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Crónicas de La Colonia Yucatán

El himno de la escuela primaria Manuel Alcalá Martín (I)

José Antonio Ruiz Silva

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El profesor Armando José Conde Castro a quien muchos conocimos dando  clases tanto en la escuela primaria Manuel Alcalá Martín como en la secundaria Joaquín Ceballos Mimenza, es originario de la villa de Espita. Su historia en la Colonia Yucatán inició en la década de los años cincuenta cuando fue contratado por las Compañías Madereras para ejercer el magisterio en tan lejano lugar. Seguramente el profesor se sintió animado a trabajar en la Colonia Yucatán por el acelerado crecimiento de las fábricas y  por el decidido apoyo que la educación recibía de los directivos de esa empresa. Andando el tiempo, el distinguido maestro empieza a pensar en coronar el buen nivel de educación primaria con algún canto o himno que estuviera acorde con aquellos tiempos de paz y trabajo. Entonces se da cuenta que al no contar con nociones de teoría musical  y no poder quitarse el deseo de hacer algo por la escuela y sus educandos  cuando  busca ayuda  y pregunta cómo  hacer un himno, pero sobre todo por dónde empezar

Así lo recuerda en una conversación con Ariel López Tejero, quien fue su alumno  en la Colonia Yucatán: “…escribí la letra porque la Escuela no tenía ninguna canción que la distinguiera y como mi  tío Tránsito Conde Alcalá tocaba y reparaba pianos, y  además gozaba de un oído privilegiado para la música… un día  le comenté mi idea y me señaló : -mira, haz tú la letra y yo le pongo música-; para empezar fíjate cómo está escrito el Himno Nacional Mexicano, cuenta las sílabas de cada oración y cada estrofa . Así lo hice y  fui armando los versos que escribí poco a poco durante las noches y el silencio de la selva. Cuando al fin tuve la letra completa con 4 estrofas  llevé mis rimas a su casa  y comenzó en el piano a darle fondo musical y luego que lo terminó, unos días después me dijo: Ahora llévasela a tu tío Pablo para que le ponga armonía y cuando ya tenía ésta, sonaba muy bonita. La letra escrita en la partitura  me la   devolvió y enseguida se la llevé a Don “Pancho” Rejón Conde, entonces director de la Orquesta Medval quien lo  checó y dijo: “bien, muy bien.”, dando la aprobación de este himno que representa nuestro paso en ese hermoso lugar que es la Colonia Yucatán.

Este himno, fue interpretado por primera vez en un homenaje que hicimos en la escuela al profesor  Manuel Alcalá Martin, con el acompañamiento al piano de la maestra Eliza Nah de Pérez, allá por 1957.”

Esta es la pequeña historia de un gran himno que todos los que estudiamos en la escuela Primaria de la Colonia Yucatán aprendimos tan bien que aún la recordamos con nostalgia y alegría.

En el 2009, durante una plática que sostuve con la Maestra Lourdes Soberanis, en ese entonces directora de la escuela primaria, le pregunté  que si todavía se entonaba el himno de la escuela y me respondió que sí, que los  directores que la antecedieron se dieron a la tarea de mantener  vivo tan preciado tesoro. Le pregunté también cómo lo acompañaban musicalmente, y me dijo que lo hacían en base al conocimiento que ellos tambien recordaban y que habían aprendido desde niños. Al conocer esto nos dimos a la tarea de indagar entre gente de la Colonia Yucatán de dentro y de afuera, quién podría recuperar el acompañamiento musical y de esa búsqueda se enteró el músico Felipe Rodríguez Ochoa, avecindado en la ciudad de Cancún e hijo del ingeniero Felipe Rodríguez  quien tuviera una destacada labor al lado del ingeniero  Alfredo Medina Vidiella para ayudarlo a alcanzar el éxito a las empresas madereras. En muy poco tiempo Felipe,  ya tenía lista la pista  musical, misma que nos envió por correo electrónico y en cuando tuvimos oportunidad viajamos a la Colonia Yucatán para entregárselo a la maestra Lourdes Soberanis, quien se ha tomado la tarea de mantener viva la entonación del himno en las ceremonias a la Bandera y conmemoraciones especiales.

José Antonio Ruiz Silva.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

coloniayucatanfrentealaselva.blogspot.com

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Trabajo forestal de las Compañías Madereras de Yucatán (I)

José Antonio Ruiz Silva

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A manera de antecedentes sobre este tema, es importante recordar que cuando referimos al Día del Árbol y a los trabajos de reforestación que realizaban las empresas madereras bajo la dirección del ingeniero Alfredo Medina Vidiella, resulta difícil hablar de esos temas debido a lo delicado que puede resultar. Por tal motivo, este artículo y otros posteriores sólo pretenden evocar la época de bonanza, los personajes y los trabajos que se realizaban al respecto, aunque sabemos y nos constan los trabajos que se realizaron con la pretensión de devolver algo de lo que se extraía de la selva. Nuestras fuentes son los artículos y reportajes de la Revista Frente a la Selva, órgano de difusión de las compañías madereras, que fueron publicados en la década de los años 50, así como de testimonios del personal que llevaba a cabo estos trabajos, entre los que se cuentan ingenieros forestales, encargados de los viveros, así como encargados de los trabajos de reforestación y sus descendientes, como testigos de la época.

Debido a la importancia que representa para muchos de nosotros el tema de la reforestación y a la amplitud que esto conlleva, hemos seccionado la información en 3 y posiblemente hasta 4 artículos que serán publicados de manera consecutiva en nuestras Crónicas de la Colonia Yucatán que cada jueves se publica en Informe Fracto.

Todo inicia en 1936 cuando Alfredo Medina Vidiella supo de la existencia de las selvas del oriente de Yucatán y de la parte norte de Quintana Roo, colindante con Yucatán, que poseían enormes cantidades de metros cúbicos de maderas preciosas de cedro, así como de maderas corrientes en igual proporción. Para constatarlo, Medina Vidiella procedió a contratar a guías locales que lo llevaron a recorrer los montes que en ese entonces correspondían a una finca denominada Santa María, propiedad del Banco Nacional de Crédito Agrícola. Al conocer de primera mano las posibilidades de explotación forestal, firmó con el Banco un contrato de renta de los terrenos, y enseguida con un grupo de trabajadores especializados en montería , iniciaron el aprovechamiento forestal en un lugar conocido como  Chapas, donde con un rudimentario equipo de aserrío se sacaban las trozas de los árboles que luego eran llevados por un angosto y maltrecho camino blanco a Tizimín para poder ser transportados  por  ferrocarril a la ciudad de Mérida, donde se entregaba a los comerciantes de madera, quienes procedía a hacer cortes para diversos fines.  Posteriormente se utilizaría también el puerto de El Cuyo como salida del producto.

En 1938 la empresa maderera en ciernes, instaló un mejor aserradero en la Colonia Vales, hoy Campamento La Sierra, y pocos años después, debido al éxito que tenía con la venta de madera aserrada da un importante paso para la industrialización de madera enchapada a través de la instalación de la fábrica de triplay en la Colonia Yucatán a finales del año de 1941.

Con estos antecedentes era necesario que la explotación forestal fuera lo mas tecnificada y profesional posible y fue cuando se contratan los servicios del ingeniero Emilio Zamudio , un joven egresado de la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, que arribó a la Colonia Yucatán a principios de 1941. Para Zamudio aquello significó enfrentar la experiencia de trabajar en la selva tropical del noreste de la península de Yucatán y hacerse cargo desde el punto de vista forestal de la elaboración de los estudios dasonómicos que son un  conjunto de disciplinas que estudian los bosques respecto de su formación, manejo, reproducción y aprovechamiento, buscando la máxima renta del capital forestal en calidad y cantidad.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Miguel Ángel Robertos Sánchez, Jetz’abá un apodo singular

José Antonio Ruiz Silva

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Creemos que el apodo de Miguel Ángel, lo dice todo. Posiblemente le fue puesto por alguno de sus abuelitos o por sus padres cuando vivían en la cercana población de Calotmul de donde es originario. Jetz’abá -aquiétate o cálmate– como le decían, le vino como anillo al dedo por su carácter y personalidad siempre inquieta, hasta el fin de sus días.  Jetz’abá salió de su pueblo, al escuchar que detrás de la entonces villa de Tizimín había un lugar dedicado a la explotación de las selvas por parte de una empresa maderera. Es así como llegó al Campamento La Sierra, donde entró a trabajar en el nuevo y moderno aserradero que se había trasladado de dicho campamento a un lugar ubicado entre la Sierra y la Colonia Yucatán. Al llegar a ese lugar, en su calidad de soltero se alojó por mucho tiempo  en los galerones que para tal habían dispuesto los directivos de las madereras con el fin de estar al tanto de la conducta de hombres recién llegados a esa población.

 En el aserradero trabajó durante algunos años en compañía de quien con el paso del tiempo se convertiría en su suegro, el señor Luis Betancourt originario de Chiquilá, pequeño puerto en el vecino estado de Quintana Roo. En el aserradero era el encargado junto con su amigo “Malafacha” García de colocar en las máquinas de aserrar los árboles que provenían de los “tumbos” en grandes camiones. Poco más tarde fue contratado en las fábricas de la Colonia Yucatán y es en esa época cuando empieza a demostrar sus inquietudes juveniles, ya entonces casado con la señora María Elvia Betancourt Sansores.

Su primer interés como complemento a su trabajo como obrero, consistió en ingresar como uno de los cantantes solistas de la Orquesta MEDVAL en la Colonia Yucatán, donde se distinguió por su amplia participación y deseos de ganarse un lugar, cuestión que logra, ya que además tocaba con destreza la armónica.  Posteriormente junto con sus amigos Manuel Chimal, Mario Tello, Beto Tello, Miguel Ruiz, “Quico” Pineda, y un poblador de Kantunilkin de apellido Tah, forman el grupo musical Los Electos de Colonia Yucatán, interpretando música tropical, baladas, cumbias y canciones románticas de la época. Constituyéndose de esta manera en el primer grupo musical formado por trabajadores en activo de hijos de obreros y empleados. Los ensayos del grupo musical se realizaban por las noches después del trabajo en la casa de Manuel Chimal, quien vivía en la calle Selva Sur. Poco tiempo después junto con Pedro Arias y Leonel Ceballos forman el trío “Colonia Yucatán” para llevar serenatas a las muchachas y cumpleañeras, así como tomar parte en las celebraciones religiosas.

Al declinar el trabajo en las fábricas madereras Jetz’abá, se traslada con su familia a la ciudad de Tizimín, donde participa como animador y cantante de las Orquestas Gameba y Del Recuerdo, a cargo de los señores Antonio Martínez y José Tamayo respectivamente. Siguiendo su pasión por el arte, no dejando de incursionar en ningún género musical, participa como cantante en diversos concursos populares, ganándose con ello el nombre del Rey del Bolero Ranchero.

En el deporte, se le recuerda como segunda base diligente de los equipos de béisbol Cardenales de la Sierra y un corto tiempo con Maderera del Trópico.

Por otra parte, los sábados por la tarde era común verlo atendiendo su puesto de cochinita pibil a las puertas del Casino, esperando el paso de obreros y empleados después del cobro semanal. Éste era un negocio en la que participaba toda su familia, desde la “matanza” de dos o tres cerdos por las noches, labor a cargo de su suegro, la elaboración y molienda de los “recados” que hacían sus hijos Delmy, Julio Jazmín y Miguel, así como el corte y preparación de la gran cantidad de cebolla para acompañar este extraordinario guiso yucateco a cargo de su esposa María Elvia.

Jetz’abá falleció en el año 2016 en la ciudad de Tizimín, a la edad de 72 años a causa de una repentina enfermedad.  Se le recuerda como un buen hombre que nunca tuvo problema con los demás, respetuoso de la disciplina y el orden. Como un homenaje para él, su hijo Julio César integró la agrupación musical “Los Electos de la Cumbia” quienes amenizan de forma profesional  diversas festividades en esa región oriental.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Presencia de los Misioneros de Maryknoll (II)

José Antonio Ruiz Silva

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La llegada de los Misioneros de Maryknoll a la Colonia Yucatán, fue debido a  la influyente educación católica del ingeniero Alfredo Medina Vidiella, en ese entonces Director General de las empresas madereras, y quien toma como una de sus principales acciones en materia social la construcción de una Iglesia para que la población tuviera la oportunidad de practicar sus actividades religiosas  cuando  el poblado  empezaba a tomar forma, con sus calles trazadas y distribuidos los espacios públicos. Para ello planearon su ubicación al norte del parque principal, precisamente en un amplio terreno que permitiera a futuro construcciones más grandes, así como instalaciones para alojar a los futuros sacerdotes, seminaristas y misioneras.

Primero se contó con una construcción sencilla denominada actualmente la ex iglesia, y posteriormente conforme a  un diseño se hizo la construcción de una Iglesia propiamente dicha, de corte modernista. El santuario quedó a cargo del P. Juan Nolan MM y se trató de una edificación sólida que ha sobrevivido a un grave incendio que destruyó sus interiores y muebles de madera, así como las imágenes de adoración originales. Este icónico edificio cuenta al frente con un gran Cristo del Sagrado Corazón de Jesús y en el campanario aledaño la imagen en relieve de la Virgen del Carmen, patrona de la población, advocación que el ingeniero Alfredo Medina Vidiella, dedicó a su esposa Carmen.

En un principio los servicios religiosos estuvieron a cargo de sacerdotes de la Villa de Tizimín, y posteriormente se contactó a los Misioneros de Mariknoll que ya tenían presencia en  Quintana  Roo y  es cuando los Superiores en la Casa Central en Nueva York envían a los primeros sacerdotes a la Colonia Yucatán el año de 1952 . Ahí pasaron largas temporadas los Misioneros Juan Nolan, Bernardo Nagle, Román Kaspersak, Andrés Cassidy, Vicente Zebrowski, Dennis O’Brien, Peter Petrucci, y John Patrick Martin O’Donell. Entre todos los que llegaron se recuerda con especial cariño a los Padres Pedro Petrucci y John Martin, este último quien llegó  como vicario auxiliar a principios de 1967. En el caso del Padre Pedro, era común verlo recorrer con su diligente  chofer, don José Flores, quien conducía una camioneta Ford roja, con una caseta de madera y unas bancas donde iban sus ayudantes y catequistas por toda esta zona  que comprendía desde el puerto de El Cuyo, ejidos y comunidades del extremo oriente de Yucatán, y en el estado de Quintana Roo, las comunidades de Kantunilkin, Solferino, Holbox, Isla Mujeres y Cozumel. En todos estos lugares promovieron la construcción de templos católicos al estilo de la Colonia Yucatán, con una nave central y dos anexos integrados, todo de láminas y madera. Por su parte el Padre Juan fue uno de los últimos Misioneros de Maryknoll, quien llega a la Colonia Yucatán en 1967 y se retiró en diciembre de 1969. A su llegada menciona que se sorprende que los habitantes convivían en un ambiente de colaboración y armonía, sin importar las diferencias entre las clases sociales, como se dan normalmente en otros pueblos y ciudades. Al dejar la Colonia Yucatán el Padre Juan estuvo en parroquias de las ciudades de Mérida y México, viajando más tarde a Bangladesh como misionero.

Los Misioneros de Maryknoll sembraron tan buena semilla en la Colonia Yucatán que con el tiempo han salido con carrera al sacerdocio los siguientes presbíteros: P. Luis Sansores Polanco, Monseñor Pedro Mena Díaz, P. Aarón Dzib Cauich, P. Pedro Martín Ríos May (+) y el P. Emir Efraín Pérez Cabrera. Por su parte el Padre Pedro Petrucci, falleció hace pocos años en el Seminario de Maryknoll, lugar donde acostumbraba cámara en mano, como lo hiciera en la Colonia Yucatán, tomar fotografías y dar largas caminatas, llevando en el recuerdo seguramente de su paso por las selvas yucatecas. El Padre Juan Martin, vive en el mismo Seminario en Nueva York, acompañado de sus hermanos sacerdotes con edades que oscilan entre los 80 y 95 años. En el 2016 celebró sus Bodas de Oro sacerdotales en Yucatán y en el 2018 en la Iglesia de San Sebastián, realizó la presentación de su libro, donde narra su rica vida misionera, aunque debe apuntarse que con anterioridad había publicado otras 5 obras relevantes.

Siempre se despide en sus cartas de la siguiente manera, obsequiando un mensaje de paz y hermandad: “Que estés bien, mantente feliz, sigue sonriendo y procura esparcirlo por todas partes”.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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