Nació
aquí en Ixil, en enero 1939, de humilde cuna, actualmente tiene 82 años. Estudio
hasta el tercero de primaria y con su papá Bartolomé se dedicó a labores del
henequén.
En
1953 aprendió a tocar la serafina y se convirtió en el único cantor del pueblo. Amenizaba misas,
novenas, rosarios defunciones, bodas y toda clase de eventos religiosos; sus
servicios eran muy solicitados en las poblaciones cercanas. Aquí durante muchos años cumplió una importante
función social.
Así, combinando el trabajo de campo con el religioso, logró levantar una familia numerosa con el apoyo de su esposa Margarita; hoy hombres de bien.
Acompañó con su serafina y conoció y a los sacerdotes
José Rosado Contreras, José Ariosto Gamboa, Isidro Marín, Diego O’Horan,
Sebastián Castro, Carlos Ricalde y a
casi todos los sacerdotes que han sido párrocos de Ixil.
Al
iniciar el nuevo siglo 2000, cambio su instrumento musical por un moderno
órgano y como soplaban vientos de cambio, surgieron grupos de coros que
hicieron bajar el ritmo de actividades de José.
Durante
la entrevista que hace muchos tiempo tenía pendiente con este cantor, me
manifestó que era “un músico lírico pero que tocaba con el corazón”. Ahora
los achaques propios de la edad, lo mantienen guardando hamaca, pero los
recuerdos de su oficio los lleva muy presentes.
Deseamos
a don José Julián Canche Poot que Dios le conceda salud, y desde aquí le
manifestamos nuestra admiración por el trabajo realizado.
Orlando
Aguilar Gómez era hermano de Narciso-a quien dedicamos este espacio, hace un
par de semana-. Desde pequeño fue muy aficionado a la charrerería y toda su
vida lo siguió siendo. Claro, había nacido en la pequeña hacienda San Antonio donde
se cultivaba y desfibraba henequén y desempeñaba labores campiranas.
Por
allá de 1960, cuando se encargó de la administración de la heredad se ganó la
amistad de sus trabadores pues era muy amiguero.
Durante su juventud lucía con orgullo el traje
de charro y en la tradicional fiesta de Ixil, con un grupo de amigos, de seguro
participaba ejecutando el floreo del lazo, el paso de la muerte, etc. También
fue beisbolista: jugó con las “Estrellas”,
fue cátcher y sus compañeros de equipo
fueron Eligio
Moguel,
Silvio Sánchez, Juan Orilla y Paulino Escobedo, quien fue su vaquero de toda la
vida.
Casó
con Mirza Farfán y tuvo de hijos a Aurora, William, Alejandro Fernando e Ivan. Fue además caballerango, en
el Rancho del Charro, en Mérida.
En busca de salud, viajo a California, pero no regreso con vida. Aún nos
parece verlo ejecutar las diversas suertes de la charrería. Hoy traemos el
recuerdo de nuestro amigo el “Charro” Aguilar. Ixil, Yuc.19 de
julio de 2020.
Tengo frente a mí una foto que para mí y para
los antiguos aficionados al beisbol, dice mucho. Allá por la década de 1950 en
Ixil como en muchos otros pueblos, jugar pelota en domingo era lo más
importante que sucedía. Entonces los juegos se efectuaban en la Plaza Principal.
Mi
hermano Francisco Javier Orilla Canche, tendría 17 años y estrenaba uniforme
con el equipo del Ayuntamiento. Debía estar nervioso, era su debut como
pelotero. Jugaba de short stop y no
dejaba pasar ni el aire. También cubría los jardines.
Chocaba bien la pelota y era ágil corredor. Una vez que alcanzaba la primera base, seguro que llegaba a la segunda. En su larga trayectoria siempre fue primer bate. Un jugador completo.
Sus
hazañas beisbolísticas con los “Cebolleros“,
aún se recuerdan. Cuando dejó de jugar, continuó activo como asesor del equipo
y consejero de sus hijos Oli Fili, Chino, a quienes cuando niños los enseñó a
jugar pelota todas las tardes…
Como
persona fue mejor. Hasta luego Pancho, algún día nos reuniremos en otra dimensión
para continuar comentando tu legado deportivo. 16 de julio de 2020.
Hoy traemos el recuerdo de este popular personaje que fue conocido también como “Nachito” o “Chiquillo”, y fue por allá de 1940, administrador o encargado de la finca henequenera San Antonio Chunchucum, ubicada en las cercanías de este Municipio de Ixil.
Aún se
recuerda que durante su vida fue el eterno gobernador de los carnavales, porque
ponía todo su entusiasmo, recursos y todas sus carretas para que la gente
paseara durante la lectura del bando y en la batalla de flores durante las
fiestas a Momo.
Su inseparable compañero fue el “Flaco” Ávila. Finalizado el carnaval se la pasaba en su finca trabajando pues sólo en esa época solía divertirse.
Falleció
en Mérida a donde había trasladado su residencia. Aquí le proporcionamos una
imagen en los años juveniles de “Nachito“.