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Arte y ciencia

Convocan a concurso fotográfico sobre la vida durante el confinamiento

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Foto: https://miescaparate.com.mx/aburrido-unete-al-concurso-de-fotografia-del-confinamiento-y-gana-hasta-4-mil-pesos/

Podrá participar cualquier persona mayor de 18 años, en dos categorías: fotógrafos profesionales y aficionados.


 El mundo vive un momento determinante para su historia. Las repercusiones de la pandemia de COVID-19 han incidido en la vida social, familiar y económica. Para comprender este impacto y la manera como la población ha enfrentado esta situación, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Secretaría de Turismo y Cultura del Estado de Morelos convocan al concurso de fotografía “Escenarios: la vida durante el coronavirus”.

Como parte de la campaña “Contigo en la Distancia”, impulsada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, y con el objetivo de reunir testimonios visuales sobre el tema, el certamen está dirigido a los profesionales y aficionados a la fotografía, para que compartan sus miradas en torno a la contingencia sanitaria que se vive en el país.

Erick Alvarado Tenorio, coordinador de la Fototeca Juan Dubernard del Centro INAH Morelos, expuso que la nación ha vivido el confinamiento en dos etapas: la primera, en las casas, “aunque no todos pueden quedarse porque muchos tienen que salir a trabajar para subsistir”; y la segunda, en la llamada ‘nueva normalidad’.

“Para entender estos distintos acontecimientos sociales, hay que preguntarse cuáles han sido los efectos que ha tenido el aislamiento social en nuestras vidas, cómo lo está enfrentando la sociedad, desde las comunidades y los diferentes municipios, a lo largo y ancho del territorio nacional”, comentó.

En este momento, manifestó, es importante el uso de las imágenes para transmitir, además información, sensaciones y sentimientos. Esta convocatoria, que en el caso del INAH se realiza a través de la Fototeca Nacional, el Sistema Nacional de Fototecas, el Centro INAH Morelos y la Fototeca Juan Dubernard, tiene objetivos culturales y académicos, de manera que funcionará como un repositorio de experiencias que estará al alcance de todo público, ya sea como herramienta de investigación o soporte de estudio.

Alvarado indicó que las fotografías seleccionadas formarán parte de una colección de memoria colectiva, la cual dará pie a un libro electrónico que se gestará a partir de una reflexión sobre las respuestas o reacciones de las personas en los distintos escenarios del confinamiento.

Asimismo, los testimonios visuales se integrarán, para su análisis, al proyecto “Elementos culturales frente a la pandemia”, a cargo del antropólogo Luis Miguel Morayta Mendoza, investigador del Centro INAH Morelos, que forma parte de esta introspección en torno a la investigación de la actual pandemia.

Además, se organizará una exposición fotográfica itinerante en Morelos, y el material pasará a formar parte de la colección que resguarda la Fototeca Juan Dubernard, como un invaluable testimonio entorno a este momento histórico.

“La Fototeca es un espacio de interacción entre las colecciones y el espectador; en este caso, este concurso favorece a un modelo de fototeca viva, de la mano del ciudadano. Estamos al servicio del usuario, eso nos compromete a que la gente vea y comprenda que la fotografía es un patrimonio vivo, una memoria de la sociedad”, expuso Erick Alvarado.

En el concurso de fotografía “Escenarios: la vida durante el coronavirus” podrá participar cualquier persona mayor de 18 años, en dos categorías: Fotógrafo Profesional y Aficionado a la Fotografía. Para la primera, las imágenes deberán enviarse en formato TIFF, con un peso mínimo de 3 megabytes y 300 pixeles por pulgada; para la segunda, se recibirá el material en formato JPG y con un peso mínimo 1 megabyte, con 2,500 pixeles en su lado más largo.

Cada participante podrá enviar hasta cinco imágenes individuales o una serie de cinco fotografías en blanco y negro o en color, las cuales deberán ser inéditas y cuya autoría debe corresponder a la persona registrada; se debe especificar si el trabajo es individual o colectivo.

Los premios para fotógrafos profesionales serán: para el primer lugar, cuatro mil pesos; para el segundo, dos mil 500, y para el tercer, mil 500. Para el rubro de aficionados, los reconocimientos consistirán en 500 pesos y su participación en el taller en línea “Digitalizando tu archivo”; un libro editado por el INAH y su acceso a dicho curso; y un ejemplar de la revista Alquimia y el ingreso al taller, para quienes obtengan los tres primeros lugares, respectivamente.

La convocatoria cerrará el próximo el 15 de agosto, y las bases pueden consultarse en: https://bit.ly/2NXmcKH y en las páginas de Facebook del Centro INAH Morelos, de la Fototeca Juan Dubernard y de Secretaría de Turismo y Cultura del Estado de Morelos, instancias que apoyan el certamen con parte de los premios.



Los ganadores se darán a conocer el 11 de septiembre en las citadas redes sociales, así como en medios impresos. Para mayor información enviar un correo electrónico a: fototeca.mor@inah.gob.mx.

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Arte y ciencia

XXV Aniversario de la Fundación Fernando Ortiz

Pedro de la Hoz

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Retrato de Fernando Ortiz, 1941. Foto: Obra de Jorge Arche

Ciencia, conciencia y consecuencia

Miguel Barnet y sus colaboradores, y junto a ellos la comunidad académica y el movimiento intelectual y artístico cubanos, pueden mirar con orgullo la cosecha de la Fundación a lo largo de estos 25 años, y la consecuencia con que han desplegado los objetivos y proyectos de una institución que prestigia a la sociedad civil insular

Por los días en que el joven poeta y etnólogo en formación, a punto de irrumpir en la lírica con paso firme y sentar los pilares de la novela testimonio, visitaba al sabio en la casona de L y 27, en el Vedado, tenía muy claro ya la enorme trascendencia de la obra de aquel hombre y el valor imperecedero de sus lecciones, pero distaba mucho de imaginar que tres décadas después, alentado por Armando Hart y Abel Prieto, asumiría a plenitud la misión de multiplicar el legado del maestro, a partir de la creación, el 21 de septiembre de 1995, de la Fundación Fernando Ortiz.

Miguel Barnet y sus colaboradores, y junto a ellos la comunidad académica y el movimiento intelectual y artístico cubanos, pueden mirar con orgullo la cosecha de la Fundación a lo largo de estos 25 años, y la consecuencia con que han desplegado los objetivos y proyectos de una institución que prestigia a la sociedad civil insular.

Si como ha dicho el presidente de la Fundación, Don Fernando fue “un espejo de lo cubano que nos hizo descubrir y revalorizar zonas ocultas de la realidad”, también cabe decir que, en el tiempo transcurrido, sobre la base del principio orticiano de cultivar “ciencia y conciencia”, han sido fecundas las contribuciones a la vida cultural y al tejido social de la nación.

Esa labor, metódica, sistemática, persistente, muchas veces fuera del foco de los reflectores y renunciando a golpes de efecto mediáticos, se ha sostenido desde el entendimiento de una vocación de servicio en la que el ejercicio científico dinamita compartimentos estancos para debatir e insertarse en procesos de cambio tan complejos como los que ha registrado el país en el cruce de uno a otro siglo.

Poeta y etnólogo Miguel Barnet Lanza en Mérida 2019

Un primer anillo de interés se sitúa, por supuesto, en la promoción de la obra de Don Fernando: reediciones, rescate de textos inéditos y desarrollo de estudios acerca de los diversos campos en los que actuó el sabio. Entre las más recientes novedades destaca el ingente trabajo de clasificación, ordenamiento y depuración del epistolario del polígrafo en cuatro tomos, que abarcan el dilatado plazo de 1920 a 1963. Tantos empeños cristalizaron con la proclamación de la obra y el legado de Fernando Ortiz como Patrimonio Cultural de la Nación.

El estímulo a la investigación científica en torno a la identidad cultural, desde un punto de vista multidisciplinario, ha estado en el vórtice de la actividad de la ­Fundación, así como el trazado de puntos de contacto, que no excluyen el contrapunto ni la polémica, entre el pensamiento contemporáneo cubano y el de otras zonas de América Latina y el Caribe.

La Fundación ha dispuesto escenarios  para la discusión abierta, responsable y desprejuiciada de temas álgidos, que van de la cultura medioambiental a la cultura popular, de los usos de la tierra y el impacto de la ganadería en la historia social de la Isla hasta la reproducción de la marginalidad.

Los resultados de estas discusiones están recogidas en las casi 40 entregas de la revista Catauro, un verdadero tesoro referencial por acopiar, además, varias de las más agudas indagaciones y reflexiones acerca del etnos cubano, los cultos de origen africano, la religiosidad popular, las tradiciones rurales y las representaciones simbólicas, entre otros temas de interés.

Nada es ajeno, pero tampoco azaroso, en los caminos de la Fundación. Ni el escrutinio de los aportes de chinos, árabes, europeos y caribeños a la sociedad cubana, puntualmente llevados a los muy solicitados mapas etnográficos; ni la concesión de premios nacionales e internacionales a personalidades e instituciones; ni la articulación a proyectos como La Ruta del Esclavo de la Unesco, y en fecha más reciente, al grupo gubernamental del Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial.

Cada acción tributa al conocimiento de nuestra realidad y, más aún, a su transformación cualitativa. Porque Barnet y sus colaboradores–cómo dejar de evocar en este minuto a Teté Linares–  nunca han dejado de defender un principio enarbolado por Don Fernando: “En Cuba, más que en otros países, defender la cultura es salvar la libertad”. 

Publicado en el periódico cubano Granma de 20 de septiembre de 2020

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Historia

Che Guevara en Ecuador

José Antonio Quintana García

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En Huaquillas el sol, verdaderamente abrasador, deja la boca reseca al viajero. Los ojos se cansan ante el paisaje semidesértico. Sin embargo, es un lugar muy visitado. Diría este cronista que demasiado visitado. Lo demuestran los miles de transeúntes que llegan a diario al punto fronterizo entre Ecuador y Perú para comprar, al por mayor casi siempre,  y a precios muy bajos, las más diversas mercancías fabricadas en China, Colombia, Perú y Chile, por solo mencionar algunos países.

 Este fue el primer pueblo ecuatoriano que visitó el Che Guevara. Arribó el 27 de septiembre de 1953. En sus apuntes escribió que sufrieron, él y Carlos Calica Ferrer, su compañero de viaje, “los asaltos de las bandas que hacen el transporte de un lado a otro del puente que marca la frontera”.

El Che llegó agobiado por un ataque de asma. Poco pudo ver del entonces caserío, que fue invadido por los peruanos en 1941. El 28 de septiembre, después del registro migratorio, ya más recuperado, el joven médico se trasladó en barco hacia Puerto Bolívar. Navegaron cerca del archipiélago de Jambelí, de playas negras y aguas frías. La distancia entre Puerto Bolívar, ubicado en la ciudad de Machala, y Guayaquil era más factible, en aquellos tiempos, vencerla por mar que por tierra, debido al mal estado de las vías, intransitables cuando llovía. Los ríos desbordados arrasaban con todo a su paso. Por eso el Che, en horas de la noche, subió a bordo del barco que lo llevó a Guayaquil, el mayor puerto del país. El destino final de aquel recorrido era Venezuela.

Inquilino en Las Peñas

 Encontraron en Guayaquil al coterráneo Ricardo Rojo y a tres estudiantes de Derecho, quienes los acogieron a él y a Calica en la pensión de mala muerte donde se alojaban. Celebraron la reunión tomando mate. Hoy el Cerro Santa Ana es un lugar de interés turístico, mirador excelente para apreciar el paisaje urbano. Por doquier encuentras restaurantes, cafés, galerías de arte, cibercafés y tiendas de artesanías que habitan en armonía con sus plazoletas y áreas verdes para la recreación y el descanso. Allí está el barrio Las Peñas, el más antiguo de la ciudad. Allí residió el Che. La casa de huéspedes signada con el número 199, de madera, con vista al río hoy no existe. Un busto de 1.20 metros, obra del escultor guayaquileño Luis Gómez, perpetúa en la zona la estancia del mítico guerrillero.

En calma transcurrieron los primeros días. Los ataques de asma cedieron. Conoció a los doctores Jorge Maldonado Reinilla y Fortunato Safadi, ambos de ideas comunistas. Ellos lo relacionaron con especialistas en lepra. Recorrió el puerto. Realizó una excursión por sus riberas. “Conocí el domingo unos lugares de la costa parecidos a cualquier zona lluviosa con ríos inundables, pero el viaje fue particularmente interesante por la compañía del Dr. Fortunato Safadi”, escribe en su libreta de notas.

De acuerdo con el testimonio del periodista José Guerra Castillo, quien conoció al joven argentino, el Che disfrutaba los tangos que cantaba Carmen Rivas, en radio El Mundo, emisora propiedad de Gabriel Vergara Jiménez. Visitaba el inmueble ubicado donde hoy está el edificio San Francisco 300. A veces jugaba ajedrez, uno de sus deportes preferidos. También intentó, sin éxito, una audiencia con el presidente José María Velasco Ibarra para solicitarle ayuda económica que le permitiera proseguir viaje a Panamá y de allí a Guatemala. Es que la situación financiera del Che y Calica era muy crítica. Habían partido de Argentina con 700 dólares, pero este dinero se agotó luego de recorrer Bolivia y Perú. Para poder dormir tenían que hacerlo por turnos, pues el cuarto sólo disponía de dos camastros. Apenas comían. La deuda con la dueña de la pensión crecía. Vendieron la escasa ropa que poseían. El Che gestionó la venta de su anillo y de su bien más preciado: la máquina de escribir portátil.

 Peripecias para viajar a Guatemala

 Decidido a cambiar el rumbo de su viaje, el Che concentró sus esfuerzos en gestionar el traslado a Guatemala, donde ocurría una revolución agraria bajo la dirección de Jacobo Árbenz. Pero la falta de dinero continuaba siendo un obstáculo, al parecer, insalvable. Calica se marchó a Quito, con el propósito inicial de ir hacia Venezuela. El Che tenía un plan para salir del atolladero en que se encontraba: “… si un capitán semiamigo accede a hacer la matufia necesaria, podremos viajar a Panamá García y yo, y luego el esfuerzo mancomunado de los que llegaron a Guatemala, más los de aquel país, remolcarán al rezagado que queda en prenda de las deudas existentes; si el capitán de marras se hace el burro, los mismos dos compinches seguirán con rumbo a Colombia, quedando siempre la prenda aquí, y de allí partirán con rumbo guatemalteco[…”. Un nuevo ataque de asma lo obligó a permanecer en cama. Finalmente llegó la luz: el cónsul argentino había conseguido la anhelada visa.

La partida

 Un amigo intercedió con la dueña de la pensión y también les entregó 500 sucres. El Guayos zarpó. Agotado, el Che rememoraba lo vivido en los últimos días: “Ahora estamos en un camarote de primera, que para los que pagan será malo, pero para nosotros ideal; tenemos como compañeros de pieza un paraguayo conversador que hace un viaje relámpago por América en avión y un ecuatoriano farabuti (bueno), ambos un par de boludos. García se ha mareado y tras de vomitar y tragarse un Benadril duerme a pierna suelta. Para esta tarde hay sesión de mate con el ingeniero”. La despedida del país andino ocurrió en la ciudad portuaria de Esmeraldas: “… hicimos el gran derroche y nos patinamos un dólar”. Después de recorrer el “pueblito en medio de montes tropicales”, continuó el viaje que comenzó con una frase célebre pronunciada en Buenos Aires, cuando decía adiós a la familia. Frase que pronto sería una realidad: “¡Aquí va un soldado de América!

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Arte y ciencia

Cianobacterias las causantes de la muerte de cientos de elefantes en Botsuana

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Foto: Reuters

Aparentemente, los elefantes han sido los únicos animales afectados.

Tras meses de misterio e incertidumbre, el gobierno de Botsuana ha revelado que la causa de la muerte de los más de 300 elefantes al norte del país está relacionada con la contaminación del agua que bebieron estos animales en el medio natural con cianobacterias.

La causa se determinó tras meses de pruebas científicas encargadas por el Ejecutivo de la nación austral africana, famosa por albergar la mayor colonia de elefantes del mundo.

Las cianobacterias —existe una gran diversidad de especies que pertenecen a este filo— pueden ser encontradas en prácticamente todo el mundo, tanto en hábitats terrestres como acuáticos, incluso en rocas antárticas y bajo el hielo. Son un tipo de bacterias que tienen la capacidad de hacer la fotosíntesis. Afloran en el agua y son capaces de producir toxinas que envenenan la fauna terrestre y marina, incluidos trastornos para el ser humano.

En una rueda de prensa televisada, Cyril Taolo, subdirector del Departamento de Fauna Salvaje y Parques Nacionales de Botsuana, declaró que el número de elefantes muertos por cianobacterias ascendió a unos 330.  Agregó que los paquidermos sufrieron trastorno neurológico severo poco después beber agua contaminada por “una floración tóxica de cianobacterias en recipientes estacionales (fuentes de agua) en la región”.

Lo extraño es que ninguna otra especie se mostraba afectada, ni siquiera los carroñeros como hienas o buitres que pudieron haberse alimentado de los elefantes fallecidos.

“Tenemos aún muchas preguntas por responder, incluido por qué solo la especie de los elefantes (se vio afectada), por qué en el área involucrada y qué pudo desencadenar todos estos cambios que hemos visto en la zona. Tenemos varias hipótesis que estamos investigando”, señaló en la rueda de prensa Mmadi Reuben, veterinario jefe del Departamento de Fauna Salvaje y Parques Nacionales de Botsuana.

Las investigaciones corroboraron que las muertes terminaron precisamente en la época en la que se secaban las charcas de agua de la región afectada, en torno a la localidad de Seronga (norte), indicó Reuben. “En adelante vamos a monitorear la situación y a idear procedimientos para evitar más muertes en la próxima temporada”, aseguró.

Como se recordará, fue en junio cuando se dio conocer la “misteriosa” muerte de decenas de elefantes en el Delta del Okavango, en el norte de Botsuana. La noticia que llegó en medio de la contingencia sanitaria mundial, alarmó y preocupó al mundo entero.

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A propósito, Botsuana es el país con más elefantes en el mundo, con una población de alrededor de 125 mil ejemplares. De ellos, 10% se encuentra en la zona afectada por este brote, el Delta del Okavango.

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