Conecta con nosotros

Antropología Cristiana

Las rezadoras

José M. Tec Tun

Publicado

en

Ya estamos en la celebración de los finados, tradición muy arraigada en los pueblos de Yucatán. Para tal acontecimiento, con una semana de anticipación se empiezan los preparativos: se pintan los cementerios, se limpian los terrenos, se pintan las albarradas con cal, se elaboran las jícaras y se preparan las tablillas de chocolate. En esta ocasión no haré una descripción de los elementos que lleva el altar casero preparado para recibir a las almas, dedicaré estas líneas a un personaje fundamental para la continuidad de dicha práctica y la difusión de la religión cristiana, me refiero a la presencia de la rezadora, una mujer sencilla con profundo conocimiento y respeto hacia la vida y la muerte. Su labor es muy importante para la comunidad, principalmente en aquellas localidades donde no se cuenta con los servicios de algún sacerdote o sólo se le tiene en momentos muy especiales como la celebración de bodas, bautizos, confirmaciones o la fiesta del Santo Patrono.

En los pueblos de Yucatán, la rezadora es una persona muy conocida, pues sus servicios son solicitados durante todo el año para realizar plegarias en los velorios, en los entierros, para celebrar las siete semanas del difunto, las mesadas, los cabos de año, los rosarios y las novenas.

Es muy fácil identificar a la rezadora durante su paso por las calles del pueblo: lleva un rosario en la mano, un pequeño libro o “novena”, y una toalla o rebozo sobre las espaldas, en la noche, en la madrugada, al amanecer, al medio día o en la tarde. Es común verla ir acompañada de alguna niña o niño, es decir, del más pequeño de sus hijos. Así como también se le puede ver llevando, después de haber terminado de rezar, una ollita o un plato de comida, dulces o pan, lo cual recibe como pago de sus servicios; esto en algunas poblaciones se ha sido sustituido por un pago en efectivo.

El trabajo de la rezadora no tiene horario pues su presencia es requerida desde el momento en que algún enfermo entra en agonía o al instante en que fallece. En todos los pueblos hay rezadoras que adquieren fama por su forma de rezar, lo cual contribuye a que sus servicios sean muy solicitados y, en algunas ocasiones, hasta genera competencia entre sus compañeras. Las personas mayores le asignan cierto estatus cuando la persona reza y canta muy bien, más aun si se sabe los rezos y cantos antiguos pues para cada ocasión existen cantos y letanías establecidas. La mayoría de las rezadoras supera los 60 años de edad y, han desempeñado esta labor por tanto tiempo que los rezos y cantos se los saben de memoria. Lamentablemente, este personaje poco a poco va desapareciendo del paisaje yucateco pues las mujeres jóvenes no se interesan por desempeñar esta actividad.

Nadie sabe con certeza cómo surgen las rezadoras, el caso es que existen y cumplen una función social. Algunas personas de edad avanzada dicen que hay mujeres que nacen con ese don y han sido elegidas por Dios, es por eso se les tiene un gran respeto y aprecio. Tal parece que esto es verdad pues no se tiene conocimiento que alguien las enseñe a rezar, ni siquiera la misma iglesia ha instruido a las rezadoras o implementado algún curso para su formación.

Otro factor que influye en la pérdida de esta práctica es el surgimiento de diferentes grupos religiosos pues para ellos el culto a los muertos no tiene significado alguno y por consiguiente no requieren la labor de una rezadora.

Sería bueno impulsar una iniciativa para formar rezadoras y que las costumbres religiosas, herencia de nuestros ancestros mayas, se fomenten y perduren para siempre. Ya para finalizar, reciban un reconocimiento las rezadoras vigentes y una oración aquellas que han hecho el viaje sin retorno a este mundo terrenal.

BOLETÍN FRACTO

RECOMENDAMOS