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Madre América

Cuba, su perpetua resistencia

Raciel Guanche Ledesma

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Pareciera inaudito que en pleno siglo XXI y en una era de globalización, de coexistencia pacífica y respeto a la pluralidad política, aún existan países que intenten someter bajo estricta arrogancia a naciones independientes. En eso de imponer sanciones o “castigar” para obtener ganancias, casi siempre en el marco económico y político, Estados Unidos tienen el número uno en el mundo desde hace un buen tiempo.

Y es que precisamente en los últimos 60 años uno de los países que más agresiones ha recibido del poderoso estado norteño ha sido Cuba. Desde que el primero de enero de 1959 triunfara la Revolución Socialista liderada por el Comandante Fidel Castro, el hostigamiento hacia esta pequeña pero valerosa Isla ha sido una constante que fluctúa con un mismo objetivo entre Demócratas y Republicanos.

Quizás en los años del 2014 al 2017 los intercambios bilaterales experimentaron las mejores relaciones en el período revolucionario. Claro que aquel acercamiento no fue más que un cambio de táctica en la política norteamericana hacia Cuba, pero a fin de cuentas demostró que las dos naciones podían trabajar juntas por el beneficio mutuo de los pueblos.

Así llegaron a Cuba, por ejemplo, Cruceros estadounidense, se abrieron las puertas a convenios en la agricultura, el deporte y la cultura. También la Isla Caribeña tuvo la oportunidad de exportar algunos de sus productos estrellas hacia Estados Unidos y se colaboró en importantes proyectos científicos con capital humano de ambos países.

Pero el Bloqueo Económico Comercial y Financiero impuesto por Estados Unidos, que es en definitiva el principal obstáculo para una completa normalización de las relaciones bilaterales, siempre se mantuvo de por medio en este tiempo e incluso, en algunos aspectos se fortificó durante el mandato de Barack Obama.

El panorama hoy es bien distinto al de hace cinco años. En menos de un quinquenio el cambio ha sido radical bajo la administración del multimillonario Donald Trump, el cual acudió nuevamente a la retórica más cruda de asfixia económica. Las recetas utilizadas respecto a Cuba por el gabinete y los secuaces miamenses del magnate, van desde la mentira hasta las más injustas sanciones a dirigentes e instituciones del estado.

Para que se tenga una idea de lo que hablamos, a sólo unos meses de haber llegado al Despacho Oval, Trump y su grupo de asesores comenzaron a intimidar a la Isla porque supuestamente los diplomáticos estadounidenses en La Habana se quejaban de unos “ataques sónicos“. Esta fue la primera gran mentira generada desde la Casa Blanca y digo esto, porque ni siquiera existe una sola prueba que incrimine a Cuba y mucho menos que demuestre tales ataques.

Luego se supo con claridad cuál era el verdadero objetivo de estas graves acusaciones. Lo que siempre pretendieron fue reducir considerablemente el personal diplomático acreditado en La Habana para comenzar a minar cualquier esfuerzo anterior de acercamiento a la Isla. Sin embargo, esto no sería suficiente, por lo que las conspiraciones fantasmales de la administración 45 de los Estados Unidos han continuado.

El obcecado intento o delirio por destruir la Revolución Cubana también los ha llevado a reactivar viejos mecanismos de finales del siglo pasado que afectan la extraterritorialidad y la inversión extranjera en Cuba. Así llegó en mayo de 2019 la puesta en vigor del título tercero de la Ley Helms-Burton, algo que las anteriores administraciones estadounidenses jamás habían osado hacer.

Este sería uno de los mecanismos para crear la incertidumbre entre los nuevos inversionistas y los que pretendían abrir negocios en la Isla. Pese a todo el andamiaje mediático y la intimidación, la respuesta de Cuba ha sido mesurada y las cadenas hoteleras y varias empresas de capital mixto aún se mantienen en la Isla, a pesar de los vientos contarios que llegan desde norte.

Pero el descredito es otra de las prácticas a la que recurrentemente acude el gobierno de Donald Trump. En tiempos de pandemia los médicos cubanos, los mismos que detuvieron el Ébola en África y hoy hacen frente en más de una treintena de países a la Covid-19, han sido tildados en varias ocasiones como ¨mercancías¨ por el Secretario de Estado, Mike Pompeo. Y yo pregunto: ¿podrán ser mercancías quienes llevan amor, esperanza y salven vidas gratuitamente por todo el mundo?                       

Claro que no, simplemente que algunos políticos jamás comprenderán que la vida de los ser humano está por encima de cualquier faja millonaria. No existe mejor forma de rebatir estas difamaciones mezquinas que como expresara el propio Presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, cuando dijo: ¨lo que hacen nuestros médicos es por un deber internacionalista sincero y no para hacer campañas políticas“.

Sin embargo de campañas infames contra Cuba o algo similar a una guerra digital feroz, sí viven varios personeros asalariados por instituciones gubernamentales de Estados Unidos. En las redes sociales se dirimen hoy fuertes batallas entre la mentira envenenada y divisoria que viene del norte y la verdad que rebate cualquier argumento de falsedad.

Lo cierto es que cada vez son más las agresiones que siguen concertándose desde los Estados Unidos. Quizás los próximos meses sean definitorios para el beneficio de las futuras relaciones bilaterales, pero habrá que aguardar y por supuesto que nada de lo que pase luego de las elecciones presidenciales de noviembre sorprenderá a nadie. Cuba sabe muy bien lo que es resistir, lo ha hecho por más de 60 años y, quien duda que no seguirá haciéndolo.

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Madre América

El nombre de nuestro continente

Sergio Guerra Vilaboy

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En los albores de la invasión europea, el territorio casualmente encontrado por Cristóbal Colón careció de nombre propio, pues el “Gran Almirante” murió en 1506 convencido de que había llegado a la antesala de Asia, esto es, a las codiciadas Indias. A pesar de que los castellanos pronto se dieron cuenta del error, le siguieron diciendo Indias, por lo que fue necesario añadirle Occidentales, nombre que sería reemplazado en otras partes de Europa por América. Este apelativo había sido puesto en 1507 por el cosmógrafo alemán Martin Waldseemüler, en honor del navegante florentino Américo Vespucio, a quien atribuía el hallazgo de este continente, tema bien esclarecido en 1958 por el historiador mexicano Edmundo O´Gorman en su clásico La invención de América.

La nueva equivocación se debía a la carta de Vespucio denominada Mundus Novus, dirigida a los Médicis, impresa por primera vez entre 1503 y 1504. La misiva fue en su tiempo una especie de best seller y alude al recorrido por Vespucio en 1501, al servicio de Portugal, por costas del actual territorio de Brasil. Gracias a su experiencia marinera y estudios, Vespucio se percató de que las tierras visitadas por Colón eran una masa terrestre diferente a las conocidas entonces: “Días pasados muy ampliamente -dice Vespucio al inicio de Mundus Novuste escribí sobre mi vuelta de aquellos nuevos paíseslos cuales Nuevo Mundo nos es lícito llamar…lo he atestiguado con esta mi última navegación, ya que en aquella parte meridional yo he descubierto el continente habitado por más multitud de pueblos y animales que nuestra Europa, o Asia o bien África.” 

Desde la segunda mitad del siglo XVI, el nombre de América fue adoptado en muchos globos y mapas, excepto en los españoles, que seguían insistiendo en llamarle Indias. Los pueblos originarios, que no conocían toda la geografía del continente, sólo nombraban sus entornos cercanos, como es el caso de los términos Zuania, Abya Ayala o Tahuantinsuyo, dados a sus propias localidades. El nombre de América acabó por prevalecer como denominación de las Indias Occidentales o Nuevo Mundo, cuya existencia como masa terrestre independiente sólo pudo ser comprobada en 1741, cuando Vitus Bering recorrió el estrecho que lleva su apellido.

Por esa época, los habitantes nacidos en las posesiones españolas, para distinguirse de los de otros territorios, y también de los colonos norteamericanos, que se habían apropiado del nombre genérico del continente para dárselo a su recién constituida nación (Estados Unidos de América), fueron usando los nombres de América del Sur, América Meridional, América Española o Hispanoamérica. Inconforme con esta última denominación, que reafirmaba los vínculos con la metrópoli, de la que se derivaba el gentilicio españoles-americanos para designar a quienes ya preferían llamarse americanos o criollos, Francisco de Miranda, ideó el de Colombia. El término de continente colombiano se hizo frecuente en el vocabulario de muchos patriotas de la generación que hizo la independencia de España, hasta que Simón Bolívar se lo puso a la república mayor que constituyó en 1819.  

Aunque volvió a usarse, en su acepción mirandina, tras la desintegración de Colombia (1830), cayó en desuso al ser adoptado en 1861 como nombre de una sola república sudamericana. Ese proceso fue simultáneo al surgimiento de la denominación de América Latina para los territorios del río Bravo a La Patagonia, al calor de los ascendentes antagonismos con el poderoso vecino del norte, que le acababa de robar a México la mitad de su territorio. Tan extendido se fue haciendo el uso de América Latina, que destacados pensadores y figuras del hemisferio lo usaron para designar a todos los países que había sido colonias de España, Francia y Portugal. El propio José Martí, que acuñó expresiones entrañables como Madre América o Nuestra América, también utilizó la expresión América Latina como en su discurso de Nueva York dirigido a los emigrados cubanos el 24 de enero de 1880: “para descargo de las culpas que injustamente se echan encima de los pueblos de la América latina“, o en este otro texto escrito tres años después: “Todo nuestro anhelo está en poner alma a alma y mano a mano los pueblos de nuestra América Latina.”   

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Madre América

Las banderolas rojas en Quito: un acontecimiento insólito

Germán Rodas Chaves

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Algunos sectores de la población guardaban silencio frente al poder. Incluso, algunos de ellos, a pesar de tener ejemplos de rebeldía–como el que originó Rumiñahui o el que advino con la Rebelión de las Alcabalas- se habían dejado llevar por los intereses de los grupos hegemónicos del periodo. No obstante, y a contrapelo de esta realidad, emergió un pensamiento contestatario al poder que buscó cambiar el modelo prevaleciente, auspiciando la reflexión y dotando, a los diversos sectores de la sociedad, de las armas de la razón para cambiar el orden instituido. Precisamente por ello el martes 21 de octubre de 1794, Quito despertó con un acontecimiento insólito.

En efecto, en las cruces de los atrios de Santo Domingo, de La Catedral, de San Francisco y de La Merced fueron colocadas unas banderas rojas en las cuales, de un lado, se leía la inscripción  “Liberto esto Felicitatem et gloriam conssecuto”, en tanto que, en el otro lado de la banderola, se escribió “Salve Cruce”.  Estas mismas ideas, también redactadas en latín, fueron situadas-a manera de pasquines- en las paredes de muchas de las casas de la ciudad.

La traducción de aquello que se trazó en las banderolas y en los carteles, corresponde a la idea siguiente: “Seamos Libres Consigamos Felicidad y Gloria al Amparo de la Cruz”.

La conmoción en Quito, frente al aparecimiento de las banderolas fue enorme, habida cuenta que dicha frase provocó el afán de los ciudadanos para averiguar su significación y, en el caso de las autoridades-como ocurrió con el Presidente de la Real Audiencia de Quito Luis Muñoz de Guzmán-con el ánimo de establecer quienes fueron los autores de tal episodio y quien, particularmente, el ideólogo del acontecimiento que, a no dudarlo, expresó el anuncio de nuevos días para los quiteños.

Tanto fue así que, mediante comunicación, el Presidente de la  Real Audiencia de Quito narró del suceso a José de Ezpeleta, Virrey de la Nueva Granada, diciéndole, entre otras cosas: “ Al amanecer del día de hoy se han encontrado fijadas en algunas Cruces de esta ciudad unas banderitas coloradas con una inscripción en papel blanco y en latín…motivo con que por lo pronto he dado las disposiciones correspondientes para averiguar el origen de esta provocación popular … Se me acaba de avisar haberse visto fijados igualmente en las puertas del Cabildeo Secular  y en otros parajes similares pasquines dirigidos a alucinar a la plebe, procurando su sublevación…

El Virrey contestó desde Bogotá, con fecha 20 de noviembre de 1794, exponiendo “…la importancia de averiguar sobre semejantes especies sediciosas… pues estos pasquines deben atribuirse a algunos pocos individuos díscolos que en los mismos términos se han descubierto aquí…”

En efecto, las banderolas rojas colocadas en Quito aparecieron dos meses después a un hecho similar acaecido en Santa Fe de Bogotá, lo cual denotó que el pensamiento del “contrapoder”, cuestionador del orden y,  para aquel entonces libertario y liberador, había comenzado a expandirse en nuestra región en medio de la preocupación constante de la Corona que para acallar y anular tales ideas–como si las causas de los pueblos fuesen apabulladas por la fuerza-impartió órdenes expresas para que los mandos locales castigasen cualquier intento de lo que ellos denominaron pensamiento subversivo o sedicioso.

De esta manera, los acontecimientos similares que sucedieron en la Nueva Granada provocaron las sospechas que el mentor de tales hechos debió se Antonio Nariño quien, en 1789, fundó una sociedad literaria llamada “El Arcano sublime de la Filantropía” cuyos miembros promovieron las ideas libertarias y en cuyo cenáculo -a propósito de la estadía de Eugenio Espejo en Santa Fe de Bogotá- prosperó una amistad entrañable del médico quiteño con el patriota Nariño.

El antecedente referido favoreció la idea para que las autoridades locales pensasen que el autor intelectual de las banderolas rojas en Quito debió ser Eugenio de Santa Cruz y Espejo, a quien le tomaron preso, por esta y otras inculpaciones, el 30 de enero de 1795.

Fue evidente, entonces, que la figura de Espejo–y su pensamiento- comenzaban a impregnarse en la conciencia de quienes advirtieron la necesidad de modificar las características estructurales de la sociedad de aquellos años y, en ese contexto, avanzar hacia un proceso emancipador que, en efecto, se desarrolló en los años subsiguientes.

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El Gallito bayamés

José Antonio Quintana García

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Obra de de Néstor Dámaso

Pedro Felipe Figueredo Cisneros (1818- 1870) era un nombre demasiado largo y sonaba a hijo de la nobleza y nada más alejado a tu espíritu Perucho, aunque naciste en cuna de acaudalados terratenientes del valle del Cauto, en el Oriente cubano. Tu destino sería otro, junto a los jornaleros rebeldes, a los esclavos que se levantaron en armas contra el régimen colonialista español liderados por  intelectuales y terratenientes de pensamiento radical.

Detrás quedaron los tiempos de aventuras juveniles y revolucionarias con tu amigo Carlos Manuel de Céspedes, las tertulias literarias en la Sociedad La Filarmónica, una tapadera que ayudaste a fundar para conspirar con los poetas Juan Clemente Zenea, José Fornaris y José Joaquín Palma, los estudios en La Habana, donde por tu elegancia al vestir y, sobre todo, aquel carácter valiente te ganó el epíteto de “El Gallito bayamés”.

También ya pertenecen al pasado los días gloriosos  de la escritura de la bayamesa, de sus arreglos musicales hasta convertirla en el Himno Nacional, cantado por primera vez en público el 20 de octubre de 1868. Es tu obra cumbre.

Nadie podrá quitarte, sin embargo, la gloria vivida, tu cargo de Jefe del Estado Mayor de las fuerzas mambisas y el grado de Mayor General, a ti un abogado que sólo había empuñado las armas de la poesía y de la oratoria.

Ahora vas rumbo al cadalso, después de ser capturado en un bohío. No puedes sostenerte en pie. El tifus, el hambre, la dura vida de la manigua para un artista te ha destruido el cuerpo, más sigues con la hidalguía habitual. Llevas la ropa sucia, rota, la barba crecida te llega al pecho, los pies llenos de úlceras.

Todavía resuena tu breve alegado en la farsa judicial: “Abreviemos esto, Coronel. Soy abogado y como tal, conozco las leyes y sé la pena que me corresponde; pero no por eso crean ustedes que triunfan, pues la Isla está perdida para España. El derramamiento de sangre que hacen ustedes es inútil, y ya es la hora de que conozcan su error. Con mi muerte nada se pierde, pues estoy seguro de que a esta fecha mi puesto estará ocupado por otra persona de más capacidad; y si siento mi muerte es tan sólo por no poder gozar con mis hermanos la gloriosa obra de la redención que había imaginado y que se encuentra ya en sus comienzos”.

Es la mañana del 17 de agosto de 1870.

-¡Camine usted!, te ordena el esbirro para llevarte al antiguo matadero municipal, donde recibirás la descarga del pelotón de fusilamiento.

-¿No ve usted que no puedo? Tráigame un coche, respondes con tu calma de siempre.

– Eso sería demasiada honra para un Jefe insurrecto –te replica el bárbaro.  Se le traerá un asno.

-No seré el primer redentor que cabalga sobre un asno, dices sin inmutarte.

Y sí Perucho. No fuiste el primero, ni el último, caerían miles en la senda escarpada hacia libertad. El 20 de Octubre es el Día Nacional de la Cultura Cubana. El Gallito bayamés se transformó en el Gallito cubano, estás en el altar de la Patria.

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