Mérida de ayer
Los versos del tigre
Publicado
hace 6 añosen
Las esquinas de la ciudad de Mérida, conservaban hasta inicios de la segunda mitad del siglo XX, nombres que la gente le puso a las calles en centurias pretéritas, ya sea por alguna característica de esa vía, un personaje destacado, algún árbol o una estructura singular, un acontecimiento sorprendente o terrible, o un animal. Y así podíamos oír que se mencionaban las esquinas de: El cedro, El soldado, La gran lucha, El Elefante, o El Zepelin.
Algunas de estas denominaciones surgieron en la época colonial, otras en el siglo XIX, y algunas más en la centuria pasada. Las personas sabían a cabalidad esos nombres y se orientaban preferentemente por ellos, en vez de decir los números del cruzamiento,
Una de esas esquinas que fue célebre por su nombre, es la del cruzamiento de las calles 55 con 54, que se llamó El Tigre, por una placa de piedra que se encontraba en la fachada de la casa colonial que hubo en ese cruzamiento, donde está representado un felino. Hoy en día no se conserva tal casa, pero sí la piedra que ahí estuvo.
Esa placa fue entregada en febrero de este año 2020 al Centro INAH Yucatán, por los actuales dueños de ese inmueble, la familia Siqueff Moisés, para su restauración y mejor conservación.
Esa losa aparentemente corresponde a la primera mitad del siglo XVII y estuvo acompañada de otra piedra, la cual tenía escrito un poema popular de muy escaza calidad literaria, pero con algún tono jocoso y que hoy en día resulta una anécdota ilustrativa del motivo por el cual las esquinas solían tener nombre.
El animal representado en esa talla pétrea, es en realidad un jaguar y esa esquina de la 54 con 55 era conocida, ya desde la década de 1930, como “El Chacmool”. En la década de 1980, funcionaron en ese lugar un hotel y un centro nocturno que tenían ese mismo nombre.
Una característica del felino esculpido es que, en realidad es un ser antropomorfo, toda vez que la cabeza del animal presenta rasgos humanos. Los ojos, la nariz, la boca y el mentón corresponden al de un hombre adulto, e incluso tiene bigote. Sin embargo, la forma del cráneo y el resto del cuerpo son las de un felino.
La talla realizada por un anónimo escultor maya, muestra cierta desproporción en la figura, esto es una característica de los escultores indígenas que efectuaron las diversas obras de arte maya–cristiano en la península yucateca. En el relieve que nos ocupa, destaca la ausencia de cuello en el ser representado. La escultura actualmente carece del color y las manchas de jaguar, que tuvo en algún momento según se puede inferir de una fotografía de los años treinta.

En 1937 el historiador y periodista Oswaldo Baqueiro Anduze, escribió el texto, “Geografía sentimental de Mérida. Las piedras que hablan”, en ella hace referencia a esta placa en cuestión, y asienta:
“Un ejemplo característico de esta deliciosa costumbre (la de poner nombre a las calles) podemos encontrar en la esquina de “El Chac-mool”. En la casa 472 de la calle 54, que es hoy de un señor llamado Graciliano Briceño y quien tiene ahí una panadería, en la parte más alta de la fachada, vése la figura de un tigre.
“Cincelado con línea elegante, y sosteniéndose sobre las patas traseras, aparece la hermosa alimaña desplegando un pergamino en el cual hay escrita con letras muy grandes esta palabra: Tigre. Podía suponerse que en este fragmento de la piedra que simula un pergamino, se ostentaba antes un escudo de armas o una leyenda que fue borrada para inscribir la palabra tigre.
“Arriba, en dos piedras, hay unos versos encantadoramente enrevesados, posiblemente por el propio tallador. Su lectura es muy difícil no sólo por las letras cruzadas sino también por las arbitrarias abreviaturas. Dicen así estos versos:
Las nobles ciudades grandes
no vegetaban en pena dura
lo que el sol en siglos dura,
nos cuentan sus anales.
Para dar a todos señales,
me graban en esta peña,
para dar a esta calle seña,
porque ninguno se pierda.
Porque tú no te pierdas,
aquí me tienes por seña.
“Y en la piedra de la derecha:
Ciudad noble y meridana,
decid, tus moradores,
con ser que matando peores
que una seña les he dado.
Es lo mismo que ha querido
darles en lengua vulgar,
ni el común ni al formalista
esta misión le ofende.
Sólo dar seña pretende
quien me mandó dibujar.
“Esta piedra es de antigüedad indefinible. Don Candelario Correa, que murió hace ya bastantes años, al reedificar la casa que se encontraba en ruinas, fue quien dispuso la colocación de las piedras que contenían la figura del tigre y los versos, las cuales, entre escombros, encontró abandonadas en el solar del predio.
“¿Fue esta una restitución al lugar donde se encontraron un día? Los más viejos vecinos de Mérida recuerdan que una piedra con la figura de un chacmool existía también en un antiguo edificio de las calles 68 y 61.”
Hasta aquí la cita de Baqueiro Anduze. Actualmente las piedras con los versos están extraviadas, ojalá que algún día aparezcan y se completara esa ancestral simbología colocada alguna vez en aquella ahora inexistente fachada, “para dar a esta calle seña, / porque ninguno se pierda.”
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