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Madre América

Vigencia Antillana de José Martí*

Julio A. Muriente Pérez

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Fueron Cuba y Puerto Rico las últimas colonias de España en América. No pudieron unirse estas dos Antillas al concierto de naciones latinoamericanas que surgieron a principios del siglo XIX, entre otras razones, por la presión que impusieron los Estados Unidos a los revolucionarios sudamericanos. Vibrante y comprometido era el reclamo del Libertador Simón Bolívar que en fecha temprana—en su Carta de Kingston del seis de septiembre de 1815—hiciera en defensa de la libertad de Cuba y Puerto Rico. Allí sentenció Bolívar: “Las islas de Puerto Rico y Cuba que, entre ambas pueden formar una población de 700 a 800,000 almas, son las que más tranquilamente poseen los españoles, porque están fuera del contacto de los independientes. Mas, ¿no son americanos estos insulares?, ¿no son vejados?, ¿no desean su bienestar?

Haití era independiente aun desde antes—fue la primera nación latinoamericana en independizarse, en 1804–;también había alcanzado la independencia Santo Domingo; aunque era convulsa la situación que prevalecía en estas dos naciones.

Septiembre u octubre de 1868 estremecieron a Puerto Rico y a Cuba. En Puerto Rico fue Lares; en Cuba fue Yara, inicio de la más amorosa unidad entre pueblos que luchan por su redención. Ya lo hubo dicho así el Apóstol cubano: “Unas son en el porvenir, como han sido unas en el pasado, el alma de Lares y el alma de Yara. Unos son hoy en la preparación, como fueron ayer en la cárcel y el destierro, los cubanos y los puertorriqueños. Unos han de ser en la acción para acelerar, con el esfuerzo doble, la libertad común”.

A partir de entonces germinó segura la semilla de la unidad antillana. Cuba fue Puerto Rico y Puerto Rico fue Cuba, y con ambas Haití, Dominicana, Jamaica y toda América. “…!los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata de las raíces de los Andes…”

Fue José Martí portaestandarte del antillanismo revolucionario, otros de cuyos exponentes más brillantes los fueran Ramón Emeterio Betances—Padre de la Patria Puertorriqueña–, Eugenio María de Hostos, Gregorio Luperón y Segundo Ruiz Belvis. En la hora de Martí ya Betances se encuentra en el duro exilio en Francia, que duraría casi treinta años, hasta su muerte en 1898. Para Betances la luz de Cuba sería la que alumbraría el camino de su querido Puerto Rico. Entusiasta, se abocó, como representante del Gobierno Revolucionario de Cuba en Armas, a la entrega de cada gramo de sus energías a la causa cubana y martiana.

Vital relación esa que se diera entre Betances y Cuba, entre Martí y Puerto Rico, entre ambos próceres que apenas se conocieran y tanto se apreciaran. “Yo se que no hay para usted—le escribe Martí a Betances—mar entre Cuba y Puerto Rico, y siente usted en su pecho los golpes de las armas que hieren a los nuestros”. El médico de los pobres, como asintiendo, afirmaba en 1895: “Todo ese trabajo es largo y penoso, y cualquiera que a él se dedique habrá de pensar que su vida ha de ser de sacrificio, fatigas sin número, de desengaños y hasta de miseria. La patria lo merece todo”. Cuando dice la patria, Betances dice Cuba y dice Puerto Rico.

Esa unidad ejemplar de propósitos y querencias se funde orgánicamente en el Partido Revolucionario Cubano, constituido en 1892 en el exilio estadounidense. Reza así el primer artículo de la constitución del PRC: “El Partido Revolucionario Cubano se constituye para lograr, con los esfuerzos unidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la isla de Cuba, y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico…”.

¿Qué criterio, si queremos ser precisos, hemos de utilizar para determinar en qué medida y profundidad está vigente hoy el pensamiento y la obra de José Martí y con la obra de José Martí, añadimos, el pensamiento y la obra de Betances, Hostos, Ruiz Belvis, Luperón y otros patriotas que junto al Apóstol de Cuba representan lo más  puro y preclaro de nuestras Antillas en la lucha por la liberación?

¿En que medida se han logrado materializar los objetivos revolucionarios que unos y otros se trazaron, especialmente a partir de Lares y de Yara? ¿Cuánto falta por hacer? ¿Cuánto de lo que hace falta por hacer es continuación natural y armónica de esa lucha más que centenaria que libran nuestros pueblos por la libertad? Aquellas frases de unos y otros, los versos y discursos, las citas que se reproducen sin cansancio para referirnos a hechos y situaciones de hoy; palabras aquellas dichas para alentar, estimular, reclamar, convocar al combate y a la victoria, a la entrega total por la patria antillana, ¿nos suenan huecas, sin sentido, o plasman en su esencia nuestras más caras aspiraciones por la emancipación antillana?

Decía Martí que había que “…impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”. Decía más: hablaba del “…Norte revuelto y brutal que nos desprecia…”; nos recuerda que, “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas…”. Y, sobre todo que, “Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada”. Fue sublime al expresarse sobre la naturaleza esencial de las Antillas, “…ojeadas de cerca por la codicia pujante…”; “…las tres islas que, en lo esencial de su independencia y en la aspiración del porvenir se tienden los brazos por sobre los mares, y se estrechan ante el mundo, como tres tajos de un mismo corazón sangriento, como tres guardianes de la América ambiciosa, como tres hermanas…las tres hermanas que de siglos atrás  se vienen cambiando los hijos y enviándose los libertadores, las tres islas abrazadas de Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo”.

Otra vez Cuba y Puerto Rico dan luz a nuestra interrogante sobre la vigencia precisa de Martí en nuestros días; ahora es una relación lamentablemente inversa. Prevalece en Cuba una situación que es contrapartida de la situación que existe en la menor de las Antillas Mayores. En Cuba se han ido consumando las aspiraciones martianas, haciéndose realidad irrefutable la creación de una nueva sociedad, justa y democrática. Pasaron sesenta y cuatro anos desde la muerte en combate de José Martí hasta enero de 1959. Seis largas y oscuras décadas fueron necesarias antes de que la luz del Apóstol y Libertador antillano brillará en todo su esplendor. En Cuba, Martí no es pasado, es presente alentador y futuro promisorio. Hay diez millones de Martí que muchos años después de aquel glorioso primero de enero de 1959 han demostrado que, efectivamente, “La patria…es la voluntad viril de un pueblo dispuesto al triunfo de su emancipación, a un triunfo indudable por el arranque unido y patente de la libertad contra el corazón inmortal y el tesoro arruinado de sus opresores”.

Puerto Rico, en cambio, sigue sumido en el colonialismo terrible. Luego de más de cuatro siglos bajo el dominio español, paso a manos de Estados Unidos como botín de guerra en 1898. Hasta el sol de hoy sigue siendo colonia yanqui. Allí el imperialismo ha caído con “esa fuerza mas sobre nuestras tierras de América”. Es el monstruo el que se ha anidado como parasito mortal en las entrañas de la patria puertorriqueña.

Estremecida en el tiempo, rondando como ciclón caribeño, iracunda ronda el alma de Martí y junto a ésta el alma de Betances en el Puerto Rico irredento. Se repite como el eco hasta el infinito el grito betancino: “No quiero colonia ni con España ni con Estados Unidos”. ¿Qué hacen los puertorriqueños que no se rebelan?

Puerto Rico es la tarea inconclusa de Martí, que diría, en labios de Betances: “…cuán importante será en adelante, no perder ocasión de hacer parecer unidos los nombres de Cuba y Puerto Rico…no dudo que así piensan los cubanos que, aun cuando hiciesen solos su independencia, no tendrían tranquilidad mientras España tuviera un pie en América”.

Al combatir por la libertad de Puerto Rico, “Recogemos los sueños y los anhelos más caros de este pueblo. ¡Somos esperanza, somos futuro, somos patria”!

Pero no sólo en relación a Puerto Rico se mantiene vigente el pensamiento libertario de José Martí. La libertad para los que por ella combaten es algo que se alcanza única e irremediablemente en la medida en que todos los pueblos son libres. Si, como decíamos al principio, Martí es, por su obra, por su acción, por su ejemplo, una figura universal, universales han de ser los objetivos que este hombre enorme trazará en su vida, tan corta como heroica.

Estará incompleta la obra de Martí, como estará incompleta la obra de Betances, Luperón, Bolívar, Lenin, Che y tantos otros, mientras haya un solo pueblo, ¡uno solo!, que sufra las consecuencias de la opresión. Y después, todavía seguirá vigente Martí en la construcción de las nuevas sociedades, señalándonos, lo mismo con su verbo vibrante y combativo que con su verso amoroso y tierno, el camino a seguir para alcanzar la felicidad de nuestros pueblos.

Ahora, como hubiera querido Martí, nos pondremos al servicio de la Patria—que es América y es el mundo por rescatar de las manos enemigas—saldremos “desnudos a que el viento se lleve las carnes, y las fieras se beban el hueso”, a impedir que pase el gigante de las siete leguas; en la marcha unida nos sostendremos y, porque la patria lo merece todo, todo le ofrendaremos.

*Este ensayo fue originalmente una ponencia presentada en el evento celebrado en La Habana—donde fungía entonces como Delegado de la Misión de Puerto Rico en Cuba—en ocasión del 130 aniversario del nacimiento de José Martí. Rindo homenaje aquí al inolvidable compañero Ramón de Armas (1939-1997), quien me fuera asignado entonces como asesor en la atrevida tarea que me habían encomendado de escribir y reflexionar sobre el Apóstol cubano. Luego de aquel ejercicio de precocidad-mía, que no de Ramón-del que salimos con vida, nos hicimos grandes amigos.

Madre América

La traición de Cochrane

Sergio Guerra Vilaboy

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El 6 de octubre de 1821 el almirante inglés Lord Thomas Alexander Cochrane (1775-1860), jefe de la flota que había traslado el año anterior al Virreinato del Perú al Ejército Expedicionario del general José de San Martín, sublevó la escuadra, que tenía bandera de Chile, argumentando el atraso en el pago de sus servicios, y se la llevó rumbo norte. La traición de Cochrane fue un severo golpe a la causa de la independencia y debilitó al gobierno de San Martín como Protector de la Libertad del Perú.

Después de merodear con su flota por las costas de México y otros territorios hispanoamericanos del Pacifico, atacando barcos y guarniciones españolas, Cochrane volvió a Chile en junio de 1822, donde trató de indisponer a su gobierno con San Martín. Fracasado en sus propósitos, se puso a las órdenes de Pedro I de Brasil, que contrataba oficiales y soldados desmovilizados de las guerras napoleónicas. Además de dirigir la escuadra imperial brasileña en operaciones contra los portugueses, el almirante británico también reprimió a los republicanos de la Confederación del Ecuador, formada en Pernambuco en 1824, sublevados contra el absolutismo de los Braganza, por lo que fue gratificado con el título de marqués de Maranhao. Luego estuvo en Grecia entre 1827 y 1828, con los independentistas que luchaban contra el imperio otomano, para después dejar sus aventuras, al servicio del mejor postor, para regresar a su tierra natal.

Nacido en Escocia en 1775 en una familia arruinada de la nobleza, a los doce años se había enrolado como tripulante en la marina de guerra británica, donde tuvo una carrera meteórica y ganó cierta notoriedad. Se distinguió en las guerras napoleónicas y llegó a capitán de la armada real y a tener un escaño en la cámara de los lores. Acusado de un mega fraude en la bolsa de valores de Londres, fue expulsado en 1817 de la marina y el parlamento, despojado de condecoraciones, títulos e incluso condenado a prisión. Liberado, puso un aviso en un periódico para conseguir trabajo, anuncio que leyó un representante de San Martín, que lo contrató junto a otros oficiales y marineros británicos.

Al año siguiente, fue recibido por el Director Supremo de Chile, Bernardo O´Higgins, quien organizaba junto con San Martín la campaña para la liberación del Perú, recibiendo el grado de vicealmirante de la naciente flota nacional y la ciudadanía chilena. Además de contribuir a la ocupación de la base naval española más poderosa del Pacífico en Valdivia, el 3 de febrero de 1820, la escuadra de Cochrane transportó unos meses después al ejército de San Martín al Perú. En El Callao encerró a la flota enemiga y en sorpresivo combate naval se apoderó de la fragata Esmeralda, buque insignia de la marina española.

Pero Cochrane no era un patriota desinteresado, sino un mercenario obsesionado por recuperar su fortuna, por lo que cada vez que se apoderaba de una embarcación exigía su botín como si fuera un simple corsario, lo que San Martín no admitió. El tema fue enturbiando la relación entre los dos jefes militares, sobre todo desde agosto de 1821, cuando la situación hizo crisis al apoderarse sin autorización de recursos públicos del gobierno que estaban en una goleta anclada en Ancón. Indignado por el robo, San Martín le ordenó el 15 de septiembre que “restituya, a bordo de los respectivos buques, las propiedades que han sido tomadas de ellos por pertenecer, las más, al gobierno y las otras a los particulares que se hallan bajo mi protección.” Distanciados por el grave incidente, el almirante inglés, declarado en rebeldía, zarpó con la escuadra bajo su mando integrada por dos fragatas, una de ellas la propia Esmeralda, una corbeta, un bergantín y una goleta, lo que mereció el lapidario comentario de San Martín: “Este Lord metálico, cuya conducta puede compararse al más famoso filibustero”.

En 1828, enriquecido y de regreso en Londres, recibió cuatro años después el perdón de la reina Victoria por el fraude cometido y se le permitió heredar el título de conde de Dundonald y recibir el rango honorífico de contraalmirante de la marina real. Al morir con 85 años de edad fue enterrado con honores en la Abadía de Westminster y sobre su tumba se puso la inscripción “Libertador de Chile y Perú”. Quizás, como anota el historiador argentino Norberto Galasso en su biografía de San Martín Seamos Libres y lo demás no importa nada (2009), en reconocimiento al mercenario inescrupuloso que contribuyó a la expansión del imperio británico.

Adenda

Sirvan estas líneas para despedirme de los queridos lectores de la revista digital Informe Fracto y, en particular, de su sección Madre América, que invoca el nombre de un texto paradigmático de José Martí. Quiero agradecer en especial al doctor Carlos E. Bojórquez Urzaiz por la oportunidad brindada, desde abril de 2019, para colaborar en esta aventura del periodismo mediático, que me ha abierto nuevos horizontes. La publicación de más de doscientas cincuenta notas cortas, dos semanales, sobre temas desconocidos, insólitos o mal contados de la historia de América Latina, fue un verdadero desafío. No sólo para mantener una entrega regular y puntual, sino también conseguir que atrajeran a un público amplio y exigente, que de una ojeada pudiera leerlas en sus celulares. Gracias a Informe Fracto, y su excelente equipo editorial, algunas de esas notas aparecen en sendos libros publicados en Chile, lo que reconoceré siempre.

Sergio Guerra Vilaboy

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Madre América

El Manifiesto de Montecristi: Desarrollo del pensamiento nacionalista en el mundo colonial

Julio A. Muriente Pérez

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Con fecha del 25 de marzo de 1895-treinta días después de iniciada la guerra de independencia en lo que se conoce como el Grito de Baire- este es el manifiesto de una guerra anunciada, casi dos décadas después de firmada la paz de Zanjón, en Cuba. Por lo menos cuatro asuntos relevantes  contiene el Manifiesto de Montecristi—suscrito en la ciudad dominicana de ese nombre– que se reiteran de principio a fin:

1-La anunciación de la guerra, necesaria e inevitable;

 2-La crítica y distanciamiento de las guerras de independencia de América Latina a principios del siglo XIX;

3-La reafirmación de que Cuba cuenta con las condiciones necesarias para convertirse en una república independiente;

4-La diferenciación entre las poderosas fuerzas militares y económicas españolas que hacen inevitable la guerra, y el pueblo o las masas, incluyendo a los españoles que residen en Cuba y los soldados que son enviados a combatir a los cubanos.

No es corto en calificativos su autor, José Martí, para referirse a la guerra anunciada, cuyo objetivo es, según afirma, el saneamiento y la emancipación del país, para bien de América y el mundo. Será una guerra civilizada, juiciosa, no vengativa, ordenada, moderada, indulgente, fraternal, sin odios, respetuosa, piadosa, culta, pensadora y magnánima, sana y vigorosa,  dador de vida plena, “revolución del decoro, el sacrificio y la cultura digna”, no la ineficaz y desautorizada del extranjero. Inflexible solo con el vicio, el crimen y la inhumanidad.

Tienen claro los firmantes-el Delegado del PartidoRevolucionario Cubano (PRC) José Martí y Máximo Gómez, patriota dominicano que sería General en jefe del Ejército Libertador-cuál es su aspiración política: una república democrática y popular, la fundación de un pueblo, fruto de una ‘fusión sublime’; una ‘república moral’ y un archipiélago libre; un pueblo conocedor de la práctica  moderna del gobierno y el trabajo.

Es un discurso de su tiempo, influido por la modernización y articulado en momentos en que en Europa se consolidan naciones y nacionalidades. Tenemos aquí algunos anacronismos que confluyen. De un lado la colonia que quiere seguir el rumbo republicano de las naciones europeas. Pero al mismo tiempo esa colonia difícilmente puede mirarse en el espejo de la metrópoli española para tomar ‘prestado’ o mimetizar aspiraciones nacionales y sociales.

Lo cierto es que España no parece ofrecerle un modelo a los revolucionarios cubanos, no sólo porque se trata de la potencia que intenta impedir la independencia de la colonia, sino porque aquella España se ha quedado a la retaguardia del desarrollo de los tiempos.

Para los manifestantes de Montecristi, España es lenta, desidiosa, viciosa, con un ‘trono mal sujeto’, inepta, corrupta, una ‘monarquía inerte y aldeana’. España es lo viejo en todo sentido. De ahí que en el documento  se recaba el apoyo de los españoles, no sólo por la relación filiar hijos-padres que se establece allí, sino que se argumenta que, después de todo, la masa es también víctima en la metrópoli de los mismos que sojuzgan a los cubanos en la colonia.

Esa distinción pueblo oprimido-gobierno opresor, trasladada ahora al propio pueblo español, es una de las expresiones más  lúcidas por lo profunda, de este documento. Pero, claro, no se trataba del poderoso y moderno imperio británico que dominaba en la India y en buena parte del planeta, cuna de la Revolución Industrial y dueña de los mares, además que escenario del avance republicano y liberal. Por lo que, es de suponer que la aportación del imperio español al discurso ideológico de los revolucionarios buenos-republicanos y demócratas-se daría por la vía de la negación, apropiándose en vez de la experiencia de Inglaterra, Francia y otras naciones europeas donde sentaron sus bases las ideas ‘modernas’ del siglo XIX.

Ese deslinde ideológico es notable también en la caracterización que se hace en el Manifiesto de Montecristi de las luchas de independencia de América Latina, a principios del siglo pasado. Se dice que de esas luchas surgieron ‘repúblicas  feudales y retóricas’, se critica el mimetismo pasivo de moldes extranjeros, la inexperiencia de las elites cultas que dirigieron el proceso independentista y que estaban amarradas a las costumbres de la colonia, que abandonaron a su suerte a los indios y han dado como resultado repúblicas atrasadas económicamente.

Antes que Mariátegui en sus Ensayos, ya Martí está señalando las carencias fundamentales de las naciones nacidas de aquellas luchas decimonónicas y aclarando que esa no es su aspiración para Cuba; reflejo del carácter selectivo que hace el colonizado de las ideas de su época,  emanadas de Europa en lo fundamental, para construir su propio discurso diferenciador. Para no dejar de serlo, lo es hasta de las colonias cuyas luchas le han precedido en el tiempo.

Pero Cuba ya es, en opinión de Martí y de quienes respaldaban del Manifiesto de Montecristi, cívica y culta, benigna y moderna, con convicciones democráticas y nacionalidad definida, fruto de la unión de diversos grupos y sectores. A riesgo de la utopía que pueda estar implícita, se habla allí del pueblo cubano  como uno homogéneo y unido en el propósito republicano; capaz de hacer la revolución y transformarse en una sociedad superior. Superior incluso a la sociedad de la metrópoli.

Tanta seguridad proyectan estos que anuncian la guerra,  que definen su patria como eje del comercio mundial, crucero del mundo y a ellos mismos como fundadores de la patria y la nación.

Este es un ejemplo de lo que Chaterjee denomina nacionalismo positivo, es decir,  un nacionalismo que se convierte en instrumento de liberación, en herramienta para dar el salto del colonialismo a la república. Es la típica formación nacional que se da en el marco colonial, lo que suele ocurrir en el mundo no europeo y particularmente en el mundo dominado por Europa.

Ocurre además una contradicción que evidentemente es aprovechada por los revolucionarios cubanos en su favor. El atraso histórico de no haber alcanzado la independencia en las primeras décadas del siglo XIX, frustrando las aspiraciones bolivarianas en ese sentido, le ha permitido a los cubanos aprender de los errores y desaciertos de aquellas primeras naciones latinoamericanas. Mientras tanto, se iban articulando los cimientos de la nacionalidad, forjándose una literatura y unas tradiciones diferenciadoras de la metrópoli, que desembocarían en la Guerra de los 10 años y en la conflagración que estaba por iniciarse a mediados de los noventa.

O sea, que fueron madurando las condiciones que daban forma a la nacionalidad, las pugnas económicas con la esclavitud negra, cuyas contradicciones fundamentales Martí da por resueltas en el Manifiesto, la cubanización de la lengua ‘materna’ y el deslinde de aspiraciones políticas y sociales con la metrópoli.

Se va forjando la tradición de una nación que ya es y que a la vez esta por ser. Pero es la visión del porvenir, que tiene como bandera la modernización, la occidentalización en su sentido mas liberal. Todo ello en el marco de una lucha revolucionaria que se planea, y que se pretende que sea revolucionaria no sólo por lo que de revolucionario tenga pasar de la colonia a la república, sino por el pliego de definiciones que tendrá esa guerra-ya lo hemos mencionado al principio-que deberán moldear luego la nación independiente que aflore de la guerra.

El rechazo claramente expresado en la crítica a las luchas del siglo XIX, a la concepción elitista de la lucha anticolonial y revolucionaria, y en su lugar el reconocimiento de que es el pueblo todo el que aspira a la libertad-por más  que sea idealización del puebl-acerca a Martí y al PRC al reconocimiento de que sólo con el respaldo y la participación popular se puede alcanzar la victoria. No se refiere el Manifiesto a una clase social en particular y al hablar de los económicamente poderosos se refiere a los españoles; pero sabemos cuantas diferencias y problemas tuvo que enfrentar Martí con los señores tabaqueros cubanos, sobre todo en el exilio en Estados Unidos. No obstante, en el discurso nacional se obvian esas contradicciones para enfrentarse monolíticamente a la metrópoli, que se intenta quebrar entre opresores y oprimidos.

Es posible identificar claves de interpretación del discurso plasmado en el Manifiesto de Montecristi: una España monárquica y atrasada, una América Latina independiente a medias; unos Estados Unidos arrebatadores y en pleno apoderamiento del Caribe antillano y centroamericano; Cuba con una condición económica y social madura para el cambio, significativamente autosuficiente y estable; la experiencia de los fundadores de la patria, en el exilio y en el propio país; un grupo letrado que ha reconocido la necesidad de unir la teoría a la acción de las masas para materializar sus aspiraciones políticas nacionales.

En esas circunstancias, cabría pensar con Martí que esa guerra anunciada era tan necesaria como inevitable.

Sustraído del reformismo, el discurso independentista y revolucionario según expuesto en el Manifiesto, podría asegurar el aprovechamiento de los avances de las nuevas y viejas metrópolis, desechando lo inútil y particularmente asegurando la autodeterminación como objetivo inalienable. Quizá por eso el discurso revolucionario martiano sigue teniendo vigencia para muchos, especialmente para quienes viven en condiciones del viejo o el nuevo colonialismo.

La lectura de este documento constituye una experiencia iluminadora. Es una valiosa posibilidad para la introspección, un atentado contra el insularismo que a veces nos hace sentir aislados y náufragos, como si la nuestra fuera una situación sin precedentes.

Ha sido además un recordatorio de la urgencia de que volvamos continuamente a la historia, a los primeros procesos en que se ha constituido la nacionalidad, hayan sido estos en Europa o en las colonias, algunas de las cuales todavía, en vísperas del siglo XXI, están por escribir sus manifiestos.

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Madre América

Primero los pobres, son los migrantes haitianos

Adalberto Santana

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En este año de 2021 un acontecimiento que llama la atención en todo el orbe y que lo cubren diversos medios de información y genera diversas opiniones, son los nuevos casos de la migración irregular, migración forzada y/o económica, autoexilio o simplemente exilio político o social. También parecería una diáspora o destierro de amplios sectores del pueblo haitiano. Drama del pueblo que fue el primero que se liberó del colonialismo europeo en nuestra América. Sin embargo,  hoy soporta la indiferencia o peor todavía, la represión de los aparatos represivos de los estados latinoamericanos  al alentar  la marginación  social en su drama migratorio.

En la frontera sur de los Estados Unidos, ahí en su límite lindante con México, donde convergen del lado texano Del Río  y Ciudad Acuña en el estado mexicano de Coahuila, se acumulan miles de migrantes haitianos (hombres, mujeres y niños). Algunas estimaciones hablan de más de 14 mil ciudadanos caribeños. Es el drama de  la migración del país más pobre de América Latina y el Caribe. El que ha sufrido en los últimos tiempos el magnicidio de su presidente, la violencia de las bandas delincuenciales y de los fenómenos naturales como los terremotos como el de 2010 y el más reciente del 14  agosto de 2021, pero también de tormentas y huracanes en este mismo año, los que finalmente desembocan en  desastres sociales. A la par de todo ello, los migrantes son reprimidos por los rangers texanos que nos recuerdan en el drama de sus imágenes, la era de la esclavitud en el sur de los estados de la tristemente  “Cofederate State of America” (“Estados Confederados de América”) que existió de 1861 a 1865. Esta tenía como característica más notable ser una asociación de gobiernos esclavistas. Pero la policía migratoria mexicana, Instituto Nacional de Migración (INM) no se queda muy atrás. El instinto segregacionista y represivo de los agentes migratorios que tienen fama de corruptos y por sus nexos con el crimen organizado. Especialmente con las redes de la trata de seres humanos que operan en la economía sumergida donde fluyen grandes ríos de dinero, productos del mercantilismo de la mafia migratoria (“coyotes o polleros”), ponen al gobierno de la llamada Cuarta Transformación (4T)  en un predicamento.

Haciéndose eco en defensa de los migrantes haitianos y de otros países latinoamericanos y del mundo que buscar transitar por territorio mexicano rumbo a los EU, los Diputados del Parlamento Europeo, especialmente los eurodiputados de la Izquierda Europea y del Grupo de los Verdes, han reclamado por el cambio de la política migratoria mexicana que “comenzó con una política migratoria de puertas abiertas y de garantías para la regularización para las personas que ingresaban, principalmente, por la frontera sur”, pero que cambió “a partir de la presión económica ejercida por el gobierno de Estados Unidos en junio de 2019”  (La Jornada, 24/sept./21).

Dicha política, en palabras del represivo del Jefe del INM, Francisco Garduño Yañez, expresadas en un tono anti derechos humanos y con total desparpajado, dignas de la ultraderecha, a la pregunta que si México es un país de fronteras abiertas, respondió: “-No, nunca lo ha sido, y no hay país con fronteras abiertas, todos tienen condición migratoria. Válgase el ejemplo, que no es similar, pero hasta en el cielo hay control migratorio…” Y al preguntarle: -¿Ni por cuestión humanitaria?, llegó a responder: “-NO, hay una condición para poder entrar al país” (La Jornada, 23/sept./21).

Así, las reiteradas imágenes de los migrantes haitianos, centroamericanos y de otras partes del mundo por suelo estadounidense y mexicano, cuando son golpeados por los rangers texanos o por los agentes migratorios de la 4T, hacen todavía más crudo el drama migratorio de los pueblos más vulnerables de nuestra América. Lo testimonian los mismos migrantes como Claudia quien acompañada de su pequeño hijo de cuatro años, denunciaba: “-Regresar a Haití es condenarnos a muerte; no hay seguridad, en ningún lado, no hay comida, ni trabajo, ni atención médica. Queremos quedarnos en México y llegar a Estados Unidos para trabajar; no queremos hacerle daño a nadie” (ibíd.). Asimismo,  Médicos Sin Fronteras han denunciado en un comunicado sobre el drama haitiano tanto en la frontera norte y sur de México, que “… es insostenible y de una vulnerabilidad extrema debido al fracaso de las políticas de asilo y las continuas deportaciones. En ese sentido, consideramos lamentable la decisión de retornar a la fuerza a cientos de personas en vuelos directos a Haití, de donde vienen huyendo debido a la crisis que afecta desde hace décadas al país” (Ibid). Esa organización también ha sufrido el hostigamiento de los agentes migratorios mexicanos.

En diversos países latinoamericanos, ya sea en el norte de Sudamérica y por Centroamérica, el éxodo de esos ciudadanos haitianos que proceden de Chile, Argentina y Brasil, buscan seguir subiendo al norte. Se estima que en Colombia se ubican unos 19 mil migrantes. En lo que va del año entre Colombia y Panamá, por la selva del Darién han cruzado miles de personas en lo que va de 2021. La migración irregular o exilio económico y social, es un fenómeno político que sigue siendo una constante en la realidad de gran parte de los países de nuestra América. Hoy en día los migrantes de esas enormes caravanas son los más vulnerables de nuestros pueblos, carecen de empleo, vivienda, atención médica y sufren hambre y pobreza. Pero también son los más expuestos a la corrupción de las autoridades migratorias y su perversa asociación con la delincuencia organizada.  Es uno de los drama más impactantes de nuestra América, a la  cual la derecha latinoamericana no le interesa ni le preocupa en lo más mínimo.  Para la izquierda oficial, parece que le es un tema marginal. Sin embargo, para las organizaciones de la sociedad realmente comprometidas con los más vulnerables y para las comunidades religiosas que apoyan a los migrantes en su diáspora, se ha convertido  es un deber moral y humano digno de elogiar pero también de apoyar y solidarizarse con los más humildes: primero los pobres que hoy son los migrantes haitianos.

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