Los pueblos
van formando su memoria histórica a través de sucesos y anécdotas. Hoy quiero
compartirles una anécdota de la Villa de Espita. Sucedió hace muchos años
después de la persecución religiosa impulsada por el gobierno de Salvador
Alvarado, momentos difíciles que vivió la Iglesia Católica, allá por los años
1915 – 1918. Pues bien, ya superada esa etapa se comenzó a restablecer la Iglesia.
Por lo tanto, comenzaron a realizarse otra vez los servicios religiosos, entre
éstos la celebración de los matrimonios. Sucedió entonces que un joven decide
casarse y recibe la instrucción requerida para recibir el sacramento, de tal
manera que ya fijada la fecha era sólo esperar que llegara el día establecido.
Se preparó todo el acontecimiento y las viandas; cochinita pibil, relleno negro
y escabeche oriental, con la participación de cocineras mestizas y expertas
torteadoras. Se pensaba que sería la boda más representativa del año, mas no se
imaginaron que esa fecha quedaría grabada en la memoria de los habitantes de
otra manera. Pues sucedió que el sacerdote no llegó y la boda religiosa no se
llevó a cabo. La joven pareja tuvo que conformarse con la boda civil. El tiempo
pasó y los jóvenes no tuvieron descendencia. No faltaron las opiniones de la
gente y pronto se comenzó a difundir en el pueblo que aquello había sido un
castigo; por no haberse realizado la boda religiosa. La familia formada por
Fabián y Lola no le dio importancia a los comentarios y vivieron su vida, por
el rumbo del Cementerio, acompañados por una sobrina de nombre Emilia, a quien
cuidaron y crecieron como a una hija. Lola y Emilia durante muchos años se dedicaron
al oficio de rezadoras y eran muy respetadas.
Con
el paso de los años, por lo acontecido, a don Fabián le apodaron “don Preparado,”
y muchas generaciones así lo conocieron, muy pocos sabían su verdadero nombre.
Este señor campesino, vivió muchos años y ya avanzado de edad, tal vez 80 años,
se dedicaba a chapear en la calle, en los patios y detrás de las albarradas de
los vecinos para ganarse unos centavos. Se decía que tenía tres tipos de
chapeo, el jáan chak; cuando sólo
cortaba las hierbas y las dejaba ahí amontonadas, el míis páak; un chapeo limpio que quedaba impecable, como si hubieran
barrido el espacio, y el pirixpáak
que consistía en pasar la coa a diestra y siniestra y sólo cortaba lo que
alcanzaba, no tenía orden y sólo buscaba recortar la maleza. Eso sí, cada uno
con su respectivo precio. Con todo respeto, don Fabián fue un personaje de
nuestra historia local.
Hoy,
a 100 años de aquel acontecimiento, nos encontramos con la vigencia de aquel
concepto aplicado a don Fabián. Nadie podrá negar que en nuestros días los
avances en la educación han sido reales y que ahora muchos jóvenes de los
pueblos pueden lograr una carrera universitaria pero al finalizar se encuentran
con la triste de realidad de no encontrar trabajo acorde a sus estudios y entonces
viven y forman una generación de Preparados,
como se dice en el pueblo. Mérida, Yucatán, 18 de enero de 2021.