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Voz de la Península

Habitando el tiempo, interesante exposición fotográfica

Indalecio Cardeña Vázquez

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La imagen, la fotografía, es la derrota del olvido. La captura del instante es la victoria sobre el abandono, el triunfo de la memoria, individual o colectiva, personal o comunitaria, y la exposición Habitando el tiempo, Mérida de la calle a la memoria, donde la fotografía atrapa la luz y las cosas, las personas que la habitaban en ese instante, diluido ya en las innumerables horas y días transcurridos, junto con las sombras que ahí estaban también, es justamente eso, el triunfo del recuerdo, el testimonio, la herencia para la memoria colectiva.

Y vaya herencia es la que resguarda la Fototeca Guerra, de la Universidad Autónoma de Yucatán. Invaluable. A través de ella, y de otro acervo fotográfico que cobija, podemos apreciar en esa breve muestra –30 fotografías– una pequeña parte del desarrollo de nuestra ciudad.

Esta exposición, instalada en la Galería de la Facultad de Arquitectura de la UADY, como parte de las actividades conmemorativas por el XV Aniversario de la creación de la Licenciatura en Diseño del Hábitat en esa Facultad, nos trae algunos de los días pretéritos de Mérida, antes que la irracional e insensata piqueta de la “modernización” arremetiera contra añejas construcciones, casonas de la época colonial que en el siglo XIX fueron renovadas, incorporándoles formas neoclásicas que le dieron un nuevo rostro a la antigua, la entonces ya varias veces centenaria Mérida.

Fue una nueva personalidad arquitectónica, la que surgió en la construcción meridana decimonónica, una nueva fisonomía urbana, delineada, definida, en la que aún se observaba lo colonial, ese pasado inmediato que deseaba ser olvidado rápidamente por los yucatecos, los meridanos de la centuria del XIX, adoptando la ciudad en cambio una faz propia que le daba identidad.

Y ese rostro urbano construido a partir de la época independiente, que convivía en armonía con lo sobreviviente de lo colonial, es lo que en la primera década del siglo XX comenzó a ser mutilado levemente, los trazos coloniales que aún pervivían en los albores de la centuria pasada fueron sepultados bajo las líneas de la modernidad de aquel entonces, una modernidad que no obstante, guardaba ecos clásicos, neoclásicos.

¿Cuál era el objetivo de tales modificaciones? El mismo que suele estar en muchas transmutaciones arquitectónicas: borrar lo anterior. Algo que todas las sociedades en todos los tiempos, han hecho. La civilización maya nos brinda numerosos ejemplos de esto.

El delirio modificador arquitectónico alcanzó en Mérida niveles demenciales, cuando numerosas casonas fueron demolidas en el siglo XX para poner en su lugar estructuras carentes de todo gusto arquitectónico, aunque esto no era algo que hubiera estado precisamente en los objetivos de quienes edificaron esos adefesios, o bien los espacios donde estuvieron las residencias se convirtieron en áridos terrenos para estacionar numerosos vehículos.

Muy pocas de esas impostoras construcciones pueden ser identificables con algún estilo en boga durante las décadas de 1950, 1960 o 1970. La mayoría de esos bodrios arquitectónicos, realizados con el peor gusto, respondían a un solo afán: el económico.

En efecto, muchas casonas fueron derruidas porque sus espacios no resultaban útiles a los intereses económicos que se tenían, y la arquitectura existente se convertía en un estorbo para las ganancias esperadas.

La situación socio–económica meridana del siglo XX fue compleja. Fue una especie de culminación de un proceso que comenzó a mediados del siglo XVI con la fundación de Mérida, continuó durante las épocas colonial, independiente y moderna, hasta alcanzarnos ahora en el siglo XXI, en el  que estamos viviendo quizá uno de sus momentos más intensos.

Esa situación y el proceso que provocó se encuentran en el actual Centro Histórico. Primero fueron las sucesivas transformaciones a lo largo del tiempo, del centro de la ciudad, y ahora su abandono.

En ambos casos, el motivo principal de ello ha sido el económico, seguido de cuestiones relacionadas con el prestigio social. Veámoslo rápidamente.

Al ocurrir el auge henequenero a fines del siglo XIX y principios del XX, los hacendados de ese entonces desearon diferenciarse totalmente de sus ancestros, y se proyectó la construcción del Paseo de Montejo como un símbolo del nuevo grupo social poderoso.

El desarrollo de la ciudad se orientó entonces hacia el norte, a diferencia de la época colonial y el siglo XIX cuando el desarrollo y crecimiento de la ciudad, ocurrían alrededor del centro de la urbe.

Durante el siglo XX surgieron las primeras zonas residenciales y las colonias para la clases media y media alta, ello ocurrió, como hasta ahora, hacia el norte y el poniente. En la actualidad quedan incluidos también, el norponiente y nororiente de la ciudad.

En el centro continuaron viviendo familias, que poco a poco comenzaron a emigrar de ahí, marcadamente a partir de la década de 1970, mientras los establecimientos comerciales empezaron a abundar en esa zona. Varios dueños de esas propiedades en el centro de Mérida las vendieron, y la piqueta “modernizadora” continuó lo iniciado levemente a principios del siglo XX, mutilando inmisericorde ya, el rostro arquitectónico de la ciudad.

A principios de la última década del siglo XX, 1990, el desarrollo inmobiliario y comercial del norte, oeste y noroeste meridanos, tuvieron más auge y se agudizó entonces el éxodo del Centro Histórico, marcándose así, de manera más acentuada, las diferencias socio–económicas y culturales, entre el norte, la abundancia, y el sur, la escasez, de Mérida, con un centro histórico desdibujándose cada vez más por una dispareja ocupación habitacional, y una desigual conservación de sus edificios.

Esto es parte de lo que nos narra la interesante exposición fotográfica Habitando el  tiempo, Mérida de la calle a la memoria, que se muestra en la Galería de la Facultad de Arquitectura. En ella podemos observar los edificios y espacios que no existen ya más, podemos admirar entonces, parte de lo hermosa que fue Mérida.

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Voz de la Península

Los mayas, su conquista y dominio

Indalecio Cardeña Vázquez

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La conquista total de los mayas por parte de los españoles, fue un largo proceso que duró más de siglo y medio, 170 años, no obstante que el apogeo y esplendor de los antiguos mayas ya había terminado, y se encontraban en un período de decadencia.

Este extenso período comenzó en 1527 cuando Francisco de Montejo el Adelantado, arribó a la costa oriental de la península yucateca, y concluyó en 1697 al caer Tayasal la última ciudad maya, localizada en una isla en medio del lago Petén Itzá en Guatemala. La conquista del área maya resultó totalmente diferente al asedio del imperio azteca, que sucumbió en tan sólo dos años, de 1519, año en que Hernán Cortés llega a la península de Yucatán y de inmediato se dirige en busca de los tesoros de los aztecas, hasta 1521 cuando Tenochtitlán cae bajo el dominio de los europeos.

La civilización maya se desarrolló en una amplia zona de América Central y de México. Ocupó una extensa región que en México abarca los tres estados de la península yucateca: Campeche, Quintana Roo y Yucatán, y las mitades orientales de Chiapas y Tabasco; la totalidad de Belice y Guatemala, y las mitades occidentales de Honduras y El Salvador.

Los mayas antiguos supieron de la existencia de los europeos desde 1502, diez años después de la llegada de Cristóbal Colón al continente americano, cuando Bartolomé Colón, hermano del Almirante Cristóbal Colón se encontró en el Golfo de Honduras, que en ese entonces era una región desconocida para los españoles, con unas canoas de mercaderes mayas.

Posteriormente en diversos años, varios exploradores españoles pasaron frente a las costas de Yucatán pero no se internaron en estas tierras. En 1511 arribaron los primeros ibéricos, pero en calidad de náufragos, cuando el militar Gonzalo Guerrero, el ex religioso Gerónimo de Aguilar y otros compañeros suyos, alcanzaron las costas mayas luego de sobrevivir al naufragio de su galeón en mitad del Mar Caribe. Sin embargo, los únicos sobrevivientes realmente fueron Guerrero y Aguilar, quienes quedaron en calidad de eslavos de dos gobernantes mayas,  ya que los demás fueron sacrificados por los sacerdotes indígenas.

Muchos fueron los motivos que hicieron que la conquista española de los mayas prehispánicos tardara tanto tiempo. Algunos de ellos, son: El conocimiento parcial de la región por parte de Francisco de Montejo el Adelantado. La organización política de los mayas en provincias autónomas, esto es, la ausencia de un poder central, un reino o un imperio, como en el caso de los aztecas. La actuación de Gonzalo Guerrero, el náufrago soldado español que se convirtió en maya al casarse con la hija del cacique al cual servía como esclavo, y entonces fue capitán de los ejércitos de ese gobernante y asesoró militarmente a los demás dirigentes indígenas para la defensa de su territorio, en contra de sus ex compatriotas españoles.

El establecimiento definitivo del primer asentamiento español político importante, como capital del territorio por conquistar, fue la ciudad de Mérida, en 1542, a cargo de Francisco de Montejo “El Mozo”, hijo del Adelantado, quince años después del arribo de los conquistadores europeos al área maya.

En este largo proceso de la instauración del dominio español, el Adelantado fundó y mandó fundar, en diversos lugares de la península yucateca ocho ciudades con el nombre de Salamanca, probablemente en honor a la ciudad donde aparentemente nació.

Sin embargo, hoy en día tan sólo algunos de esos sitios mantienen la categoría de ciudad, pero ninguno conserva tal título de Salamanca. Esos lugares fueron: 1) Xelhá, en Quintana Roo, 1527; 2) Xamanhá, la actual ciudad de Playa del Carmen, 1528; 3) Xicalango, en Tabasco, 1529; 4) Itzankanac, en Campeche, 1529; 5) el sitio donde hoy se encuentra la ciudad de Campeche,1531; 6) Champotón, en Campeche, 1537; 7) el lugar donde hoy está la ciudad de Chetumal, Quintana Roo, 1542; y, 8) Bacalar, en Quintana Roo, 1545.

A partir de la década de 1540 comenzó una nueva etapa en la historia del pueblo maya, una historia marcada por el dominio y la opresión de los conquistadores y colonizadores europeos, así como por la resistencia indígena la cual tuvo manifestaciones silenciosas y violentas, con estos hechos los mayas coloniales buscaban la defensa y recuperación, tanto de su territorio como de su identidad.

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Voz de la Península

Honran a Fátima y exigen justicia para las víctimas de violencia de género en Yucatán

Lilia Balam

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Un centenar de mujeres realizaron una velada en honor a Fátima, la menor de siete años víctima de feminicidio, y alzaron la voz por la violencia contra de las mujeres de México.

Con peluches, flores y poemas, un centenar de mujeres realizaron una velada en la Plaza Grande para honrar la memoria de Fátima, la menor de siete años que fue víctima de feminicidio en la Ciudad de México, además de exigir justicia para todas las víctimas de delitos de violencia de género perpetrados a nivel nacional y local.

Las manifestantes externaron su dolor e indignación ante el crimen cometido contra Fátima, y recordaron que todos los días matan a diez mujeres en el país: el 75% cometidos por hombres, de los cuales, el 25% por cercanos a las víctimas. De igual forma, rememoraron casos como el de Ingrid Escamilla y Jaqueline Ramírez, quienes también fueron víctimas de feminicidio recientemente.

Urgieron a las autoridades a emprender acciones para sancionar a los responsables de la violencia de género y reprocharon la falta de seguridad para las mujeres y la revictimización a la que son sometidas.

También condenaron las omisiones en la impartición de justicia para los casos de abuso sexual infantil. “Las niñas no se tocan, no se matan. En Mérida no se castigan los casos de violencia sexual infantil. Es la tragedia más silenciosa que, a falta de  acciones jurídicas, deja indefensas a las víctimas yucatecas, las cuales desde el 2012 suman casi 600 por violación y casi mil 500 por abuso sexual”, sostuvo una de las manifestantes.

Por ello exigieron reformas legislativas orientadas a combatir los delitos de violencia sexual contra las niñas, así como apoyo, atención y acompañamiento para las víctimas.

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Crónicas de Ixil

PERSONAS PERDURABLES

Miguel Ángel Orilla

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La postal yucateca que acompaña estas breves palabras, fue tomada allá por el año de 1930, y corresponde a la boda de don Anastasio Matú y doña Eulogia Chin. El primero fue durante muchos años Oficial del Registro Civil, y doña Eulogia respetable rezadora del pueblo que a varias generaciones de muchachas les enseñó el arte del xocbichuy y el bordado.

Aparte del afecto que repartieron en abundancia, no dejaron descendencia consanguínea pero adoptaron al entonces niño Henry Zaldivar a quien supieron brindar amor sin condiciones. Heredaron gratos recuerdos por su labor comunitaria en la forja de esta esta población que -los recuerda con especial cariño en estos días de febrero-.

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