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Alma Mater

99 años después la Universidad en mí

Edgar A. Santiago Pacheco

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Muchas cosas en la vida dejan huella, pero hay otras, muy pocas, que pasan el umbral del simple vestigio. Son urdimbre de las decisiones que se toman a diario, son argamasa de la vida que se comparte con familia, amigos, compañeros, vecinos y en general con todos los que nos rodean; pasan a ser sustancia primigenia de los entornos donde se actúa como profesional y como ciudadano común. Vista de esa manera, entendemos porqué la Universidad es parte fundamental de ese núcleo alrededor del cual se construye algo que algunos llaman “vida”. Decenas de miles que han abrevado en sus aguas formadoras podrán dar testimonio de ello, entre esos miles soy uno más de los que mucho le deben al Alma Mater.

Llegué a ella cuando celebraba sus 63 años de vida institucional, en tiempos también de crisis, madura y rígida supo acogerme y entender, no sin reclamos, al joven indeciso que pedía atención, aceptó su visión crítica, permitió su lucha por lograr un cambio laboral que exigía la atención de las necesidades de todos y no de unos cuantos, también, sin saber que era observada, mostró su interior y exhibió las pasiones encontradas de grupos políticos, las acciones que perseguían beneficios inconfesables, las malas decisiones impulsadas por rencores e intereses, pero aun así, su grandeza, por mucho supero a esas pequeñas ramas torcidas que hay en todo árbol.      

En estos días, se conmemoran 99 años de que la Universidad Autónoma de Yucatán abrió sus puertas a todas las clases sociales, en los momentos actuales donde las circunstancias políticas y económicas no son las más propicias para una institución como la nuestra, cabe el momento de agradecer lo que de ella se ha recibido, educación, compromiso social, civilidad, y muchos otros tantos valores y conocimientos. Pero también hacer conciencia de que una institución por más grande y fuerte que sea, no puede sin el apoyo y compromiso de su gente, transitar hacia un futuro incierto y continuar dando lo que siempre ha dado, seguridad laboral, formación de calidad, civilidad, paz social.

En 1922, surgió como parte de un proyecto de educación nacional que retomó el Gobernador Felipe Carrillo Puerto, en el 2021 son borrosas las líneas sobre las cuales transitar en el concierto educativo nacional, las presiones económicas sobre ella, según noticias oficiales, rayan en lo insostenible, nubarrones se ven en lontananza, pero la Universidad Pública y Autónoma, nuestra Universidad, tenemos certeza sabrá encontrar el camino adecuado, las decisiones tomadas por las autoridades correspondientes así lo muestran. Como expresaba conocido bibliotecario: “Las aves de mal agüero siempre rondan los cielos, pero nunca se posan en suelo firme”.

Los universitarios, cada uno de ellos, tendrá su propia valoración sobre lo que la Universidad sembró en su conciencia y en su conocimiento, pero el ser y actuar como universitario es una obligación a la que no puede volteársele la cara. Por ello, a sólo un año de ser CENTENARIA, siento la urgente necesidad de expresar, que la Universidad palpita viva en mí y mis acciones, como estoy seguro en miles de mexicanos, gracias a ella soy el ciudadano y profesional que soy. Estoy consciente que el agradecimiento se expresa de diversas maneras, el mío va acompañado de un compromiso público por seguir dando el mejor de mis esfuerzos para mantener a la Universidad como la Luz que guía las aspiraciones educativas de las juventudes yucatecas, a través de la Ciencia y empujada por la Verdad.         

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