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Crianza, cuidados y conflictos. Un asunto político

Silvia Nicte Ha Espadas Pech

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Uno de los impactos que tiene el sistema patriarcal es que nos enfrenta a las mujeres. A pesar de eso, a lo largo de la historia hemos desarrollado empatía entre nosotras al reconocer las problemáticas comunes que nos atraviesan y, a la vez, nos hemos hecho conscientes de cuáles han sido las razones que nos han enemistado.

Se cumplirá un año y medio desde el inicio de la pandemia y con ello el cierre de los centros educativos, estancias y guarderías. Desde entonces, las mamás hemos ideado estrategias para conciliar el homeoffice– quienes tuvieron la posibilidad–  yla atención de sus hijxs, o aquellas que no dejamos de acudir a nuestros centros laborales y recurrimos a las abuelas. Ambos casos repercutieron en la doble jornada.

 Y dado que asumir los privilegios es una responsabilidad civil y política, la situación no es igual para todas, porque quienes pueden costear, de alguna forma tercerizan el servicio en otras mujeres en condiciones precarias. Esta dinámica de crianza y de cuidados afecta las relaciones afectivas entre nosotras. Siempre que regreso a casa, mi mamá toma una bocanada de aire fresco porque mi llegada representa un relevo en su jornada de cuidados diarios. Hacerse cargo de mi hija durante todo el año de la pandemia la ha agotado física y emocionalmente y, a pesar de emparejar la ayuda con mi papá, ella termina absorbiendo la mayor parte del cuidado.

Sin dejar de lado la complejidad de las intersecciones de clase y etnoracialidad, la experiencia es compartida entre muchas mujeres. El último informe de la CEPAL (2021), confirma que el confinamiento ha aumentado la brecha en el país con la doble y la triple jornada para las madres. Además, el desfase habitual entre los horarios de empleos y los escolares, solventando esta situación con arreglos familiares, y con redes de apoyo redes de apoyo con otras mujeres: las abuelas, la tía, las hermanas, la vecina; terminando ser un asunto “de mujeres”.

Por supuesto, la categoría de cuidados trasciende la crianza, abarcando la vejez y el cuidado de personas dependientes. Así que el colectivo de cuidadoras va más allá de la crianza, también se encuentra aquella hija que, en medio de la soledad, tiene que ajustar su trabajo con el cuidado de sus padres enfermos, renunciando a aspectos elementales de su vida íntima y al tiempo propio. Encima de eso, se enfrenta a la falta de apoyo del entorno familiar que normaliza a la hija como cuidadora natural.

Esto no es tema nuevo, la economía con perspectiva de género ha arrojado luz para evidenciar cómo el sistema económico capitalista se ha sostenido a través del trabajo de las mujeres en la esfera de la reproducción y los cuidados. Y así como otras desigualdades sociales se recrudecieron durante la crisis sanitaria, el cierre de los servicios de estancia y guardería prestados por instituciones públicas y privadas enfatizó la desigualdad de género en relación a la carga de cuidados infantiles. Esta sobrecarga de trabajo doméstico representa un desgaste para las cuidadoras transformando el entorno en conflicto, tensiones y enfrentamientos.  

Romantizar los cuidados en argumentos como su naturalización, la vocación desinteresada, la obligación de madre fundada en el amor es producto de una cultura patriarcal que indudablemente sitúa el conflicto de mujeres como un asunto político. Primero, porque la división sexual del trabajo en la vida privada despeja de la ecuación a hombres en la esfera de la reproducción de la vida social, para ubicarlos en la producción de capital. De los cuidados se les exime, y por si fuera poco, de vez en cuando se les vindica como gestores de conflictos familiares.  

Segundo, la desigualdad en la esfera cultural reflejada en la nula apropiación de los hombres de su corresponsabilidad en los cuidados y la crianza tiene (y debe) ser absorbida por el Estado. Y a pesar de que existe avance en los marcos legislativos en torno al campo ampliado de los cuidados, sus diseños parten de ideologías familiaristas que poco han logrado trastocar en la división sexual del trabajo.

Mientras no haya una redistribución equitativa y correcta de las responsabilidades de los cuidados de las familias a los Estados, las mujeres y feministas, siguen reinventando formas para sostener la vida dentro y fuera de la familia, tramando redes en diversos territorios y comunidades, diseñando planes para que, eventualmente tengan incidencia institucional. Y lo más importante, la desigualdad de género sigue impactando nuestros lazos de cariño, afecto y amor entre nosotras.

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Recuerdan el legado de Antonio Mediz Bolio en su LXIV aniversario luctuoso

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Autoridades y familiares colocan ofrenda floral en el CEBA, ante el busto del autor.


Mérida, Yucatán, 15 de septiembre de 2021.- El poeta Antonio Mediz Bolio, letrista de la evocación maya “El caminante del Mayab”, fue recordado esta mañana al conmemorarse su LXIV aniversario luctuoso.


En una ceremonia realizada en el Centro Estatal de Bellas Artes (CEBA), lugar donde se encuentra el busto del escritor y periodista, autoridades y familiares realizaron una ofrenda floral, que organizó la Secretaría de la Cultura y las Artes (Sedeculta).

 
Igualmente,  Josefina Peón Mediz Bolio y Francisco Solís Peón, quienes son nieta y bisnieto del homenajeado, junto con la titular de la Sedeculta, Loreto Villanueva Trujillo, montaron una guardia para honrar al autor. 

En el acto, Solís Peón señaló que el homenaje permite recordar la memoria y mantener el legado de Mediz Bolio. 

Mediz Bolio, quien nació el 13 de octubre de 1884, creó en 1931, junto con Augusto “Guty” Cárdenas, el referido tema que originó uno de los géneros de la trova tradicional, la evocación maya. Otras que compuso junto con Guty fueron “Yukalpetén” y “Campanitas de mi tierra”.

 
De la sonoridad de Ricardo Duarte Esquivel y Luis Pérez Sabido, surgió, en 1970, “Flores de amor”, con un fragmento de su poema “El nacimiento de las flores” y que grabó la Orquesta Típica Yukalpetén en 1977.

En 1910, su puesta en escena Mirza, con música de Cornelio Cárdenas Samada, se estrenó en el teatro Colón de la ciudad de México; en agosto de 1914, se presentó en el teatro “José Peón Contreras”, donde en 1916, se dio a conocer su Sinfonía helénica, musicalizada por Fausto Pinelo Río.
 
Su obra más difundida fue La tierra del faisán y del venado, escrito en 1922; tradujo El libro del Chilam Balam de Chumayel, en 1930; ambos trabajos le permitieron plasmar su labor como defensor del pueblo maya, promotor de sus costumbres, tradiciones y conocimientos. Algunos de sus poemas son “Mater admirábilis”, “Mi tierra es mía” y “Manelic”.

 
En el ámbito cinematográfico realizó el argumento de La noche de los mayas y los diálogos de Deseada, filmadas en el estado en 1939 y 1950, en ese orden. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

 
Al cumplirse medio siglo de su fallecimiento, el 15 de septiembre de 2007, sus restos fueron colocados en el Monumento a los Creadores de la Canción Yucateca. Su retrato al óleo está en el Museo de la Canción Yucateca.

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Cultura y gastronomía en “Ottobre italiano”

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Del 1° al 27 de octubre se llevarán a cabo distintas actividades virtuales para conocer la cultura  italiana

Mérida, Yucatán, 15 de septiembre del 2021.- La lengua y cultura de Italia podrán conocerse a través de clases de cocina, talleres de música, conferencias y un cineclub, durante el evento “Ottobre italiano”, organizado por el Centro Institucional de Lenguas de la Universidad Autónoma de Yucatán (CIL-UADY).  

Del 1° al 27 de octubre, mediante actividades en modalidad virtual, los alumnos tendrán la oportunidad de poner en práctica sus habilidades comunicativas, además de aprender más acerca de la cultura italiana, señaló la coordinadora del CIL-UADY, Karina Abreu Cano.   

Las actividades del “Ottobre italiano” iniciarán con el taller “La música teatral se vuelve denuncia social”, seguida de la exposición “Secretos y curiosidades de la historia italiana”; asimismo, los estudiantes disfrutarán de la presentación “Figuras famosas italianas”, a cargo de los alumnos de Italiano Pre intermedio 1.  

Para finalizar el mes, se realizará el taller “Italiano con los cómics. Presentación de los cómics más importantes de Italia” y “Preparando la pasta al pesto en línea”, bajo la conducción de la maestra Laura Parlagreco.  

Las personas interesadas en participar en una o varias de esas actividades, pueden enviar un correo a gdigiacinto@correo.uady.mx o consultar las redes sociales del Centro Institucional de Lenguas en Facebook e Instagram.  

En tema aparte, Abreu Cano recordó que debido a la pandemia por Covid-19, se trasladaron todos los cursos coloquiales y del Programa Institucional de Inglés (PII) a la modalidad en línea con actividades sincrónicas, como videoconferencias; y asincrónicas, que utilizan el correo electrónico y la asignación de tareas a distancia.  

Por otra parte, los cursos coloquiales de inglés, francés, italiano, maya y español, que se impartían de manera presencial, también se realizan actualmente en modalidad virtual.   

Destacó que, hasta ahora, se ha tenido un alto nivel de aprovechamiento gracias a la implementación de seguimientos semanales, para verificar cómo van los avances de cada uno de los estudiantes.   

Para el semestre agosto-diciembre 2021, estos cursos coloquiales cuentan con más 900 estudiantes inscritos.  

La información sobre los cursos y el PII en modalidad virtual se puede solicitar a través del correo electrónico: cil@correo.uady.mx

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Diálogos antropológicos: el deseo y la elección como categorías socioculturales para construir la autonomía en la maternidad

Silvia Nicte Ha Espadas Pech

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Madre. Oleo de .Joaquín Sorolla y Bastida 1895

Todos los viernes por la noche me reúno virtualmente con unas amigas antropólogas e historiadoras con el propósito de acompañarnos en el trabajo de ser madres. En este espacio podemos escucharnos y compartir inquietudes sobre nuestras maternidades o sobre situaciones que cada una se encuentra transitando con sus hijas e hijos. Como madres en las ciencias sociales, nuestras preocupaciones se centran en los procesos de socialización que atraviesan nuestras hijas: aspectos de la cultura, procesos psicosociales, de la sexualidad humana, etc. La verdad es que los temas son inagotables y no siempre nos alcanza el tiempo para ofrecer resolutivas al final.

Después de que la Suprema Corte declarara inconstitucional la penalización del aborto, en la última sesión pudimos conversar sobre lo que significa esta decisión para el futuro de nuestras hijas. Por supuesto fue motivo de celebración. Sabemos que nos falta mucho por caminar y que la no criminalización del aborto es sólo un paso en el proceso para alcanzar la autonomía de las mujeres en sus derechos sexuales y reproductivos, por lo menos en la ley. Pero haber llegado hasta este punto nos permite vislumbrar un camino menos pedregoso y pensar en tópicos que, a la postre, tendrán relevancia en la legislación.

Rumbo al 28 de septiembre, Día por la Despenalización del aborto en América Latina y el Caribe –y como viene pasando hace más o menos cuarenta años–se reabren las disputas en torno a las implicaciones éticas, filosóficas, religiosas, políticas y sociales sobre la legislación del aborto. En el 2009, en el marco del Foro Ciudadano para la agenda de las Mujeres, Martha Lamas dictó una conferencia magistral sobre maternidad voluntaria y aborto. La antropóloga esbozó conceptos, que si bien ya están establecidos en los Derechos Humanos y en los Derechos Sexuales y Reproductivos (DDRR), aún no logran aplicarse de manera sustantiva en la vida cotidiana de las mujeres. Entre ellos los conceptos de libertad, igualdad y autonomía.  En esa ponencia trazó la importancia de considerar la maternidad como un acto voluntario “que se goza y se comparte”. Pero hubo una frase, breve pero poderosa, que posteriormente el movimiento feminista la recobraría para redefinir la maternidad:

“Para defender la autonomía de las mujeres hay que dejar de considerar la maternidad como un destino y comenzar a verla como un trabajo que para ejercerse a plenitud debe ser producto del deseo y de la elección.

La elección y el deseo suelen imaginarse como cosas que conciernen exclusivamente a la esfera de lo personal, y que no existe ninguna influencia externa que las condicione. Pero como antropólogas sabemos que, por más que se les quiera considerar fruto de la libertad y del razonamiento individual, existen estructuras sociales que nos preceden y que se internalizan a nivel subjetivo hasta parecer decisiones propias. También consideremos el peso que tiene la socialización y la cultura como factores que configuran la toma de decisiones en los proyectos de vida. En este sentido, es prioritario encontrar caminos de libertad para nuestras hijas en cuestiones tan complejas como la maternidad y que, además, se experimentan en entornos de desigualdad.

Para nosotras es necesario poner a revisión ambos conceptos desde el enfoque sociocultural. Por supuesto, las feministas del psicoanálisis tienen un trabajo bastante consistente sobre los conceptos de identidad femenina, deseo y maternidad desde la crítica a las principales teorías de Freud que influyeron en el pensamiento del siglo XIX, convirtiéndose así en el establishment científico de la época. La herencia freudiana – que sus predecesores se encargaron de proliferar por todo Occidente – y la sacralización de la madre por la iglesia minaron profusamente el sentido común de la cultura y edificaron toda una narrativa romántica sobre la maternidad.

De esta narrativa idílica de la maternidad se crearon dicotomías como “la madre buena y abnegada” versusla mala madre”; “la madre normalversusla madre desnaturalizada”. No hay nada de esto que no haya estremecido nuestras subjetividades. Hasta ahora, para la mentalidad dominante elegir no ser madre es un camino muy raro que nada tiene que ver con la realización plena de la mujer; por otro lado, maternar dentro de las exigencias del capitalismo te pone bajo la vigilancia estricta de la sociedad. Vaya dilema. Esa es una realidad que estamos dispuestas a transformar.

Luchar por prácticas sociales más equitativas y saludables en el ejercicio de la maternidad ha sido uno de los tantos propósitos de la lucha feminista. Pero también tenemos el compromiso con nuestras hijas de trabajar en estrategias que nos permitan contrarrestar el peso de los estereotipos, la socialización y las costumbres, y en ese sentido, darles la oportunidad de constituir identidades cuyas proyecciones de vida no estén sujetas al único camino de ser madres, y que en ellas surja críticamente la idea de la posibilidad real de ser madres.

No sabemos cómo, pero lo que sí sabemos es que debemos empezar a construir un nuevo relato de la maternidad que se contraponga a ese cuento de hadas que despoja a las niñas de las herramientas emocionales y cognitivas para enfrentar, en su momento y si así lo deciden, las diversas situaciones en el maternazgo. Creo que es hora de construir espacios de discernimiento para hablar del dolor, del hartazgo, de las tristezas y el agotamiento, desde la autenticidad de nuestros sentimientos como experiencia individual, colectiva e histórica. La autonomía de las niñas va más allá de la problemática política, es algo que debe ser constitutivo de la agencia femenina en la formación del deseo y la posible elección de la maternidad.

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