En estos días el cenote ubicado en el Campo de Béisbol Federico Cardeña Blanco (Chivirico) de la Colonia Miguel Hidalgo en Mérida, se encuentra desbordado, aunque paulatinamente sus aguas regresan a su reducto subterráneo. Pocas personas saben de este cuerpo de agua, pero esto no fue siempre así.
Durante su adolescencia Augusto Evia y Ramón Escobedo, vecinos cercanos del lugar, fueron a comprobar la existencia de dicho cenote y posteriormente Augusto me informó del sitio. El 31 de agosto del 2002 fui con él a verificar el dato. En el costado oriente del campo deportivo y en medio de unos muros, se ubica dicho cuerpo de agua. Al mirar al interior vimos unos peces llamados gambusias (Gambusias affinis) que son utilizados por muchos gobiernos del mundo para el control de los mosquitos. Los introducen a los cuerpos de agua para que coman las larvas de esos insectos.
Dicha cavidad bien podría ser uno de los tantos afloramientos del agua subterránea debido a la explotación de materiales pétreos que en esta zona se efectuaron. Pero independientemente de su clasificación, cenote o aguada, allí estaba el cuerpo de agua con sus peces. Lo interesante es que el presunto cenote sólo medía 1.20 metros de largo por 60 centímetros de ancho. Si bien estaba contaminado, el agua era bastante clara, seguramente por su conexión con el manto freático.
El 2 de diciembre de 2018 volví al sitio para ver qué había pasado y encontré que ya no había cenote pues estaba completamente cubierto de piedras, tierra y basura. No sé si esto fue producto de una acción deliberada o se azolvó porque la cavidad está en el fondo de una rehollada. Lamenté mucho esta situación. Pero la naturaleza tenía otros planes. Después de las intensas lluvias de junio y julio decidí ir a ver qué efectos habían tenido en el Cenote Chivirico. Fue el 8 de octubre cuando lo visité nuevamente y vi que el agua había desbordado totalmente no sólo el cenote sino también la rehollada que lo antecede (Fotos 1 y 2).
Y bajo la presunción de que ya se terminó la época de lluvias, el 8 de diciembre acudí a ver el lugar y constaté que el nivel del agua está disminuyendo (Foto 3-7) pero todavía falta mucho para que regrese al estado como lo conocí en el año 2002. El Grupo Espeleológico Ajau seguirá haciendo las observaciones necesarias para conocer el final de esta historia.