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Crónica de Espita

Don Preparado

José M. Tec Tun

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Los pueblos van formando su memoria histórica a través de sucesos y anécdotas. Hoy quiero compartirles una anécdota de la Villa de Espita. Sucedió hace muchos años después de la persecución religiosa impulsada por el gobierno de Salvador Alvarado, momentos difíciles que vivió la Iglesia Católica, allá por los años 1915 – 1918. Pues bien, ya superada esa etapa se comenzó a restablecer la Iglesia. Por lo tanto, comenzaron a realizarse otra vez los servicios religiosos, entre éstos la celebración de los matrimonios. Sucedió entonces que un joven decide casarse y recibe la instrucción requerida para recibir el sacramento, de tal manera que ya fijada la fecha era sólo esperar que llegara el día establecido. Se preparó todo el acontecimiento y las viandas; cochinita pibil, relleno negro y escabeche oriental, con la participación de cocineras mestizas y expertas torteadoras. Se pensaba que sería la boda más representativa del año, mas no se imaginaron que esa fecha quedaría grabada en la memoria de los habitantes de otra manera. Pues sucedió que el sacerdote no llegó y la boda religiosa no se llevó a cabo. La joven pareja tuvo que conformarse con la boda civil. El tiempo pasó y los jóvenes no tuvieron descendencia. No faltaron las opiniones de la gente y pronto se comenzó a difundir en el pueblo que aquello había sido un castigo; por no haberse realizado la boda religiosa. La familia formada por Fabián y Lola no le dio importancia a los comentarios y vivieron su vida, por el rumbo del Cementerio, acompañados por una sobrina de nombre Emilia, a quien cuidaron y crecieron como a una hija. Lola y Emilia durante muchos años se dedicaron al oficio de rezadoras y eran muy respetadas.

Con el paso de los años, por lo acontecido, a don Fabián le apodaron “don Preparado,” y muchas generaciones así lo conocieron, muy pocos sabían su verdadero nombre. Este señor campesino, vivió muchos años y ya avanzado de edad, tal vez 80 años, se dedicaba a chapear en la calle, en los patios y detrás de las albarradas de los vecinos para ganarse unos centavos. Se decía que tenía tres tipos de chapeo, el jáan chak; cuando sólo cortaba las hierbas y las dejaba ahí amontonadas, el míis páak; un chapeo limpio que quedaba impecable, como si hubieran barrido el espacio, y el pirixpáak que consistía en pasar la coa a diestra y siniestra y sólo cortaba lo que alcanzaba, no tenía orden y sólo buscaba recortar la maleza. Eso sí, cada uno con su respectivo precio. Con todo respeto, don Fabián fue un personaje de nuestra historia local.

Hoy, a 100 años de aquel acontecimiento, nos encontramos con la vigencia de aquel concepto aplicado a don Fabián. Nadie podrá negar que en nuestros días los avances en la educación han sido reales y que ahora muchos jóvenes de los pueblos pueden lograr una carrera universitaria pero al finalizar se encuentran con la triste de realidad de no encontrar trabajo acorde a sus estudios y entonces viven y forman una generación de Preparados, como se dice en el pueblo. Mérida, Yucatán, 18 de enero de 2021.

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