde el propio instante de la victoria del Ejército Rebelde liderado por Fidel, la Central de Inteligencia Americana (CIA) en conjunto con el gobierno de ese país, se dieron la tarea de socavar la Revolución y en general cualquier síntoma de luchas sociales que emergiera en el continente.  

Así comenzaría la acelerada financiación de todo un entramado golpista que iba más allá de la forzosa toma de poder. Los métodos en ese camino de puras inversiones estadounidense eran disimiles y en muchos casos trascendían de forma encubierta desde laboratorios diseñados por Washington.    

Alrededor de 15 países del continente asumieron entonces antipopularmente un estatus de dictadura que sería el causante de tantas heridas aún latentes para muchas familias en Suramérica. Miles de muertes, heridos y desaparecidos fue el saldo de décadas de regímenes autocráticos que vendieron la dignidad nacional a cambio del dolor de su gente.      

Uno de los países con mayor totalitarismo en la época resultó ser la Nicaragua del dictador Anastasio Somoza. Tanta fue la opresión que sufriría el pueblo nicaragüense que sólo la lucha armada con la Revolución Sandinista al frente salvó al país del debacle económico-social propinado en los años dictatoriales.

Sin embargo esta nación centroamericana no sería la única en sufrir los golpes militares. En Paraguay, Alfredo Strossner, fue también un tristemente célebre personaje que gobernó en más de tres décadas. Durante su mandato se caracterizó por mantener una brutal represión policial contra la ciudadanía en las calles y por amonestar impunemente a los rivales políticos de turno.

El “Stronato” como se denomina a este periodo histórico de los paraguayos cobró alrededor de 4000 vidas humanas, 20000 torturas y la desaparición de cerca de 420 líderes comunistas o sindicales, según hizo referencia la Comisión Verdad y Justicia de ese país.

Pero la década de 1970 fue la que reservó mayores infortunios para un continente discordante y reprimido bajo un falso concepto de “Libertad Económica” que llegaba muy bien estructurado desde Estados Unidos. Con esa idea central, Augusto Pinochet, tocó violentando la democracia chilena el 11 de septiembre de 1974 la Casa de la Moneda, cuando estuvo al frente de la Junta Militar que acabó con la vida del presidente Salvador Allende.

Pinochet siempre se recordará por su sanguinaria forma de dirigir y por haber sido el hombre que entregó desde el primer momento la dignidad de Chile a poderes externos. Tanto fue así que casi todos los asesores y ministros del gobierno habían estudiado o recibido formación académica en los Estados Unidos, principalmente en el área económica.

Otros varios ejemplos llenaron la América de dolor y políticas entreguistas como fueron los caudillos-dictadores José Antonio Pérez en Venezuela, Rafael Trujillo en República Dominicana o el de François Duvalier en Haití, todos con un amplio historial de crímenes probados en su contra.             

Sin dudas estas oscuras etapas marcaron un antes y un después en Latinoamérica. Las dictaduras si bien hoy no se expresan con esa violencia de antaño, sí lo hacen a través de novedosos métodos neoliberales que se disfrazan en falsas democratizaciones de la política para seguir sometiendo como en el pasado, a los pueblos latinoamericanos.         

Continuar Leyendo

Madre América

José Miguel Carrera, controvertido prócer chileno

Sergio Guerra Vilaboy

Publicado

en

Los historiadores chilenos discrepan al evaluar la actuación del libertador José Miguel Carrera (1785-1821), fusilado por los propios patriotas el 4 de septiembre de 1821, hace ahora doscientos años. Hijo de un encumbrado hacendado del centro de Chile, se destacó como oficial en la lucha contra los invasores franceses en España, donde resultó herido, y desde julio de 1811 fue la principal figura de la emancipación en la tierra austral durante la llamada Patria Vieja (1810-1814).

El 4 de septiembre de 1811 Carrera y sus hermanos Juan José y Luis, con mando de tropas en Santiago, derrocaron a la junta moderada que había sustituido un año antes al anciano capitán general. El cambio en la correlación de fuerzas fue capitalizado por el cura Joaquín Larraín, cabeza de una poderosa familia criolla conciliadora. Tras el ascenso al poder de José Miguel Carrera, el 15 de noviembre de ese año, alentado por el agente de Estados Unidos Joel R. Poinsett, se dispuso la sustitución del pabellón español por una bandera tricolor y proclamada la constitución de 1812 que organizaba un estado libre. Aunque se mantenía el reconocimiento formal a Fernando VII, el primer periódico nacional Aurora de Chile, editado por el sacerdote Camilo Henríquez, abogaba por la independencia absoluta.

La postura más moderada volvió a cobrar fuerza desde principios de 1814 al ocupar Bernardo O´Higgins la jefatura del ejército en sustitución de Carrera, que había sufridos severos reveses militares. Tras el restablecimiento del absolutismo en España, el nuevo gobierno chileno firmó el Tratado de Lircay con los representantes españoles, al que se opuso Carrera, decidido a enfrentar el pacto. El desconocimiento del acuerdo por el Virrey de Lima llevó a las dos facciones criollas a dejar sus diferencias ante la ofensiva enemiga, aunque la derrota en la batalla de Rancagua (2 de octubre) se debió a la desconfianza entre las tropas de Carrera y las de O´Higgins.

Refugiados por separado en el campamento de José de San Martín en Mendoza, mientras O´Higgins se entendía con el jefe del Ejército de los Andes Carrera terminaba expulsado. Tras una obligada estadía en Buenos Aires, se trasladó a Estados Unidos en noviembre de 1815, donde se entrevistó con el presidente James Madison. En territorio norteamericano consiguió armas, hombres y cinco barcos para una expedición libertadora. Al arribar de nuevo a Buenos Aires en febrero de 1817, la flotilla de Carrera fue desarticulada por el gobierno de Pueyrredón, al negarse a subordinarse a San Martín, que ya combatía en Chile.

Encarcelado, Carrera escapó dos meses después, se unió a los federalistas del Río de la Plata en su contienda contra la hegemonía porteña y dio a conocer al año siguiente su Manifiesto a los Pueblos de Chile contra San Martín y O´Higgins. Casi al mismo tiempo eran apresados y ejecutados en Mendoza, el 8 de abril de 1818, sus hermanos Juan José y Luis, fracasados en su intento de pasar al territorio austral para combatir al gobierno criollo. Ese trágico final fue también el de otro conspicuo carrerista, Manuel Rodríguez, que con sus guerrillas había sido indispensable para el exitoso cruce de los Andes por San Martín. Detenido en el Palacio Directorial en Santiago, al pretender ocupar el poder tras el revés patriota de Cancha Rayada (19 de marzo), Rodríguez fue detenido y enviado a la prisión de Quillota (Valparaíso), ruta en la que se le aplicó la ley de fuga (Tiltil, 26 de mayo de 1818). El propio Carrera, cuando tres años más tarde trataba de llegar a Chile para desalojar a O´Higgins, cayó prisionero en Mendoza. En la misma plaza donde habían ejecutado a sus hermanos fue pasado por las armas el 4 de septiembre de 1821, no sin antes exclamar: ¡Muero por la libertad de América!

Detrás de todos estos hechos de sangre se encontraba la Logia Lautaro, que actuaba como mando político del ejército de San Martín y cuya filosofía era la de eliminar todo obstáculo a la emancipación. O’Higgins, enemigo jurado de los carreristas y responsable directo de estas ejecuciones, ya había escrito: “Nada extraño lo de los Carrera; siempre han sido lo mismo, y sólo variarán con la muerte; mientras no la reciban fluctuará el país en incesantes convulsiones, porque siempre es mayor el número de los malos que el de los buenos. Un ejemplar castigo y pronto es el único remedio que puede cortar tan grande mal. Desaparezcan de entre nosotros los tres inicuos Carrera, juzgueseles y mueran, pues lo merecen más que los mayores enemigos de la América.”

Continuar Leyendo

Madre América

Mensaje de la Sociedad Cubano-Mexicana de las Relaciones Culturales

Miguel Barnet

Publicado

en

Al pueblo de México:

Las campanas de la parroquia del pueblo de Dolores llamaron a misa el 16 de septiembre de 1810 y en el atrio de la iglesia se oyeron los gritos de ¡Viva México! Y ¡Viva la Virgen de Guadalupe! El pueblo fue convocado a luchar por la libertad de los habitantes de la Nueva España y se unieron al movimiento organizado por el Padre Hidalgo para iniciar la lucha por la libertad de todos los mexicanos. Unos días después el Padre Miguel Hidalgo organizó el primer gobierno mexicano independiente en Guadalajara. El Grito de Dolores fue un grito que se extendió por todo el Continente.

Los cubanos celebramos este acontecimiento como un punto de partida para la liberación de todo el Continente de la Corona Española.

¡Qué la Virgen de Guadalupe y la Virgen de la Caridad del Cobre bendigan a ambos pueblos hermanos!

¡Viva la Revolución Mexicana!

¡Vivan los pueblos de México y Cuba!

Dr. Miguel Barnet

Presidente de la Sociedad Cubano-Mexicana de Relaciones Culturales.

Continuar Leyendo

Madre América

Bicentenario de la independencia de Centroamérica

Sergio Guerra Vilaboy

Publicado

en

Cuadro del chileno Luis Vergara Ahumada de 1957

Hace doscientos años, el 15 de septiembre de 1821, se declaró la independencia de la América Central, entonces Capitanía General de Guatemala, arrastrada por los vertiginosos acontecimientos de México. En febrero de ese año se había proclamado el Plan de Iguala por Agustín de Iturbide, el 5 de julio depuesto él virrey y el 24 de agosto firmado el Tratado de Córdoba, preludio de la proclamación del Imperio Mexicano.

Durante los años de la crisis española iniciada con la invasión napoleónica a la península ibérica, la aristocracia de la Capitanía General de Guatemala, mantuvo su fidelidad a las autoridades tradicionales, temiendo un levantamiento popular como el que sacudía a México desde 1810. Pero los acontecimientos que ahora tenían lugar en el Virreinato de Nueva España provocaron manifestaciones callejeras en la capital centroamericana exigiendo la independencia, alentadas por el ala liberal criolla, liderada por el cura José Matías Delgado y el teniente de milicias José Francisco Barrundia. Bajo la presión pública, el cabildo de la ciudad de Guatemala se reunió y sin alternativas aprobó, el 15 de septiembre de 1821, la separación de España.

El acta de independencia, redactada por el intelectual hondureño José Cecilio del Valle, reconocía que, “oído el clamor a viva la Independencia que repetía de continuo el pueblo que se veía reunido en las calles, Plaza, Patio, corredores y Antesala de este Palacio”, se optaba por la ruptura con la metrópoli “para prevenir“, según indicaba el propio documento, “las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo“. Para acorralar a los republicanos de El Salvador y Honduras, se propuso la incorporación al naciente Imperio Mexicano, pues la colonia carecía de fuerzas propias para defender el orden. Por ese motivo, el 5 de enero de 1822, el capitán general español Gabino Gainza, en su nueva condición de Jefe Político Supremo de las Provincias del Centro de América, aceptó el Plan de Iguala y el Tratado de Córdoba, disolvió la junta constituida en la capital en septiembre y solicitó a Iturbide la ocupación militar del istmo. Los principales núcleos elitistas de la región respaldaron el plan anexionista: consideraban al sistema monárquico la mejor garantía a sus privilegios. En Nicaragua, el propio obispo Nicolás García Jerez se había adelantado al ordenar el 13 de octubre de 1821 jurar fidelidad a Fernando VII como “Emperador americano“, lo mismo que hizo un mes después el ayuntamiento de Quezaltenango.

La anexión a México, de inspiración conservadora, coincidió con las propias ambiciones de Iturbide. El gobernante mexicano comunicó a Gainza que una división del Ejército Trigarante marchaba hacia Centroamérica “para proteger la causa de la religión, independencia y unión” y oponerse a la “manía de innovaciones republicanas”, pues “el interés actual de México y Guatemala es tan idéntico e indivisible que no pueden erigirse naciones separadas e independientes sin aventurar su existencia y seguridad.” Con la incorporación de América Central, la jurisdicción del Imperio de Iturbide se extendió desde Texas hasta la frontera de Costa Rica con Panamá.

Los proyectos anexionistas de las elites criollas de México y Guatemala, aceptadas como mal menor por los círculos peninsulares, desataron airadas protestas en toda Centroamérica –incluso Costa Rica solicitó ayuda a Simón Bolívar-, aunque la mayor resistencia se vertebró en El Salvador. Encabezados por el cura Delgado, proclamaron la independencia, tanto de España como de México. El improvisado ejército formado por el salvadoreño Manuel José Arce con los peones e indios de las haciendas, fue derrotado por las experimentadas tropas mexicanas del general italiano Vicente Filísola el 9 de febrero de 1823, victoria pírrica pues unos días después caía el efímero imperio de Iturbide. Con un análisis penetrante, José Martí anotó en sus Notas sobre Centroamérica. “Guatemala, la residencia del Capitán General, era la más poderosa y la más rica, -y por ello provocaba la envidia y el odio-. En esa situación, se proclamó la independencia, sin esa vigorosa agitación tan necesaria en las nuevas épocas políticas para sacudir y lanzar lejos de ellas el polvo de las épocas muertas. La Independencia, proclamada con la ayuda de las autoridades españolas, no fue más que nominal, y no conmovió a las clases populares…solo la forma fue alterada.

Continuar Leyendo

RECOMENDAMOS