Arte y ciencia
El antiguo edificio del Colegio de San Pedro, y la Real Aduana de Mérida (II)
Publicado
hace 6 añosen
De entre los diversos usos a que fue destinado el Colegio de San Pedro, luego de su clausura en 1767, por la expulsión de los jesuitas de todos los territorios españoles y sus aliados, destaca el establecimiento ahí de la Real Aduana y Contaduría, a fines del siglo XVIII, por la información documental que se dispone para esta institución española.
En efecto, en el Archivo General de Indas de Sevilla, se encuentra un plano con el título: “Plano, Perfil y Elevacion de la Aduana construida de orden de S[u] M[ajestad] en Mérida de Yucatán”, firmado por Rafael Llobet, fechado el 14 de diciembre de 1793.
En el Archivo General de la Nación, de México, se conserva otro plano, fechado en 1800, con el título de “Plano de la Real Contaduría, Thesorería, Aduana y Depocitaria general de la Ciudad de Mérida, exprecivo de un Proyecto al mejor Despacho, concervación del edificio, y segurida de Caudales” corresponde únicamente a las instalaciones de la Aduana, y está firmado igualmente por Llobet.

Archivo General de Indias. “Plano, Perfil y Elevación de la Aduana construida de orden de Su Majestad en Mérida de Yucatán. 14 de Diciembre de 1793 / Rafael Llobet
El extraordinario plano de 1793 nos ilustra, nos permite comprender, hoy en día la transición arquitectónica entre la antigua construcción escolar jesuita, y el edificio universitario que observamos actualmente, ya que la Real Aduana y Contaduría se levantó sobre el inmueble de la pretérita escuela jesuita, y la Universidad de Yucatán se instaló a su vez en el edificio de la otrora institución administrativa de la corona española, predio que desde su adecuación a fines del siglo XVIII, no había experimentado cambios importantes en su arquitectura.
La Aduana de Mérida y la Tesorería Real ocupaban con anterioridad a 1794, según el historiador Francisco Molina Solís, una casa ubicada en la esquina noroeste del cruzamiento de las actuales calles 58 con 65, en el centro de esta ciudad.
En la cédula del plano que se conserva en el Archivo General de Indias, de Sevilla, se señala que: “Por Real Orden de 18 de febrero de 1778 al gobernador y oficiales reales de Yucatán se resolvió la construcción de aduanas en Mérida y Campeche. En Mérida se eligió para su ubicación el edificio del Colegio jesuita de San Pedro, abandonado desde la expulsión de la Orden. Las obras se iniciaron en 1787, aún sin tener la aprobación para ello, que por fin fue concedida en 1792, terminándose en 1794.”
De este modo, el Colegio de Indios establecido en ese local desde 1782, a iniciativa del obispo fray Luis de Piña y Mazo, el cual era un Seminario para la formación de sacerdotes católicos mayas, interrumpió sus actividades a cinco años de haberlas iniciado.
El referido plano de 1793, de la Real Aduana, nos señala que su construcción, la remodelación del pretérito Colegio de San Pedro, tardó aparentemente siete años, sin embargo dos habrían sido los que duró dicha adecuación, ya que se apunta que las obras iniciaron en 1787 sin permiso, éste llegó en 1792 y el trabajo concluyó en 1794.
Este plano es interesante ya que su observación y análisis, nos proporciona una idea de cómo habría sido la añeja escuela jesuita, nos muestra claramente la distribución de los espacios y estancias que tuvo la institución hacendaria Real ubicada posteriormente ahí, y nos revela que los diversos y actuales espacios administrativos, bibliotecarios y culturales de la Universidad Autónoma de Yucatán en ese inmueble, corresponden a los que ocuparon en el siglo XVIII, las oficinas, salas de juntas, archivo, habitaciones, bodegas, trojes, cochera, y demás estancias que tuvo la Aduana y Real Contaduría, así como las casas del Contador y Tesorero Reales instaladas en ese edificio.
Las oficinas reales, bodegas y trojes se encontraban en la planta baja y las casas de los dos funcionarios del rey, en la planta alta. Las habitaciones e instalaciones de la casa del Contador estaban en el ala norte y parte de las alas oriente y poniente, en tanto que los cuartos y otras piezas de la casa del Tesorero ocupaban el ala sur e igualmente partes de las alas poniente y oriente.
De este modo podemos saber por ejemplo, que el vestíbulo de la actual Sala Audiovisual, constituía el acceso a las casas, los almacenes, etc., era una pieza pequeña de entrada. La Sala Audiovisual, fue un espacio administrativo doméstico.

Costado oriente del Centro Cultural de la UADY, las tres últimas ventanas de la planta baja, a la izquierda, corresponden al sitio donde estaba el pórtico de entrada, con tres arcos, a la Real Aduana y Contaduría de Mérida.
Asimismo, ahora sabemos que toda el área de la actual Biblioteca Central de la UADY, con sus salas de consulta y oficinas administrativas, fue a fines del siglo XVIII, las oficinas de la Aduana y la Contaduría, con sus cuartos de archivo y despacho del oficial mayor, sala de juntas y almacenes.
La entrada a las oficinas de esta institución real, era a través de un corredor en lo que hoy es el término de la biblioteca sobre la calle 60, donde había un pequeño pórtico con tres arcos, en el que estaban los guardias, y que ahora corresponde a las tres últimas ventanas del costado oriente del edificio universitario, en dirección al sur.
Las otras actuales oficinas de la Uady que se encuentran en el ala sur de la planta baja de este inmueble, fueron Sala de juntas y almacenes de la Real Aduana y Contaduría.
La librería universitaria fue la cochera, en tanto que la Rectoría, era una de las varias trojes. El Salón del Consejo Universitario, fue igualmente uno de los varios almacenes, y el Auditorio Manuel Cepeda Peraza era el comedor de la casa del Tesorero.

Detalle del sitio donde estuvo el acceso a la Real Aduana y Contaduría de Mérida.
Es así que podemos comprender ahora los cambios que ha experimentado el antiguo edificio del Colegio Seminario de los Dolores de María Santísima y San Pedro, desde su fundación por los jesuitas a principios del siglo XVIII, 1711, cuando dejó de ser residencia particular, hasta las actuales instalaciones en este siglo XXI, del Centro Cultural de la Universidad Autónoma de Yucatán, así como los diversos usos que ha tenido el inmueble y las distintas instituciones que en él se establecieron, en estos 309 años de historia documentada.
El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
