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Voz de la Península

Darán asesoría jurídica gratuita a quienes hayan recibido recibos de luz altos

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Ante los elevados costos de la CFE, el Ayuntamiento de Mérida ofrecerá asesoría jurídica gratuita a quienes recibieron recibos de energía eléctrica con tarifas exorbitantes.

Ante las quejas por los elevados cobros del servicio de energía eléctrica por parte de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), el Ayuntamiento de Mérida ofrecerá asesoría jurídica gratuita a quienes lo soliciten, para detener esa situación, que en el marco de la pandemia “lesiona significativamente la economía de la población”, indica un boletín de la comuna.

A través del el correo electrónico tarifasjustas@merida.gob.mx,  se podrá pedir asesoría legal para iniciar un proceso jurídico contra un cobro injusto de la CFE. El apoyo podrá ser empleado tanto por casos en los hogares de la capital yucateca, como para niveles de  cobranza extrema registrados en comercios.

Por medio del comunicado, el alcalde Renán Barrera Concha calificó como “increíble” que durante la contingencia, la cual obliga a miles de personas a quedarse en sus viviendas, los recibos lleguen más altos que nunca.

Recordó que Yucatán siempre ha pagado las tarifas más altas por consumo de energía eléctrica y ha sido una lucha histórica que han emprendido a lo largo de los años el sector privado y gubernamental para acabar con esa medida injusta, pero hoy esto cobra carácter de urgencia ante la pandemia. 

Puesto que “no habrá ningún esfuerzo municipal ni estatal que sea suficiente para poder hacer contrapeso al abuso sistemático de la CFE”, el funcionario solicitó a la Comisión y a su director, Manuel Bartlett, a replantear la estrategia de cobranza en la península yucateca, específicamente en la ciudad de Mérida. 

Voz de la Península

Más de 17 mil personas han tenido COVID-19 en Yucatán

Lilia Balam

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Foto: https://espanol.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/index.html

80 por ciento se ha recuperado, es decir, más de 13 mil personas.

Mérida, Yucatán, 17 de septiembre del 2020.- 17 mil 142 personas tenido COVID-19 este año. 80 por ciento, es decir, 13 mil 862, se han recuperado de la enfermedad, informó la Secretaría de Salud de Yucatán (SSY).

En las últimas 24 horas se confirmaron 81 diagnósticos: 46 en Mérida; 13 en Tizimín; tres en Chichimilá, Izamal, Progreso y Tahmek; dos en Kanasín y Tinum; uno en Espita, Maxcanú, Santa Elena, Umán y Valladolid; y uno foráneo.

También se reportaron nueve fallecimientos. Perdieron la vida dos mujeres y cuatro hombres de la capital yucateca, un varón de Valladolid, uno de Telchac Puerto y uno de Motul. Desde abril, han ocurrido dos mil 217 decesos a causa del padecimiento. 246 pacientes se encuentran en hospitalización, 817 tienen síntomas leves.

Se puede consultar información sobre la enfermedad en la página http://www.coronavirus.yucatan.gob.mx. También están a disposición la línea telefónica (800 982 2826), y los chats de Whatsapp en español (999 200 8489) y en maya (9991 40 6622), para obtener diagnóstico automatizado; y la aplicación “Meditoc”, tanto en Apple Store como en Play Store.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Septiembre, recuerdo de dos huracanes que impusieron su fuerza en este poblado

José Antonio Ruiz Silva

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Se acercan dos fechas importantes que traen a la memoria acontecimientos que golpearon la economía de la Colonia Yucatán, dejando susto y miedo entre los habitantes y que impactaron enormemente las instalaciones de las empresas madereras. Nos referimos a la presencia de dos huracanes- Beulah y Gilberto– que será imposible arrancarnos de la memoria a lo largo de nuestra vida.

Del huracán Beulah que nos visitó en septiembre de 1967, no contamos aún con noticias escritas, pero muchos que rondamos los 60 años y que en ese entonces tendríamos 12 años de edad, recordamos vívidamente episodios fijados en nuestra memoria como retratos de aquella tragedia. Recuerdo que esa noche se efectuaría un baile con motivo de las Fiestas Patrias, festejo que comprensiblemente no se llevó a cabo, y seguramente los músicos y sus ayudantes también fueron resguardados como casi toda la población en las grandes bodegas de las fábricas.

Afortunadamente en ambos meteoros no hubo heridos ni muertes que lamentar, salvo los considerables daños que los fuertes vientos y lluvias causaron en nuestras viviendas, la escuela, la iglesia y  las fábricas. Las fotos que acompañan esta crónica son cortesía del P. John Patrick Martin, muy conocido por todos, quien amablemente nos las proporcionó para el primer libro de la Colonia Yucatán publicado en julio de 2011.

El huracán Gilberto 1988. (Hace 27 años)

Es importante agregar que Gilberto fue quizás el huracán más intenso jamás observado en la cuenca del Atlántico, hasta que sobrevino  el Huracán Wilma en 2005 que probablemente lo superó. Gilberto tocó tierra en la península de Yucatán el 14 de septiembre como un huracán de categoría cinco. Del libro, Colonia Yucatán: decadencia y migración (la historia de sus hombres y mujeres exitosos) publicado en el 2013, y con información proporcionada por el ingeniero Jonathan González Martínez, último gerente general de las empresas madereras de 1984 a 1995, extraemos parte de la presencia del ciclón  Gilberto en la Colonia Yucatán:

gilberto, poderoso ciclón de triste historia en su paso por colonia yucatán. El día 14 de septiembre de 1988, nos enteramos que un gran huracán de categoría 5 pasaría  por Colonia Yucatán y que traía vientos sostenidos de mas de 270 kilómetros por hora y ráfagas de mas de 300 kms por hora, sin duda nos esperaba un desastre. Días antes nos habíamos empezado a preparar comprando lonas y grandes plásticos para cubrir tableros y maquinaria importante y delicada que no debería mojarse y el mero día, a las 7 de la noche, ordené suspender todas las actividades, suplicando el resguardo de las gentes en sus casas. La verdad es que toda esa noche no pude conciliar el sueño, pues quería estar pendiente de todo lo que estuviera sucediendo minuto a minuto. Desde que se empezaron los trabajos de previsión, encendí una pequeña grabadora y fuí narrando a cada momento lo que estaba sucediendo, (esa narración no la regrabé y finalmente se deterioró la cinta). El día 14 desde temprano, apenas hubo algo de luz, y sin haber pegado los ojos ni un instante durante toda la noche, estuve observando desde la terraza de la casa que habitaba frente al parque, las ráfagas de viento huracanado que arrastraba árboles completos, láminas y cuanto material se había desprendido. Para ese momento a la  casa entraba el agua a chorros, por un boquete que se había originado por la caida de la antena de radio, que el viento había partido a la mitad, la cual ahora descansaba sobre la cubierta de la recámara principal. Afuera se observaban árboles y postes caídos, pero lo más impresionante era el fuerte zumbar del viento derrumbando cuanto obstáculo se le interponía, es difícil describir la emoción que uno sentía a ese momento. Durante la breve tregua que proporcionó el paso del ojo del huracán llegó a visitarme Manuel Núñez, administrador de las Plantas, para informarme sobre los daños que había observado desde fuera de las edificaciones de la fábrica. Con el nerviosismo natural para esos momentos tensos, me relató que se habían volado por completo las techumbres de una de las naves de la fabrica de Triplay, que habían postes recargados en los muros y que se estaba filtrando el agua en las oficinas; en fin; toda una tragedia. Le sugerí que regresara  a su casa y estuviera pendiente de su familia; él me insistió en que yo me saliera de la casa y me pusiera a salvo en la iglesia que estaba a un costado y que aparentemente estaba resistiendo. Agradecí diciéndole convencido que aquí me sentía seguro. Hasta ese momento no imaginaba lo que seguiría después del ojo, pues en mi mente no cabía más devastación. Afortunadamente no estaba solo, tenía un acompañante fiel que se moría de miedo con los ruidos, mi perro Rocky, al cual había rescatado durante la madrugada de su casita, que se encontraba obstruida por una gran rama de un árbol de aguacate; y al escuchar sus “gemidos” fui por él, removí como pude la rama y lo traje conmigo al interior de la casa, donde  permaneció toda la jornada, temblando y echado junto a  mí. Así transcurrió ese largo día hasta que cerca de las cinco de la tarde cesaron los vientos huracanados y pude salir a revisar  las instalaciones de las fábricas. Ahí estaba ya reunido un gran grupo de trabajadores preguntándome qué acciones tomaría la empresa después de esta devastación. Les pregunté si sabían de personas lesionadas, contestándome que no, pero que sus casas estaban en gran parte destruidas. Les aconsejé que, dadas las circunstancias, por el momento no había otra cosa mas importante que regresar a cuidar de sus familias y tratar de reconstruir lo que se pudiera; sobre todo los techos, porque seguiría lloviendo. Les pedí que hicieran una relación de los materiales que les serían necesarios para proporcionárselos, si los teníamos a la mano. Por lo demás les sugerí que en cuanto se hiciera un recuento de los daños y se analizara la posibilidad de reiniciar los trabajos, se les llamaría, que estuvieran pendientes. En esos momentos no tenía ni la más leve idea de lo que sucedería, pues los daños según pude observar a la ligera, no eran cosa pequeña, y no niego que durante varios días no se me quitó la idea, de que estos eran los últimos días de vida de esta gran fuente de trabajo. A pesar de que las fábricas estaban aseguradas contra daños causados por meteoros de esta naturaleza, la aseguradora hizo todo cuanto fue posible para no asumir sus obligaciones y tan sólo cubrió una ínfima cantidad que no alcanzó ni para techar las naves. De tal forma que volvimos a esgrimir la misma argumentación con los directivos, para evitar el cierre definitivo. Para entonces ya se habían invertido más recursos en la adquisición de nueva maquinaria y equipo, y no era conveniente perder tanto dinero sobre todo cuando ya estábamos en una ruta ascendente. Finalmente accedieron, pues Nacional Financiera ofreció apoyos económicos, que nunca fluyeron y dejaron embarcados a los directivos con otro gran paquete. Había que trabajar duro, redoblar esfuerzos y mantenernos dentro de la línea de la productividad. Así se los hice saber a los trabajadores, a los directivos del Sindicato y a los  empleados de confianza, y en verdad se los dije, con toda la sinceridad que pude haber sacado desde muy dentro de mi. Fueron tan grandes los daños que ocasionó el huracán a las instalaciones de las fábricas, que los trabajos de reconstrucción tardaron casi dos meses y la producción se fue recuperando muy de poco en  poco, pues las refacciones no llegaban y era necesario superar el estrés económico que teníamos en ese momento. En esta dura situación sentimos que los trabajadores se mostraron solidarios, acordando cobrar únicamente medio salario durante los trabajos de reconstrucción , lo cual consideré siempre como una acción de gran valor.

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Voz de la Península

Lo que se sabe del primer barco utilizado para el tráfico de esclavos mayas

Lilia Balam

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Foto: INAH

El INAH confirmó que los vestigios descubiertos en 2017 corresponden al vapor “La Unión”, que  entre 1855 y 1861 trasladó a Cuba un promedio mensual de 30 esclavos mayas.

Hunucmá, Yucatán, 17 de septiembre de 2020.- Tras años de investigación, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmó que los vestigios de una embarcación encontrados en el puerto de Sisal corresponden al vapor La Unión, el primer barco empleado para el tráfico de esclavos mayas en el siglo XIX.

El pecio se localiza a 3.7 kilómetros de la costa del puerto de Sisal. Fue encontrado en el 2017 durante el desarrollo del Proyecto Integral para la Protección, Conservación, Investigación y Difusión del Patrimonio Cultural Subacuático de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del INAH. Después de ubicar los remanentes, inicialmente se nombró Adalio al barco, en honor al abuelo del pescador Juan Diego Esquivel, quien guió a los arqueólogos al sitio.

Se observó que se trataba de un vapor fechado entre 1837 y 1860, cuando esos barcos eran impulsados con un sistema de calderas, máquinas con balancín y ruedas de paleta tipo Mississippi.

De acuerdo con un comunicado del INAH, cuando el 19 de septiembre de 1861 se produjo el incendio del vapor que causó su hundimiento, las calderas estallaron y la embarcación se quemó, pero la sentina —la parte inferior del casco, en la zona más baja de la sala de máquinas— descendió siete metros desde la superficie hasta el fondo de las aguas someras.

Al cubrirse de arena, la madera del fondo del casco se conservó hasta ahora, al igual que otros elementos todavía reconocibles, como las ruedas de paleta, calderas, compartimentos, objetos para la sujeción como pernos de cobre y artefactos relacionados con la vida cotidiana a bordo, entre ellos, fragmentos de botellas de vidrio o cerámica y hasta ocho cubiertos de latón que eran empleados por los pasajeros de primera clase.

Tras esa primera fase del trabajo de campo, el equipo de la SAS comenzó a indagar en los archivos provinciales de Yucatán y Baja California Sur, así como en los nacionales de México, Cuba y España. Luego de un proceso de tres años, logró reunir información suficiente para corroborar que Adalio, es, en realidad, el vapor La Unión.

La embarcación pertenecía a la empresa española Zangronis Hermanos y Compañía, establecida en 1854 en La Habana, Cuba. Ésta fue autorizada un año después para comerciar en México, realizando travesías entre Sisal, Campeche, Veracruz y Tampico. Usualmente llevaba a Cuba pasajeros de primera, segunda y tercera clase, junto con mercancía, como fibras de henequén, cueros curtidos, palo de tinte y pieles de venado.

Pero los mandos también estaban en contubernio con los esclavistas, quienes introducían en pequeños e insalubres espacios a los mayas que capturaban o engañaban. El INAH indica en su boletín que en octubre de 1860, un año antes del naufragio, fue sorprendido el vapor en Campeche llevando 29 mayas, entre ellos niños y niñas de 7 y 10 años.

Sin embargo, no fue sino a partir de aquel trágico incendio del vapor en 1861, en cuyo naufragio pereció la mitad de los 80 tripulantes y 60 pasajeros —cifras que por cierto no cuentan a los esclavos mayas, pues no eran considerados personas, sino mercancías—, que el gobierno mexicano puso mayor atención en los cateos en los puertos, a fin de impedir el tráfico de personas en las rutas hacia Cuba.

“Esto habla de un pasado ominoso para México, el cual debe reconocerse y estudiarse en función de su contexto y época. Esto adquiere mayor sentido al evocar que, si bien la esclavitud estaba prohibida desde la Independencia, y no obstante que el 6 de mayo de 1861, el presidente Benito Juárez emitió un decreto para impedir la extracción forzada de cualquier individuo maya, el incendio que causó el hundimiento del vapor  en su camino a Cuba, demostró que la esclavitud continuaba sin obedecer ley alguna”, sostiene el INAH en su comunicado.

Según los documentos consultados por el equipo de la SAS en la península de Yucatán, la naviera Zangroniz Hermanos y Compañía estuvo activa durante algunos de los años más álgidos de la Guerra de Castas de Yucatán (1847-1901), en la que se enfrentaron indígenas y criollos por motivos vinculados al cobro excesivo de impuestos y el acaparamiento de las tierras de cultivo.

El INAH refiere que una estrategia empleada por los hispanos y oligarcas mexicanos fue ordenar, desde 1848, la expulsión de los mayas capturados en combate; de ahí que muchos fueron enviados a Cuba, pues la isla tenía escasez de mano de obra en las plantaciones de caña de azúcar.

“Cada esclavo era vendido por hasta 25 pesos a los intermediarios, y éstos podían revenderlos en La Habana, a los hombres por 160 pesos y a las mujeres por 120 pesos”, precisa en el boletín la arqueóloga Helena Barba Meinecke, responsable de la oficina Península de Yucatán de la SAS.

Otra forma de conseguir esclavos era a través de los llamados “enganchadores”, cuyo trabajo era ir a pueblos como Ixil, Kanxoc y Valladolid, para ofrecer a los indígenas papeles falsos, haciéndoles creer que irían a Cuba como colonos, donde tendrían tierras con las que podrían generar ingresos.

En el vapor La Unión y en otro de la empresa Zangronis llamado México, desde 1855, se fletaron mensualmente un promedio de 25 y 30 personas, muchas de las cuales nunca pudieron regresar a la península. No obstante, una parte de su memoria yace en el barrio habanero de Campeche, donde por generaciones vivieron muchos de los esclavos mayas y sus descendientes.

El historiador Abiud Pizá indagó que, aunque Zangroniz está ausente en la documentación mexicana de los años inmediatos al naufragio, durante el Segundo Imperio y el Porfiriato ganó contratos para la construcción de ferrocarriles.

Para el equipo de la SAS, el descubrimiento es de relevancia internacional, pues hasta la fecha no se había documentado el tráfico ilegal de población maya mediante embarcaciones. En los últimos años se han descubierto otros naufragios esclavistas: las naves Clotilda y Henrietta Marie, en Alabama y Florida, respectivamente; El Trovador, en República Dominicana; y el San José, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica; pero todos eran lo que se conocía como “barcos negreros”, aquellos que por más de 400 años sustrajeron personas de África para venderlas en el continente americano.

Las personas interesadas en conocer más de la  historia del vapor La Unión, pueden visitar el Museo de Arqueología Subacuática en el Fuerte de San José el Alto, en la ciudad de San Francisco de Campeche. La Sala 6, dedicada a la revolución industrial de la navegación, exhibe, entre otros elementos, los cubiertos de latón recuperados en los vestigios del vapor.

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