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Crónicas de La Colonia Yucatán

El culto al árbol

José Antonio Ruiz Silva

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Con motivo de la proximidad de la celebración del Día del Árbol el próximo  9 de julio, y a más de 70 años de haberse publicado este artículo en la Revista maderera, Frente a la Selva, cobra relevancia una interesante nota alusiva del profesor Saturnino Gómez Sosa, que a continuación resumimos:

Y es que la revolución al inscribir en sus banderas el lema zapatista de Tierra y Libertad, evocó el árbol y se inspiró en la planta como símbolo de redención y emancipación, de trabajo y bienestar.

El hombre, es posterior a la planta, posterior al árbol. Cuando vino a la Tierra, ya este era adulto: bajo sus sombras nació, en sus ramas creció. Subsidiario del árbol, el hombre -tierno en su desarrollo inerme y débil ante los embates de la naturaleza inclemente que lo rodeaba, no encontró otro amigo ni otro protector mejor que el gran árbol bueno y noble. Y fue así como su admiración, su gratitud y su veneración, se levantaron desde su pecho conmovido hacia el fraternal compañero y benefactor.”

Aquel reconocimiento ha sido herencia de los hombres. En todos los tiempos fue y es venerado el árbol. Los pueblos, para subsistir han tenido que estar apegados al árbol, como el hombre primitivo y los que no lo hicieron y creyeron en su soberbia desligarse de tan noble cuanto magnánimo aliado, fueron víctimas de su propia ingratitud y se esfumaron en la nada, muriendo por inanición.

Toda la belleza de la naturaleza se condensa y significa en sus grandes bosques. Los pueblos todos amaron y cuidaron los árboles. Se habla con entusiasmo de los Jardines de Babilonia, de los Huertos de Getsemaní, también de las Chinampas mexicanas, de los Bosques de Bolonia y Chapultepec, de la Selva negra de Alemania, de los grandes parques neoyorquinos, de las perfumadas campiñas italianas, más otros conjuntos admirables en el Reino Vegetal.

En los relatos de la historia de la humanidad, el árbol siempre está a lado del hombre o el hombre al lado del árbol y su nombre ha simbolizado actos y posiciones. Célebres son: La Encina de Guernica que sirvió de techo a la reunión de los Reyes Católicos de España, cuando juraron y firmaron al pie del histórico árbol, mantener los fueros de la Provincia de Vizcaya ; el manzano de Newton, bajo cuya sombra recibió el gran físico inglés la revelación más importante de la física; el Árbol de la Libertad, que durante la Revolución Francesa simbolizó el ideal del gran movimiento emancipador; más tarde, este símbolo cruzó las fronteras del Francia y fueron sembrados los árboles de la Fraternidad , al pie de los cuales eran quemados por el pueblo los títulos señoriales en signo de libertad y de cesación del vil cautiverio y servidumbre; bajo un sauce de la isla de Santa Elena fue enterrado Napoleón, a petición suya; una ceiba copuda y corpulenta, fue el teatro donde el gran Nachi Cocóm, Señor de Sotuta, consumó la  venganza en los traidores de su raza y en el robusto tronco de un ahuehuete  secular, se arrimó fatigado el conquistador Cortés, abandonando con sus lágrimas amargas , de furia, y de dolor, la tierra azteca del Gran Tenochtitlan.

Todo se aprovecha del árbol: su madera, sus hojas, sus flores, sus frutos, sus raíces, sus sombras, su frescura. Hemos dicho que sin él, el hombre se extinguiría y, en efecto, la subsistencia de éste tienen su fuente y origen fundamentalmente en el reino vegetal: vegetal es principalmente nuestra alimentación, vegetales usamos para construir nuestros techos, para levantar nuestras casas, para confecciones de nuestros vestidos; vegetales para elaborar nuestras medicinas, para ornar nuestros hogares, para cercar nuestras heredades; vegetales para manufacturar nuestros útiles de trabajo, para imprimir nuestros libros, para mover nuestras maquinarias; vegetales para la ciencia, el arte, la industria, un vegetal nos regala la madera para nuestros ataúdes y, hasta en la tumba, algún mirto rumoroso cuida nuestro sueño postrero y nos cobija con su sombra.”

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Personajes imperdibles, Pancho López o Felipe Francisco Leal Pérez

José Antonio Ruiz Silva

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Recordando gente de la Colonia Yucatán, nos viene a la memoria la presencia de un personaje destacado a quien muchos recordamos con singular afecto. Nos referimos a don “Pancho “López, encargado de cuidar el orden de este pueblo maderero, junto con el viajero Bernabé “Tucho” Tinal.

Don Felipe Leal Pérez, nombre verdadero de “Pancho López”, nacido en de Dzitás Yucatán, el 4 de julio de 1921. Ahí pasa su infancia y estudia la educación primaria. Decía: “…no se me olvida mi cumpleaños, pues coincide con el Día de la Independencia de los Estados Unidos”.

En algún momento de su vida, debido a las difíciles condiciones económicas de Yucatán en la década de los años 40, Felipe Leal se traslada con su familia a la ciudad de Mérida escogiendo vivir por el rumbo de la calle 54 por 87. Posteriormente pasa parte de su adolescencia en el estado de Campeche, para después retornar a la ciudad de Mérida y enrolarse en la entonces sección de la Policía de Caballería de   Mérida,  animado por su hermano Reynaldo Leal Pérez, quien se desempeñaba como oficial de la policía de tránsito y quién lo  apoyó para ingresar a la corporación. Pronto sigue su carrera en  la Policía de Tránsito y finalmente se alista en la Policía Judicial.

Durante su juventud  enamoró hasta el noviazgo a Guadalupe Campos Lara que vivía cerca de donde se desplomó el avión en que perdió la vida el gran Pedro Infante en el año de 1957. Contraen  nupcias y  de esa unión nacen 10 hijos, 4 de ellos en la Colonia Yucatán, donde había sido comisionado como Agente Judicial. Cuando caminaba por las calles de la Colonia Yucatán o cuando visitaba alguno de los ejidos cercanos, siempre se hacía acompañar de un revólver calibre 38 que cargaba al cinto, junto con su sombrero, un fuete de cuero y su inseparable paliacate  rojo enrollado al cuello. En la época de los años 50 y 60, la administración de las fábricas tenía prohibido que la gente anduviera descalzo por las calles y evitarlo era una de sus tantas funciones, al igual que cuidar los niños no hicieran “putz escuela.

Cuando ocurre el cierre de las empresas madereras en 1975, opta por trasladarse con parte de su familia a la ciudad de Mérida, donde inicia y logra  tramitar su pensión como agente judicial , cargo que desempeñó durante más de 40 años. En una ocasión, ya jubilado y haciendo sus compras en una plaza comercial del poniente de la ciudad de Mérida, se encontró con un capitán jubilado  y le comenta a su hijo el profesor Silvestre: “Mira hijo esta persona es un gran amigo que perteneció al Escuadrón 201 y participó en la Segunda Guerra Mundial del lado de los Aliados en contra de las fuerzas del Eje.” Entonces, después de la charla el capitán sacó de entre sus cosas un libro que le autografió y que siempre conservó entre sus recuerdos.

“Pancho López” era además un apasionado de la música, mostrándoles dispuesto a tocar el “rascabuche” o las “quijadas de caballo” cuando era requerido por el director de la Orquesta MEDVAL. Por otra parte, tenía una habilidad especial para arrancarle sonidos a la madera, utilizando sus gruesos dedos y agua para deslizarlos sobre ella, en ocasiones sobre una mesa y en otras en las paredes de las casas de Colonia Yucatán que estaban forradas por dentro con hojas de triplay.  Con este singular técnica realizó algunas presentaciones en los antiguos  restaurantes El Faisán y el Venado y la  Ciudad Maya, cercanos al Zoológico del Centenario, para después ser agasajado por los dueños o administradores con alguna comida, que disfrutaba en compañía de sus hijos .En el ámbito estatal era conocido por gobernadores y diputados como el Sheriff de la Colonia Yucatán, y  como tal  participó en innumerables detenciones de personas dedicados a la siembra de mariguana en los ejidos cercanos, y entonces era común ver su foto con algún detenido en las páginas rojas de las revistas de esa época como Presidio y Alarma, y que en su momento mostraba orgulloso a sus amigos. Don “Pancho López”, falleció en la tranquilidad de su hogar a la edad de 85 años en la ciudad de Mérida, el 1 de diciembre de 2006.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

www.coloniayucatanfrentealaselva.blogspot.com.mx

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Septiembre, recuerdo de dos huracanes que impusieron su fuerza en este poblado

José Antonio Ruiz Silva

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Se acercan dos fechas importantes que traen a la memoria acontecimientos que golpearon la economía de la Colonia Yucatán, dejando susto y miedo entre los habitantes y que impactaron enormemente las instalaciones de las empresas madereras. Nos referimos a la presencia de dos huracanes- Beulah y Gilberto– que será imposible arrancarnos de la memoria a lo largo de nuestra vida.

Del huracán Beulah que nos visitó en septiembre de 1967, no contamos aún con noticias escritas, pero muchos que rondamos los 60 años y que en ese entonces tendríamos 12 años de edad, recordamos vívidamente episodios fijados en nuestra memoria como retratos de aquella tragedia. Recuerdo que esa noche se efectuaría un baile con motivo de las Fiestas Patrias, festejo que comprensiblemente no se llevó a cabo, y seguramente los músicos y sus ayudantes también fueron resguardados como casi toda la población en las grandes bodegas de las fábricas.

Afortunadamente en ambos meteoros no hubo heridos ni muertes que lamentar, salvo los considerables daños que los fuertes vientos y lluvias causaron en nuestras viviendas, la escuela, la iglesia y  las fábricas. Las fotos que acompañan esta crónica son cortesía del P. John Patrick Martin, muy conocido por todos, quien amablemente nos las proporcionó para el primer libro de la Colonia Yucatán publicado en julio de 2011.

El huracán Gilberto 1988. (Hace 27 años)

Es importante agregar que Gilberto fue quizás el huracán más intenso jamás observado en la cuenca del Atlántico, hasta que sobrevino  el Huracán Wilma en 2005 que probablemente lo superó. Gilberto tocó tierra en la península de Yucatán el 14 de septiembre como un huracán de categoría cinco. Del libro, Colonia Yucatán: decadencia y migración (la historia de sus hombres y mujeres exitosos) publicado en el 2013, y con información proporcionada por el ingeniero Jonathan González Martínez, último gerente general de las empresas madereras de 1984 a 1995, extraemos parte de la presencia del ciclón  Gilberto en la Colonia Yucatán:

gilberto, poderoso ciclón de triste historia en su paso por colonia yucatán. El día 14 de septiembre de 1988, nos enteramos que un gran huracán de categoría 5 pasaría  por Colonia Yucatán y que traía vientos sostenidos de mas de 270 kilómetros por hora y ráfagas de mas de 300 kms por hora, sin duda nos esperaba un desastre. Días antes nos habíamos empezado a preparar comprando lonas y grandes plásticos para cubrir tableros y maquinaria importante y delicada que no debería mojarse y el mero día, a las 7 de la noche, ordené suspender todas las actividades, suplicando el resguardo de las gentes en sus casas. La verdad es que toda esa noche no pude conciliar el sueño, pues quería estar pendiente de todo lo que estuviera sucediendo minuto a minuto. Desde que se empezaron los trabajos de previsión, encendí una pequeña grabadora y fuí narrando a cada momento lo que estaba sucediendo, (esa narración no la regrabé y finalmente se deterioró la cinta). El día 14 desde temprano, apenas hubo algo de luz, y sin haber pegado los ojos ni un instante durante toda la noche, estuve observando desde la terraza de la casa que habitaba frente al parque, las ráfagas de viento huracanado que arrastraba árboles completos, láminas y cuanto material se había desprendido. Para ese momento a la  casa entraba el agua a chorros, por un boquete que se había originado por la caida de la antena de radio, que el viento había partido a la mitad, la cual ahora descansaba sobre la cubierta de la recámara principal. Afuera se observaban árboles y postes caídos, pero lo más impresionante era el fuerte zumbar del viento derrumbando cuanto obstáculo se le interponía, es difícil describir la emoción que uno sentía a ese momento. Durante la breve tregua que proporcionó el paso del ojo del huracán llegó a visitarme Manuel Núñez, administrador de las Plantas, para informarme sobre los daños que había observado desde fuera de las edificaciones de la fábrica. Con el nerviosismo natural para esos momentos tensos, me relató que se habían volado por completo las techumbres de una de las naves de la fabrica de Triplay, que habían postes recargados en los muros y que se estaba filtrando el agua en las oficinas; en fin; toda una tragedia. Le sugerí que regresara  a su casa y estuviera pendiente de su familia; él me insistió en que yo me saliera de la casa y me pusiera a salvo en la iglesia que estaba a un costado y que aparentemente estaba resistiendo. Agradecí diciéndole convencido que aquí me sentía seguro. Hasta ese momento no imaginaba lo que seguiría después del ojo, pues en mi mente no cabía más devastación. Afortunadamente no estaba solo, tenía un acompañante fiel que se moría de miedo con los ruidos, mi perro Rocky, al cual había rescatado durante la madrugada de su casita, que se encontraba obstruida por una gran rama de un árbol de aguacate; y al escuchar sus “gemidos” fui por él, removí como pude la rama y lo traje conmigo al interior de la casa, donde  permaneció toda la jornada, temblando y echado junto a  mí. Así transcurrió ese largo día hasta que cerca de las cinco de la tarde cesaron los vientos huracanados y pude salir a revisar  las instalaciones de las fábricas. Ahí estaba ya reunido un gran grupo de trabajadores preguntándome qué acciones tomaría la empresa después de esta devastación. Les pregunté si sabían de personas lesionadas, contestándome que no, pero que sus casas estaban en gran parte destruidas. Les aconsejé que, dadas las circunstancias, por el momento no había otra cosa mas importante que regresar a cuidar de sus familias y tratar de reconstruir lo que se pudiera; sobre todo los techos, porque seguiría lloviendo. Les pedí que hicieran una relación de los materiales que les serían necesarios para proporcionárselos, si los teníamos a la mano. Por lo demás les sugerí que en cuanto se hiciera un recuento de los daños y se analizara la posibilidad de reiniciar los trabajos, se les llamaría, que estuvieran pendientes. En esos momentos no tenía ni la más leve idea de lo que sucedería, pues los daños según pude observar a la ligera, no eran cosa pequeña, y no niego que durante varios días no se me quitó la idea, de que estos eran los últimos días de vida de esta gran fuente de trabajo. A pesar de que las fábricas estaban aseguradas contra daños causados por meteoros de esta naturaleza, la aseguradora hizo todo cuanto fue posible para no asumir sus obligaciones y tan sólo cubrió una ínfima cantidad que no alcanzó ni para techar las naves. De tal forma que volvimos a esgrimir la misma argumentación con los directivos, para evitar el cierre definitivo. Para entonces ya se habían invertido más recursos en la adquisición de nueva maquinaria y equipo, y no era conveniente perder tanto dinero sobre todo cuando ya estábamos en una ruta ascendente. Finalmente accedieron, pues Nacional Financiera ofreció apoyos económicos, que nunca fluyeron y dejaron embarcados a los directivos con otro gran paquete. Había que trabajar duro, redoblar esfuerzos y mantenernos dentro de la línea de la productividad. Así se los hice saber a los trabajadores, a los directivos del Sindicato y a los  empleados de confianza, y en verdad se los dije, con toda la sinceridad que pude haber sacado desde muy dentro de mi. Fueron tan grandes los daños que ocasionó el huracán a las instalaciones de las fábricas, que los trabajos de reconstrucción tardaron casi dos meses y la producción se fue recuperando muy de poco en  poco, pues las refacciones no llegaban y era necesario superar el estrés económico que teníamos en ese momento. En esta dura situación sentimos que los trabajadores se mostraron solidarios, acordando cobrar únicamente medio salario durante los trabajos de reconstrucción , lo cual consideré siempre como una acción de gran valor.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Himno a la escuela primaria Manuel Alcalá Martín de la Colonia Yucatán (II)

José Antonio Ruiz Silva

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Corria el mes de octubre de 2018  y con la mediación de su hija Delta, tuvimos  de nuevo   la oportunidad de conversar con el profesor Armando Conde Castro, en su siempre amado café “Moncho” que se localiza en el interior del Bazar García Rejón en la ciudad de Mérida. Él y algunos  maestros de su generación y otros que tuvieron paso efímero en  la Colonia Yucatán, ya sea como maestros o supervisores, todavía se reúnen cada vez que pueden en dicho lugar donde recuerdan, a sus más de 80 años la mayoría de ellos, anécdotas de su paso por las aulas.

Requeríamos el detalle del himno de su autoría de viva voz y esto nos contó el Prof Conde :

“Cuando me dijeron: toma como ejemplo la métrica de las estrofas del Himno Nacional Mexicano se me ocurrió lo siguiente y  me puse a escribir:

Mexicanos al grito de guerra                 (Con cariño a mi escuela cantemos….)

El acero aprestad el bridón                   (digna fuente de lucha sin fin,)

Y retiemble en su centro la tierra           (y su nombre con gloria ostentemos,

Al sonoro rugir del cañón                       (oh  maestro Alcalá Martín.)

Dando como resultado final el  siguiente:

Himno a la Escuela “Manuel Alcalá Martín”

Letra:  Prof. Armando Conde Castro.

Música: Mtro. Tránsito Conde. A

Con cariño a mi escuela cantemos,

Digna fuente de lucha sin fin,

Y su nombre con gloria ostentemos ,

Oh maestro Alcalá Martín.

Es un templo de estudio y de ciencia ,

que alimenta siempre a  la niñez,

marcando su lucha con paciencia,

y poniendo seguro sus pies.

Coro

Entre los verdes campos del oriente,

se encuentra la Colonia Yucatán,

y una escuela que es todo una cimiente ,

del amor, trabajo y dulce afán.

El nombre de mi querido templo,

es Manuel Alcalá Martín,

maestro incansable su  ejemplo

es orgullo de todo Tizimin.

Con la agradable presencia del profesor Armando Conde Castro conversando sobre Espita, su lugar de origen, su inolvidable Colonia Yucatán y la ciudad de Mérida, nos despedimos dejándolo en compañía de sus entrañables amigos,  los profesores Rafael Moguel Gamboa, ex Director de Educación Primaria y fundador de la escuela Juan Crisóstomo  Cano y Cana de la colonia Alemán en Mérida, Jorge Lara Llanes,  ex Inspector Escolar de  Zona en la  Colonia Yucatán, Juan Javier Pérez Puga  y  Gregorio Brito , excelente músico y requinto de un famoso trío de trova yucateca en Mérida.

Después de la plática anterior, la maestra de piano  María Eugenia González de La Torre, que recientemente trasladó su domicilio a Mérida, tras vivir varios años en la Ciudad de México y Querétaro, nos hizo el gran favor de escribir la partitura del himno, en base a una grabación de pista  y a la letra,  con lo que ahora,  gracias a ese noble gesto, tendremos  para la posteridad tan significativo himno para todos los colyuctecos.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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