Arte y ciencia
Be aware of you digital data
Publicado
hace 7 añosen
En The year of the flood, de la escritora canadiense Margaret Atwood. Ren, una de las pocas sobrevivientes del diluvio que acabó con la población mundial, recorre todos los días los pasillos y las habitaciones del edificio donde quedó atrapada. Ahí, acosada y confrontada por los recuerdos de su vida antes del diluvio, la asaltan algunas imágenes pasadas de su infancia: “Beware of words. Be careful what you write. Leave no trails/ Cuidado con palabras. Ten cuidado con lo que escribes. No dejes rastros “.
En este mundo distópico creado por Atwood, los Jardineros son un culto religioso que surgió como respuesta a la crisis climática del siglo XXI. Ren creció bajo sus preceptos donde le enseñaron a depender de la memoria, porque lo escrito no era algo digno de fiarse. La doctrina establecía que “el espíritu viajaba de boca en boca, no de cosa en cosa. Escribir era peligro porque cualquier enemigo podía encontrarte, cazarte o utilizar lo escrito contra ti”. Ahora, mientras Ren se miraba frente al espejo sabiéndose la única sobreviviente, ya no tenía por qué temer. Todos estaban muertos, incluidos los miembros de su comunidad religiosa. En realidad, ya nadie podía cazarla ni usar la palabra escrita para lastimarla. Ahora podía ser libre de toda transgresión, de toda moral. Así que como pequeño acto subversivo para reclamar su identidad, su nueva autonomía, su cordura, Ren comenzó a escribir su nombre por todos lados.
En la literatura de Atwood constantemente se nos confronta con las ideas que hemos usado para reconocernos en cierta idea de lo humano. En sus historias, el orden social, económico y ecológico es llevado a sus últimas consecuencias, invitándonos a mirarnos nuestros reflejos a través de ese espejo. Me parece que ese el maravilloso regalo que nos deja como lectores es el de cuestionar todo orden, todo marco a través de la mirada de sus personajes. Pero, sobre todo, a través de pequeños gestos, como la escritura, la lectura o el resguardo del nombre propio, esos en los que me gusta pensar como subversivos.
Regresemos a la advertencia de los Jardineros sobre los peligros de la palabra escrita. ¿Por qué no podemos confiar en la palabra escrita? ¿Es tan engañosa? ¿Por qué es inmoral que la memoria quede fijada materialmente?
Me parece que hay dos posibles lecturas. La primera es que mantener registros en papel o en otros tipos de materiales, sigue siendo pertinente, aún cuando nos encontremos rodeados por la tecnología digital. Muchos vaticinaron que, con la llegada de los formatos digitales, como el MP3 o el Ebook, tanto los CD’s como los libros en papel desaparecerían por completo. No sucedió. Si bien la industria musical comenzó a privilegiar los formatos digitales, aún se editan y venden CD’s. Para el caso de la industria del libro, el Ebook nunca logró desplazar al libro impreso en papel. Considero que no importa la naturaleza del material o los soportes. Cualquier tipo de registro, de surco o huella nos permite hacer memoria.
La segunda lectura sobre la advertencia del registro es quizás una crítica, que no es exclusiva de los Jardinero de The Year of the Flood, sino de pensadores y filósofos de la teoría social post-estructural: Hay que cuestionar, en alguna medida, nuestro logocentrismo. ¿Hay otras formas de dejar registro y hacer memoria que no sean exclusivas de nuestros alfabetos y nuestras escrituras logotípicas? ¿Por qué lo escrito debe ser la única fuente de conocimientos? ¿Podemos imaginar otras formas de hacer memoria, de dejar registro? En ese sentido no podemos dejar de lado lo que las tecnologías digitales han aportado desde la sociabilidad. En estas formas remediadas en las que dialogamos o charlamos en los chats o en los respectivos muros de nuestras cuentas de social media, llaman mi atención los stickers, y los GIF’s animados, los emoticones, que ya no usan ninguna palabra escrita. Es verdad no nos alejan del todo del logocentrismo, pero nos ayudan a simular (o a imaginar) otras formas de hacer memoria y registro son posibles.
Me sigue asaltando como a Ren, esa prohibición. ¿Por qué lo que yo escriba puede hacerme daño? ¿Por qué no debo dejar ningún rastro…escrito? La prohibición del culto de Los Jardineros advertía sobre toda superficie tangible: papel, piedra, tela, madera. ¿Qué sucede con lo digital? Qué a diferencia del papel, no existe como algo físicamente tangible, pero si como un surco eléctrico, que puede ser rastreable dentro de la red y en la memoria del hardware que lo contiene.
Pensamos, inocentemente, que en nuestras cuentas de social media, a través de las configuraciones de privacidad podemos controlar y filtrar quién puede ver qué de nuestra información, de nuestros datos. Y no sólo eso, también creemos en la posibilidad de que toda esa información puede bajarse o eliminarse de forma permanente. Lo cierto es, que, inmersos en esta economía de plataformas digitales mundiales, sin el papel, con conectividad móvil y con esta idea tan abstracta de la nube, estamos dejando todo tipo de rastros que son usados en nuestra contra.
Nuestra interacción en las plataformas digitales deja rastros que alimentan y reconfiguran sus algoritmos. Se alimentan de nuestra sociabilidad y lucran nuestros datos. Si, hasta cierto punto la advertencia hecha a Ren en la novela de Atwood cobra otra dimensión. No sólo hay que tener cuidado del registro hecho en papel, hay que tener cuidado con todo registro que hagamos, incluso en lo digital, por qué está siendo en nuestra contra. En la era del Internet, no hay derecho al olvido, todo queda registrado. Nada se elimina por completo, porque alguien más (algoritmo, programa, persona) podrá seguir los rastros de algún comentario, imagen y exponernos a través de una captura de pantalla. Es ahí donde somos cazados, o peor aún, ahí nos encontraremos con la identidad y la autonomía propia vulneradas.
¿Cómo sobrevivimos a las huellas, a surcos que dejamos en el contexto digital?
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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
