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Arte y ciencia

Alfredo Barrera Vásquez y Armando Manzanero, evocaciones

Indalecio Cardeña Vázquez

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Diciembre es un mes especialmente significativo para todos, por lo que normalmente representa: último mes del año, fiestas, Navidad, regalos, agitación por compras, vacaciones aunque hay otras actividades y a veces muchas.  

Sin embargo, este diciembre de 2020 resulta totalmente diferente a todos los diciembres que habíamos vivido y sus sorpresas desafortunadas no cesan, ni en sus últimos días.

Hace unas semanas recordaba que este mes es el 40 aniversario del fallecimiento del maestro Alfredo Barrera Vásquez, y evoqué la brevísima oportunidad que tuve de hablar con él y recibir su asesoría en los primeros meses de 1980 para una investigación histórica y antropológica que yo realizaba, y vino a mi memoria cómo meses después de su fallecimiento pude visitar su estudio gracias a la gentileza de su viuda, la Sra. Gloria Pérez Trovamala.

Y en este 28 de diciembre, fecha exacta del aniversario luctuoso del maestro Barrera, cuatro décadas justas después, fallece otro gran yucateco, universal también, pero éste en el arte, Armando Manzanero Canché, con quien igualmente tuve oportunidad de conversar, pero en esa ocasión como periodista, al entrevistarlo brevemente en 1991 para Notimex, agencia para la cual yo trabajaba como jefe de redacción. Así, la vida sorprendente con sus senderos y acontecimientos, hace que confluyan ahora estas evocaciones.

El maestro Alfredo Barrera Vásquez.– A fines de 1979, en los inicios de una investigación sobre medicina nativa yucateca, que yo comenzaba en la Unidad Regional Yucatán de la Dirección General de Culturas Populares, el entonces profesor,-ahora doctor Carlos Bojórquez Urzaiz, en la igualmente entonces Escuela de Antropología de la Universidad de Yucatán, actualmente Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán–, me proporcionó las copias de algunas páginas de un manuscrito médico anónimo que se encontraba en la sección yucateca de la biblioteca “Manuel Cepeda Peraza” considerando que podrían ser de utilidad para el trabajo que realizaba.

Ese documento había sido analizado rápidamente por el maestro Barrera Vásquez y lo mencionaba en un ensayo académico que él hizo al respecto, pero aun así el manuscrito me dejaba algunas dudas acerca de la paleografía y la temporalidad, por lo que decidí consultarle al respecto, era marzo de 1980.

El maestro me recibió en su casa, amplia, luminosa, ubicada en una calle entonces no asfaltada cerca del actual hospital del IMSS, La Ceiba. Me escuchó con atención, revisó las fotocopias del documento que le llevé, y resolvió mis dudas precisándome datos acerca de la temporalidad y la revisión paleográfica que hizo del manuscrito en ese momento.

La sencillez de su trato, y la seguridad y claridad con que transmitía sus conocimientos hacían inevitable la admiración hacia él. En los últimos días de ese año, la noticia de su fallecimiento, fue un duro golpe. La pérdida era muy grande, la desaparición del maestro, con su experiencia, conocimiento y lucidez que tenía a los 80 años, dejó un amplio vacío.

Casi a mediados del año siguiente, 1981, conforme avanzaba en la investigación surgieron nuevas dudas por los adelantos que se obtenían. La ausencia del maestro se dejaba sentir más. ¡Cómo si estuviera para comentar ese tema por él conocido ¡ Y si realizó más apuntes que no publicó, cómo si se pudiera conocer su archivo.

Con esas ideas, e impulsado por el ánimo de que no se perdía algo con intentarlo, me comuniqué con la Sra. Pérez Trovamala. Le expliqué mi situación y le formulé mi petición. Aprobó mi solicitud y fijó el día y hora en que podría acudir a consultar los archivos del maestro.

Así lo hice y aquella mañana entré de nuevo al estudio del maestro Barrera, seguido por su viuda. La sensación era indescriptible. Ahí estaba su escritorio, sus anaqueles de libros y sus archivos, colocados junto a las paredes de aquella amplia estancia rectangular. La luz del día entraba plena por las ventanas. Me parecía ver y escuchar a don Alfredo.

Doña Gloria me dijo: “Aquí están sus archivos, mira si hay algo que pueda ayudarte”. Le dije que no sabía dónde empezar, que yo desconocía su archivo. Me contestó: “Pues revisa entonces”. Con profunda emoción abrí el primero de los cajones de madera del mueble más cercano a mí. Las carpetas perfectamente ordenadas, con títulos cada una, indicaban el contenido. La cantidad de temas, inagotable. La clasificación, el orden que el maestro tenía en todo su archivo, ayudó mucho a revisarlo con rapidez y seguridad.

Predominaban, por supuesto, los apuntes de lingüística, los relativos a la lengua maya, la historia y cultura de los mayas, educación, sociología y tantos más. Ahí estaban las hojas de papel enteras o a la mitad, con sus apuntes escritos de su puño y letra, o a máquina. Las fichas bibliográficas, incontables también.

De vez en vez, doña Gloria iba a verme, a preguntarme si había encontrado algo que pudiera servirme, y ocasionalmente ella también abría algún cajón. Nada. Después de largo rato, horas, le dije que no había algo que pudiera ayudarme. Me preguntó: “¿Ya viste en su escritorio? Revísalo”.

Con mayor emoción, me senté al escritorio de madera del maestro y fui abriendo de uno en uno los cajones. Papeles, carpetas, algunos libros pequeños, recibos de compras, pero nada tampoco que fuera útil para mi investigación histórica de la medicina nativa de Yucatán.

Entonces comprendí que lo que el maestro Barrera había investigado sobre ese tema estaba en el ensayo que publicó, y en lo que me comentó el año anterior. Le agradecí a doña Gloria su atención y paciencia, y salí de la casa de don Alfredo.

Armando Manzanero.- 1991, en la primera mitad de ese año yo trabajaba como jefe de redacción en las oficinas de Notimex, aquí en Mérida. A fines del año pasado había regresado de la Ciudad de México luego de vivir ahí dos años. Un día supimos que Armando Manzanero estaba de visita en la ciudad.

Le comenté en esa ocasión al coordinador de la oficina, como anécdota, que mis padres solían platicar que recordaban a Armando Manzanero cuando era adolescente y vivía relativamente cerca de donde mi padre vivía, y que la casa de la mamá del maestro Manzanero estaba cerca de la iglesia de Lourdes, muy próxima también a la casa de mis padres.

Entonces el coordinador me dijo: “ve a entrevistarlo con esos temas”. Me puse en contacto con el maestro Armando, y me recibió ese mismo día en el jardín interior del hotel donde esa vez estaba. Nos sentamos a una de las mesas, y la afabilidad del compositor hacía inimaginable su gran talento, y la importancia que tenía en la música del mundo. La entrevista fue rápida, era corto el tiempo que tenía Manzanero por sus actividades, adempas al otro día regresaba al entonces Distrito Federal.

Maestro, comencé diciéndole, mis papás me han comentado que cuando usted tenía diez o doce años, usted vivía cerca del rumbo de la iglesia de Lourdes, y solía llegar a jugar por ahí”.

“Sí, recuerdo que respondió el compositor, yo viví más o menos cerca de ahí, y tenía amigos por esas calles, mi infancia fue humilde”. Y el maestro me habló de sus padres con mucho afecto. Y de su mamá que vivió a media cuadra de la iglesia de Lourdes. El tiempo se fue más rápido que de costumbre, Armando Manzanero tenía que acudir ya a los compromisos que tenía esa tarde.

Escribí la nota y varios medios la retomaron al día siguiente. Nunca volví a hablar con Manzanero, pero su sencillez en esos momentos de la entrevista, no la olvido. Después pensé en el hecho de que a mediados de la década de 1970, mis amigos de la preadolescencia y yo, hayamos jugado en el mismo lugar, el mismo cruzamiento de calles, donde Armando Manzanero jugó cuando era niño, tres décadas atrás, y en el hecho también de que a dos calles y media de la casa de mis padres, viviera la mamá del compositor, a la que en ocasiones veía sentada en su mecedora cerca de la puerta, dentro de su casa, doña Juanita Canché.

Glosa final.- El 28 de diciembre pareciera ser una fecha fatal en la cultura mexicana, ese día pero de 1989, falleció también el poeta Ricardo López Méndez. Tres yucatecos que enaltecen la ciencia y el arte de nuestro país.

Última página

El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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