Como secuela de las tragedias que desencadenó de la Segunda Guerra Mundial, miles de polacos fueron echados a las regiones más hostiles, principalmente a Siberia, Ubekistan y Kazajstán, donde permanecieron bajo durísimas condiciones climáticas y de trabajo. Tiempo después, varios grupos fueron trasladados al Medio Oriente en Irán, otros a la India y finalmente a África Oriental.
Otro lugar que se brindó para recibir los exiliados polacos fue México, precisamente
cuando el presidente Manuel Ávila Camacho concedió numerosas visas para el
ingreso de refugiados de la guerra. El
Gobierno de México trató de localizar un lugar adecuado para el acogimiento de
casi 1,500 refugiados, y los albergó en la hacienda de Santa Rosa, cerca de León,
Guanajuato, a donde ingresaron dos grupos:
uno el 10 de julio de 1943 y otro el 2 de noviembre del mismo año. En ese predio
permanecieron de 1943 a 1947.
Cuando los polacos pudieron reubicarse
y obtuvieron permisos para trabajar, la mayoría marchó a los Estados Unidos,
aunque algunos se trasladaron al estado de Campeche, entre los que se encontraban:
zapateros, plomeros y electricistas, entre otros.
Precisamente en esos años, en una gran área forestal del vecino estado, se empezaba cerca de la aguada llamada Zoh Laguna, la explotación de los bosques de caoba mediante el establecimiento de un aserradero maderero que luego se convertiría en la empresa Caobas Mexicanas.
El ingeniero Felipe Rodríguez Ramírez, hombre de confianza del
ingeniero Alfredo Medina Vidiella, que en aquella época se dedicó a poner en
marcha el aserradero de Zoh Laguna, comenta en su biografía algunos recuerdos
de los polacos que llegaron y trabajaron durante un tiempo en ese lugar:
“Poco a poco después de que Rice instaló el
aserradero portátil, fueron apareciendo, un almacén, una tienda, un buen taller
mecánico. Más empleados y trabajadores especializados fueron arribando: Manuel
López, Ermilo Narváez, “Cucho” Cerda. El “Negro” Paredes, Miceli y por fin, allá por febrero de 1947 empezaron
a aparecer como caídos del cielo (llegaron en avión) muchos polacos y polacas. “
“Gente se llevó de Colonia Yucatán (“Mayito”
Ravell, el mismo Manuel López, Florentino Rivera, Honorio Interián, Vidalito.
Aquel famoso y folklórico “Sosita”, un “negrito” Benet, cocinero de Belice; en
fin, de donde se podía y de León. Aquí llegaron muchos polacos entre
trabajadores, señoras, señoritas, niños y niñas. Estos polacos provenían
de un campamento de León Guanajuato que servía para alojarlos
como refugiados de la II Guerra Mundial.
De este grupo salió el primer dispensarista médico y la primera enfermera en
Zoh Laguna.
En mi libro, Colonia Yucatán: La
historia reciente de un pueblo maderero, también cité los párrafos
anteriores, lo que fue suficiente para que me buscara un mexicano descendiente
de esos polacos que llegaron como refugiados a México. Me refiero al ingeniero
Alejandro Ramírez Gricuk, nacido en León Guanajuato y a su esposa de origen
francés, la especialista en matemáticas, Elizabeth David Leroy. Ambos en la
actualidad son jubilados, aman su origen y son personas cercanas a la Embajada
de Polonia en México. Tienen familiares en la Ciudad de México y en la ciudad
de Mérida en un fraccionamiento del norponiente de esta ciudad.
Nota: Las fotografías que acompañan la nota fueron
proporcionadas por Alexis Pérez, apasionado custodio de la historia de Zoh
Laguna.
Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.