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Madre América

MANIFIESTO 26 DE JULIO

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Desde la llegada a Nuestra América de la cultura europea, entre Cuba y Yucatán se establece una profunda relación humana y cultural que es indisoluble. Desde ambas orillas del Canal de Yucatán, han ido y venido  productos naturales, música y poesía, circunstancia que ha afianzado una entrañable relación entre estas dos tierras. Puede  aseverarse que lo que sucede en Cuba afecta a Yucatán, y lo que sucede en Yucatán, afecta a Cuba, y esto no es una metáfora, sino una realidad de hermandad. Esto abraca incluso rubros tan trascendentes como la educación y la medicina, planos en los que, especialmente, se ha expresado esa profunda relación que nos hermana.

En las últimas semanas ha tenido lugar un fenómeno mediático, en relación a sectores de la población cubana que se han manifestado por una serie carencias, situación que ha se ha manipulado para hacer una campaña, encabezada por los EU y sus aliados, para desestabilizar a la Revolución Cubana.

Hoy, el hermano pueblo cubano, está viviendo momentos de necesidades profundas en forma por demás trágica, acentuadas por la pandemia que padece el mundo entero y la crisis económica que ésta conlleva para la sociedad en Cuba. Esta desafortunada circunstancia, quiere ser utilizada por enemigos que, embozados de mil formas, tratan de dañar al pueblo cubano, de desestabilizar su vida cotidiana y, a fin de cuentas, beneficiarse de ello. Y lo hacen agravando las ya difíciles circunstancias, para provocar un estallido social que, si fuera auténtico y de real entraña nacional, su resolución sería un asunto del pueblo cubano y ningún gobierno extranjero tendría el derecho de intervenir.

Hay que recordar que muchas de las limitaciones del pueblo cubano,  tienen su origen en el bloqueo que hace más de 60 años ha impuesto el gobierno de EU y que se recrudeció con la administración de Trump y que se ha mantenido con el actual gobierno estadounidense. La mayoría de los países de la ONU, incluyendo Mexico, se han opuesto reiteradamente a esta medida.

Los que suscribimos este documento, somos gente que venimos del ámbito de la cultura, de la academia, del arte y por encima de cualquier diferencia existente entre nosotros, somos solidarios con el pueblo de Cuba, por lo que levantamos la voz para hacer estos planteamientos:

1-. Demandamos al presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, que levante inmediatamente el inhumano y genocida bloqueo a Cuba, de más de sesenta años, que afecta gravemente la economía de ese país, y causa profundo daño al pueblo cubano. Que atienda el sentido de la votación masiva de la Organización de las Naciones Unidas, que ya se pronunció en forma totalmente mayoritaria, votando por el levantamiento del bloqueo.

2.- Nos pronunciamos por el derecho a la autodeterminación del pueblo cubano y el retiro de cualquier interés ajeno al mismo. Reconocemos que el pueblo cubano tiene el criterio y la capacidad de decisión, como lo ha demostrado desde el triunfo de la Revolución en 1959. Los cubanos tienen el derecho de elegir su camino por voluntad propia, no impulsada por intereses ajenos al país.

3.- Exigimos el libre acceso a Cuba de los productos, insumos y medicamentos que otras naciones puedan proveer a ese país sin intereses políticos y sin impedimentos de ninguna clase. Rechazamos la injerencia extranjera simulada en la figura de la llamada “ayuda humanitario,” usada como pretexto intervencionista por los Estados Unidos en numerosas ocasiones.

4.- Señalamos enfáticamente que pocos países latinoamericanos han manejado tan eficazmente la pandemia como lo ha hecho Cuba. Los números son un lenguaje frío, pero preciso: las tasas de infección y mortalidad por número de habitantes son notablemente más altas en los Estados Unidos que en Cuba (EE. UU Registró 182.62 muertes por cien mil habitantes, mientras que Cuba tiene 18.87 muertes por cien mil habitantes. Datos publicados por la OMS). En medio de todo esto, y pese al bloqueo, Cuba es uno de los pocos países que ha producido su propia vacuna, y no una, sino tres: Soberana 1, Soberana 2, y la muy eficaz Abdala. A contra parte, el bloqueo impide la llegada de los insumos indispensables para su aplicación masiva, para Cuba y para el mundo. Cuba, como nación, ha logrado para su pueblo avances innegables en materia de salud, educación, arte y deporte, logros que, en algunos casos, ni las naciones más poderosas del mundo han conseguido.

Por lo antes expuesto, nos solidarizamos con el pueblo cubano y exigimos los términos antes citados.

“SIEMPRE ES 26”

Mérida, Yucatán, México,  a 26 de julio de 2021.

Dr. Rubén Reyes Ramírez.

Profr. Ariel Avilés Marín.

Dr. Alfredo Barrera Rubio.

Arq. Jaime Magos Lópe

Ing. Jorge López Heredia.

Lic. Carlos E. González Gómez

Antr. José E. Avilés Marín.

Lic. Eduardo Sobrino Sierra.

Mtro. Fernando J. Muñoz Castillo.

Dr. Sergio Aguilar Alcalá.

Antr. Noemí del R. Avilés Marín.

Maestro Carlos Hevia Cervantes.

Lic. Jorge Fernández Souza.

Lic. Cristóbal León Campos.

P. C. Enrique Pérez Polanco.

Ing. Jorge I. Albertos Solís.

Maestra. Verónica García Rodríguez.

Mtro. Renán A. Guillermo González.

Madre América

Mensaje de la Sociedad Cubano-Mexicana de las Relaciones Culturales

Miguel Barnet

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Al pueblo de México:

Las campanas de la parroquia del pueblo de Dolores llamaron a misa el 16 de septiembre de 1810 y en el atrio de la iglesia se oyeron los gritos de ¡Viva México! Y ¡Viva la Virgen de Guadalupe! El pueblo fue convocado a luchar por la libertad de los habitantes de la Nueva España y se unieron al movimiento organizado por el Padre Hidalgo para iniciar la lucha por la libertad de todos los mexicanos. Unos días después el Padre Miguel Hidalgo organizó el primer gobierno mexicano independiente en Guadalajara. El Grito de Dolores fue un grito que se extendió por todo el Continente.

Los cubanos celebramos este acontecimiento como un punto de partida para la liberación de todo el Continente de la Corona Española.

¡Qué la Virgen de Guadalupe y la Virgen de la Caridad del Cobre bendigan a ambos pueblos hermanos!

¡Viva la Revolución Mexicana!

¡Vivan los pueblos de México y Cuba!

Dr. Miguel Barnet

Presidente de la Sociedad Cubano-Mexicana de Relaciones Culturales.

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Madre América

Bicentenario de la independencia de Centroamérica

Sergio Guerra Vilaboy

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Cuadro del chileno Luis Vergara Ahumada de 1957

Hace doscientos años, el 15 de septiembre de 1821, se declaró la independencia de la América Central, entonces Capitanía General de Guatemala, arrastrada por los vertiginosos acontecimientos de México. En febrero de ese año se había proclamado el Plan de Iguala por Agustín de Iturbide, el 5 de julio depuesto él virrey y el 24 de agosto firmado el Tratado de Córdoba, preludio de la proclamación del Imperio Mexicano.

Durante los años de la crisis española iniciada con la invasión napoleónica a la península ibérica, la aristocracia de la Capitanía General de Guatemala, mantuvo su fidelidad a las autoridades tradicionales, temiendo un levantamiento popular como el que sacudía a México desde 1810. Pero los acontecimientos que ahora tenían lugar en el Virreinato de Nueva España provocaron manifestaciones callejeras en la capital centroamericana exigiendo la independencia, alentadas por el ala liberal criolla, liderada por el cura José Matías Delgado y el teniente de milicias José Francisco Barrundia. Bajo la presión pública, el cabildo de la ciudad de Guatemala se reunió y sin alternativas aprobó, el 15 de septiembre de 1821, la separación de España.

El acta de independencia, redactada por el intelectual hondureño José Cecilio del Valle, reconocía que, “oído el clamor a viva la Independencia que repetía de continuo el pueblo que se veía reunido en las calles, Plaza, Patio, corredores y Antesala de este Palacio”, se optaba por la ruptura con la metrópoli “para prevenir“, según indicaba el propio documento, “las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo“. Para acorralar a los republicanos de El Salvador y Honduras, se propuso la incorporación al naciente Imperio Mexicano, pues la colonia carecía de fuerzas propias para defender el orden. Por ese motivo, el 5 de enero de 1822, el capitán general español Gabino Gainza, en su nueva condición de Jefe Político Supremo de las Provincias del Centro de América, aceptó el Plan de Iguala y el Tratado de Córdoba, disolvió la junta constituida en la capital en septiembre y solicitó a Iturbide la ocupación militar del istmo. Los principales núcleos elitistas de la región respaldaron el plan anexionista: consideraban al sistema monárquico la mejor garantía a sus privilegios. En Nicaragua, el propio obispo Nicolás García Jerez se había adelantado al ordenar el 13 de octubre de 1821 jurar fidelidad a Fernando VII como “Emperador americano“, lo mismo que hizo un mes después el ayuntamiento de Quezaltenango.

La anexión a México, de inspiración conservadora, coincidió con las propias ambiciones de Iturbide. El gobernante mexicano comunicó a Gainza que una división del Ejército Trigarante marchaba hacia Centroamérica “para proteger la causa de la religión, independencia y unión” y oponerse a la “manía de innovaciones republicanas”, pues “el interés actual de México y Guatemala es tan idéntico e indivisible que no pueden erigirse naciones separadas e independientes sin aventurar su existencia y seguridad.” Con la incorporación de América Central, la jurisdicción del Imperio de Iturbide se extendió desde Texas hasta la frontera de Costa Rica con Panamá.

Los proyectos anexionistas de las elites criollas de México y Guatemala, aceptadas como mal menor por los círculos peninsulares, desataron airadas protestas en toda Centroamérica –incluso Costa Rica solicitó ayuda a Simón Bolívar-, aunque la mayor resistencia se vertebró en El Salvador. Encabezados por el cura Delgado, proclamaron la independencia, tanto de España como de México. El improvisado ejército formado por el salvadoreño Manuel José Arce con los peones e indios de las haciendas, fue derrotado por las experimentadas tropas mexicanas del general italiano Vicente Filísola el 9 de febrero de 1823, victoria pírrica pues unos días después caía el efímero imperio de Iturbide. Con un análisis penetrante, José Martí anotó en sus Notas sobre Centroamérica. “Guatemala, la residencia del Capitán General, era la más poderosa y la más rica, -y por ello provocaba la envidia y el odio-. En esa situación, se proclamó la independencia, sin esa vigorosa agitación tan necesaria en las nuevas épocas políticas para sacudir y lanzar lejos de ellas el polvo de las épocas muertas. La Independencia, proclamada con la ayuda de las autoridades españolas, no fue más que nominal, y no conmovió a las clases populares…solo la forma fue alterada.

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Madre América

11 de septiembre 1973-2001-2021

Julio A. Muriente Pérez

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El once de septiembre de 1973 –hace 48 años– yo era, como tantos de mi generación, un joven militante recién expulsado de la universidad como consecuencia de las luchas contra el militarismo, la guerra de Vietnam y por la independencia de Puerto Rico, que no comprendía bien muchas cosas. Entre ellas, lo que estaba sucediendo ese día en Chile, aquel país del sur que había sembrado nuevas esperanzas y echado a andar un proceso que tenía mucho de inédito.

El golpe de Estado fascista perpetrado en Chile ese día nos sirvió a muchos de escuela, sobre las barbaridades que es capaz de cometer el imperialismo estadounidense, con la anuencia e incluso con la participación entusiasta y criminal de las clases poderosas y los militares entreguistas.

Poco a poco fuimos comprendiendo muchas cosas, si se quiere madurando, profundizando, radicalizándonos. Con el pasar de los años recibimos otros golpes similares y también alcanzamos victorias importantes, que nos han traído hasta aquí.

El once de septiembre de 2001 –hace veinte años– me encontraba en Sapporo, Japón. Había llegado unos días antes a ese país asiático, invitado por una organización amiga a participar en diversas actividades a favor de la paz y la desmilitarización. Eran tiempos de intensa lucha contra la presencia militar en la isla municipio puertorriqueño de Vieques y por el cese de los bombardeos que se realizaban allí desde la década de 1940. Ésta se había intensificado tras el asesinato del viequense David Sanes Rodríguez, víctima de la bomba lanzada por un avión de guerra estadounidense. También eran tiempos de lucha contra la ocupación de Japón por miles de soldados y decenas de bases de Estados Unidos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

La lucha por la paz y la desmilitarización era –y sigue siendo– un denominador común entre nuestros pueblos. Por eso estuve ofreciendo numerosas conferencias solidarias en muchas localidades japonesas, denunciando el militarismo estadounidense y su política guerrerista. El once de septiembre las actividades se celebraron en Sapporo.

Ese día se conmemoraban veintiocho años del golpe de Estado fascista perpetrado en Chile contra el gobierno constitucional del presidente Salvador Allende y la Unidad Popular, que contó con el apoyo y la complicidad activa de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA).

Luego de un día de trabajo intenso, los compañeros y compañeras japoneses y yo fuimos a cenar. Aproximadamente a las diez de la noche recibimos una llamada telefónica en la que nos informaban que había ocurrido un grave accidente en Nueva York y que un avión había chocado contra una de las llamadas Torres Gemelas. Era la mañana en Nueva York y la noche en Japón.  Entonces no tuvimos acceso a muchos más detalles. Tuvimos que esperar al día siguiente.

Continuamos nuestro programa de charlas y conferencias en favor de la paz para Vieques, por gran parte del archipiélago japonés. Mientras tanto se hacía evidente, sobre todo en las instalaciones militares estadounidenses ubicadas en territorio japonés, el creciente estado de alarma que siguió a los sucesos de aquel once de septiembre.

Sin embargo, entre la población japonesa parecía que la actitud era distinta. En ninguna de las ciudades que visité en días posteriores al once de septiembre se percibía un clima de tensión, más allá de las portadas de los periódicos y los noticieros de televisión. Era como si se tratara de acontecimientos acaecidos en algún lugar distante y ajeno. En todo caso, pensé entonces, el pueblo japonés determinará la trascendencia de actos de violencia y muerte masiva como los ocurridos en Estados Unidos, comparándolos con los sufridos por ellos tras el lanzamiento de bombas atómicas por los militares estadounidenses en Hiroshima y Nagasaki, en 1945.

Han pasado 48 años del golpe de Estado fascista en Chile y veinte años de los sucesos de las Torres Gemelas de Nueva York. Cosas importantes han sucedido en todo ese tiempo. Mucho ha cambiado mientras que mucho ha permanecido igual o ha empeorado.

Estados Unidos y la Unión Europea han salido trasquilados de Afganistán, donde fueron vapuleados por los mismos a quienes habían acusado de los sucesos de hace veinte años. Ha sido una derrota humillante, reveladora de la vulnerabilidad de las grandes potencias capitalistas, en su afán por controlar el planeta. Mientras tanto, hemos vivido veinte años de agresiones, invasiones, magnicidios y guerras por doquier. La obsesión de venganza ha generado un planeta cargado de incertidumbre y violencia.

Mucho ha sucedido también en Nuestra América luego del 11 de septiembre de 1973. Baste decir, al menos, que nuestra región sigue siendo escenario de importantes y alentadoras luchas políticas y sociales.

El once de septiembre de 2021 nos recibe con múltiples pandemias. Es una gran vorágine la que nos ha tocado vivir a los hombres y mujeres  de las primeras décadas del siglo veintiuno.

Aquí estamos, con optimismo inevitable, conscientes de que  hoy el planeta es, posiblemente más que en septiembre de 1973 y en septiembre de 2001, un volcán en erupción.

Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico

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