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Voz desde la Paz

Apuntes para explicar el triunfo popular del MAS en Bolivia

Carla Espósito Guevara

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El 18 de octubre pasado, después de 11 dolorosos meses de un gobierno nefasto, el pueblo boliviano acudió nuevamente a las urnas para elegir un presidente legítimo y un nuevo órgano legislativo. Los resultados sorprendieron a propios y extraños. El binomio Arce-Choquehuanca del Movimiento al Socialismo (MAS) sacó la aplastante mayoría de 55,10% frente a 28,83% de Comunidad Ciudadana (CC), es decir, una diferencia de más de veinte puntos respecto al segundo, que dejó fuera de juego a los analistas electorales liberales que no previeron una diferencia de tal magnitud. ¿Cómo explicar semejante triunfo después del derrocamiento de Evo Morales un año atrás por fuerzas conservadoras que creyeron haber sepultado al MAS?

En efecto, el Movimiento al Socialismo emergió de las cenizas como el ave fénix, después de haber sido aparentemente derrotado en octubre pasado, tanto por el golpe de estado, como por un inédito movimiento social de corte conservador que acompaño ese golpe, autodenominado “la revolución de las pititas”, que fue un movimiento urbano que aglutinó sectores medios empresariales, iglesias, movimientos cívicos, militares y policías en torno al rechazo a la re postulación de Morales por cuarta vez a la presidencia y a la consigna burguesa de la alternancia.

Varias respuestas pueden ofrecerse para explicar el sorprendente triunfo del MAS. La primera, tiene que ver con el carácter de lo derrotado. Un gobierno de transición que llegó con la Biblia en una mano y las armas en la otra. Su acto inaugural fue la perpetración de dos masacres (Sacaba y Senkata), en las que el Ejército asesinó a mansalva a 37 personas, apresó a más de mil y torturó a decenas. Este acto criminal fue eufemísticamente calificado por el gobierno transitorio como “pacificación” del país.

A partir de este momento Bolivia entró en un estado de excepción caracterizado por la suspensión del estado de derecho, la violación a derechos humanos básicos y la libertad de prensa. Este gobierno convirtió la cuarentena en un estado de sitio a cuya sombra se ejecutaron los más viles actos de corrupción en plena pandemia. Los recursos del estado, en lugar de ser utilizados en salud, dadas las condiciones de la crisis sanitaria mundial, fueron invertidos en potenciar las fuerzas armadas, en las que se gastó dieciocho veces más que en gestiones anteriores, con esos recursos el gobierno también financió grupos para militares cuya función era atacar cualquier movilización de corte popular, mientras los hospitales carecían de material de respiradores, bioseguridad y pruebas médicas para enfrentar la pandemia.

Parte del estado de excepción fue el uso de un lenguaje de guerra por parte del gobierno para dirigirse a las organizaciones sociales populares convertidas en el nuevo enemigo interno. Calificadas como “terroristas” y “narcotraficantes” fueron criminalizadas y perseguidas, sobre este lenguaje el gobierno instaló una dicotomía basada en la oposición “salvajes–civilizados” que organizó una narrativa profundamente racista contra los indígenas y campesinos, cuyo fin era “poner a la indiada en su lugar”.

A estos elementos debe sumarse el pésimo desempeño económico del gobierno de transición. Las empresas estratégicas del Estado como Boliviana de Aviación, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, la Empresa de Telecomunicaciones, la empresa del Urea de Bulo Bulo, fueron llevadas a la crisis por actos de corrupción o cierres intempestivos inexplicables que produjeron una paralización económica, al cierre de cientos de fuentes de empleo y, consecuentemente, el debilitamiento del mercado interno y una caída del 11% del PIB que contrasta drásticamente con el crecimiento promedio de 4,5% del periodo anterior .

Con esta actuación el gobierno transitorio dilapidó el capital político que las fuerzas de derecha pudieron acumular durante la llamada “revolución de las pititas”, así como la posibilidad de convertirse en una alternativa política al Movimiento al Socialismo, provocando más bien un enorme rechazo popular al giro conservador. El descontento popular, aunado a la incertidumbre generada por la crisis sanitaria y económica, se volcó masivamente en las urnas explicando parte del triunfo del MAS.

La segunda razón que explica el triunfo del binomio Arce-Choquehuanca, se relaciona tanto con la campaña como con el contenido de lo democrático de los frentes en pugna. Los dos mayores contrincantes al MAS, (Comunidad Ciudadana y Creemos), organizaron sus binomios sobre la contradicción regional oriente y occidente, mientas el Movimiento al Socialismo lo hizo sobre la contradicción étnico-social. Esto determinó el tipo de campaña que enfrentaron. La ultra derecha encaró una campaña que resaltaba el conflicto regional, que fracasó, y en general toda la derecha realizó campaña desde las ciudades y barrios de clase media. Nunca se dirigieron al pueblo, jamás se reunieron con las organizaciones sociales y populares vivas del país, ni visitaron un mercado o un sindicato, a diferencia de Arce y Choquehuanca, quienes realizaron su campaña de cara a los sectores populares, en los barrios, mercados, distritos mineros, ciudades intermedias organizaciones campesinas e indígenas demostrando conocer mejor el país que sus contrincantes de derecha, así como mejores habilidades para comunicarse con los ciudadanos de a pie.

De ahí se desprende el tercer elemento que explica el triunfo popular del MAS,  su carácter popular, que lo convierte en una fuerza democratizante, en oposición a los partidos conservadores que continuaron empecinadamente en el ejercicio de lo que en Bolivia se conoce como la democracia Huayraleva (leva al viento), criollismo utilizado para calificar la democracia restringida a la órbita de los caballeros. Si hay una lección que deja esta última contienda electoral es que resalta el carácter popular de la democracia en Bolivia, su carácter autodeterminativo, que no obedece a la lógica de las élites, y que estas, encerradas en su señorialismo, parecen no poder comprender.

El triunfo del MAS ratifica el hecho de que la democracia en Bolivia sigue siendo la democracia de las masas. Esto explica el rechazo al resultado de las elecciones por los grupos radicalizados de la derecha, fundamentalmente oriental, que se niegan a reconocer el triunfo de lo popular. Como dijo en gran pensador Zavaleta Mercado, “El descreimiento de la burguesía en la democracia proviene de su fracaso en ella. Sin duda alguna prefiere, con un instinto obstinado, la vía más céntrica del golpe de Estado.

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