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Arte y ciencia

Enfermería

Hélène Debrade

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Otra cara más de la pandemia

Isabelle y Danielle son enfermeras desde hace más de 25 años en el sur de Francia. Escogieron esta profesión porque querían salvar vidas, ayudar a que los pacientes se sintieran mejor y brindarles apoyo moral.

Isabelle labora en el área de urgencias casi desde el inicio de su carrera. A veces trabaja en el hospital y en otras ocasiones, sale con la ambulancia en intervenciones in-situ. Le encanta la adrenalina que generan estas misiones y la gestión en equipo de los pacientes que se encuentran en situación de peligro potencial. Un paciente que sobrevive gracias a un diagnóstico acertado y a los cuidados brindados en urgencia es siempre una experiencia muy gratificante. Al final de la jornada, o en la madrugada cuando tiene le toca el turno de noche, regresa a su casa cansada pero satisfecha y feliz de reunirse con su marido y sus dos hijos adolescentes, para poder por fin pasar tiempo con ellos.

A Danielle le gustaba más el área post-operatorio pero como no había puesto vacante en este servicio, hace años fue asignada al quirófano. Los cirujanos aprecian su trabajo e incluso hay quienes solicitan específicamente que sea ella la enfermera que los asista en ciertas cirugías delicadas porque confían plenamente en ella. También debe, a veces, trabajar de noche y atender guardias, pero siempre lo hace con la pasión que la llevó a escoger esta profesión: el aspecto humano ante todo. Logró conciliar estos complicados horarios con la vida de su familia, a quien dedica casi todo su tiempo libre.

Nathalie es enfermera en Suiza. De niña, permaneció varias semanas en el hospital y se dio cuenta que los pacientes pasan mucho tiempo solos y expuestos a la vista de todo el personal, sin intimidad. Observó cómo algunos médicos, a veces, ni siquiera los respetan como seres humanos, sólo los ven como casos, los revisan sin antes saludarlos, sin pedirles su permiso para levantar su sábana. La cama del enfermo es su domicilio temporal y como tal, se debe respetar. Entonces Nathalie quiso colaborar a que los pacientes se sintieran mejor en el hospital y supo que su experiencia personal la ayudaría a entenderlos. Ha laborado en muchas clínicas y hasta capacitando al personal de líneas aéreas en primeros auxilios, o sea los gestos que salvan vidas. Ella sabe adaptarse a la gente y a las situaciones y también disfruta del trabajo en equipo. También ha tenido que trabajar de noche y siempre ha podido contar con el apoyo incondicional de su marido para encargarse de su joven hijo y de su hija adolescente. Acababa de iniciar un nuevo empleo en cuidados intensivos cuando estalló la pandemia.

De repente, cada una por su cuenta, se encontraron las tres aspiradas en un torbellino de sobrecarga de trabajo, de angustia, de riesgo, de miedo.

En urgencias, Isabelle vio cómo iban llegando cada vez más enfermos, preguntándose si estarían infectados con el Covid 19 y si se les debía enviar de vuelta a casa u hospitalizarlos. No cometer error de diagnóstico es difícil, porque hoy las pruebas pueden resultar negativas pero ser positivas dentro de un par de días. El 20 % de las pruebas arrojan resultados falsos, entonces ¿cómo confiar? ¿Y los seres cercanos de los pacientes? Tal vez pronto llegarían también la familia, los amigos y los colegas de estos pacientes positivos. Uno no para de correr, se trabaja más horas que de costumbre porque son tantísimos los pacientes que el hospital no se da abasto. Los respiradores no alcanzan para todos. Las existencias de cubre-bocas y de material estéril disminuyen. Y cuando escuchó en las noticias que las autoridades habían preconizado no usar cubre-boca, no porque estuvieran basándose en estudios científicos sino para disimular la falta de existencia suficiente, mucho coraje le dio. Habían expuesto a la gente en el presente pero también a futuro al generar confusión porque ahora todos se preguntan: ¿entonces sí o no debemos usar cubre-boca? Para ella, ¡no cabe la menor duda! También le surge otra preocupación: al concentrarse en los pacientes con Covid 19 en el servicio de urgencias, se descuida a pacientes con otro tipo de emergencia, con otras enfermedades graves que, mientras tanto, siguen avanzando pérfidamente. Y porque ahora se les pide concentrarse en curar y detener la pandemia, se niega a otros enfermos los cuidados y atenciones que, en condiciones normales, habrían recibido. Por salvar a enfermos del Covid 19, tal vez se sacrifiquen a pacientes con otro tipo de enfermedad, que lo pagarán con su vida porque ya no hay médico que los pueda atender. Pero ellos no se contabilizarán en las estadísticas. Isabelle regresa a casa decaída, preocupada y con nudos en el estómago: ¿cómo ayudar a salvar más vidas? ¿Será que acabará contagiada por estos pacientes? ¿Y si trae el virus a casa y contamina ella a su marido y a sus hijos?

Nathalie no tuvo tiempo de capacitarse para aprender los métodos y hábitos de su nuevo lugar de trabajo ni de adaptarse a su nuevo equipo. Una semana después del inicio de su contrato, vio llegar al primer paciente infectado con Covid 19, y luego un segundo, y tres, cuatro. Y así tuvo que hacer frente, adaptarse e integrarse. Más horas de trabajo que lo que estaba previsto originalmente, más enfermos que nunca, demasiado numerosos para el personal médico del hospital. Se tuvo que abrir otra área para aislar a los pacientes contagiosos, en el sótano, sin luz natural, parece un bunker donde debe pasar doce horas de su día, detrás de un cubre-boca, a veces sin tiempo para beber ni comer. Sufre del aislamiento, de estar confinada en un área del hospital, sin contacto con sus colegas de otras áreas. Este hospital es demasiado pequeño para recibir a tantos pacientes, no alcanza el personal y pronto carecerán también de material de protección, entonces ¿por qué les mandan a estos pacientes? ¿Acaso nadie se da cuenta que ya no pueden más? Bajo tanto estrés, llegan a saturación y a pesar de su gran profesionalismo, todos podrían llegar a cometer faltas en su rutina de higiene y asepsia.

Exhausta por estas rudas jornadas de trabajo, cuando regresa a su casa, sus hijos necesitan ayuda para entender las lecciones del día en el nuevo sistema de escuela a domicilio. No es fácil para ellos estudiar a distancia. Afortunadamente, su marido fue al supermercado y preparará la cena mientras ella se dediqua a explicar las tareas a los chicos. Se sienta al lado de sus hijos y de pronto se levanta, asustada, preguntándose si aún puede acercárseles sin riesgo de contagiarlos. Cree que tomó todas las precauciones necesarias, pero bastaría con un ínfimo detalle para que su mundo se hundiera.

En virtud de que labora en el quirófano, Danielle no debería estar expuesta a los pacientes infectados con Covid 19. Sin embargo, para hacer frente al creciente número de enfermos, el hospital tuvo que llamar al voluntariado del personal de otras áreas para reforzar al equipo de la célula Covid 19. Muchos colegas de Danielle son jóvenes papás y mamás o bien personas de edad más avanzada que ella, por lo que están más expuestas, y hay incluso un anestesista diabético. Los hijos de Danielle son jóvenes adultos por lo que, con valor y sentido de las responsabilidades, se apuntó en la lista de voluntarios, para proteger a los demás. Y ahora se encuentra en el mismo torbellino de angustias que Isabelle y Nathalie. Algunos hospitales carecen ya de material básico, pero al llegar al área de cuidados intensivos, Danielle tuvo la agradable sorpresa de descubrir que, como no estaban saturados, aún tenían reservas de material de protección. ¡Qué alivio! Cuando las noticias revelaron que, hace siete años, el gobierno decidió reducir el stock nacional de cubre-bocas, fue un shock. ¿Cómo se atrevieron a recortar gastos de recursos vitales? Y ahora lo estamos padeciendo. Y su corazón se llenó de alegría y fe en la humanidad cuando vio en la televisión cómo la ciudadanía aplaudía a las batas blancas desde su balcón o su ventana, así como la solidaridad con la que algunos pequeños empresarios trataban de fabricar material para apoyarlos. Desgraciadamente, si bien las viseras fueron de excelente calidad y de gran ayuda, algunas batas tenían mangas muy cortas y resultaron representar un peligro de infección.

A pesar de ser una enfermera muy capaz, Danielle sentía aprensión en cuanto a su capacidad de ser tan reactiva como los demás en el área de reanimación y cuidados intensivos, porque hacía más de veinte años que no había estado en contacto con esas rutinas médicas. Tenía que repasar los protocolos y aprender el funcionamiento del servicio a toda velocidad. Su mayor temor era equivocarse y poner en riesgo la salud de otros. Afortunadamente, sus conocimientos sólidos y su adaptabilidad la mantuvieron a la altura de las circunstancias, aunado a la solidaridad de su colegas. Ahora está más tranquila porque sabe que puede confiar en su capacidad y en la del equipo con el que trabaja, sabe que tienen suficientes medios sanitarios y en el hospital, todos se mantienen vigilantes contra el desperdicio. El hospital ha logrado conservar unos horarios decentes para el personal de apoyo voluntario, para no agotarlo y que estuviera disponible en el futuro si así se requiriera.     

Fuera de los hospitales, también existen lugares donde empleados del sector salud  pueden compartir el mismo tipo de experiencia, y con menos medios a su disposición.

Éric trabaja en una estructura médico-social para personas con deficiencia o discapacidad mental, porque le gusta ayudar a la gente que no puede ser autosuficiente, le gusta atender a los demás y procurar que se sientan mejor. Con la llegada del Covid 19, varios residentes resultaron positivos y empezó la psicosis en el centro. Al inicio, sólo contaban con cubre-bocas y gel hidro-alcohólico y así tuvieron que arreglárselas para limitar la expansión de la epidemia y, obviamente, resultó muy complicado. Poco a poco fueron llegando más protecciones, de las que se usan en los hospitales. Un buen día, a Éric le tocó reemplazar a un colega en el área de pacientes con Covid 19. La mera verdad es que no iba con valentía sino más bien con la sensación de ir a enfrentarse a una amenaza invisible, un temido adversario contra el que no sabía ni cómo luchar. Tuvo que vestirse con bata, sobre-bata, gorro, lentes, tantos accesorios que parecía una película de ciencia ficción. ¡Qué impresión! Uno no está preparado para esto, pero no hay opción. Todos los días, así pensaba Éric: “no hay opción, “alguien tiene que ir, sino ¿qué pasará?“. Estas personas no pueden atenderse solas, entonces hay que estar con ellas, pase lo que pase. Su mayor temor era la posibilidad de regresar a casa con el virus y contagiar a su hijo. Se mostró muy prudente, adoptó nuevos gestos al salir del trabajo y llegar a casa: no darle beso a su hijo al llegar, ¡qué difícil!, desvestirse al llegar al departamento, no tocar nada, bañarse de inmediato, desinfectar las manijas de las puertas varias veces al día. Aun así, en cuanto tosían él o su hijo, se angustiaba. En el trabajo, hubo que aprender a dejar de abrazarse. Normalmente, es algo que a uno le hace sentirse bien, pero ahora hasta demostrar cariño es peligroso. Afortunadamente, encontraron otras maneras: pegaron notas de ánimo en las paredes, trajeron pan dulce, prepararon galletas y pasteles, y procuraron relajar el ambiente.

Lo que también resultó difícil y agobiante para todos ellos, y a lo que nunca antes se habían confrontado, fue la cantidad de veces que tuvieron que comunicar a parientes de sus pacientes la triste noticia de un fallecimiento y decirles además que ni siquiera podrían volver a ver a su familiar, por su seguridad. Psicológicamente, no estaban preparados para ser mensajeros portadores de tantas malas noticias. Y en este ámbito, coinciden en que más difícil aún fue escuchar a médicos que, ante la carencia de respiradores, tuvieron que decidir a quién intentar salvar y a quién no… Jamás habrían imaginado que, en su mundo desarrollado y a la vanguardia médica, algún día se encontrarían antes semejante dilema, injusto por donde se le quiera analizar, y tan cruel.

Las tres enfermeras toman todas las precauciones posibles en su lugar de trabajo, se cubren de pies a cabeza durante sus horas de trabajo, con viseras y cubre-boca, doce horas al día. Y se duchan con desinfectante antes de vestirse para salir del hospital. Y llegan a su casa, con el miedo en las tripas.Y ahora, los gobiernos hablan de regresar paulatinamente a la actividad normal, inclusive a la escuela. ¿Será que no miden los riesgos? ¿Acaso creen que los niños podrán tomar las precauciones necesarias y adoptar gestos salvadores? ¿Por tan sólo cuatro a seis semanas de escuela, realmente valdrá la pena poner en peligro todo lo que se ha avanzado? ¿Y la gente en el transporte público? Por querer retomar rápidamente la actividad económica, podrían aniquilar todo lo que se ha ido ganando contra la pandemia y generar otra ola de desesperación y angustia, y será cuento de nunca acabar. En el medio hospitalario, por fin ante la disminución del número de enfermos y de fallecimientos, las tensiones empiezan a desvanecerse, las mentes a relajarse y los ánimos a apaciguarse. Parece una tregua, un cese al fuego provisional. Parece que por fin el personal del sector salud va a poder tomar este descanso necesario y altamente merecido. Pero aún permanece este temor a que todo empiece de nuevo, el miedo a no saber cuándo, cómo o dónde pegará esta amenaza invisible. La gente quiere que la vida vuelva a ser como antes, pero les es difícil creer que sea posible sin la buena voluntad de todos para aplicar barreras sanitarias. No se debe caer en la paranoia, pero sí se deben cambiar los hábitos de vida. La pandemia genera un profundo sentimiento de impotencia pero, con los medios con los que se cuenta, uno hace su mejor esfuerzo, y esto ya es mucho.

Los cuatro están conscientes que su profesión los ha transformado en posibles vectores de la enfermedad. Escogieron esta profesión por amor a los humanos, para salvar vidas, para aliviar males. Pero jamás habían imaginado que algún día se sentirían como soldados en el frente de una guerra en la que el enemigo es invisible e insidioso. Jamás habían considerado que, para salvar vidas, podrían tener que arriesgar la suya y poner en peligro la de sus seres queridos.

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El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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