De veras que los
tiempos cambian, todo se trasforma. La antigua manera de vender pozole en los
mercados o en plazas públicas, donde las mestizas se sientan en un banquillo
delante de una mesita a esperar la llegada de sus clientes, aquí en el pueblo,
con el paso de los años, se ha venido modificado seguramente por necesidad.
La emprendedora Glendy, desde las 6 de la mañana sale en su moderna bicicleta a recorrer las calles vendiendo su exquisito pozole helado, para ayudarse en el sostenimiento familiar y satisfacer el gusto de sus marchantes. Se le puede ver en la plaza y en el sitio de taxis, tiene clientes seguros entre los barrenderos del centro y entre los viajeros.
Un campesino,
amigo de toda la vida, me comentó que el pozole con coco es un alimento muy
bueno, que da fuerza y vigor para el trabajo. Adelante Glendy, a seguir
promoviendo esta tradicional bebida. Es grande tu oficio.