Apuntes librescos
La Papisa Juana
Publicado
hace 6 añosen
La historia es rechazada por la iglesia Católica. Niega la existencia de una papisa Juana. Según la relación publicada en la popular Wikipedia, desde el primero, San Pedro (“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia”, Mateo 16:18), hasta el actual, Francisco, la iglesia Católica ha sido regida por 266 Papas, quienes tienen otros títulos como “santo padre, sumo pontífice, romano pontífice, pontífice máximo, vicario de Cristo, sucesor de Pedro y siervo de los siervos de Dios”.
Todos hombres, ninguna mujer. El sacerdocio de mujeres en la iglesia Católica es asunto definitivo y absoluto: está prohibido. Resulta inexplicable, en los tiempos modernos, el temor de la iglesia Católica a las mujeres.
Donna W. Cross, escritora estadounidense, cuenta en su novela La Papisa, la historia de Juana, hija de Gudrun y del canónigo Gerbert, nacida en la aldea de Ingelheim, en el año 814. Al nacer, su padre dijo al saber que era una niña, que “es un castigo de Dios. Un castigo por mis pecados”. Narra el aprendizaje de las primeras letras, su hermano Mateo le enseñó a leer y escribir, cosa insólita en ese tiempo, y la instrucción inicial a cargo del griego Esculapio.
Luego, su huida de la casa paterna, y su inclusión en la escuela de Dorstadt, de la que escapa para refugiarse con los hermanos de Fulda, ya convertido en Juan Ánglico, para poder permanecer en la abadía benedictina, en la que adquirió conocimientos de medicina, en la enfermería del lugar, con el hermano Benjamín.
A punto de revelarse su condición de mujer, por la visita inesperada de su padre, Juan Ánglico huye de Fulda, para dirigirse a Roma, en donde se introduce en el “Patriarchum, el enorme palacio que alojaba la residencia papal así como la gran cantidad de oficinas administrativas que constituían el gobierno en Roma”, para hacerse cargo de la salud del Papa Sergio.
En Roma, cuenta la novelista Cross, “sus deberes cotidianos incluían asistir a misa en la pequeña iglesia anexa a la escuela. Después de la comida al mediodía y de una breve siesta (ya que era costumbre en el sur dormir durante las horas de más calor), iba a la enfermería, donde pasaba el resto del día atendiendo a los enfermos. Su conocimiento de las artes médicas la ponía en buena posición porque la práctica de la medicina allí no estaba ni remotamente tan avanzada como en Franconia. Los romanos sabían poco de las propiedades curativas de hierbas y plantas, y nada del estudio de la orina para diagnosticar o tratar enfermedades. Los éxitos de Juana en aquel campo habían hecho que sus servicios tuvieran mucha demanda”.
Juan Ánglico convive con los papas Sergio y León, antes de ser elegido papa de Roma, obispo de la sede romana, “por la voluntad de Dios y del pueblo romano”. Cuenta Donna W. Cross que la elección del papa era distinta al procedimiento actual, el Cónclave, a cargo del Colegio Cardenalicio de la iglesia Católica.
En ese entonces, “de acuerdo con la antigua costumbre, formalmente reconocida en la constitución del año 824, todos los romanos, legos y clérigos, participaban en la elección de un nuevo papa”. Era una asamblea abierta que presidían el arcipreste, el archidiácono y el primicerius, “el triunvirato de funcionarios que por tradición gobernaba la ciudad sede vacante, es decir, durante el intervalo entre la muerte de un papa y la elección del siguiente”.

Por sus acciones, distintas a los anteriores papas, Juan Ánglico era llamado “Papa populi; el papa del pueblo”. “Había puesto a una gran cantidad de hombres de la milicia papal a trabajar en la construcción de escuelas, hospicios y casas de refugio. Había dedicado su tiempo y atención (y la mayor parte de los recursos financieros del papado) a esos proyectos seculares mientras dejaba decaer las iglesias de la ciudad”. Instituyó una escuela para mujeres, a la que denominó Escuela de Santa Catalina, y reconstruyó el acueducto Marciano.
En el “santo día de la Rogativa”, Juana, el papa Juan Ánglico, falleció luego de dar a luz a su hijo y de Geroldo, su protector en los tiempos de Fulda. Narra la escritora estadounidense Cross:
– “Deus Misereatur. ¡El Papa está poseído por el demonio!”.
Enseguida procedieron a exorcizarla: “Exorcizo te, immundissime spiritus, omnis incursio adversarii, omne phantasma…”.
Uno grito: “¡Un milagro! Otro exclamó: “Brujería”.
En la “nota de la autora”, la novelista Cross informa que son escasas las fuentes documentales que afirmen la existencia de la papisa Juana. “Hoy la postura oficial de la Iglesia es que Juana fue una invención de los reformistas protestantes, que intentaban denunciar la corrupción papal. Pero la historia de Juana empezó a mencionarse siglos antes de que naciera Martin Lutero”.
Agrega que “hay pruebas circunstanciales difíciles de explicar si no hubiera habido nunca una papisa. Un ejemplo es el llamado Examen de la Silla”. Explica Cross:
– “Cada papa recién elegido se sentaba en la sella stercoraria (silla estercórea), que estaba agujerada por el centro como una tasa de váter actual, y donde se examinaban sus genitales para dar prueba de su masculinidad. Después, el examinador (normalmente un diácono) informaba solemnemente al pueblo reunido: Mas nobis nominus est, Nuestro nominado es hombre”.
Donna W. Cross informa que “la Iglesia católica no niega la existencia de la silla agujereada, ya que existe en Roma hasta el día de hoy. Ni nadie niega el hecho de que fuera usada durante siglos en la ceremonia de coronación papal”.
En tono prosaico, en la afamada Wikipedia se lee:
“La suplantación de Juana obligó a la Iglesia a proceder a una verificación ritual de la virilidad de los papas electos.
Un eclesiástico estaba encargado de examinar manualmente los atributos sexuales del nuevo pontífice a través de una silla perforada.
Acabada la inspección, si todo era correcto, debía exclamar:
Duos habet et bene pendentes
En español:
Tiene dos, y cuelgan bien”.
Liber pontificalis. El Liber pontificalis es citado en la novela de Donna W. Cross, La Papisa. “El Liber Pontificalis o Libro pontifical es una compilación de reseñas biográficas de los primeros papas, desde san Pedro hasta Esteban V”, papa de 885 a 891” (Wikipedia). Cross dice que “los estudiosos han calificado como documento de propaganda”.
En una “vieja copia” del Liber pontificalis, informa Cross, en hay un relato del papado de Juana. “Ese artículo es evidentemente una interpolación posterior, torpemente agregada al cuerpo del principal texto. No obstante, esto no lo hace necesariamente falso; un escribiente posterior, convencido por el testimonio de cronistas menos sospechosos políticamente, puede haberse sentido moralmente obligado a corregir el registro oficial. Blondel, el historiador protestante que examinó el texto en 1647, concluyó que el artículo sobre Juana fue escrito en el siglo XIV. Basó su opinión en variaciones de estilo y letra, elementos de prueba que, en el mejor de los casos, son subjetivos”.
Se atribuye la autoría de Liber pontificalis, a Anastasio, “bibliotecario de la Sede Romana en el siglo IX y durante cinco días antipapa”.
En Wikipedia se lee: “Las biografías de los papas siguientes, que abarcan hasta el año 625 con Bonifacio V, presentan datos más fiables desde un punto de vista histórico aunque continúan presentando algunos errores, ya que la compilación biográfica siguió realizándose con una importante dilación temporal respecto al pontificado reseñado.
“Esta situación cambiará a partir del pontificado de Honorio I, en el que las entradas son contemporáneas de los correspondientes papados al incorporarse al Liber Pontificalis poco tiempo después de la muerte de cada pontífice, por lo que, a pesar de no estar libre de los prejuicios de los compiladores, los datos resultan ser más exactos.
“El Liber Pontificalis fue reeditado entre 1886 y 1892, en dos volúmenes de gran erudición, por Louis Duchesne”.
Traspunte. En la novela de Donna W. Cross, La Papisa (Salamandra, España, 2010), algunas ideas detestables sobre la mujer, dominantes durante largos siglos:
– “El cabello de una mujer es la red con la que Satán pesca el alma de un hombre”.
– “El marido es la cabeza de la esposa; por ello, que las esposas se sometan a sus maridos en todo”.
– “Por naturaleza, las mujeres son incapaces de razonar. Sus humores naturales, que son fríos y húmedos, no son apropiados para la actividad cerebral. No pueden comprender los conceptos espirituales y morales más altos”.
– “El tamaño del cerebro de una mujer y su útero son inversamente proporcionales; en consecuencia, cuanto más aprenda una joven, menos probable es que conciba hijos”.
– “En la resurrección, las imperfecciones de las mujeres serían remediadas porque todos los seres humanos renacerían como hombres”.
Apuntes librescos
El capítulo más bullanguero del imperio en Yucatán
Publicado
hace 5 añosen
febrero 2, 2021
De acuerdo con la novela de Fernando del Paso, Noticias del Imperio, Carlota, “Emperatriz de México y de América, Regente de Anáhuac, Reina de Nicaragua, Princesa de Chichén Itzá”, se llamó “María Carlota Amelia Victoria Clementina Leopoldina”.
Se recordó a Carlota, esposa del emperador Maximiliano, con motivo de la declaratoria en 2020 de Sisal, como Pueblo Mágico, ya que arribó al puerto yucateco el 22 de noviembre de 1865, hace poco más de 155 años, para realizar una visita de trece días en Yucatán, que relata el maestro Faulo Sánchez Novelo, en su libro, Yucatán durante la intervención francesa (1863-1867), editado en 1983 por Maldonado Editores.
Carlota llegó a Yucatán como “la esperanza, como la mensajera de la felicidad”, al decir del cura Manuel Sánchez. Estuvo, camino a Mérida, en Hunucmá, “se bañó en el cenote del lugar”, en Ucú, y en Caucel, “desde allí viajó escoltada por un grupo de jóvenes meridanos que habían hecho viaje a esa población a caballo”, visitó Kanasín, “con el objeto de conocer las artesanías de barro”, y principalmente en Mérida.
Llegó a Mérida el 23 de noviembre de 1865 y siguió a Campeche el 5 de diciembre, “dejando a la población sumida en agudo dolor”. Al retornar a la capital del país, se dijo estar “satisfecha y altamente complacida con Yucatán”.
A su arribo a Mérida, visitó la Catedral, en donde “se entonó un solemne Te Deum compuesto expresamente para el acto por José Jacinto Cuevas”. La iglesia, apunta Sánchez Novelo, “estaba repleto. Los ricos ocupaban los mejores lugares y el más infeliz hombre del pueblo contemplaba aquel espectáculo desde atrás y por el rumbo de las puertas laterales”.
Agrega: “La Emperatriz debió sentirse muy incómoda ante aquellas muestras de fatuidad santurrona, pues desde su llegada a México manifestó gran antipatía por el alto clero, el regular y las monjas”.
Se hospedó en la residencia en donde “no hace mucho tiempo estuvo instalada una farmacia que llevó el nombre de El Gallito“, en donde almorzó y exclamó: “De todo corazón os digo que el mayor sentimiento del Soberano es y será no estar aquí presente para manifestaros cuánto os ama”.
Al día siguiente, oró en el templo de la Mejorada, visitó el Hospital General de San Juan de Dios, la Casa de Beneficencia y el Convento de las Monjas Concepcionistas, atendió asuntos oficiales, gustó de la actuación de jóvenes mestizas, y visitó escuelas y liceos.
Otro día estuvo en el mercado público, la ciudadela de San Benito, el liceo de niñas de la Sra. Ortoll, y a un baile en el palacio de gobierno. También, más adelante, visitó la cárcel pública y asistió a una función de ópera, y estuvo en el Seminario Conciliar de San Ildefonso; inauguró la fábrica de tejidos La Constancia de Manuel Medina y M. Binney.
Donó: 3 mil pesos para las obras del Hospital General de San Juan de Dios, 3 mil pesos para repartir entre los pobres y los afectados por la guerra de castas, mil pesos para la conclusión de la verja del atrio de catedral, 2 mil para el convento de las monjas concepcionistas y una cantidad similar para la Casa de Beneficencia.
Nombró “damas de palacio” a Julia Campillo de Salazar Ilarregui (esposa del comisario imperial de la Península de Yucatán, José Salazar Ilarregui), Dolores Lavalle de Ibarra de León, Julia Fajardo de Regil y Peón y a Eduvige Peón de Hermida.
Designó “chambelanes del Emperador a Arturo Peón y a Joaquín González y Gutiérrez”.
La visita de la Emperatriz de México, afirma el escritor Sánchez Novelo, es “el capítulo más bullanguero del imperio en Yucatán”.
Bicentenarios. En 2021 celebramos a Gustave Flaubert (nacido el 12 de diciembre de 1821), autor de Madame Bovary; a Charles Baudelaire (nacido el 9 de abril de 1821), autor de Las flores del mal; a Fiódor Dostoyevski (nacido el 11 de noviembre de 1821), autor de Crimen y Castigo, y Los hermanos Karamazof.
El centenario de Augusto Monterroso (nacido el 21 de diciembre de 1921, autor del legendario cuento: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.
Recomendaciones. Para empezar el año 2021 es recomendable la lectura de las novelas Las tinieblas y el alba, de Ken Follet, y La mujer del bosque, de John Connolly. Una, novela histórica, y otra, novela negra.
Cuando Follet publicó, en 1978, su novela La isla de las tormentas, su agente Al Zuckerman, le dijo: “Esta novela va a ser algo grande, y a partir de ahora tendrás problemas con los impuestos sobre ganancias”. Luego publicó otras veinte novelas, hasta llegar a la más reciente, Las tinieblas y el alba, que se anuncia como “precuela” de su trilogía “Los pilares de la tierra”.
La novela transcurre entre los años 997 y 1007 de nuestra Era, con la vida de los personajes principales: Edgar, constructor de barcos; Ragna, rebelde hija de un noble normando; Aldred, monje idealista; y, Wynstan, obispo despiadado. Dice la promoción del libro: “El gran maestro de la narrativa de acción y suspense nos transporta al ocaso de una época violenta y brutal y al comienzo de un nuevo tiempo en un monumental relato de ambición y rivalidad, nacimiento y muerte, amor y odio”.
La mujer del bosque es la nueva novela de Connolly protagonizada por el detective Charlie Parker. Éste debutó en la novela Todo lo que muere, en la que Connolly introduce al “antihéroe” Parker, “un expolicia obsesionado con encontrar al asesino de su mujer y su hija”.
La serie Charlie Parker comprende ya 17 novelas, incluyendo La mujer del bosque. En su reseña de Todo lo que muere, Víctor Hugo López dice de Parker: “Su distintivo es el coqueteo con lo sobrenatural y la bifurcación que lo habita entre el mundo onírico y los eventos de la realidad, habilidad que amplía los recursos para agregar detalles sumamente misteriosos a los casos que resuelve”.
Para alentar la lectura de La mujer del bosque, los editores incitan: “En una casa cercana a los bosques, un teléfono de juguete empieza a sonar. Suena para un niño que está a punto de recibir una llamada de una mujer muerta. Pero, cuando los muertos llaman, sólo Charlie Parker se atreve a contestar”.
Académico. El novelista cubano Leonardo Padura será miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, al igual que el escritor nicaragüense Sergio Ramírez (Excélsior, 19 enero 2021). La Academia afirma: “Son autores de obras fundamentales para las letras latinoamericanas como El hombre que amaba a los perros y Margarita, está linda la mar”.
Lectores. Según el Inegi, en comunicado de prensa de abril 2020: a). “La población que declaró leer libros en los últimos doce meses, en promedio lee 3.4 ejemplares por año”. b). “Cuatro de cada diez personas alfabetas de 18 y más años de edad declararon haber leído al menos un libro en los últimos 12 meses”. c). “Los principales motivos para no leer fueron: falta de tiempo y falta de interés, motivación o gusto por la lectura”.
Premio. La novela Los abismos, de la escritora colombiana, Pilar Quintana, obtuvo el premio Alfaguara de Novela 2021, porque “se adentra en la oscuridad del mundo de los adultos a través del punto de vista de una niña que, desde la memoria de su vida familiar, intenta comprender la conflictiva relación entre sus padres” (La Jornada, 22 enero 2021).
La editorial informa que “la dotación del premio es de 175 mil dólares, una escultura de Martín Chirino y la publicación simultánea en todo el territorio de habla hispana”.
El Premio lo han obtenido cuatro mexicanos: En 2001, Elena Poniatowska, por su novela La piel del cielo. En 2003, Xavier Velasco, Diablo guardián. En 2018, Jorge Volpi, Una novela criminal. En 2020, Guillermo Arriaga, Salvar el fuego.
Entre juristas. El austriaco Hans Kelsen es apreciado como el jurista más influyente durante el siglo XX. Escribió un poema, traducido por el jurista mexicano Ulises Schmill Ordoñez, Carpe Diem:
“Pronto, Oh! Pronto tú empalidecerás,
Dejarás este bello mundo
Y serás olvidado.
Por ello no debes preocuparte,
Siempre es hoy, nunca es mañana;
El tiempo es ilusión
No ensueñes lo muy lejano,
Puedes dar lugar a dichas cercanas,
¿Sólo lo que tomas es tuyo!
Traspunte. En el libro de Faulo Sánchez Novelo, Yucatán durante la intervención francesa (1863-1867):
– El emperador Maximiliano encargó a Carlota que “comprobase en su viaje si convenía o no otorgar a Yucatán una especie de autonomía, ya que era una realidad que los yucatecos odiaban a los mexicanos, (pues) intelectualmente tenían un nivel más elevado que éstos y por eso merecían más libertad”.
La respuesta de Carlota, Princesa de Chichén Itzá:
– “En determinados aspectos se les podía conceder (a los yucatecos) una legislación especial, pero no aconsejaba darles libertades demasiadas amplias pues el temperamento de los habitantes de la Península era demasiado ardiente y quizá pudiesen hacer excesivo uso de ellas”.
El presidente de la República presentó en octubre último, un “plan para conmemorar en 2021 los 700 años de la fundación de México-Tenochtitlán, 500 años de la Memoria Histórica de Tenochtitlán y 200 años de la consumación de la Independencia de México”, y para ello solicitó a países europeos diversos préstamos de piezas arqueológicas prehispánicas para su exhibición en la capital del país.
A Italia: el Códice Florentino, que está en la Biblioteca Medicea Laurenziana, y el Códice Cospi o Bologna, que está en la Universidad de Bolonia. A Australia: el penacho de Moctezuma. Al Vaticano: el Códice Borgia, Códice Vaticano de la cultura náhuatl, Códice Vaticano de la cultura tolteca-chichimeca, y Mapas de Tenochtitlán. A la fecha, ninguno ha concedido préstamo alguno.
Hace ocho años, Elva Mendoza publicó un artículo en el portal de ContraLínea (“Saqueo arqueológico en la impunidad”, 7 agosto 2012): en el que denunció:
– “México se ha convertido en un paraíso para los saqueadores: objetos arqueológicos e históricos son robados, traficados ilícitamente, dañados y destruidos año con año. Pese a que los incidentes denunciados involucran al menos 4 mil 235 piezas muebles y 106 inmuebles dañados, durante los gobiernos panistas la PGR ha iniciado únicamente 181 averiguaciones previas, apenas la cuarta parte de las que asegura el INAH que fueron abiertas durante el mismo periodo en la Procuraduría. En 12 años, ningún detenido a pesar de que hasta en internet se ofertan las piezas saqueadas”.
El asunto es antiguo, por supuesto, y no únicamente se ha registrado en los años de gobierno federal del PAN. En la BBC, Julián Miglierini, así lo apunta: “El tráfico de piezas de arte elaboradas antes de la llegada de los españoles en el siglo XVI no es un fenómeno nuevo en México” (“México contra el saqueo de su pasado prehispánico”, visto el 5 diciembre 2020).
Este asunto hizo que revisara mis papeles antiguos. Recordé la celebración de la Semana de Alabama en Yucatán”, en mayo de 1981, en la que el profesor Eduard Terry, informó que desde 1971, la Universidad de Alabama, Estados Unidos, organizaba cursos y seminarios en la entidad, como parte de su programa de posgrado de Estudios Latinoamericanos. El Dr. Terry dijo que desde hace muchos años, la Universidad de Alabama tiene “interés y vínculos” con Yucatán. En la década de los treintas, uno de sus catedráticos practicó investigaciones en la entidad. De 1965 a 1969 se realizaron tres “temporadas de campo” en el sitio arqueológico de X-Kutican.
Y que mientras se efectuaba el proyecto X-Kutican, esa universidad se “interesó por conservar el acervo de archivos de Mérida para hacerlo disponible tanto a los investigadores de México como a los de Estados Unidos”.
Durante el otoño de 1967 y la primavera de 1968, “libros, manuscritos y documentos de dos bibliotecas, seleccionados por el Dr. Alfredo Barrera Vásquez y sus colegas, fueron filmados en 119 rollos de microfilme”.
En una visita del rector de la Universidad de Alabama, se obsequió al Instituto Yucateco de Antropología e Historia, un aparato para leer microfilme.
Más tarde –reveló el Dr. Terry-, “llevamos los originales a la Biblioteca Central de la Universidad de Alabama, para resguardarlos en su edificio con aire acondicionado”.
Lea de nuevo, lector de Informe Fracto. Se llevaron originales y dejaron copias filmadas. No supe entonces, ni ahora, cuáles fueron esos “libros, manuscritos y documentos”, ni qué autoridad permitió que se llevaran los originales a Alabama.
Canek. La novela Canek, combatiente del tiempo, del siempre admirado escritor Roldán Peniche Barrera, se publicará en breve, según anunció la Secretaría de la Cultura y las Artes.
Libros aún no publicados. En enero último, estos Apuntes Librescos publicaron que con motivo de las festividades del aniversario número doscientos de la doscientos de la “consumación” de la Independencia nacional, el presidente de la República anunció la edición de libros: “21 títulos de historia, ensayo y literatura mexicana, que se repartan uno por mes, a partir de este enero y hasta septiembre de 2021” (“La Reina del Crimen. Centenario de su primera novela: El misterioso caso de Styles”, en Informe Fracto, 15 enero 2020).
Algunos de los títulos: Los bandidos de Ríoo Frío, de Manuel Payno. Noticias del imperio, de Fernando del Paso. El laberinto de la soledad, de Octavio Paz. La región más transparente, de Carlos Fuentes. Los de abajo, de Mariano Azuela. Pedro Páramo, de Juan Rulfo. La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska. El libro rojo: 1520-1867, de Vicente Riva Palacio, Manuel Payno, Juan A. Mateos, Rafael Martínez de la Torre (y con “amplificaciones” de Ángel Pola, en el tomo II).
Los Apuntes Librescos y su redactor siguen esperando, sentados, por supuesto, la publicación de esos libros.
Centenario de Quezada. El suplemento El Cultural del periódico La Razón (12 diciembre 2020) le dedicó a Abel Quezada, su principal nota de su edición sabatina:
– “Este domingo 13 de diciembre se cumplen cien años del nacimiento de un periodista que dejó huella con sus cartones. Durante varias décadas del siglo XX, en ellos combinó su crítica de la realidad del México posrevolucionario y la crónica de una sociedad tan singular como la de esos años. Además de dibujante, caricaturista, fue pintor y escritor —entre otras ocupaciones. A la par de las batallas periodísticas gozó una vida plena de gracia, goce, calidez, ironía; con esos y otros atributos dio forma a una visión única, aunque influyente, del que permanece como el mejor de los mundos imposibles”.
Abel Quezada nació en Monterrey, Nuevo León, en 1920, y falleció en Cuernavaca, Morelos, en 1991. Fue caricaturista, dibujante, historietista, pintor, muralista. Él lo dice así: “Dibujar para mí es un constante tic nervioso. Comencé a dibujar desde que era niño y lo he seguido haciendo durante todos los días -casi todas las horas- de mi vida. Dibujo cuando estoy solo y cuando estoy acompañado. Dibujo cuando hablo por teléfono y dibujo cuando, en los restaurantes, converso con una persona” (publicado en el prólogo del libro Nosotros los hombres de verde, del Fondo de Cultura Económica, en 1985).
Publicó sus “garabatos”, en los periódicos capitalinos Esto, Ovaciones, Cine Mundial, Últimas noticias de Excélsior, Novedades, Excélsior. Sus personajes destacados fueron: El Tapado, Gastón Billetes, El Charro Matías, y La Dama Caritativa de Las Lomas. Dejó de publicar en 1989, con una serie de seis cartones, “Serie de despedida”, en Excélsior, del 27 de marzo al 01 de abril de 1989, denominados: Los 100 días, La ciudad, Los periodistas, El tapado, El humor, y El último.
Guardo en mi biblioteca una bellísima edición de dos libros de dibujos, pinturas y caricaturistas de Abel Quezada, Obras y Petróleo, editados por Pemex, Abel Quezada Asociación Civil, América Natural Floresta Ediciones, y Museo de la Ciudad de México.
En AQ, Abel Quezada, Obras, reproduce dos obras en óleo sobre tela:
a). Un retrato del General Salvador Alvarado, de 1960, y, b). “El submarino yucateco”, de 1982, así denominado acaso por el casco exageradamente redondo.
Eva García Sáenz de Urturi. La novelista española Eva García Sáenz de Urturi obtuvo el Premio Planeta 2020, con una bolsa de 601 mil euros, por su novela Aquitania. Es autora de la trilogía de la “Ciudad Blanca”: El silencio de la ciudad blanca (2016), Los ritos del agua (2017), y Los señores del tiempo (2018).
García Sáenz de Urturi definió su obra, Aquitania, como un “thriller medieval, un homenaje a El Nombre de la Rosa de Umberto Eco”.
El Premio Planeta de novela es un premio literario comercial otorgado desde 1952 por la editorial Planeta a la mejor obra inédita. La primera fue dedicada a En la noche no hay caminos, del escritor español Juan José Mira, pseudónimo de Juan José Moreno Sánchez. El mexicano, José Zepeda Patterson, obtuvo el premio en 2014, por su novela Milena o el fémur más bello del mundo.
La promoción de Aquitania, dice lo siguiente:
– “1137. El duque de Aquitania —la región más codiciada de Francia— aparece muerto en Compostela. El cuerpo queda de color azul y con la marca del «águila de sangre», una ancestral tortura normanda. Su hija Eleanor decide vengarse y para ello se casa con el hijo del que cree su asesino: Luy VI el Gordo, rey de Francia.
Pero el propio rey muere durante la boda en idénticas circunstancias. Eleanor y Luy VII intentarán averiguar, junto con los gatos aquitanos —los épicos espías de los duques—, quién quiere a los inexpertos reyes en el trono.
Décadas antes de la muerte del duque de Aquitania, un niño sin nombre es abandonado en un bosque por sus cinco madres. Acaso un monstruo, o tal vez un santo, el pequeño superviviente acabará convirtiéndose en uno de los hombres más excepcionales del medievo europeo”.
Le Carré. Falleció, el pasado domingo 13, el escritor británico, David John Moore Cornwell, conocido con el seudónimo de John le Carré (1931-2020), “considerado un maestro de la intriga, del espionaje y un referente de las letras inglesas” (Excélsior, 14 diciembre 2020).
Su primera novela la escribió en 1961, Llamada para el muerto, y la última en 2019, Un hombre decente. Su tercer libro, El espía que surgió del frío, publicado en 1963, lo convirtió en el más famoso escritor de novelas de espionaje”, dijo su agente literario. Excélsior la reconoce como “una de las grandes novelas del siglo XX”.
Obama. El expresidente norteamericano Barack Obama publicó, recientemente, el primer tomo de sus memorias, Una tierra prometida. Entrevistado por The new York Times, aseguró que sus libros preferidos, de “cabecera”, son: El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald; El hombre invisible, de Ralph Ellison; Las uvas de la ira, de John Steinbeck; La canción de Salomón, de Toni Morrison; y “cualquiera de Hemingway o Faulkner”, así como las novelas de Philip Roth (ABC, 10 diciembre 2020).
El periódico español El País, en su resumen anual de libros (19 diciembre 2020) consideró a Una tierra prometida como uno de los “50 mejores libros de 2020”, al igual que la novela del cubano Leonardo Padura, Como polvo en el viento.
Divorcio. El escritor argentino Jorge Luis Borges se divorció de Elsa Astete Millán. Algunas de sus razones, según publicó José María Lancho, en su artículo “El divorcio de Borges, relato hostil”, en el diario español ABC (12 agosto 2020):
– “Hace tres años que no puedo entrar en mi casa sin el temor de recriminaciones, de silencios hostiles y de todas las formas del malhumor. Mi mujer me exige la explicación de cada una de mis palabras o de mis actos”.
– “Se inmiscuye en todos mis asuntos particulares y ha tentado que las secretarias de la Biblioteca Nacional espíen mi correspondencia, mis llamadas telefónicas y mis visitas”.
– “No ha mostrado el menor interés en mi obra literaria, pero sí en los resultados pecuniarios de esa obra”.
Receso de fin de año. Los Apuntes Librescos y su redactor disfrutarán de un receso con motivo del final de este Annus horribilis de 2020. El próximo año reanudarán la publicación de esta columna. Desean felices fiestas -con sana distancia y cubre bocas- a los lectores de Informe Fracto.
Traspunte. Nota antigua, siempre vigente. En el portal “comunidadbaratz.com” (28 febrero 2014) leí que uno de los “diez libros más leídos (y vendidos) en el mundo”, es El Libro Rojo de Mao o El Pequeño Libro Rojo, que contiene cita del Presidente Mao Tse-Tung, “con 820 millones de copias”.
La nota agrega: “Es un libro publicado desde abril de 1964 por el gobierno de la República Popular China en el que se recogen citas y discursos pronunciados por Mao Tse-Tung, que en aquel momento era el presidente del país y del Partido Comunista de China”.
Una cita sobre Cultura y Arte: “En el mundo actual, toda cultura, toda literatura y arte pertenecen a una clase determinada y están subordinadas a una línea política determinada. No existe, en realidad, arte por el arte, ni arte que se desarrolle al margen de la política o sea independiente de ella. La literatura y el arte proletarios son parte de la causa de la revolución proletaria en su conjunto; son, como decía Lenin, engranajes y tornillos del mecanismo general de la revolución”.
Hace siete años, en el portal de ZaiChina (01 octubre 2013) se publicó que el Libro Rojo de Mao se reeditaría y que costaría 240 euros. “Fue un fenómeno social, revolucionario y propagandístico en los años 60”, dice la información.
Recuerdo la jocosa reacción de un internauta de Zhejiang, que no admite comentario alguno. Lanzó al aire la siguiente pregunta, acerca del libro rojo:
– “¿Es para limpiarse el culo?”
En Yucatán todos comemos el mucbipollo o pib en memoria de nuestros muertos. Así es la tradición. En el portal de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural: “Esta festividad se conoce como Hanal Pixan, que en maya significa comida de las almas, un homenaje que se representa con altares que exponen diversidad de símbolos y suculentos platillos típicos de la región, para honrar a los difuntos”.
“El ochavario o bix es la manera de honrar el recuerdo de los difuntos, pues en algunas regiones de influencia maya se cree que los pixanes o las almas vienen temporalmente al mundo de los vivos partir del 31 de octubre y que una semana después deben regresar al mundo de los muertos. Son ocho días de “permiso” que se les da a las ánimas para estar con sus familiares y para muchas familias aún se trata de algo solemne” (Diario de Yucatán, 7 noviembre 2019).
Carlos Evia Cervantes recuerda que “en aquel hogar en donde haya muerto algún familiar cercano durante al año anterior al Día de Muertos, no se hará el pib, pues existe la creencia que al excavar el hoyo en la tierra para cocer el guiso, equivale a estar desenterrando al recién fallecido y por lo tanto no lo dejan descansar en paz. Al respecto, un investigador sostiene que la razón por la que no se debe ofrecer el pib en el periodo citado es porque al hornear el guiso se estaría quemando el cuerpo del difunto recién enterrado” (“El día de muertos”, en Informe Fracto, 28 octubre 2020).
En su artículo, “Los finados en Yucatán”, José Iván Borges Castillo apunta: “El 7 u 8 de noviembre se realiza el ochovario y en algunos pueblos yucatecos, es entonces cuando aparece el pib como ofrenda, en el altar, y se reza solemne para que la ofrenda sea tomada. El 30 de noviembre tiene lugar el bix mes, o sea la despedida de las ánimas. Ahora será en la noche cuando se realiza todo un rito establecido, se coloca una nueva ofrenda pero ahora de alimento sólidos, panes, tamales, o pibes, que serán envueltos con servilletas y dejados en el altar por toda la noche para que las ánimas al retirarse se lleven esos alimentos” (Informe Fracto, 29 octubre 2020).
Además de mis notas de mujeres, café y tabaco, guardo también otras de los muertos, que aquí comparto con los lectores de Informe Fracto:
1. “Los muertos están solos, quieren que vayas con ellos. Pero ¿adónde? No existe el lugar en el que están. Los muertos no saben dónde están. No saben decir el nombre del lugar en el que están”, en la novela de Manuel Vilas, Ordesa.
2. “Los muertos no tienen prisa”, en la novela de David Baldacci, Memoria total.
3. “Los muertos escuchan, siempre están escuchando. ¿Qué otra cosas van a hacer?”, en el relato “El hombre que vaga por mundos ignotos”, en el libro de John Connolly, Música nocturna.
4. “Los funerales son una pérdida de tiempo. No son más que un espectáculo para los vivos. A los muertos les trae sin cuidado. Ahora la tendencia no es hacer un funeral, sino una celebración. ¿Qué hay que celebrar? El muerto seguro que nada”, en la novela de John Grisham, El soborno.
5. “En el fondo, sabía que los muertos estaban muertos”, en la novela de Michael Connelly, La habitación en llamas.
6. “Un muerto no corre ya el riesgo de que le ocurra el menor accidente”, en la novela de Yannick Grannec, La diosa de las pequeñas víctimas.
7. “Y a mí no me gusta que los muertos me sorprendan”. “El muerto nunca tiene respuestas”. En la novela de Henning Mankell, Un ángel impuro.
8. “Pronunciar el nombre de los muertos es hacerlos volver a la vida, decían los egipcios antiguos; que no siempre es lo que uno desearía”, en la novela de Margaret Atwood, El asesino ciego.
9. “Ya me había olvidado de todo. ¿No es un privilegio que tenemos los muertos? ¿Ahora resulta que también tenemos que recordar? Pues claro que sí… Solamente los muertos tienen todo el tiempo del mundo para recordar”, en la novela de Viet Thanh Nguyen, El simpatizante.
10. “Los muertos hacen lo que pueden”, en la novela de Dolores Redondo, La cara norte del corazón.
11.”Los muertos continúan viviendo en las conversaciones de los sobrevivientes”, en la novela de Roberto Ampuero, El último tango de Salvador Allende.
12. “Los vivos se van lejos, buscando su felicidad, o se afincan a los suyo y parecen dichosos, mientras los muertos se quedan abandonados en la más ingrata soledad”, en la novela de Leonardo Padura, La niebla del ayer.
13. “Dicen que los muertos no hablan, pero, si uno escucha atentamente, claro que los oye hablar”, en la novela de Faye Kellerman, Desde la oscuridad.
14. “Los muertos odian con mayor intensidad que los vivos”, en la novela de Víctor del Árbol, La tristeza del Samurái.
15. Murió Pío V, “porque no quiso enseñar sus vergüenzas, que tenía una enfermedad de piedra que podían muy bien haberle curado, pero permitió que mejor lo comiera el cáncer antes que lo tocasen y viesen sus partes púdicas”, en la novela de Carmen Boullosa, La otra mano de Lepanto.
16. “Somos y seremos mortales hasta que dejemos de serlo, y eso solo sucede cuando morimos; es una ley clara y precisa (…) para ser inmortal hay que dejar de ser mortal”, en la novela de Antonio J. Corrales, El octavo jinete del apocalipsis.
17. “La muerte no se entiende nunca. No sigue leyes ni reglas. La muerte es una anarquista incurable”, en la novela de Henning Mankell, Botas de lluvia suecas.
18. “Amigo mío -dijo gravemente Arthos-, recordad que los muertos son los únicos con los que no se expone uno a tropezar de nuevo sobre la tierra”, en la novela de Alejandro Dumas, Los Tres Mosqueteros.
19. “Los muertos ni descansan ni dejan de descansar. Simplemente están muertos”, en la novela de Alberto Vázquez-Figueroa, Tiempo de Conquistadores.
20. “Los muertos son despiadados, tercos, feroces. Los muertos son estúpidos. Caprichosos y vanidosos como los niños y las mujeres. Los muertos están locos”, en la novela de Curzio Malaparte, Kaputt.
21. – “Y si hay algo seguro en la vida, es que los muertos no hablan“, en la novela de Arturo Pérez-Reverte, El oro del rey.
22. “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”, refrán popular.
23. “En la Edad media circulaban numerosas historias de fantasmas, si bien la creencia en los mismos es muy anterior al cristianismo. Las almas en pena solían ser víctimas de una muerte prematura, injusta o violenta que no lograban abandonar el mundo material y atormentaban a los vivos para vengarse o solicitar ayuda. Asimismo, se encuentran referencias a sanguinarios muertos vivientes que seguían conservando su cuerpo carnal”, nota al pie de página, en la novela de Andrea H. Japp, La cruz de la perdición.
24. La muerte visita dos veces. Edmundo Dantés, el Conde de Montecristo, falleció en la prisión. Eso creyeron sus carceleros y arrojaron su cuerpo al mar, en realidad el cadáver era del abate Faria. Así escapó de su injusto cautiverio, en el castillo de If.
Resulta que años, pero muchos años después, el 6 de marzo de 2003, falleció de nuevo en Yucatán. En la sección correspondiente del Diario de Yucatán se participó, el 13 de marzo de 2003, que había fallecido en esta ciudad el señor Edmundo Dantés… Araiza!
25. “Los muertos deben callar a menos que tengan algo que decir”, escritor Roldán Peniche Barrera, en su columna Yucatán Insólito, en Por Esto! 3 de noviembre de 2000.
Una extra. La Secretaria de Cultura del gobierno de la 4T: “Hanal Pixán es un tamal” (Yucatán al Minuto, 30 octubre 2020).
Una más. Que La Llorona descansa en el cerro El Calvario, en el municipio de Dolores, Hidalgo. “El Vaticano ordenó que en ese punto se construyera un monumento, una tumba que le diera paz al espíritu. Los sacerdotes, de forma paralela, hicieron un exorcismo al lugar y así le dieron paz” (Excélsior, 1 noviembre 2020).
Hasta aquí los muertos. Apuntes Librescos y su redactor se retiran a seguir velando las almas de los fieles difuntos (y también de los “infieles”), y a seguir degustando unos sabrosos, suculentos mucbipollos, hasta que se “empachen”.
Traspunte. Epitafios de escritores famosos, en la revista Lee + (número 79, diciembre 2015):
– “Aquí yace Moliere, el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y de verdad que lo hace bien”.
