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Voces del Mayab

El andar del Kolnáal

José Antonio Cutz Medina

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Ellos son mis maestros. Hace 25 años hicimos amistad cultivando valores comunitarios que me hicieron reaprender mis orígenes. Algunos de ellos ya partieron al paraíso prometido, otros todavía se encuentran en los montes cultivando y protegiendo la tierra, ese territorio sagrado que  tan celosamente resguardan.

Unos trabajan la milpa de manera individual y otros más en familia. Cuando pasan las épocas de tumba y quema, tal como como ocurrió en fechas recientes, el amanecer los sorprende en la milpa, donde desyerban de madrugada y parte de la mañana porque dicen que los rayos del sol son cada vez más intensos.

Genera interés la manera como transitan en el Sakbej. Como se sabe, las centenarias veredas por las que camina el milpero son estrechas, por ello se ve en la necesidad de caminar uno detrás de otro, es decir, durante su marcha va formando hileras humanas. Esta singular práctica ha originado y enraizado este hábito de caminar en filas de uno y que en los tiempos actuales aún podemos observar.

Esta particular manera de andar es notoria cuando hay celebraciones religiosas en el pueblo o asambleas comunitarias. Las familias enteras que avanzan por las amplias calles caminan en hileras. He notado que a los visitantes de otros estados o personas de la ciudad les causa sorpresa ver esta práctica cultural que es habitual en comunidades mayas.

 De cualquier manera se puede señalar que el andar de la familia campesina es jerárquico y patriarcal: el padre va a la vanguardia, siguiéndolo la mamá y detrás de ellos los hijos que casi siempre son más de cinco. En lo personal he observado hileras de ocho niños,  a más del bebé que la madre lleva a horcajadas, haciéndole Jéetsméek´.

En el monte, después de la jornada milpera, la hilera campesina regresa con tercios de leña en las espaladas, con sacos llenos con elotes y también, si el disparo fue certero, traen un venado o jaleb para cocinar en familia. Cuando caminan por las ciudades, ocurre algo diferente, pues traen entre las manos su sabucán y en la espalda una mochila con plantas medicinales, vestimenta o mercancía. Tal vez de ahí se origine un diálogo corto que usualmente emplean en familia, o entre los milperos al invitarnos a ir al monte:

  • Ko´ox in páach (ven detrás de mi)

Y otro contesta:

  • Ko´ox, táan in taaj (vamos, detrás de ti voy).

Si ampliamos el análisis a tiempos prehispánicos, quizás pudiéramos darnos cuenta, mediante las obras de arte talladas en piedra donde plasmaron sus costumbres los ancestros mayas, que en las ciudades sagradas hacían hileras de personas durante sus ceremonias religiosas. De esta manera, estimado lector, cuando te encuentres por los montes con algún campesino y te invite a unirte a él, sencillamente te dirá: Ko´ox in páach (ven detrás de mí). Y uno debe confiar en su sabiduría, pues pocos conocen la selva como los campesinos mayas de Yucatán.

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