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Sucesos en Zací

Suicidio, juventud e infortunio

Mario Alejandro Valdez

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Una ola de suicidios mantiene en conmoción, desde hace semanas, a la ciudad de Valladolid, al oriente de Yucatán, una urbe aún pequeña, pero en franco crecimiento. Quienes han tomado la fatal decisión proceden de muy diversos sectores: hay tanto hombres como mujeres; tanto locales como foráneos; lo mismo mayas que mestizos o “criollos”; de todos los sectores económicos; algunos estudiantes, otros empleados, profesionistas entre ellos. El único factor común parece ser la juventud.

Siendo una sociedad tradicional, conservadora incluso, los episodios trágicos de Zací han producido escándalo y preocupación. Hay quien ha reaccionado llevando agua para el molino de la política, y achaca la crisis a la falta de acción del Ayuntamiento, de extracción morenista; otros culpan de los hechos a un supuesto libertinaje; otros más a la pérdida de autoridad y comunicación de los padres. Y, en cierta medida, todos están en lo cierto: el suicidio es un problema de salud pública, y se requiere una mayor actividad gubernamental al respecto; también inciden los factores internos, tanto individuales como familiares. Es un problema multifactorial y por tanto requiere un abordaje desde distintos flancos.

Sabemos que el asunto preocupa al gobernador de Yucatán. Joven él mismo, seguramente conoce de primera mano muchas tragedias de este signo entre sus familiares, amigos y conocidos. Yucatán ocupa desde hace más de una década el nada envidiable primer lugar nacional en la tasa de suicidios, y la actual administración ha girado instrucciones precisas y señaladas a todos los funcionarios con responsabilidades hacia la juventud de priorizar el tema, de incluirlo en su agenda de atención permanente. Sin embargo las estadísticas no bajan, y más allá de la estadística, la tragedia humana crece día con día.

Más del 90 por ciento de los suicidas, insisto, son personas jóvenes, en plena edad formativa y productiva. ¿Por qué la vulnerabilidad en el período que debería ser de mayor logro? ¿Por qué Yucatán, presumido como “isla de seguridad”, vive este infortunio? El flanco que no se ve en esta terrible tragedia, el punto nodal que no se ha atacado, que lejos de atacarse se precipita cada día más, es el de la vida económica. El modelo neoliberal, que es el que rige la economía local, y es hegemónico en el mundo entero, propicia dos situaciones, que le son estructurales para su crecimiento y reproducción, y que fragilizan la vida humana y sus vínculos: el consumismo, impulsado frenéticamente por las tecnologías adictivas, y el individualismo extremo.

Por el primer factor, las personas basan sus estrategias de éxito en la adquisición, uso y desecho de bienes y servicios de consumo personal, NO con el mero afán de obtener satisfactores, sino por la necesidad de exhibir precisamente su éxito en la realidad virtual, fundamentalmente a través de las redes sociales. Quien no puede presumir de sus objetos de lujo, viajes de placer, amistades y amores, prácticamente carece de existencia, percibiendo su vida como monótona, gris, frustrante y fracasada.

El individualismo extremo, prohijado también por el mismo sistema para vigorizar el consumismo, pero sobre todo para evitar las acciones colectivas, destruye los vínculos que al ser humano le han sido sagrados desde siempre: el compañerismo entre pares, la amistad, el amor romántico, incluso el vínculo familiar es deshecho o corrompido por el afán neoliberal de lograr al consumidor aislado, preocupado exclusivamente de su propio placer –así sea el placer social de contemplar su éxito en las redes virtuales- y al empleado competitivo, que en vez de negociar beneficios colectivos para sus pares busque su satisfacción personal, e incluso se preste alegremente a obstaculizar a sus semejantes, percibidos como una amenaza a sus intereses y no como posibles aliados ante un poder contrario.

El gobernador Mauricio Vila Dosal ha instruido encarecidamente a los rectores y directores de instituciones educativas de Yucatán a emprender acciones urgentes e inmediatas para prevenir el suicidio juvenil; pero a la misma vez, mantiene en estas mismas instituciones el impulso al modelo económico que socava los valores humanos y deteriora la calidad de vida de estos mismos jóvenes y sus familias. Yucatán presume sus logros económicos neoliberales, pero lamenta el infortunio de sus jóvenes suicidas. Mientras no se entienda la magnitud y profundidad del problema, estas terribles tragedias juveniles nos seguirán asolando.

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