Ellos
son mis maestros. Hace 25 años hicimos amistad cultivando valores comunitarios
que me hicieron reaprender mis orígenes. Algunos de ellos ya partieron al
paraíso prometido, otros todavía se encuentran en los montes cultivando y protegiendo
la tierra, ese territorio sagrado que tan celosamente resguardan.
Unos
trabajan la milpa de manera individual y otros más en familia. Cuando pasan las
épocas de tumba y quema, tal como como ocurrió en fechas recientes, el amanecer
los sorprende en la milpa, donde desyerban de madrugada y parte de la mañana
porque dicen que los rayos del sol son cada vez más intensos.
Genera
interés la manera como transitan en el Sakbej.
Como se sabe, las centenarias veredas por las que camina el milpero son
estrechas, por ello se ve en la necesidad de caminar uno detrás de otro, es
decir, durante su marcha va formando hileras humanas. Esta singular práctica ha
originado y enraizado este hábito de caminar en filas de uno y que en los
tiempos actuales aún podemos observar.
Esta
particular manera de andar es notoria cuando hay celebraciones religiosas en el
pueblo o asambleas comunitarias. Las familias enteras que avanzan por las
amplias calles caminan en hileras. He notado que a los visitantes de otros estados
o personas de la ciudad les causa sorpresa ver esta práctica cultural que es habitual
en comunidades mayas.
De cualquier manera se puede señalar que el
andar de la familia campesina es jerárquico y patriarcal: el padre va a la
vanguardia, siguiéndolo la mamá y detrás de ellos los hijos que casi siempre
son más de cinco. En lo personal he observado hileras de ocho niños, a más del bebé que la madre lleva a
horcajadas, haciéndole Jéetsméek´.
En
el monte, después de la jornada milpera, la hilera campesina regresa con
tercios de leña en las espaladas, con sacos llenos con elotes y también, si el
disparo fue certero, traen un venado o jaleb para cocinar en familia. Cuando
caminan por las ciudades, ocurre algo diferente, pues traen entre
las manos su sabucán y en la espalda una mochila con plantas medicinales, vestimenta
o mercancía. Tal vez de ahí se origine un diálogo corto que usualmente emplean
en familia, o entre los milperos al invitarnos a ir al monte:
- Ko´ox
in páach (ven detrás de mi)
Y otro
contesta:
- Ko´ox,
táan in taaj (vamos, detrás de ti voy).
Si
ampliamos el análisis a tiempos prehispánicos, quizás pudiéramos darnos cuenta,
mediante las obras de arte talladas en piedra donde plasmaron sus costumbres
los ancestros mayas, que en las ciudades sagradas hacían hileras de personas
durante sus ceremonias religiosas. De esta manera, estimado lector, cuando te
encuentres por los montes con algún campesino y te invite a unirte a
él, sencillamente te dirá: Ko´ox in páach
(ven detrás de mí). Y uno debe confiar en su sabiduría, pues pocos conocen la
selva como los campesinos mayas de Yucatán.