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Editorial

Social Progress Index 2019

José Miguel García Vales

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Cada año se publica el Social Progress Index, dedicado a medir el progreso social de 149 países. Este indicador internacional está respaldado por la empresa consultora Deloitte, The Economist y dos fundaciones: Skoll Foundation, creada por Jeff Skoll, el primer presidente de eBay, y la Fundación AVINA, dependiente del VIVA Trust. También cuenta con el sustento académico de profesores de las universidades de Harvard, Oxford y el MIT.

Para este índice, el progreso social se define como “la capacidad de una sociedad para satisfacer las necesidades humanas básicas de sus ciudadanos, establecer los componentes básicos que permiten a los ciudadanos y las comunidades mejorar y mantener la calidad de sus vidas, y crear las condiciones para que todas las personas alcancen su máximo potencial”. En ese sentido, considera que se deben medir tres dimensiones: 1) necesidades humanas básicas, 2) bases para el bienestar y 3) oportunidades.

De estas tres dimensiones se desprenden 12 componentes y 51 indicadores. Entre toda esta urdimbre de indicadores, no se mide ningún componente económico. El Social Progress Index mide exclusivamente “resultados” sociales y ambientales. Entre ellos la mortalidad materna, la población sin acceso a sanitarios, muertes por contaminación del aire en los hogares, asesinatos y muertes por incidentes de tránsito, matriculados por género en secundaria, acceso a telefonía móvil e internet, acceso a servicio de salud, emisiones de gases que causan el efecto invernadero, acceso a la justicia, acceso a anticonceptivos, discriminación o violencia hacia minorías, porcentaje de jóvenes matriculados en universidades pertenecientes a rankigs globales.

Esta muestra de indicadores, refleja que una vida con plenas capacidades implica seguridad peatonal, apostar por educación innovadora, que se emitan menos gases contaminantes por parte de industrias y hogares, que la sociedad sea incluyente con las minorías, que prevalezcan los derechos humanos y judiciales o se aprovechen las tecnologías digitales. Si bien el ingreso económico o el tamaño de la economía son importantes para lograr mejores capacidades, la evidencia demuestra que no todos los países con ingresos altos o suficientes logran ofrecer las mejores condiciones.

Esto se comprueba con el caso de Estados Unidos. El reporte de 2019 hace un comparativo de cómo se ha movido los indicadores desde 2014 que se hizo por primera vez este ejercicio de medición. Estados Unidos se sitúa en el lugar 26 cuando su ingreso per cápita lo situaría en la octava posición mundial. En 2014 se encontraba en el lugar 16. Sin embargo, “también es un caso atípico entre sus pares, ya que es uno de los únicos cuatro países que ha visto una disminución en el progreso social desde 2014 (junto con Nicaragua). El deterioro más significativo ha sido en Inclusividad (-8.62), Seguridad personal (-6.54) y Derechos personales (-4.44).  También ha habido una disminución en la salud y el bienestar (-1.00). Parece que la era Trump está haciendo que a estados Estados Unidos le vaya peor.

México ha tenido un comportamiento de vaivenes. En 2014 ocupaba la posición número 54 con una calificación global de 66.41. En 2017 alcanzó la posición 48 con una calificación de 71.93. En 2019 retrocedió a la posición número 55 con una calificación de 71.51. Es decir, por la calificación global se puede concluir que México ha mejorado en ciertos indicadores, pero otros países los hacen aún mejor. También es significativo que somos el lugar 54 por ingreso per cápita. En este caso, hay una total correspondencia entre el comportamiento económico y los avances sociales y ambientales. Nuestros principales problemas están en seguridad, educación, corrupción, género, servicios de salud y muertes por contaminación del aire. Por el contrario, los mejores comportamientos son gobierno electrónico, aceptación de gays y lesbianas, universidades en rankings internacionales y estudiantes matriculados en ellas.

Ahora bien, de acuerdo al reporte, si el mundo fuera un país tendría el mismo nivel que China y Arabia Saudita, con una calificación de 64.47 en el lugar 90. Y es que la brecha entre el país mejor posicionado, Noruega (90.95) y Sudán del Sur (24.44) es de 66.51 puntos. China, en definitiva es un buen ejemplo del índice global, pues el gigante asiático ha logrado mejorar en el componente de necesidades humanas básicas (81.33), en bases del bienestar supera por poco el nivel aprobatorio (68.85), pero derrapa en oportunidades (43.41). Esto quiere decir, que los ciudadanos tienen menos capacidad de gozar y ejercer sus derechos personales, libertad personal y de elección, sociedades incluyentes y acceso a educación avanzada. Justo en donde Estados Unidos está retrocediendo.

El resultado del Social Progress Index 2019, debe ser una alerta para que gobiernos nacionales, estatales y municipales entiendan que las sociedades que mejor viven son aquellas que tienen servicios públicos de calidad, invierten en educación y medio ambiente y respetan los derechos de todas y todos.

El pasado nos alcanzó

Un murciélago en la sopa

Ricardo Maldonado Arroyo-

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Salud y enfermedad son conceptos que no pasan únicamente por las lentes inertes de un microscopio, sino que tienen como marco de referencia percepciones y emociones humanas. No sorprenda, entonces, que el Covid-19 despierte miedos y divida opiniones. Tampoco que, sin importar la solidez del actual conocimiento científico, aspectos culturales determinen la manera de comprender cómo y a quiénes afecta esta enfermedad. Antes de que se expandiera más allá de China, surgieron publicaciones formales e informarles que relacionaban el origen del Sars-CoV-2 con el consumo de sopa de murciélago en la ciudad de Wuhan. Esto desencadenó desde bromas hasta agresiones xenofóbicas y racistas. Si bien en México ha sido más usual lo primero, también se han dado situaciones de rechazo a personas que “parecen” chinas (aunque la mayoría son connacionales).

Desde la diáspora del siglo diecinueve, los inmigrantes chinos se han percibido como una amenaza y, por extensión, sus hábitos alimenticios. Han sido rechazados lo mismo en Estados Unidos que en Australia. En México este rechazo obedeció al proyecto nacionalista que promovió el mestizaje como parámetro racial. Cabe subrayar que en el mestizaje la raíz española tenía preponderancia sobre la indígena. Para la población indígena, volverse mestiza significaba abandonar su lengua, costumbres e instituciones. De igual forma, otras nacionalidades racializadas se volvieron indeseables para este proyecto que aspiraba al blanqueamiento. Entre las décadas de 1920 y 1930, hubo leyes y circulares que impidieron el ingreso al país de afroamericanos, chinos, judíos, inmigrantes de Medio Oriente, África y Europa del Este.

A los inmigrantes chinos se les atribuía cierta degeneración racial por su estatura y pliegues en los ojos que podría derivar en un fenotipo similar al de los pueblos indígenas, precisamente el que el mestizaje trataba de evitar. También fueron y siguen siendo percibidos como mano de obra barata que desbanca a los trabajadores locales. Hubo en Sonora y en la Ciudad de México tal grado de xenofobia que se fundaron organizaciones antichinas. Al respecto, son comparables las imágenes de publicaciones posrevolucionarias que reproducían estereotipos de la población china con los memes que actualmente circulan en redes sociales, en los que se hace mofa de sus rasgos culturales y aspecto físico (v.g. todos los chinos se parecen).

Con la imagen racializada de la población china se gestó igualmente un racismo culinario. Desde los primeros contactos de comerciantes y dignatarios europeos con población china se le estigmatizó por incluir en su dieta caballos, gatos, murciélagos, perros, serpientes, ratas y otros animales calificados de exóticos o aberrantes. Hoy que el Sars-CoV-2 parece provenir de murciélagos estos estereotipos se refuerzan. Debido a que nuestros prejuicios están tan naturalizados, es necesario recalcar que lo extraño depende de nuestra perspectiva cultural: en Ghana y Filipinas también comen murciélagos; en Francia, caballos; en Tailandia, India y Vietnam, ratas; en Corea del Sur, gusanos y pulpos vivos, en Emiratos Árabes Unidos, camellos; en Suiza, perros y gatos. La lista es interminable. Y no se diga México donde se consumen chapulines, cocodrilos, gusanos, iguanas, ranas, ratas de campo, serpientes, tortugas y, en general, todo lo que el ambiente provea. En contraparte, algunas religiones prohíben carne que habitualmente consumismos: los hindúes no deben comer res, judíos y musulmanes no deben comer cerdo.

Una vez aclarado que lo comestible depende, en gran medida, del filtro cultural, también es necesario señalar que los estereotipos sesgan la realidad de un país de población heterogénea y territorio vastísimo. El hecho de que en Wuhan se consuma sopa de murciélago no quiere decir que todos los habitantes de China lo hagan. Mucho menos que comer murciélago (por repugnante que parezca) sea la única manera de exponerse a nuevos patógenos. Los virus de la gripe aviar subtipos H5N1 y H7N9 se han relacionado con aves de corral y la influenza AH1N1 con los cerdos. Sí, pollo y cerdo, lo más habitual en nuestra mesa. Además, hay otras enfermedades transmitidas por comer productos cárnicos y vegetales. En general, todo de lo que el ser humano se alimenta entraña un riesgo potencial, no sólo por comerlo, sino por manipularlo.

Por ejemplo, de ser cierta la hipótesis de que el nuevo Coronavirus pasó del murciélago al ser humano, es probable que esto haya sucedido antes de ingerirlo, es decir, durante su caza y manipulación. ¿Entonces debemos comer todo lo que camine, nade o vuele? No necesariamente, eso dependerá del conocimiento que tengamos de las especies que consumimos (algunas, definitivamente, no son recomendables) y, sobre todo, de la forma en que preparamos los alimentos, donde entra en juego la higiene. El sesgo hacia ciertos platillos chinos radica en no saber diferenciar lo anterior de aquello que nos resulta culturalmente inaceptable. La pandemia que vivimos ha demostrado, una vez más, que el murciélago en la sopa es una metáfora de nuestros temores que nadan en un mar de prejuicios.

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Editorial

¿Ha perdido el toque el gobernador Vila?

Mario Alejandro Valdez

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Pese a que su victoria en julio de 2018 fue muy apretada, y en gran medida impulsada por factores externos, como el “efecto AMLO” y la adhesión de la corriente priísta liderada por Celia Rivas, es indudable que Mauricio Vila asumió el cargo con la aprobación mayoritaria de la población yucateca. Su juventud, agradable presencia y buen desempeño en la alcaldía de Mérida le valieron esa aceptación. Conocedor del sentir popular, incluso el presidente López Obrador lo llenó de elogios y lo puso como modelo nacional de gobernador, pese a pertenecer a la trinchera ideológica opuesta. Vila correspondió evidenciando una cercana relación con el tabasqueño en aquellos primeros tramos de la encomienda de ambos funcionarios.

Pero pronto empezaron a aparecer nubarrones en el horizonte. El gabinete de Vila fue altamente decepcionante, ya que sólo incluyó a un pequeño grupo de especialistas con suficiente perfil, y en cambio está plagado de representantes de los grupos panistas, así como de empresarios sin experiencia en la administración pública ni mucho menos sensibilidad social. Luego vino aquella estúpida campaña para desaparecer el ISSTEY, que lo confrontó con el 90 por ciento de la burocracia estatal, para rematar con los “impuestazos” y el proyectado reemplacamiento, que lastimaron aún más su imagen, e hicieron brotar severas protestas en su contra. También abonaron en su descrédito la represión a las luchas feministas, el desprecio a los derechos de la comunidad de la diversidad sexual y, finalmente, la dura represión a la manifestación del 19 de enero pasado.

La pandemia de COVID-19 pareció relanzar su figura al hacer anuncios impactantes, como adelantar el cierre de escuelas y de trabajos no esenciales, la adquisición de ventiladores y diverso equipo médico, y el ágil establecimiento de hospitales temporales en Mérida y Valladolid. Una primera propuesta de endeudamiento lo volvió a poner brevemente en el ojo del huracán, pero, al ser derrotada en primera instancia con la oposición del PRI, el asunto entró al olvido, en el contexto social monotemático de la amenaza del coronavirus.

Pero como si de una maldición se tratase, las decisiones de Vila volvieron a tornarse en su contra. Una impensada Ley Seca, supuestamente decretada para prevenir la violencia hacia mujeres y niños, provocó el enojo de las mayorías y, más grave aún, el surgimiento de una epidemia de intoxicaciones por consumo de alcohol adulterado, todo ello sin disminuir los hechos de violencia, al decir de las organizaciones independientes. Mientras tanto, el mercado clandestino de alcohol, que había disminuido sensiblemente ante el aumento de horarios y sitios legales de venta, se robusteció rápidamente, algo que, en medio de la tragedia de los fallecidos por intoxicación, sin duda ha enardecido más los ánimos contra el gobernante.

En ese contexto, Vila retomó su plan de deuda de largo plazo, negociándolo con el desaseo que comentamos la semana pasada con la cúpula priísta. Algo salió mal, porque a pesar de las negociaciones, le faltaron tres votos al proyecto para ser aprobado. Aún no se había terminado de conocer esta noticia, cuando el gobernador ya estaba grabando un atronador mensaje, llamando al linchamiento político de quienes impidieron el endeudamiento, que había sido rechazado por una gran parte de la opinión pública.

El combativo mensaje mediático, lanzado justamente en el día de mayor expansión y fatalidad de la pandemia en Yucatán, disgustó incluso a la cúpula panista. Veteranos militantes de Acción Nacional, conocedores de los intríngulis de la política local, no se aguantaron e hicieron un llamado por redes sociales a “dejar de brincar con un suelo tan parejo”, ya que no parece empresa difícil conseguir los tres votos faltantes haciéndole algunas enmiendas al proyecto original. De hecho, el empréstito NO se rechazó propiamente, sino se regresó a comisiones para su “enriquecimiento”.  (Del proyecto, no de los diputados).

El antes sonriente y popular gobernador parece haber perdido el toque. Confrontado con varios sectores, manejando un discurso intolerante y reaccionario, rebasado por la gravedad de la crisis sanitaria y provocando enojos incluso en el interior de su partido, Vila está de nuevo en una posición frágil. ¡Y eso que el sexenio está apenas en su primer tercio! ¿Podrá recuperar su poder seductor?

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A propósito de…

Confinados con el enemigo

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de la idea de que el hogar es un lugar seguro en situaciones como la que impone la presencia del coronavirus en el mundo, es necesario considerar que en nuestro país la violencia intrafamiliar es un problema que afecta a una gran cantidad de mujeres, niñas, niños y adolescentes, por lo que lejos de sentirse a salvo en casa, se encuentran atrapados con el enemigo.

En Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) difundió la publicación “Protección de la niñez ante la violencia. Respuestas durante y después del Covid-19”, en la que se plantean varias medidas que el Estado debe implementar, como garantizar el acceso a los servicios de atención y apoyo para los menores así como crear alternativas de alojamiento y mecanismos de alerta para prevenir las agresiones.

El aumento en los niveles de estrés, la inseguridad económica y alimentaria y el confinamiento han elevado radicalmente los niveles de violencia doméstica en México y se requiere de acción inmediata para proteger a la infancia y adolescencia afectada, señaló. Y evidenció que durante la contingencia, se han registrado 115,614 llamadas de emergencia al 911 por abuso sexual, acoso sexual, violación, violencia de pareja y violencia familiar. El número de reportes recibidos en marzo es 28% superior al de enero pasado y 22% mayor al de febrero.

El organismo internacional enfatizó que 6 de cada 10 menores de uno a 14 años sufren maltrato en su hogar, situación que empeora por el confinamiento. Además, en marzo se recibieron 22,628 llamadas por violencia de pareja,  lo cual representa un crecimiento de 23% respecto a  febrero y 33%  más que en enero.

En contraste, al posicionarse al respecto, el presidente Andrés Manuel López Obrador, aseguró el 6 de mayo que “la familia en México es excepcional, es el núcleo humano más fraterno, esto no se da en otras partes, lo digo con todo respeto, o sea, son de las cosas buenas que tenemos”

Aunque el titular del Ejecutivo mantiene una posición que desestima la gravedad  tanto de la violencia de género como de la intrafamiliar, la Red Nacional de Refugios informó que los reportes recibidos han registrado un incremento de más del 80 por ciento y las solicitudes de asilo en estos espacios han aumentado 30 por ciento. Casi la mitad de las llamadas corresponden a la Ciudad de México y el Estado de México

Algunas cifras evidencian que, no obstante las ideas idílicas respecto a la familia mexicana, “el hogar” puede ser terrorífico: UNICEF informa que en México, 63% de niñas, niños y adolescentes ha experimentado al menos una forma de castigo psicológico o físico en casa; cada día 34 niñas son embarazadas en hechos de violencia sexual, ocurrida principalmente en el seno familiar, según datos del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres)

En su sitio oficial, Inmujeres advierte: “Con la puesta en marcha de las medidas destinadas a contener la pandemia del COVID-19, las mujeres nos encontramos más expuestas a vivir actos de violencia doméstica

El Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, informó  que la violencia contra mujeres y menores de edad dentro de los hogares aumentó en un 120% desde que se declaró la emergencia y confinamiento, el 23 de marzo.

Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en el Hogar elaborado por ONU Mujeres México, casi el 80% de ellas han sufrido violencia; en el  52% por ciento de los casos, la agresión proviene de la pareja. Sin embargo, casi el 79% de estas mujeres no buscan apoyo institucional ni presentan una denuncia, por diversas razones.

La representante del organismo, Belén Sanz, urgió a pensar en respuestas rápidas y coordinadas que pongan en el centro los derechos de las mujeres y las niñas, porque las emergencias humanitarias, los desastres y las pandemias las colocan en mayor riesgo de violencia.

La propia secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero  reconoce: “El incremento de la violencia intrafamiliar en esta emergencia sanitaria se relaciona con el confinamiento pero también se debe al estrés económico y posible desempleo de los responsables de los hogares”.

No es que todos los hogares de México sean sucursales de la casa del terror. Hay muchas familias cuyos miembros se relacionan con respeto y armonía, hasta donde es posible. No obstante, subestimar un problema social tan grave y evidente equivale a dejar en la indefensión a millones de seres humanos, sobre todo a los más vulnerables.

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