Arte y ciencia
El lenguaje y la necesidad de identificarnos
Publicado
hace 5 añosen
Por
César Benítez
En los últimos años mucho se ha discutido mucho la cuestión del lenguaje inclusivo, ya que desde que se puso sobre la mesa su necesidad como elemento de identidad para aquellas personas cuya identidad de género no correspondía al sistema binario establecido por convención social (hombre/mujer) se han desatado una serie de acotaciones, burlas y argumentos en contra de la necesidad de emplear dicho lenguaje en el vocabulario contemporáneo. Sin embargo, muchos o quizás todos los argumentos en contra de este lenguaje no tienen soporte científico o al menos no en el ámbito de las ciencias sociales. Antes bien se reducen a embustes y sofismas basados exclusivamente en lo que dicta el Diccionario de la Real Academia Española (RAE).
Primeramente, tenemos que entender que lenguaje, lengua e idioma son tres cosas diferentes, que, si bien interactúan entre sí, cada uno cumple y tiene una función social diferente. La lengua es un sistema oral o escrito normado por un grupo social y/o comunidad y es un elemento de identidad. Dentro de la lengua se incluye los lenguajes y estos ayudan a enriquecer la estructura lingüística de un grupo social, de una nación, un país incluso en diferentes momentos del tiempo, y es por ello que la lengua cambia, se modifica y se adapta a las necesidades sociales y culturales de cada grupo y cada tiempo. Esa es su característica principal: ser un elemento vivo en constante cambio, el cual, si dejara de cambiar se detendría y con el paso del tiempo acaso se convertiría en una lengua muerta. Dentro de la lengua confluyen múltiples elementos que la van enriqueciendo, ya que cada palabra es el resulto de la integración de la idiosincrasia, la cultura, la tradición, el folklore etc.
Mucha gente cree que la lengua se limita solamente a reglas ortográficas y gramaticales, lo cual resulta bastante erróneo, ya que si bien es imprescindible la organización y administración de la misma, ello no significa que dichas reglas determinen la función de una lengua per se puesto que, reiterando, la lengua es un elemento vivo que se va adaptando a las circunstancias y necesidades de cada grupo social y de cada tiempo. Es por eso que en nuestros días no se habla el español de la misma manera que en el siglo XVI. Actualmente existen palabras nuevas que se han ido integrando de acuerdo a las nuevas necesidades sociales, a las nuevas tecnologías y nuevos fenómenos, y por ello es común encontrar palabras como: twittear, instagrameable, stalker, giveaway, sanduche (por sándwich) etc. Si la lengua fuera monolítica y cerrada, inmóvil como muchas personas piensan, entonces no sería posible la adecuación ni la presencia de nuevas palabras ni vocablos dentro de ella.
Ahora bien, el lenguaje se refiere a aquellos conjuntos de signos y símbolos que el ser humano va adquiriendo y utilizando a lo largo de su vida, con los cuales puede explicarse y mejorar sus procesos comunicativos con el entorno, es por ello que se conciben diferentes tipos de lenguaje: oral, escrito, lenguaje signado (dactilolalia), lenguaje de programación, lenguaje corporal, etc.
La característica principal del lenguaje es que es un mecanismo, un vehículo de cohesión social y de identidad grupal, esto último nos los menciona la doctora María del C. Ugalde en su artículo: “El lenguaje: caracterización de sus formas fundamentales”. Muchas veces el lenguaje cumple una función comunicativa mucho más efectiva que la propia lengua, pues imaginemos un escenario en el cual nos encontremos en algún país o ciudad cuya lengua no dominamos: de súbito nos sentimos mal, comenzamos a desvanecernos, entonces ese conjunto de signos (lenguaje corporal) hará reaccionar a las personas a nuestro alrededor, las alertará sobre una condición de riesgo de salud e intentarán ayudarnos o apoyarnos. En algunas ocasiones no se necesita hablar para comunicar un mensaje.
La cuestión del lenguaje inclusivo es algo que vale la pena atender ya que la lucha por su incorporación surge en la medida de dar una representación sociolingüística a aquellas personas que no se encuentran dentro del espectro binario de “hombre” o “mujer”, de lo “masculino” o lo “femenino” ya que, efectivamente, existen muchos otros matices de la sexualidad humana que no encajan dentro de esta dupla y la necesidad de utilizar adecuadamente los pronombres “le” o “les” para permitir identificarse a estas personas.
No existe nada que prohíba utilizar dichos pronombres, nada que no sea el prejuicio, la discriminación o la homofobia disfrazada burdamente de defensora de la lengua. También se hace un llamado a que la gente aprenda lenguajes “verdaderamente” incluyentes como el Braille y la dactilolalia, pero esta invitación pues ser una suerte de embuste, pues ambos son sistemas de comunicación para gente con necesidades particulares, aparecen para poder facilitar la comunicación entre las personas con cierta discapacidad visual y auditiva y también para que puedan desempeñarse adecuadamente en su entorno. Sin embargo el hecho que uno aprenda Braille o algún lenguaje signado no le hace, necesariamente, incluyente, más bien lo hace responsable y civilmente comprometido con políticas de integración para las personas con discapacidad. Pensar que aprender alguno de estos lenguajes funciona para dar inclusión, equivaldría a pensar que deberíamos usar sillas de ruedas y/o muletas para ser incluyentes con las personas con alguna discapacidad motriz.
Permitir la presencia de lenguajes inclusivos en nuestra lengua es señal de que estas sigue evolucionando y está dando presencia a nuevos grupos sociales que por varios años habían permanecido minimizados o simplemente no se les reconocía y que ahora no sólo tiene la oportunidad, sino el derecho de hacerse visibles en todos los procesos comunicativos dentro del grupo social al cual pertenecen, sin necesidad de una distinción o trato especial, sino únicamente de manera justa y regular, tal como se hace para referirse a “el maestro”, “la científica”, “los compañeros” o “compañeres”. Lograr la normalización de dicho lenguaje representará un nuevo triunfo en la lucha diaria por la igualdad social de varios grupos que aún son denominados despectivamente como “minorías”.
El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
