Arte y ciencia
Educación, entre la disrupción y la desigualdad
Publicado
hace 6 añosen
En el año 2013 la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias (IFLA por sus siglas en ingles) publicó un interesante informe sobre las tendencias globales más importantes en el uso de la información. El Informe de Tendencias de la IFLA, como también se le conoce, es el resultado del diálogo interdisciplinario entre profesionales de la información y expertos de diversas áreas del conocimiento. Su intención ha sido guiar el análisis y la toma de decisiones sobre los fenómenos de información que envuelven a la sociedad global, por lo que no permanece estático y recibe constante actualización, la más reciente fue el año pasado.
El informe original ofreció cinco tendencias globales, todas vigentes y en desarrollo:
- Las nuevas tecnologías expandirán y, a su vez, limitarán el acceso a la información
- La educación en línea democratizará y modificará el aprendizaje global
- Los límites de la privacidad y la protección de datos serán redefinidos
- Las sociedades hiperconectadas escucharán y empoderarán nuevas voces y grupos
- La economía global de la información se trasformará por las nuevas tecnologías
No está a discusión la actualidad de las tendencias, en el contexto educativo que vivimos, atravesado y modificado por la pandemia de coronavirus, merecen especial atención las dos primeras. La migración forzada de la enseñanza a un entorno virtual dejó a muchos con dudas y preocupaciones ante el nuevo ciclo escolar que, al parecer, estará bajo las mismas condiciones de emergencia.
En estos momentos el discurso educativo gira alrededor de los conceptos de innovación y disrupción, asume que las clases en línea son la oportunidad para la democratización educativa y acercarnos a la educación del siglo XXI. ¿Realmente esto es posible? Personalmente creo que no, no por lo menos en el contexto mexicano.
Es verdad que la educación en línea democratiza y modifica el aprendizaje; pero al mismo tiempo es un ejercicio de uso de tecnología que expande y, a su vez, limita el acceso a ella. En pocas palabras, las clases en línea hacen latente la posibilidad del aumento de las desigualdades sociales: infantes y jóvenes que recibirán educación en condiciones tecnológicas precarias o que abandonarán su formación por esas razones, mientras que aquellos que posean los recursos para poseer y usar tecnología continuarán con su educación. La brecha digital existe y es evidente.
De acuerdo a Marion Lloyd, la mitad de los estudiantes universitarios que proviene de familias con bajos ingresos no poseen la infraestructura tecnológica adecuada para poder sobrellevar un curso en línea desde sus casas, de manera más general el 18% de los estudiantes universitarios pasan por esa situación (ver su capítulo de libro “Desigualdades educativas y la brecha digital en tiempos de COVID-19” publicado por la UNAM). Otro caso interesante que refleja esta desigualdad en el entorno digital se encuentra en un estudio realizado por Miryam Georgina Alcalá Casillas sobre el acceso a internet y derecho a la información en México. En esta investigación, publicada apenas el año pasado en la revista académica Nuevo Derecho, se afirma que únicamente el 40% de los mexicanos tienen el acceso a internet que les permite ejercer su derecho a la información.
El discurso sobre innovación y disrupción posiblemente contempla a una población estudiantil que no poseemos o que es minoritaria. Todos los estudiantes tendrán el mismo derecho a educarse a través de plataformas digitales; pero ¿cuántos podrán hacer valer ese derecho? Es sorprendente que omitamos la realidad mexicana, palpable en la cotidianidad.
Haciendo eco del Informe de Tendencias de la IFLA, la expansión del universo digital ha alcanzado como nunca antes al sistema educativo y, en consecuencia, valora aún más las habilidades para usar herramientas tecnológicas y digitales. Lógicamente, quienes no tengan estas habilidades o herramientas quedarán marginados de los procesos educativos o, en el mejor de los casos, se mantendrán rezagados.
En medio de toda esta vorágine, los profesores han sido llevados por el torbellino que les exige innovar su práctica docente. Centrar la discusión en el papel del maestro resta responsabilidad al sistema educativo y a las instituciones de educación, con ello se dificulta que participen activamente en este proceso de cambio. ¿Qué harán los centros educativos para proveer de recursos y condiciones que fomenten la creatividad de los docentes? ¿Qué medidas disruptivas se aplicarán en la administración educativa? Estas y más preguntas quedan en el aire.
La educación es un punto nodal para favorecer el aumento de oportunidades de desarrollo individuales y colectivas, por eso mismo debemos ser cuidadosos de no hacer de ella un proceso de reproducción de la desigualdad. El universo digital pronto abarcará todo aspecto de nuestra vida en sociedad, por eso debemos reflexionar críticamente y, desde ahora, procurar hacerlo un espacio incluyente y amigable para todos. El futuro educativo se debe construir colectivamente y permanentemente, no desde la individualidad y la contingencia.
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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
